Los anfibios y los reptiles de México


La herpetología es el estudio de las manifestaciones vitales de los anfibios: ajolotes, salamandras, ranas y sapos; y los reptiles: tortugas, lagartijas, iguanas, serpientes, víboras, cocodrilos, caimanes y lagartos. Aun cuando son dos grupos de vertebrados bien definidos, el estudio de los anfibios y de los reptiles se ha agrupado históricamente en una sola disciplina conocida como herpetología.


México es un país que está situado entre dos grandes regiones biogeográficas, la neártica y la neotropical; que tiene un complejo relieve montañoso; una muy dinámica historia geológica; una gran variedad de climas con diversidad vegetal y animal, y dentro de esta última una variadísima fauna de anfibios y reptiles. Todo esto contribuyó para que se diera una importante interacción entre esta herpetofauna y los habitantes del antiguo México, que tenían un notable desarrollo cultural.

Hace ya varios siglos, desde el Renacimiento, que los estudiosos en Europa la han considerado como una materia valiosa para la investigación científica. Pero en México, Àcuál ha sido la vía para que el conocimiento de estos animales se hiciera más universal y contribuyese de esa manera a la ciencia de una manera más prolífica? Vale la pena recapitular sobre cuál ha sido la historia de los estudios de esta disciplina, su situación actual y sus perspectivas en el contexto científico nacional e internacional.


La ciencia de la herpetología ha tenido un desarrollo enorme, esencialmente desde el siglo XVIII.

Aun cuando gran parte del conocimiento acumulado por los antiguos mexicanos y junto con éste el de la flora y la fauna, fue destruido en los primeros años de la colonia, quedaron algunos registros en las recopilaciones que se hicieron en diferentes códices, en los que nos podemos percatar de qué buenos observadores de la naturaleza fueron. En el caso particular de los anfibios y de los reptiles existen dibujos en los que se puede identificar con bastante certeza a qué grupo pertenecen y los géneros con que los nominamos actualmente, inclusive, algunas veces se identifican las especies. Varios de los meses del calendario entre los nahuas tenían nombres de reptiles, muchos nombres geográficos hacían referencia a estos animales y algunos fenómenos naturales como las trombas, los relámpagos y las nebulosas también llevaron nombres de serpientes. Desde luego la mitología estáampliamente impregnada por nombres de reptiles y de anfibios. Los antiguos mexicanos fueron capaces de distinguir las especies por su morfología y en los códices se pueden identificar con precisión anfibios caudados y anuros, así como reptiles saurios, serpientes, tortugas y cocodrilos. De la misma manera se sabe bien del conocimiento que tenían sobre la biología y la ecología de las especies. También tenemos información del papel que estos animales jugaron en la alimentación y en la medicina. Además existen relatos sobre la existencia de zoológicos mantenidos y cuidados por ellos.

Aunque no existen documentos que nos permitan determinar el grado de conocimiento que se tenía en el mundo maya sobre estos animales, en los vestigios que se conservan existen representaciones de serpientes, tortugas y otros animales de estos grupos.

Posiblemente la primera noticia sobre reptiles que se registra se encuentra en Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, quien acompañó a Hernán Cortés durante la conquista de México. En su obra señala que en una de las casas de animales tenían a mamíferos carniceros como tigres, leones y lobos, que eran alimentados con carne de algunos animales y también con la carne de los hombres que sacrificaban, ... pues más tenían en aquella maldita casa muchas víboras y culebras emponzoñadas, que traen en las colas unos que suenan como cascabeles; estas son las peores víboras que hay de todas, y teníanlas en cunas, tinajas y cántaros grandes, y en ellos mucha pluma, y allí tenían sus huevos y criaban sus viboreznos, y les daban a comer de los cuerpos de los indios que sacrificaban y otras carnes de perros de los que ellos solían criar....

La primera referencia formal en que se mencionan anfibios y reptiles de México se debe a fray Bernardino de Sahagún quien en su obra Historia General de las cosas de Nueva España, que es una traducción al español del Códice Florentino, describe y muestra ilustraciones de varios anfibios y reptiles conocidos por sus informantes nahuas.

Más adelante, Francisco Hernández (1517-1584) fue nombrado Médico de Cámara del rey Felipe II, quien poco tiempo después le dio el cargo de protomédico de las Indias y tuvo como tarea adicional realizar el estudio de las plantas medicinales de Nueva España. Francisco Hernández partió hacia el nuevo continente en 1570 acompañado de su hijo y de un geógrafo. Llegaron a la ciudad de México en marzo de 1571, desde donde iniciaron la gran aventura de conocer las plantas, los animales y los minerales de este territorio del Nuevo Mundo.

Hernández viajó durante seis años, colectando y estudiando principalmente las plantas, herborizándolas, dibujando y experimentando sus virtudes curativas. También dedicó tiempo a recolectar minerales y animales, entre otros anfibios y reptiles, y los describió para integrar la obra que se publicó en partes separadas a lo largo del tiempo, hasta que, finalmente, la Universidad Nacional Autónoma de México publicó entre 1960 y 1985 Obras Completas de Francisco Hernández.

Primera Ilustración científica (1700-1750)

Después de los estudios de Francisco Hernández existe un lapso de cerca de un siglo en que no hay nuevos registros de estos animales. Es hasta el siglo xviii en que naturalistas novohispanos registran nuevas contribuciones.

