La sistemática vegetal y la florestica de Angiospermas en México


Sinopósis Histórica


La sistemática vegetal y la florística son las disciplinas dedicadas al estudio de la fitodiversidad y podemos decir de manera sucinta que sus objetivos principales son describir, nombrar, inventariar y clasificar la diversidad de las plantas, así como explicar las relaciones filogenéticas entre los organismos vegetales.


Las angiospermas

El grupo botánico más importante es el de las angiospermas o plantas con flores, ya que constituyen el conjunto más diverso y ampliamente distribuido a nivel mundial, con poco más de 250 000 especies descritas, ubicadas en 13 000 géneros y 450 familias. Las angiospermas presentan estructuras especializadas (flores) que portan a los órganos reproductores, masculinos y femeninos, es decir los estambres y los carpelos. Estos œltimos encierran a los óvulos, los cuales una vez fecundados se transforman en semillas y junto con el ovario maduro constituyen al fruto. Esto otorga a las angiospermas varias ventajas adaptativas sobre otros grupos de plantas ya que el embrión en desarrollo está protegido de la desecación, de las enfermedades y de los depredadores, no sólo por la presencia de la testa de la semilla sino también por los tejidos adicionales del fruto. A esto se suman algunas estrategias especializadas para la dispersión de frutos o semillas, resultado, en muchos casos, de la coevolución con diversos animales, particularmente aves y mamíferos. En México, las angiospermas, con sus dos subclases Liliopsidae (monocotiledóneas) y Magnoliopsidae (dicotiledóneas), están representadas por cerca de 24 600 especies comprendidas en 2 800 géneros y 304 familias, siendo más abundantes las dicotiledóneas, que en conjunto representan casi el 82% de las Angiospermas presentes en el territorio nacional. Entre las familias más importantes por su representación específica podemos citar, entre otras a las gramíneas, las orquídeas, las compuestas y las cactáceas. También es importante mencionar que dentro de las angiospermas presentes en el país, el nivel de endemismo estimado es bastante alto, ubicándose casi en un 50%, lo cual contribuye a que nuestro país sea œnico en cuanto a su composición y diversidad florística. El propósito de esta contribución es presentar un breve recuento de los hechos y personajes que, de modo particular, han hecho aportes al desarrollo del conocimiento de las angiospermas en el país.


México prehispánico y colonial

Es difícil, si no imposible, precisar el inicio de los estudios formales de la sistemática y de la florística de las angiospermas en México, aunque es conocido que desde tiempos prehispánicos éstas eran objeto de interés por parte de los diversos grupos étnicos que poblaban el país. Así, se tiene noticia de la existencia de varios jardines botánicos y de algunos sistemas de clasificación y nomenclatura aplicados a las plantas antes de la llegada de los españoles.


Se sabe que muchas de las culturas precolombinas mantenían jardines botánicos y que con la conquista muchos de ellos desaparecieron. Entre los más importantes destacan los de Chapultepec, Oaxtepec y Texcoco, los cuales son el antecedente de las colecciones botánicas formales en América, ya que reunían, de manera organizada, plantas procedentes de mœltiples regiones del país.


La llegada de los españoles, en 1521, implicó un intercambio cultural muy importante que generó nuevas formas de aproximación al estudio de las plantas, entre ellas las angiospermas. Un claro ejemplo de esto lo constituyen los códices y manuscritos generados en la época y que son el resultado del sincretismo cultural euroamericano. Simultáneamente y asombrados por la enorme riqueza y diversidad vegetal del territorio conquistado, los españoles iniciaron las expediciones científicas cuyo objetivo era explorar el -Nuevo Mundo- en bœsqueda de recursos naturales, entre ellos los vegetales que les fueran de utilidad.


