In Memoriam Juan Patiño Rodríguez

Dr. José Ramírez Pulido, Profesor Distinguido de la UAM

Luis Juan Patiño Rodríguez nació en la Ciudad de México el 21 de Junio de 1953, el quinto de los 10 hijos de Don Erasmo Patiño y Doña Guadalupe Rodríguez, a quienes nunca descuidó y siempre apoyó. Estudió la primaria en la Escuela “Carlos Pereyra” de 1959 a 1965, distinguiéndose por su carácter inquieto y su agudo ingenio. Por su cariño a los autos, estudió en la Secundaria “Escuela Mexicana de Electricidad”, la Carrera Técnica de Mecánico Automotriz y Diesel de 1966 a 1968, pero aunque siempre fue un excelente conductor, la vida le propondría otro camino.

A Juan, lo conocí en 1975, en la boda de uno de sus grandes amigos del pasado, en donde prodigaba muchos de los pasos aprendidos en una temporada que pasó en Forth Worth, Texas. A su reciente regreso y sin duda alguna, ese sarao fue idóneo para que Juan nos mostrara sus habilidades como consumado bailarín. A partir de esa fecha, más rápido de lo que uno se puede imaginar, Juan se incorporó ex oficio a las actividades de trabajo, en la entonces naciente Universidad Autónoma Metropolitana y para ser más preciso, en el Área de Zoología del Departamento de Biología de la UAMI. Como su presencia se hizo notoria en el campus universitario, un buen día, una comisión del Comité Ejecutivo del Sindicato se me acercó y me dijo, “Doctor, si usted necesita los servicios del compañero Juan, la Universidad debe contratarlo”. A partir de ese momento, se estableció formalmente su relación laboral con la UAM en 1978.

En el trabajo de gabinete construimos un ambiente relajado y como compartimos buenos y malos momentos de la vida, la amistad se estrechó.
De 1976 a 1990 realizamos trabajo de campo con intensidad, acampamos en climas templados, fríos, desérticos y tropicales.

Juan recolectó y preparó 4,294 ejemplares, todos depositados en la Colección de la UAMI donde cumplía funciones de Técnico Recolector y Taxidermista de Zoología. En casi 100 publicaciones le dan los agradecimientos correspondientes. Asimismo, con sus aportaciones inspiró el capítulo sobre el manejo, mantenimiento y uso del dermestario en un manual que publicamos. A eso se suma su forma cuidadosa de preparar los especímenes, la que se pudo inclusive extender a alumnos en los Estados Unidos cuando Alondra Castro hizo su Maestría y retransmitió sus conocimientos a sus condiscípulos. O bien, cuando investigadores del Carnegie Museum se sorprendieron por habilidad que mostró en su trabajo, tanto en el campo como en el gabinete.

En alguna ocasión, una Comisión del Sindicato, me preguntó que cual era la función de Juan y yo le dije que era el factótum del laboratorio, ellos se fueron muy convencidos, pero Juan me preguntó “¿Qué es un factótum?” le expliqué lo que era. Hoy que nos convoca ese legado, ¡qué grato es poder recordar que en el ejercicio profesional, Juanito fue un trabajador infatigable, puntual, cumplido, responsable y un crítico objetivo! En el examen doctoral de una de nuestras grandes eminencias de la Biología, cuya trayectoria, logros y tesis eran, por mucho, sobresalientes, pero como su presentación en esa ocasión fue informal, Juan comentó “Yo lo hubiera reprobado” con su juicio severo cuando se trataba de actos formales o solemnes.
Del trato frecuente y sostenido, pude conocer que el gran amor de Juan fue su familia compuesta por su esposa Cristina y sus tres hijos, Juan Luis, Bryan Rafael y José Alberto.

Esas fueron cualidades de Juan que frente a propios y extraños nunca oculté, ni méritos que jamás ensombrecí, ni amistad que el tiempo separó. Me atrevo a comentar esos pasajes de su vida, con el evidente disgusto del finado, quien en no pocas ocasiones me dijo, “A los muertos hay que dejarlos descansar en paz”, “Cuando uno muere, salen todas las virtudes que mucho se regatearon o negaron en vida”. No traiciono su amistad porque un grupo de sus amigos así me lo solicitaron y porque él sabía lo que pensábamos y sentíamos por él.

Por convenir a sus intereses personales los trámites para su jubilación los comenzó en 2008 y se formalizaron hasta enero de 2009. Tenía muchos planes para el futuro, pero como se fue prematuramente, ninguno se cumplió, ya que muy pronto la enfermedad hizo presa de él y no lo abandonó hasta consumirlo.
En ese y este contexto, quiero hoy repetir las palabras que de Juan pronuncié en Autlán de Navarro, Jalisco el 26 de Septiembre de 2008, en el marco del Congreso Nacional de Mastozoología de la Asociación Mexicana de Mastozoología, A. C.

“Como hoy es un día muy especial para mí, espero contar con la benevolencia del gremio para expresar mi más profundo agradecimiento a un compañero y amigo que por 33 años me ha acompañado en las buenas y en las malas, dentro y fuera de la Universidad (UAMI). Y este año, por convenir así a su proyecto de vida personal se retira del trabajo universitario. Sería pretencioso y un exceso de mi parte, decir que deja un vacío en la Mastozoología Mexicana, pero tengan la seguridad que se trata de una pérdida personal, de verdad muy importante, me refiero a Juan Patiño Rodríguez. Vacío que si interpreto correctamente el sentir de mi familia, el de Alondra, Arturo, Noé, Luis y Gustavo, también es una pérdida para ellos y a quienes hoy les agradezco infinitamente su presencia en este acto”.

Al final del camino ¿Qué le queda al hombre de todos los afanes que tuvo y que mantuvo a lo largo de su vida? En ese momento supremo, quizá el más importante de la vida, en donde no tienen cabida pecados capitales, edad, fortuna, sabiduría, posición social, esfuerzo, relaciones, ya frente al perdón o a la nada ¿qué nos queda? Tal vez, el sentimiento de pérdida de parte de uno mismo, el afecto, los recuerdos y las vivencias con el amigo que ha partido. Sí, Juan se ha ido, más no del todo, pues nos deja su ejemplo y su espíritu. Se fue un día del Amor y de la Amistad (14 de febrero de 2011), día que simboliza la forma en que vivió su vida y el recuerdo que nos deja a su familia, amigos y colegas. Ese día no perdí un colaborador o compañero de trabajo, perdí un amigo.

Para terminar, cuando la doctora Sara Lucía Camargo Ricalde, Jefa del Departamento de Biología, me solicitó que escribiera unas palabras sobre Johny, confieso que no me sorprendió y en mucho agradecí la invitación que me hizo para que en mí recayera la tristemente, pero honrosa distinción de escribir una pincelada de lo que Johny fue en vida. Pensé escribir de él como compañero de trabajo, pero sobre todo como amigo y me dije, “Es  valioso que las instituciones importantes dejen testimonio escrito de su historia” y por ello, quise dejar constancia de su personalidad y de su historia para los que no lo conocieron. Quizás su más grande logro y el motivo por el cual lo recordamos, fue que en el campo y en el laboratorio, enseñó, acompañó e hizo el trabajo más sencillo a muchas y a las más importantes personalidades de nuestra Comunidad Mastozoológica.

“Luis Juan Patiño Rodríguez, descansa en paz. Tus amigos te recordamos con respeto y con cariño”