El siglo xviii es un periodo de grandes avances para la ciencia. En México se han reconocido dos grandes etapas: la primera que es continuidad del siglo xvii, entre 1700 y 1750, y se denomina primera Ilustración científica mexicana. Los hombres que la realizaron tenían características peculiares: erudición, deseo de reinterpretación y revaloración del pasado histórico y científico, búsqueda y crítica de documentos científicos y gran inquietud por el conocimiento científico. La segunda etapa y la más importante por los encuentros obtenidos, es la comprendida entre 1750 y 1810.

En la primera mitad del siglo xviii, previo al impacto de la Ilustración y después de la magna obra de Francisco Hernández, no se realizaron avances significativos en el conocimiento de la flora y la fauna de Nueva España. Solamente se publicaron algunos trabajos, la mayoría basados en los manuscritos del mismo Hernández y que fueron de profundo impacto en el pensamiento europeo, inclusive hasta bien entrado el siglo xviii.

En este periodo la aportación al estudio de las ciencias naturales, realizada por órdenes religiosas como los jesuitas mexicanos, tiene importancia para determinar el nivel de conocimiento que había. Tal es el caso de Miguel Venegas quien escribió Noticia de la California, publicada en Madrid en 1757, en la que menciona tanto animales como vegetales, minerales, y describe algunos reptiles.

Quien para su tiempo hace un relato más detallado sobre los animales es Miguel del Barco, misionero jesuita nacido en España en 1706 y que desarrolló sus actividades entre 1738 y 1768 en lo que se conocía como la antigua California. Durante su exilio en Bolonia, Italia, escribió Historia Natural de la Antigua California, publicada hace algunos años por la Universidad Nacional Autónoma de México. En su obra presenta datos sobre las plantas, los animales y los minerales de la antigua California. La contribución de Del Barco al conocimiento de los reptiles es el primer trabajo en ese siglo y de los pocos en que se cita este tipo de animales, señalando que había víboras, culebras de varias especies, salamanquesas, lagartos, lagartijas y camaleones. También habla sobre los testáceos o tortugas, diciendo que no tan sólo hay en el mar, sino también en las pozas de los arroyos.

La Ilustración (1750-1810)

Como sabemos, el siglo xviii fue de gran importancia en el desarrollo de la ciencia moderna, particularmente en Inglaterra y en Francia. Desafortunadamente en España hubo escasos avances en este campo debido a las condiciones imperantes hacia fines de ese siglo, y entonces, esencialmente recibió la influencia de la Ilustración francesa. No obstante, en Nueva España hubo una fuerte influencia de la Ilustración europea, ya que existió una relación directa entre los ilustrados hispanoamericanos, los franceses y los españoles.

Algunos autores mencionan que el avance en el estudio de los anfibios y los reptiles en el siglo xviii tuvo lugar particularmente en Europa y se sabe que en México se hicieron contribuciones de cierta importancia.

Un representante característico de la Ilustración es, desde luego, el sueco Carolus Linneo (1707-1778), cuyo trabajo fue de gran impacto en la biología y para la comunidad científica internacional, aunque en Nueva España no había calado profundamente. Había grandes diferencias en cuanto a la percepción del conocimiento publicado por él, aunque algunas décadas después se aceptó su sistema. Aparentemente Linneo tenía poco interés en los anfibios y en los reptiles, a los que incluyó en su décima edición del Systema Naturae, publicado en 1758, no obstante, publicó las descripciones de algunos de ellos, incluyendo algunas especies de México.

Aún con lo anterior, la décima y décima segunda ediciones del Systema Naturae fueron contribuciones importantes para el estudio de estos animales particularmente para México, ya que en ellas se mencionan 25 especies que habitan en nuestro territorio. Esto representó una sorprendente regresión en el conocimiento de esta fauna, ya que las especies registradas eran aproximadamente un tercio de las mencionadas por Hernández en sus observaciones realizadas entre 1570 y 1576.

Una de las contribuciones más importantes sobre anfibios y reptiles realizada posteriormente a los trabajos de Linneo, fue la Specimen Medicum, Exhibens Synopsin [sic] Reptilium Emendatam cum Experimentis circa venena, escrita por Josephus Nicolaus Laurenti (1735- 1805) que se publicó en Viena en 1768. ƒste es uno de los trabajos de más importancia en la historia de la herpetología y consta de dos partes: la primera es una revisión de los anfibios y los reptiles del mundo, con excepción de las tortugas, y la segunda describe los resultados de cuidadosos experimentos para distinguir a las especies venenosas de Austria.

Francisco Javier Clavijero, quién nació en el puerto de Veracruz el 9 de septiembre de 1731 y falleció en Bolonia en 1787, en su Historia Antigua de México hace un resumen de numerosos tópicos sobre México y su historia. Entre otras cosas habla de plantas y de animales. En cuanto a los animales, hace la descripción de los mamíferos, aves y reptiles; los nuevos, o importados del viejo mundo principalmente, y los viejos, o nativos de América. Entre los del nuevo mundo, hace una descripción de mamíferos, de aves y de reptiles nativos, basado principalmente en las descripciones con nombres nahuas de Francisco Hernández, y hace algunas consideraciones según Buffon y Linneo. En cuanto a los reptiles, dice que en el Anáhuac se pueden reducir a cinco clases: lagartos, lagartijas, ranas, sapos y serpientes.