La primera y más famosa de dichas expediciones fue ordenada por el rey Felipe II y coordinada por el protomédico de las Indias, don Francisco Hernández, quién llegó a México en 1570 y durante siete años recopiló información diversa sobre plantas, animales y minerales. Parte de su trabajo constituye la relación formal más antigua conocida de los recursos vegetales del país, la cual podríamos considerar como la primera flora nacional. A pesar de la importancia de este trabajo, su publicación vio la luz sólo cerca de doscientos años después de la muerte de Francisco Hernández.


Durante los doscientos años posteriores al regreso de Francisco Hernández a España, la actividad relativa al estudio taxonómico y florístico de las angiospermas en México fue relegada a segundo término, ya que los estudios botánicos versaban sobre aspectos relativos a su importancia médica y la mayoría de los trabajos de la época se encuentran relacionados con cuestiones económicas y utilitarias.


El estudio de la sistemática vegetal y de la florística de angiospermas en México tuvo su renacimiento como resultado de una de las expediciones científicas españolas organizadas en la segunda mitad del siglo xviii, la conocida como Real Expedición Botánica a la Nueva España (1787-1803) realizada en tres grandes etapas, coordinada por el aragonés Martín de Sessé y Lacasta y en la que por primera vez participaron varios personajes mexicanos, entre los que podemos mencionar al destacado médico José Mariano Mociño y al célebre pintor Atanasio Echeverría, acompañados por un grupo de naturalistas que incluía al cirujano José Longinos Martínez, al farmacéutico Jaime Senseve, al boticario Juan del Castillo, al botánico Vicente Cervantes y al artista Vicente de la Cerda. La expedición recorrió más de 30 000 kilómetros recolectando un gran nœmero de muestras de la

flora del país.


Entre los logros obtenidos por dicha expedición destacan las primeras colecciones mexicanas formales herborizadas, constituidas por más de 20 000 especímenes, la gran mayoría de los cuales se encuentran depositados en la actualidad en los herbarios del Real Jardín Botánico de Madrid y del Museo Field de Historia Natural de Chicago. Dichas colecciones representan más de 3 500 especies, aproximadamente el 14% de las cerca de 25 000 reconocidas en la actualidad para el país. Otros importantes aportes de la expedición a la ciencia mexicana son la colección de cerca de 1 800 detalladas y fieles acuarelas elaboradas a partir de plantas vivas, así como diversos manuscritos relativos a los resultados de la expedición, entre los que destacan la Flora Mexicana y Plantae Novae Hispaniae. Las acuarelas de Atanasio Echeverría sirvieron incluso al botánico francés Alphonse de Candolle para describir numerosas especies nuevas. De Candolle quedó maravillado de los dibujos del artista y se expresaba del mismo como -la precisión, la belleza, el rigor y el colorido que logra en sus dibujos sobrepasan a las de cualquier artista de Europa -. Resulta cuando menos extraño, que todo este esfuerzo no repercutiera directamente en el desarrollo de la taxonomía mexicana de las angiospermas durante el siglo xix, ya que tanto los especímenes como los dibujos y manuscritos fueron relegados al olvido por los científicos españoles y mexicanos por largo tiempo. Sus dos grandes obras Plantae Nova Hispanae (1866) y Flora Mexicana (1891-1897) vieron la luz sólo muchos años después, cuando una buena parte de las especies por ellos descubiertas ya habían sido descritas y publicadas por diversos autores, perdiendo así mucho de su valor nomenclatural original.


Como apoyo a los trabajos de la Real Expedición, en 1788 fue inaugurada la cátedra de botánica en la Pontificia Universidad de México y en los jardines del palacio del virrey (hoy Palacio Nacional), dictada por don Vicente Cervantes, quién además ocupó el puesto de director del Jardín Botánico en el momento de la partida de Sessé y Mociño a España. Ejerció durante treinta años como docente de dicha cátedra, formando numerosos discípulos, no sólo interesados en la taxonomía sino también en la medicina, entre los cuales destacó el mismo José Mariano Mociño, y sus aportes al conocimiento de las plantas mexicanas fueron muchos, entre los que cabe destacar la descripción de más de 300 especies nuevas para la ciencia, así como algunas obras de carácter general destinadas a la enseñanza de futuros botánicos y farmacéuticos. Quizá su obra más notable sea el Ensayo a la materia médica vegetal de México, la cual sirvió de base a la moderna farmacopea mexicana.


Alejandro von Humboldt y Aimé Bonpland llegaron a la Nueva España en 1803, año en el cual los científicos de la Real Expedición Botánica daban por terminado su trabajo de exploración y regresaban a España. La obra botánica de Humboldt y Bonpland es de sobra conocida y parte de sus resultados fueron publicados en Plantae Aequinotiales per regnum Mexici, in provinciis Caracarum et Novae Andalusiae, in Peruvianorum, Quibensium, Novae Granatae Andibus, ad Orinoci, Fluvi Nigri, fluminis Amazonum ripas nascentes y en Nova Genera et Species Plantarum.


Entre 1799 y 1804, Humboldt y Bonpland recolectaron cerca de 60 000 especímenes de herbario. Dicha colección reunía cerca de 6 200 especies, de las cuales más de 4 000 correspondían a nuevos géneros y especies, una buena parte de ellos de procedencia mexicana. Humboldt y Bonpland vieron y estudiaron en aquel tiempo un nœmero mayor de plantas de las que ningœn otro explorador en el mundo había conocido. Sus colecciones fueron divididas en tres partes iguales, una que llevaron directamente a su regreso, y dos que remitieron a Europa por Inglaterra y por Francia. De ellas, una se perdió cuando naufragó la nave que la llevaba.


Nadie puede poner en duda la importancia de Nova genera et species plantarum. Se trata de uno de los primeros y quizás el más destacado de los trabajos dedicados a la flora tropical americana; en el se da a conocer un enorme nœmero de especies, casi todas nuevas para la ciencia.



México independiente

Otra de las aportaciones destacadas procedentes de esta época es la obra Novorum Vegetabilium Descriptiones (1824-1825), publicada en dos fascículos por el español Pablo de la Llave en colaboración con el mexicano Juan José Martínez de Lexarza y en la que se dieron a conocer las descripciones de 100 especies y 23 géneros nuevos para la ciencia. El Orchidianum Opusculum, que aparece en el fascículo II, publicado en 1825, es obra enteramente de Lexarza e incluye la descripción de 50 especies nuevas de la familia Orchidaceae, distribuidas en 20 géneros, 4 de ellos previamente desconocidos por los botánicos mexicanos.


En el año de 1825, como resultado de la unión de las diversas colecciones científicas que hasta el momento se encontraban dispersas, se funda el Museo Nacional y con ello se inicia una nueva etapa en la historia de la sistemática y de la florística nacionales, formalizándose el trabajo botánico y fundándose el primer herbario institucional mexicano en 1868.


A partir de entonces se organizan diversas expediciones cuyo objetivo era explorar el territorio nacional para hacer un inventario de los recursos naturales del país. Entre ellas podemos mencionar a la Comisión de Límites entre México y Estados Unidos (1827-1850), a la Comisión Geográfica Exploradora (1876-1907) y a la Comisión Científica Mexicana (1883-1884), que duró poco pero fue la base de la creación del Instituto Médico Nacional (1888), el cual tenía entre sus objetivos conocer los recursos vegetales del país, principalmente aquellos usados como medicina, fundándose para ello un herbario que llegó a contar con cerca de 17 000 ejemplares.


Así, durante la mayor parte del siglo xix las colecciones botánicas nacionales se incrementaron notablemente y con ello se sentaron bases sólidas para realizar proyectos más ambiciosos relativos al conocimiento de los recursos vegetales del país. Un ejemplo de esto fueron los primeros proyectos florísticos regionales, entre los que podemos mencionar: la flora de Morelia, Michoacán y de Oaxaca, Oaxaca dirigida por Nicolás León; la flora de Orizaba, Veracruz a cargo de José A. Nieto y Mateo Botteri; la flora de Oaxaca, Oaxaca, realizada por Casiano Conzatti y la flora de Tabasco conducida por José N. Rovirosa.