Entre los lagartos menciona a los cocodrilos o caimanes, al acaltetepon o escorpión, o Heloderma, y a las iguanas. Señala numerosas lagartijas de acuerdo con Hernández. También describe diferentes especies de serpientes, y las divide en venenosas e inofensivas. Entre los reptiles consideró a las ranas y a los sapos. A la salamandra conocida como axólotl o ajolote, Ambystoma, la ubicó entre el grupo de los peces.

Clavijero contribuye someramente con conocimientos nuevos sobre los animales de México, y es el primero que con base en los conocimientos de Hernández y también de alguna manera utilizando las propuestas de Buffon y de Linneo, sistematiza la información existente y la hace coherente con las corrientes del pensamiento de la Ilustración.

Existen diferentes autores europeos que son de relevancia para la historia del estudio de los anfibios y de los reptiles de México, ya que, junto con algunos estudiosos mexicanos de ese periodo, contribuyen al avance de la herpetología mexicana.

Durante la Ilustración francesa aparece en la historia el naturalista francés Georges L. de Buffon (1707-1778), quien además estudiaba leyes y matemáticas. Buffon no realizó estudios sobre anfibios y reptiles, pero su impacto en esta disciplina fue grande. Editó los 44 volúmenes de la obra Histoire Naturelle. Los últimos ocho tratan parcialmente a los reptiles y se incluyó también a las plantas, a otras clases de animales y a los minerales. Fue un gran estímulo para que se incorporaran otros naturalistas franceses como Bernard Lacepéde (1756-1825) y Franéois M. Daudin (1774-1804), responsables del estudio de los anfibios y de los reptiles. Bernard Lacepéde trabajó bajo la supervisión de Buffon y continuó con la edición de la Histoire Naturelle pero ya con el título Histoire des Quadrupédes Ovipares et des Serpents en la que se mencionaron especies de México.

La herpetología fue dominada por los franceses y los alemanes desde finales del siglo xviii, no obstante, hubo algunos desarrollos interesantes en Hispanoamérica y particularmente en México. Entre las figuras más sobresalientes de la Ilustración hispanoamericana durante el último tercio del siglo xviii se encuentra el sabio José Antonio Alzate y Ramírez quien nació en Ozumba en 1737 y murió en la ciudad de México en 1799. Recibió las órdenes sacerdotales, aunque dirigió su atención, de manera preferente, hacia la botánica, la zoología, la medicina y las matemáticas. En 1768 editó Diario Literario de México y en 1772 Asuntos varios sobre ciencias y artes. En 1787 fundó la revista Observaciones sobre la física, la historia natural y las artes útiles y, entre 1788 y 1795, la Gaceta de Literatura           de México.

El sistema propuesto por Linneo no fue muy bien recibido por Buffon y sus colegas en París y tampoco por José Antonio Alzate, quien aducía que ese sistema no era práctico y que si hubiera que adoptar algún sistema era el de los nahuas. Es bastante seguro que Alzate hubiera sido influido por Buffon, con quien mantenía correspondencia y además leía          sus publicaciones.

Alzate no hizo contribuciones muy importantes sobre anfibios y reptiles, sin embargo, publicó algunos datos interesantes sobre ellos. Esos datos, así como otras referencias a estos anfibios y reptiles como el ajolote, Ambystoma mexicanum, y al camaleón mexicano, Phynosoma orbiculare, denotan en Alzate el conocimiento y las posibilidades de desarrollo. Todos los conocimientos publicados por él, en su tiempo, fueron innovadores.

La Real Expedición Botánica a Nueva España se llevó a cabo entre 1788 y 1803, fue ordenada por el rey Carlos III de España y quedó a cargo de Martín Sessé, médico español. Después se agregó José Mariano Mociño (1757-1829), oriundo de Temascaltepec, hoy estado de México. Otro naturalista incorporado a este grupo fue el español José Longinos Martínez (1750-1802), quien fuera responsable de la recolecta de animales y minerales.

Se ha documentado que de la Real Expedición existen siete láminas con ilustraciones de anfibios y reptiles, seis de ellas de México, y aunque posiblemente hubo más, éstas parecen ser las únicas que se pudieron rescatar. Lo importante de las láminas es que son de gran calidad en comparación con la iconografía de autores anteriores.

Bajo los auspicios del rey de España, una nueva expedición, la Expedición Malaspina de 1789 a 1794, fue una de las más ambiciosas. Fue proyectada y llevada a cabo por Alejandro Malaspina para realizar observaciones políticas y científicas en las posesiones españolas en América y en Asia. En la expedición participaron varios naturalistas especializados en botánica y en zoología. En los aspectos zoológicos se encontraba Antonio Pineda, quien junto con todo un equipo de personas describió e ilustró gran cantidad de plantas y de animales. Se han logrado identificar las especies de anfibios y de reptiles allí mencionados e ilustrados. De las plantas recolectadas en la expedición se realizaron y se publicaron estudios. Los animales que allí se describen, ilustrados, disecados y preservados, se han mantenido almacenados en el Museo Naval de Madrid por cerca de 200 años, sin publicarse ninguna descripción o especie, hasta que en los últimos veinte años se han comenzado a revisar y a publicar parcialmente estos resultados y se ha vislumbrado la trascendencia que hubiera tenido el estudio y la publicación de todo este material, para el avance del conocimiento zoológico de ese tiempo.

Francois M. Daudin (1774-1804) nació en París, Francia, el 24 o 25 de marzo de 1774. Fue un naturalista aficionado aunque talentoso y muy importante, a edad temprana empezó a dedicarse a la física y a la historia natural, que le gustaba más. Publicó estudios en ornitología, aunque dio mayor importancia a la herpetología, de la que publicó varios estudios. Tal vez el más significativo fue Histoire Naturelle, Générale et Particuliére des Reptiles (1801-1803), ya previamente mencionado, que se publicó en ocho volúmenes con 100 láminas. Es de destacarse que para la realización de esta obra, Daudin revisó cerca de 1100 ejemplares de reptiles, que pertenecían a 517 especies, varias de México.

Después de la muerte de Alzate en 1799, Alejandro de Humboldt en su viaje por América entre 1799 y 1804, llegó a México. Se sabe que Alzate tuvo oportunidad de leer lo publicado por ese científico. En 1811, Humboldt realizó observaciones sobre algunas especies de anfibios y de reptiles de México, entre otros el axólotl, recolectando y fijando ejemplares que posteriormente llevó a Cuvier, quien hace la descripción del ajolote mexicano, el Ambystoma mexicanum. En 1822, en su Ensayo político, Humboldt menciona que los ajolotes sirvieron de alimento a los aztecas en la época precolombina. También hace referencia a la presencia de cocodrilos, Crocodylus acutus, en las lagunas costeras entre el río Papagayo, en lo que ahora es Guerrero, Colima y San Blas en Nayarit.

Las bases de la herpetología moderna en general, se establecieron en el siglo xviii, particularmente durante la Ilustración y fueron naturalistas franceses quienes hicieron las mayores contribuciones. Como se ha mencionado, en México se hicieron publicaciones de cierto relieve, en especial las de los misioneros jesuitas quienes, infortunadamente, fueron expulsados de Nueva España en el año de 1767. Junto con el trabajo que realizó Francisco Hernández entre 1570 y 1576, mostraban ya un panorama que, para ese entonces, apuntaba hacia el conocimiento de la gran biodiversidad en anfibios y reptiles con la que contaba el país.

Las bases establecidas en el siglo xviii, sirvieron para que con la apertura de México al mundo a partir de su independencia, se entrara en una de las etapas de mayor relevancia para la herpetología del país. Esta etapa permitió tener una visión más clara de lo que era esta fauna, pues los nuevos estudios se basaron en la recolección y el registro intensivo de especímenes a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, y se incluyeron en colecciones científicas de museos y otras instituciones.

México independiente (1810-1860)

Durante el periodo de las guerras de independencia, no existen registros de estudios realizados sobre anfibios y reptiles en México, pero al declararse la independencia hubo una apertura hacia otros países de Europa.

Aquí se inicia un importante periodo en el que colectores de diversos países europeos vienen a México e inician una intensa recolecta de especimenes, como Ferdinad Deppe, de Alemania, quien entre 1824 y 1827 realizó recolectas en diferentes áreas del país, mismas que dieron lugar a importantes publicaciones, entre otras, Herpetología Mexicana de A. F. A. Wiegmann publicada en Berlín en 1834.

Se sabe que en la época del México independiente, en 1827, el presidente Guadalupe Victoria designó al general Manuel Mier y Terán, quien había estudiado en el Colegio de Minería de México, para que dirigiera la Comisión de Límites entre México y los Estados Unidos, e incorporó a la misma al naturalista Jean Louis Berlandier nacido cerca de Ginebra, Suiza, posiblemente en 1803. Más adelante, Berlandier se nacionalizó mexicano y murió en Matamoros, Tamaulipas, en 1851.

Contratado por Auguste P. De Candolle en Suiza, para recolectar material botánico en México, Berlandier llegó a México vía Pánuco, Veracruz, el 15 de diciembre de 1826, y continuó hacia la ciudad de México en la que, como botánico, se unió a la Comisión de Límites entre México y los Estados Unidos, así que salió hacia el noreste de México, a Texas, el 10 de noviembre de 1827, bajo las órdenes del general Manuel Mier y Terán. En esos lugares trabajó Berlandier y luego en noviembre de 1829 regresó a Matamoros en donde se dio por terminada la Comisión. Juan Luis Berlandier, como le llamaron posteriormente, no regresó a Europa y permaneció en Matamoros, en donde se casó y vivió ejerciendo la medicina y como farmacólogo hasta su muerte por ahogamiento en 1851, al tratar de cruzar el río San Fernando al sur de Matamoros.

Berlandier escribió varios documentos sobre botánica y zoología y, en colaboración con Rafael Chovell, Diario de Viajes de la Comisión de Límites. También escribió algunas obras en las que se hace mención de los animales en diferentes localidades de Tamaulipas y de Texas, particularmente en su Expedición Científica y su Viaje a México de 1826 a 1834, de la cual se publicó una excelente traducción del francés al inglés. En el aspecto de anfibios y reptiles de Matamoros, Tamaulipas, así como áreas adyacentes de México y los Estados Unidos, describió numerosas especies y en algunos capítulos señala con detalle aspectos sobre la biología de la serpiente de cascabel y de los cocodrilos. Aunque Berlandier trabajó principalmente en Texas y en Tamaulipas, también lo hizo en Nuevo León, en Coahuila y en San Luis Potosí.