México contemporáneo

A principios del siglo xx se funda el Museo Nacional de Historia Natural (1909), rescatando los acervos biológicos conservados hasta entonces en el Museo Nacional y teniendo como propósito dar a conocer la flora mexicana y fomentar la enseñanza de la botánica. Posteriormente, en 1915, se crea la Dirección de Estudios Biológicos, reuniendo en ella los acervos del ya mencionado Museo Nacional de Historia Natural, de la Comisión Geográfica Exploradora y del Instituto Médico Nacional, así como otros de menor importancia como el Museo de Tacubaya.


A finales de 1929, la Dirección de Estudios Biológicos se transforma en el Instituto de Biología y pasa a ser una dependencia de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), comenzando así la etapa moderna de la historia de la sistemática vegetal mexicana.


Muchos fueron los personajes que participaron en el desarrollo de la sistemática y de la florística nacionales, y enumerarlos a todos escapa a los objetivos de esta contribución. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar algunos de ellos, dedicados particularmente al estudio de las angiospermas. Casiano Conzatti (1862-1951) italiano naturalizado mexicano, avecindado en la ciudad de Oaxaca, fue un incansable promotor del estudio de las plantas y formador de nuevas generaciones durante su larga trayectoria en la carrera magisterial. Si bien no tuvo una formación botánica formal, su interés y dedicación lo llevaron a tener un conocimiento muy completo de las plantas mexicanas, lo que se ve reflejado en su obra botánica. Sus principales aportaciones al conocimiento de las plantas con flores son la Flora sinóptica mexicana, escrita en colaboración con Lucius C. Smith (1903) y la Flora taxonómica mexicana (1939), que consta de 14 volœmenes manuscritos, de los cuales sólo se publicaron dos. Conzatti colaboró por un tiempo, entre 1917 y 1922, en las actividades de la Dirección de Estudios Biológicos, en donde llegó ser jefe de sección y hasta su muerte siguió activo en sus estudios botánicos.


Maximino Martínez (1888-1964) fue otro relevante personaje de la ciencia botánica mexicana. Su pertinacia y tesón lo llevaron a destacar en su trabajo y entre sus principales aportaciones al estudio de las angiospermas mexicanas cabe mencionar el Catálogo de nombres científicos y vulgares de plantas mexicanas (1923), Las plantas medicinales de México (1928, 1933) y Los quercus de México y Centroamérica (1951-1974), obras de consulta obligada aœn en la actualidad. Otro de sus aportes a la comunidad científica

fue la creación y el impulso inicial dado a la Sociedad Botánica de México (1941), aunado a la fundación del boletín de la misma sociedad, del cual fue editor durante sus primeros

14 años.


Helia Bravo Hollis (1901- 2001), fue la primera bióloga titulada en el país, y principió su brillante y fructífera trayectoria en el estudio de la sistemática vegetal en el Herbario Nacional, que en aquel entonces iniciaba su historia como parte de la unam. En 1930 fue nombrada curadora responsable de dicha colección nacional e inició el estudio de las cactáceas, familia botánica a la que dedicaría todo su esfuerzo y entusiasmo. En 1937 aparece la primera edición de Las cactáceas de México, obra que integró el conocimiento que hasta entonces se tenía de la familia y que fue completada en 1991 con la aparición de dos tomos complementarios redactados en colaboración con Hernando Sánchez Mejorada. Otras contribuciones de Helia Bravo a la ciencia mexicana fueron la promoción del Jardín Botánico de la unam, fundado en 1959, y dirigido por ella durante la década de 1960, así como la fundación, en 1951, de la Sociedad Mexicana de Cactología que en ese entonces contaba œnicamente con cinco miembros: Helia Bravo Hollis, Hernando Sánchez-Mejorada, Eizi Matuda, Dudley Gold y Jorge Meyrán. La revista Cactáceas y suculentas mexicanas, cuyo primer nœmero se publicó en 1955, debe también su aparición a los esfuerzos de la doctora Bravo.