Lo que engrandece el trabajo realizado por Berlandier con los anfibios y los reptiles de la región, es que aun cuando no tuvo entrenamiento formal con estos animales y con escasa literatura al respecto, pudo identificar y describir gran parte de la herpetofauna del noroeste de México. La mayor parte de los anfibios y de los reptiles que colectó, fueron descritos posteriormente por otros autores.

La época de oro de la herpetología de México

A partir de 1850 numerosos franceses, británicos y norteamericanos vinieron a México a recolectar entre otros materiales, anfibios y reptiles que enviaron a museos de sus países para su descripción. Después del periodo de guerras en el siglo xix en México y al ascender a la presidencia de México el general Porfirio Díaz, el último tercio de ese siglo se distingue por el marcado impulso que se dio a muchas disciplinas y el florecimiento, en particular de las artes, las ciencias y las tecnologías. Es el periodo conocido como la paz porfiriana y que podríamos establecer como la época de oro de la herpetología de México. Sin duda la historia del conocimiento de los anfibios y de los reptiles de México se encuentra indisolublemente relacionada con la de las aves, los mamíferos y en cierto grado con la de los peces de agua dulce y hasta cierto punto con el de la botánica.

Pero, Àqué factores históricos concurrieron para que se diera este florecimiento? Fueron varios: la llegada de Alfredo Dugés a nuestro país en 1853; los trabajos desarrollados en México por Edward D. Cope, Ferrari-Pérez, Dugés, Villada y otros colectores, el United States National Museum y el British Museum of Natural History; la fundación de la Escuela Nacional Preparatoria y de la Comisión Geográfico Exploradora de México; el establecimiento del Museo Nacional, la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la Sociedad Mexicana de Historia Natural, y la Sociedad Científica Antonio Alzate. Estas dos últimas sociedades con sus revistas La Naturaleza, en el primer caso, y Memorias de la Sociedad Científica Antonio Alzate, en el segundo.

Un factor adicional fue la creación de la Mision Scientifique au Mexique et la Amerique Centrale, que estuvo integrada por franceses que vinieron a México a recolectar elementos de esta fauna entre 1865 y 1867 y cuya información fue publicada entre 1870 y 1909 por los Duméril, Bocourt y Mocquard.

En 1867, Gabino Barreda estableció la Escuela Nacional Preparatoria. Se impartían diferentes cursos, varios de ellos sobre ciencia, como los de historia natural, en los que se incluían, desde luego, los anfibios y los reptiles. Por ese tiempo, aunque se observaba la variabilidad de los anfibios y los reptiles en México, fue poco lo que se sabía sobre la gran diversidad de los mismos, aunque ya asombraba. Con la posibilidad de publicar en su revista, la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística influye en el conocimiento de los grupos que nos interesan, amén de que se produce la información para otros campos        de la zoología.

Como se había mencionado anteriormente, en 1870 Alfredo Dugés (1826-1910) quien se avecindó en la ciudad de Guanajuato, empezó a destacar con la descripción de muchas especies y con la publicación de numerosos artículos sobre los anfibios y los reptiles de México, permaneciendo como un personaje distinguido en esta disciplina hasta la primera década del siglo xx. Dugés fue proclamado hace algunos años como el padre de la herpetología mexicana, dada su importante contribución en este campo.

La Sociedad Mexicana de Historia Natural se funda en el año de 1868 y publica ininterrumpidamente su revista La Naturaleza. En la revista escribe sobre todo Alfredo Dugés y gran parte de sus artículos es sobre anfibios y reptiles de México. La sociedad fue finiquitada en 1914 y sólo reactivada hasta el año de 1936. Algunos socios de esta sociedad en su primera etapa, fueron personajes importantes para la herpetología de México: Alfonso L. Herrera, Luis M. Villada y el pintor José María Velasco.

También de gran interés para la historia de la herpetología mexicana fue la realización de Biología Centrali Americana. Inició sus trabajos en México hacia finales de la década de 1870 y los continuó hasta ya entrada la de 1880, cuando varios británicos recolectaron material para el British Museum, que finalmente sirvió para integrar esa gran obra. Entre los personajes importantes para la generación de esta gran obra, aún de importancia en nuestros días, se encontraban: Albert C. L. G. GŸnther, responsable de la edición y de la publicación de la parte sobre los ÒReptilia and BatrachiaÓ, con la colaboración de diferentes colectores de campo como Fernando Ferrari-Pérez, Alfonso Forrer, Frederic du Cane Godman y H. H. Smith por mencionar sólo algunos.

La Comisión Geográfico Exploradora de México, fue otro factor de importancia para el desarrollo de la herpetología en el último tercio del siglo xix. Aunque inició sus funciones a fines de 1878, el objetivo fundamental de esta comisión establecida por el congreso en 1877, fue la de realizar una carta general del territorio nacional. Hacia fines de 1879, se decidió incorporar a nuevos oficiales militares a la comisión, entre otros al ingeniero Fernando Ferrari-Pérez como jefe de la sección de historia natural. También trabajó intensamente y logró reunir importantes colecciones en el Museo de Tacubaya en la ciudad de México.

Ferrari-Pérez estuvo en el United States Museum of Hatural History en Washington, el Smithsonian, trabajando con los especialistas en los diferentes grupos y ejemplares de animales obtenidos en México, en particular los ejemplares de anfibios y de reptiles que se obtuvieron durante los trabajos de esta comisión, y que fueron exhibidos en la Exposición de Nueva Orleáns. Cuando las colecciones se mostraron allí, fueron revisadas por Edward D. Cope, quien previamente había publicado una lista preliminar de los ejemplares obtenidos antes por esta comisión.

De acuerdo con los registros de Ferrari-Pérez se obtuvieron ejemplares de 90 especies de reptiles y 13 de anfibios, lo que para ese tiempo fue una contribución importante.

Edward Drinker Cope, notable herpetólogo y paleontólogo norteamericano que trabajó a principios de su carrera en el Museo de la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia, contribuyó abundantemente, pues entre 1859 y 1904 publicó numerosos artículos sobre la herpetofauna de Norteamérica, muchos de los cuales hicieron alusión a los anfibios y a los reptiles de México.

Hacia fines del siglo xix la fundación del Museo Nacional de Historia Natural en la ciudad de México también fue de importancia, ya que por esta vía hubo contribuciones al conocimiento de la herpetología nacional.


Siglo XX en México

En México, la ciencia de raigambre positivista estimulada por Porfirio Díaz, empezó a declinar con los vientos de la revolución. Aunque murieron algunos de sus cultivadores, la ciencia porfirista se pudo mantener más o menos durante el movimiento, lo que permitió continuar con un esfuerzo renovador, pues, aunque con carencias presupuestarias, las instituciones científicas de ese tiempo se mantuvieron. Una vez que triunfó la revolución, el nuevo gobierno empezó a dar un gran impulso a la ciencia.

La Comisión Geográfico Exploradora fue finiquitada en 1914 y sus colecciones biológicas se incorporaron al Museo Nacional de Historia Natural en 1915, al crearse la Dirección de Estudios Biológicos.

En el caso de la biología y de importancia para el conocimiento de los anfibios y de los reptiles de México, y como institución producto de la revolución, se funda la Dirección de Estudios Biológicos, que es dirigida por Alfonso L. Herrera y que se constituyó a partir de lo que eran el Museo de Historia Natural, el Instituto Médico Nacional y el Museo de la Comisión Geográfico Exploradora. Este fue uno de los pasos más importantes que se dieron en el siglo xx para el cultivo de las ciencias biológicas. En esta institución se establece, entre otros, un laboratorio de ictiología y de herpetología, en el que se empieza a dar impulso a la actividad que aquí nos interesa.


La edad moderna

En el año de 1929 la universidad se establece como Universidad Nacional Autónoma de México y la Dirección de Estudios Biológicos, sus instalaciones y gran parte de su personal se incorpora a la nueva universidad, en donde se crea el Instituto de Biología.

En este instituto, se da gran impulso a diversas ramas de las ciencias biológicas y particularmente a la herpetología que es ampliamente estimulada. Se crea un laboratorio de herpetología que produce gran cantidad de estudios sobre anfibios y reptiles que se publicaron en su revista Anales del Instituto de Biología. La suma de esos estudios hasta inicios de este siglo xxi llegan a más de 170 y su temática ha sido sobre su biodiversidad, su clasificación o su taxonomía, su distribución y su ecología. También se llevan a cabo gran cantidad de estudios sobre los helmintos, que son parásitos de estos animales.

Aquí es importante hacer notar la labor de varios investigadores que han hecho posible el desarrollo de esta disciplina en México: Rafael Martín del Campo, Eduardo Caballero, Margarita Bravo Hollis, Rafael Lamothe Argumedo y otros.

A partir de 1930, al mismo tiempo que se establece el Instituto de Biología, numerosos herpetólogos profesionales y profesores de universidades y museos estadounidenses, así como sus estudiantes y herpetólogos aficionados, se interesaron en el estudio de la herpetofauna de México, por lo que realizan numerosas expediciones y viajes hacia este país, constituyen grandes colecciones de anfibios y reptiles, describen a la mayor parte de las especies que ahora conocemos; indudablemente la contribución de los herpetólogos norteamericanos ha sido de las más importantes para el conocimiento de la herpetofauna. Los iniciadores de esta etapa fueron Edward H. Taylor y Hobart M. Smith de la Universidad de Kansas, quienes viajaron por gran parte del territorio nacional entre 1932 y 1940 recolectando intensamente hasta llegar a cerca de 50 000 ejemplares. El resumen de sus trabajos se publicó hacia mediados del siglo pasado, en 1945, 1948 y 1950. A partir de la década de 1950 otros estadounidenses estudiaron la herpetofauna de diferentes regiones de México, como William B. Duellman de la Universidad de Kansas; James R. Dixon de Texas A. & M. University; Clarence J. McCoy del Carnegie Museum of Natural History en Pittsburgh; David B. Wake de la Universidad de California en Berkeley; Jonathan A. Campbell de la Universidad de Texas en Arlington; Richard G. Zweifel del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York; y Robert G. Webb, de la Universidad de Texas, en El Paso, por mencionar solo algunos de los más sobresalientes.