Una figura fundamental en la historia de la sistemática vegetal en México es la de Faustino Miranda (1905-1964). Nacido en Gijón, España, inició su carrera en la Universidad Central de Madrid en donde obtuvo el doctorado en ciencias naturales en 1932. En 1939, como resultado de la guerra civil española, emigra a México y pronto se integra a la comunidad botánica del país convirtiéndose en un brillante especialista en la flora y vegetación de México. En 1959 organiza y funda el Jardín Botánico de la unam, del cual es el primer director. Su labor docente fue fundamental para el desarrollo de la Botánica en México, ya que formó numerosos alumnos, entre los que podemos mencionar a Arturo Gómez Pompa y a José Sarukhán, pilares de la taxonomía y la ecología mexicanas actuales. En 1963, en colaboración con Efraim Hernández X., publica Los tipos de vegetación de México y su clasificación, obra básica para el conocimiento de la cubierta vegetal del país.

Otro destacado botánico dedicado al estudio sistemático-florístico de las angiospermas mexicanas fue Eizi Matuda (1894-1978), japonés naturalizado mexicano, que llegó a Chiapas en 1922. Allí crea y dirige una finca agrícola ganadera y se dedica a explorar, desde el punto de vista botánico, extensas áreas de Chiapas y de algunos estados vecinos como Oaxaca, Veracruz, Tabasco y Campeche. En 1949, a raíz de la segunda guerra mundial, es trasladado a la ciudad de México, y a partir de 1951, se integra al Instituto de Biología de la unam, institución a la cual ingresó como investigador del Departamento de Botánica. También colaboró con la Comisión Botánica del Gobierno del Estado de México, en donde formó un importante herbario ahora depositado en la Universidad Autónoma del Estado de México.


Matuda contribuyó considerablemente al conocimiento de la flora de México, en especial a la de los estados de Chiapas y de México. Entre sus más de cien trabajos científicos, se cuentan la descripción de numerosas especies, principalmente monocotiledóneas (Araceae, Commelinaceae, Bromeliaceae, Dioscoreaceae) así como diversos tratamientos y monografías. Además fue un destacado colector que reunió más de 250 000 ejemplares de herbario, actualmente depositados en diversas instituciones mexicanas y extranjeras.

Efraim Hernández Xolocotzi (1913-1991) oriundo del estado de Tlaxcala, fue otro importante botánico mexicano. Su vida académica estuvo ligada al Centro de Botánica del Colegio de Posgraduados, en la Universidad Autónoma Chapingo, en donde laboró durante casi treinta años. Efraim Hernández Xolocotzi fue maestro de numerosas generaciones y sus investigaciones se centraron en el estudio de la relación del hombre con las plantas, llegando a ser una figura fundamental para la Etnobotánica mexicana, aunque también hizo aportes importantes al conocimiento de la vegetación en las zonas tropicales del país.

Arturo Gómez-Pompa (1934-) nacido en la ciudad de México, se ha dedicado, en más de cuarenta años de fructífera carrera académica, a la formación de numerosas generaciones de estudiantes y ha sido también el promotor y fundador de diversas instituciones relacionadas con el estudio de los recursos naturales, como el Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos y el Centro de Investigaciones Tropicales de la Universidad Veracruzana. Sus aportaciones en las áreas de la ecología tropical, de la conservación, restauración y manejo de bosques tropicales, de la etnobotánica y de la florística, lo han consolidado como uno de los más destacados científicos del país. Fue también uno de los pioneros en la utilización de medios electrónicos para el almacenamiento y la organización de la información botánica creando, en la década de 1960, una base de datos para el proyecto de la flora de Veracruz.


Otro importante representante de la comunidad botánica nacional es sin duda José Sarukhán Kermez (1940-), cuyas aportaciones al desarrollo de la ciencia en México han sido fundamentales y han impulsado definitivamente el conocimiento de los recursos bióticos del país. Su obra más importante en el campo de la sistemática y florística es sin duda Los árboles tropicales de México, publicación en la que reœne información acerca de la distribución y ecología de 190 especies de árboles tropicales presentes en el país y es referencia obligada para cualquier estudioso de la flora del mismo. El doctor Sarukhán ha sido un incansable promotor de la actividad científica nacional y jugó un papel relevante en la fundación del Centro de Ecología, ahora Instituto de Ecología, de la unam y en la creación de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), la cual dirige desde 1992.


Es imposible imaginar el desarrollo de la taxonomía de angiospermas sin la participación de Jerzy Rzedowski Rotter [1926-], sin duda alguna el botánico mexicano más sobresaliente del siglo xx. Polaco naturalizado mexicano, el doctor Rzedowski dio a la florística y a la taxonomía nacionales un impulso definitivo. Llega a México en 1946, y después de formarse académicamente inicia su labor en pro del conocimiento de los recursos vegetales del país. En 1954 obtiene el puesto de investigador en la Universidad de San Luis Potosí y organiza el Instituto de Investigación de Zonas Desérticas, promoviendo la creación del primer herbario estatal en dicha entidad. En 1961 se incorpora a la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, donde estuvo a la cabeza del herbario. Durante ese tiempo el herbario llegó a ser la segunda colección de plantas más importante en el país y sirvió de respaldo a la œnica flora terminada en México, La Flora fanerogámica del valle de México. En 1985, el doctor Rzedowski se traslada a Pátzcuaro, Michoacán y en compañía de su esposa y colega Graciela Calderón Díaz Barriga funda el Centro Regional del Bajío del Instituto de Ecología, A. C., e inicia la formación del herbario, que servirá de apoyo al proyecto flora del Bajío y de regiones adyacentes, labor a la que se dedican actualmente. La vasta obra científica del doctor Rzedowski incluye trabajos sobre florística, taxonomía, ecología y fitogeografía de angiospermas y muchos de ellos son clásicos de la literatura botánica, como La vegetación de México, Clave para la identificación de los géneros de la familia Compositae en México, Diversidad y orígenes de la flora fanerogámica de México, El endemismo de la flora fanerogámica mexicana: una apreciación analítica preliminar, sólo por citar algunos. Además el doctor Rzedowski es reconocido, a nivel mundial, como especialista de la familia Burseraceae.


En cercana colaboración con su esposo y colega Jerzy Rzedowski, Graciela Calderón Díaz Barriga (1931-) ha contribuido de manera fundamental en el desarrollo de la taxonomía y la florística mexicanas. Su labor como investigadora inició en 1953, año en el que estuvo contratada por el Instituto Mexicano de Recursos Naturales Renovables; de 1955 a 1957 laboró en el Instituto de Investigación de Zonas Desérticas de la Universidad de San Luis Potosí y en 1963 se incorpora a la plantilla académica de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional. Su notable participación en el proyecto flora fanerogámica del valle de México se refleja en la elaboración de los tratados de 59 familias y a eso se suman las diversas publicaciones relativas a aspectos taxonómicos y nomenclaturales de diversos taxa de angiospermas. A partir de 1985 es investigadora del Centro Regional del Bajío del Instituto de Ecología, A. C. y dedica sus esfuerzos a la elaboración de la flora del Bajío y de regiones adyacentes, de la cual es hasta el momento autora y coautora de 54 de los 146 fascículos publicados a la fecha.