El desarrollo de la herpetología en México

En la década de 1970, el Instituto de Biología inicia una importante transformación al contratar nuevos investigadores, entre otros a Gustavo Casas Andreu, Zeferino Uribe Peña, posteriormente a Fausto R. Méndez de la Cruz y a técnicos como Gonzalo Pérez Higareda y Aurelio Ramírez. Más adelante Richard C. Vogt se incorpó como investigador. Se establecen las estaciones de biología Chamela en la costa de Jalisco, y los Tuxtlas en esa región de Veracruz. Se fundan formalmente colecciones científicas, entre otras la de herpetología que al presente adquiere la dimensión de Colección Nacional de Anfibios y Reptiles. En los últimos tiempos se incorpora Gabriela Parra Olea que da un decidido impulso al estudio de los anfibios, particularmente a la filogenia, la sistemática y la conservación de los anfibios caudados de México, con incursiones hacia otros grupos de herpetozoarios. También se incorpora Victor Hugo Reynoso quien realiza estudios sobre la evolución de reptiles fósiles.

Este conjunto de eventos se relaciona con la fundación de la Sociedad Mexicana de Zoología en 1977, que dio gran oportunidad para el desarrollo de diferentes campos de la zoología, entre otros la herpetología.

Un factor de relieve para la herpetología fue y ha sido el trabajo realizado por Miguel çlvarez del Toro en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, desde la década de 1960, pues a través de la publicación de sus trabajos sobre los reptiles de Chiapas, de la fundación del Museo de Historia Natural de Chiapas y del Zoológico Miguel çlvarez del Toro, el zoomat, contribuyó al desarrollo de esta disciplina.

La creación del Museo de Zoología Alfonso L. Herrera en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, que comprende una colección de anfibios y reptiles, encabezada por los profesores îscar Flores Villela y Adrián Nieto Montes de Oca, ha sido un factor importante para el desarrollo y la dinámica de la herpetología a nivel nacional. Además de lo anterior, el establecimiento de las facultades de estudios profesionales Iztacala y Zaragoza ha permitido la formación de grupos de profesores que han hecho contribuciones importantes para el conocimiento de los anfibios y de los reptiles de México, entre otros José Luis Camarillo Rangel, Enrique Godínez, Tizoc Altamirano y más recientemente Julio Lemos Espinal.

Indudablemente el aporte del Instituto de Ecología A.C., en Xalapa, con sus sedes en Chihuahua, Durango y Michoacán, ha sido un factor importante para el avance del conocimiento científico de la herpetofauna nacional, en el que es de relieve mencionar la actividad de Gustavo Aguirre León, Héctor Gadsden Esparza y Alberto González.

En el presente hay muchas otras universidades e institutos trabajando en esta disciplina y el gobierno mexicano también ha tenido una participación en el estudio y en la conservación de esta fauna.


Perspectivas de la herpetología en México

En el año de 1984 se publicó el artículo, ÒLa herpetología en MéxicoÓ, en el que se presentaba una apología sobre la importancia de esta disciplina para nuestro país, en particular por la gran biodiversidad de su fauna, comparada con la del mundo; además señala la importancia de los reptiles venenosos en los ecosistemas y como recurso natural; cuál era el nivel de conservación; instituciones y científicos que desarrollaban actividades herpetológicas; las disciplinas o áreas estudiadas en el país; y grupos de estos animales que se estaban estudiando. Cabe destacar que para esas fechas ya se hacía herpetología en 14 instituciones, con 37 científicos trabajando en ellas, especialmente en reptiles de importancia económica, en su historia natural y en salud pública. Los grupos más estudiados eran las tortugas, principalmente las marinas, las lagartijas y las serpientes. En ese entonces no se presentó ningún análisis sobre la formación de recursos humanos debido a que eran muy pocas las personas que podían brindar educación formal en estas materias.

A partir de 1989 y en la década de 1990 se inicia un despegue vertiginoso del estudio de los anfibios y de los reptiles realizado por científicos mexicanos, ya que formalmente se reconoce la gran biodiversidad de la flora y de la fauna mexicanas, en especial la de los animales que tratamos.

Se ha señalado en algunas publicaciones que este despegue vertiginoso se debió a las dificultades con que se toparon investigadores extranjeros para obtener permisos de colecta, no obstante, es claro que existieron muchos otros factores que contribuyeron. En primer lugar cabe señalar que era imperiosa la necesidad de conocer más este tipo de fauna en nuestro país. Por otro lado, el número de herpetólogos profesionales en el país se incrementó, muchos de ellos cubriendo las necesidades de universidades e institutos de educación superior; además se dieron posibilidades de realizar estudios científicos sobre este tipo de fauna, ya que se encontró eco en nuestras universidades, pudiéndose obtener, aunque en forma limitada, mayor cantidad de recursos financieros para su desarrollo.

Por otro lado, los niveles de formación de recursos humanos en universidades e institutos de educación superior se incrementó en forma importante. También hubo un mayor equipamiento y desarrollo de técnicas de estudio modernas en el propio país, que fueron factor importante. En este punto queremos decir que ayudó mucho a este desarrollo el auxilio de la tecnología cibernética, la implementación de métodos y técnicas de biología molecular, el acceso a nuevas metodologías biogeográficas y al conocimiento y puesta en práctica de metodologías ecológicas para el estudio de comunidades y poblaciones, no tan solo de anfibios y reptiles sino de la fauna en general y lo que esto implicaba para la conservación de especies antes muy difíciles de estudiar. Otro factor importante fue el acceso a colecciones científicas de anfibios y reptiles en el país, inexistentes o en formación hace veinticinco años, así como el establecimiento de bibliotecas especializadas en el tema.