La maestra Luz María Villareal de Puga (1913-) ha sido, sin duda alguna, figura fundamental en el desarrollo de la botánica en el estado de Jalisco ya que contribuyó a la formación y consolidación del herbario del Instituto de Botánica de la Universidad de Guadalajara e impulsó decididamente el estudio de la Flora del estado de Jalisco. Asimismo fue la principal promotora de la formación de la reserva de la biosfera de la sierra de Manantlán y fue además un importante apoyo para el doctor Rogers McVaugh, de la Universidad de Michigan, quién por muchos años estuvo a cargo del proyecto flora novo-galiciana.

Un esfuerzo que cabe destacar y que desafortunadamente no tuvo el apoyo necesario para su desarrollo fue la formación, en 1983, del Consejo Nacional de la Flora de México, cuyo objetivo era la publicación de una flora nacional que incluiría no sólo a las angiospermas, sino a todos los grupos vegetales presentes en el país y en la que participarían botánicos tanto mexicanos como extranjeros. Como resultado de este esfuerzo se publicaron seis fascículos del volumen 6 correspondiente a las Pteridofitas y dos fascículos del volumen siete, relativo a las fanerógamas.



Estado actual y perspectivas

Actualmente, los estudios taxonómicos y florísticos de las angiospermas se encuentran en un buen momento, ya que el nœmero de botánicos y de instituciones que cultivan esta disciplina es el mayor en toda la historia del país. Lo anterior se refleja en la existencia de cerca de 72 herbarios institucionales activos y en la participación de numerosos investigadores en el estudio de floras regionales y estatales. Entre los proyectos florísticos actualmente en curso y con resultados publicados podemos mencionar: flora de Veracruz y flora del Bajío y de regiones adyacentes, ambas coordinadas por el Instituto de Ecología, A. C.; flora de Guerrero y flora del valle de Tehuacán Cuicatlán, llevadas a cabo por dependencias de la Universidad Nacional Autónoma de México; flora de Jalisco, auspiciada por el Instituto de Botánica de la Universidad de Guadalajara; y flora de Aguascalientes a cargo de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.


Además, es importante destacar que varias de las familias de Angiospermas con mayor nœmero de especies a nivel nacional están siendo estudiadas desde el punto de vista taxonómico por investigadores mexicanos.


En 1992 y como una iniciativa para promover el estudio integral de los recursos naturales del país, se crea la Conabio, cuya finalidad principal es la generación de un catálogo nacional de los organismos vivos presentes en el territorio nacional.

Los retos que quedan pendientes para la sistemática vegetal en México son muchos y diversos. Ante la destrucción acelerada de los recursos vegetales, es ahora más que nunca de vital importancia concluir el inventario de la flora del país. Debemos generar un catálogo detallado de las especies con las que contamos, así como información adecuada relativa a su distribución y a su estado de conservación para conocer con precisión cuáles especies son abundantes, cuáles escasas, cuáles se hallan en peligro, cuáles debemos proteger, etc. También es importante saber cuáles especies son o pueden ser de utilidad y cuáles representan recursos económicos importantes.


Es imprescindible e impostergable esta tarea, ya que nos permitirá en un futuro inmediato el manejo de los recursos vegetales con una visión integral, que al mismo tiempo que genere beneficios favorezca la conservación e incluso la restauración de la riqueza florística nacional. Si queremos impedir que nuestro medio siga deteriorándose, e incluso si queremos revertir dicho deterioro, debemos conocer detalladamente tanto su composición como su estructura y funcionamiento. Para llevar a cabo lo anterior es necesario fomentar programas académicos relativos al conocimiento y el manejo de los recursos naturales del país. La formación de taxónomos es una necesidad apremiante ante la devastación que están sufriendo las comunidades naturales en México. Es de fundamental importancia conseguir recursos financieros para llevara a cabo exploraciones botánicas en todo el territorio nacional así como implementar políticas que favorezcan el desarrollo de la sistemática vegetal y de la florística en el país.


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Presentación particular

Botánica
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Zoología
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13 de octubre de 2009

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