Adicionalmente, la fundación de la Sociedad Mexicana de Zoología en 1974, fue el germen que permitió la formación de un Comité Herpetológico Nacional en 1986, que marcó un derrotero importante en la orientación de este trabajo en México. Este comité dio origen a la Sociedad Herpetológica Mexicana, A.C., en 1988, misma que ha mantenido una revista, Boletín de la Sociedad Herpetológica Mexicana, desde 1989, que representa un foro importante para conocer el trabajo de esta comunidad a nivel nacional y mundial, así como a divulgar el conocimiento herpetológico nacional y regional en Latinoamérica, abriendo espacios de comunicación mediante sus reuniones bianuales. En este punto cabe mencionar que la sociedad tiene sus raíces en una primera reunión dentro del Congreso Nacional de Zoología llevado a cabo en 1985 y que se dio por la inquietud de formar una asociación especializada dado el interés de connotados investigadores en herpetología mexicana como Zeferino Uribe Peña, îscar Flores Villela, Richard C. Vogt, Gustavo Casas Andreu y otros.


Perspectivas

Al presente, la ciencia de la herpetología se encuentra floreciente en México, pero con grandes retos que afrontar en el futuro. Aquí mencionaremos sólo los de mayor importancia.

Un aspecto que vale la pena destacar es la gran diversidad de especies de nuestro territorio, la necesidad de describir nuevas especies que nos permitan establecer las refinadas relaciones evolutivas y filogenéticas entre ellas, así como entre los grandes grupos que se encuentran en nuestro país. Determinar con certeza cuáles fueron los mecanismos para llegar a esta gran biodiversidad debe ser motivo de constante estudio.

Como consecuencia de la gran biodiversidad, se requiere conocer cuáles son las áreas de endemismo y su impacto en la conservación de áreas en nuestro país.

Tenemos un conocimiento general de nuestra biodiversidad, por lo tanto, seránecesario llegar a profundizar en la misma para determinar las posibilidades de su conservación y su posible uso sustentable.

Dada la gran destrucción de ecosistemas y recursos naturales, un reto importante seráel generar consciencia social sobre la necesidad de conservar la biodiversidad en todos       sus niveles.

Un fenómeno que se ha dado debido a las actividades humanas, es el de especies introducidas e invasoras, actividad que puede estar atentando contra la biodiversidad del entorno en que viven las especies nativas de nuestro país. De la misma manera en la actualidad se ha detectado la presencia de otro fenómeno conocido como declinación o declive de poblaciones de anfibios, que es un problema tanto a nivel nacional como internacional. En el presente ya se ha observado que existen poblaciones en México afectadas por este problema, mismas que deben ser identificadas y atendidas para evitar su extinción o la propagación hacia otras.

Un capítulo verdaderamente crítico es el de las especies en peligro de extinción, que junto con la destrucción del hábitat son un dilema y un reto para nuestra sociedad, por lo que habráque buscar métodos y prácticas que nos permitan contender con este grave problema.

Indudablemente que para afrontar la problemática que se menciona, serámenester el tratar de generar nuevas metodologías y técnicas de estudio.

Además de lo anterior el fenómeno conocido como cambio climático global, representa un desafío sobre cómo afrontar las nuevas condiciones climáticas que se darán en nuestro planeta y la forma de mitigarlas para la conservación de las especies. Se tendráque contribuir al conocimiento de este factor en el mayor número de especies de                          la herpetofauna.

Se ha definido la existencia de especies prioritarias que requieren de su estudio a corto plazo, por lo que serámenester buscar la forma de conservarlas, particularmente mediante su uso sustentable. La investigación sobre especies de importancia económica nos permitirásu mejor uso, sin el fantasma de la declinación de poblaciones y su                eventual extinción.

Para la solución de problemas de salud pública ocasionados por algunas serpientes y saurios venenosos, se deberácontinuar con la investigación desarrollada en años recientes en estos aspectos, con el fin de producir nuevos productos para beneficio de la población.

Las investigaciones básicas sobre la filogenia y la evolución de los grupos de anfibios y reptiles, así como su taxonomía y su sistemática deberán ser continuadas, ya que se están produciendo grandes cambios en esos campos que están revolucionando el conocimiento de esta fauna no tan sólo en México sino en el mundo.

Otro campo que ha revolucionado el conocimiento de los anfibios y de los reptiles es el de la biogeografía, ya que con el desarrollo y el uso de metodologías computarizadas, estamos entendiendo mejor su distribución y los factores que la condicionan; y con la aplicación de modelos dentro de los sistemas de información geográfica, se han podido establecer con mayor precisión algunas formas de conservación, por lo que es muy importante incrementar la investigación dentro de esta temática.

Finalmente, un aspecto que ha sido crítico desde mucho tiempo atrás, dada la riqueza de especies y la necesidad de su investigación dentro de los diferentes campos, es la formación de recursos humanos, que aun cuando en el presente se han incrementado en forma importante, la problemática antes mencionada requerirádel concurso de un mayor número de herpetólogos mejor capacitados, que puedan atacar los desafíos que representarán su estudio y conservación en el futuro mediato del país.

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13 de octubre de 2009

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