José Ramírez-Pulido

Cuando la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana tuvo la feliz idea de publicar la Enciclopedia de la ciencias en México, asumió el compromiso de poner su contenido al alcance tanto del público en general como del enterado, las diversas disciplinas que se cultivan en México. El primer encargo de quienes concibieron la idea, fue invitar a un número reducido de personas para que de acuerdo con el área de su competencia profesional y que a la postre, fungiría como coordinador de cada uno de los volúmenes que se publicaran.

Posteriormente a cada coordinador se le encargó planear y seleccionar los temas que deberían incluirse en cada uno de los tomos que formarían la obra, para dar una visión general del campo de la ciencia que se cultiva en México y en segundo lugar, cada tema debería incluir tres apartados o secciones en donde quedara testimonio lo que se ha realizado, de lo que se hacen en la actualidad y explorar hacia donde encaminar el esfuerzo futuro.

Al aceptar la invitación para coordinar el tomo dedicado a la biología, era tarea ineludible pasar revista de las grandes ramas de la biología que se cultivan en México y con ello, se convocó a destacados especialistas en los diversos campos de la botánica y la zoología como tradicionalmente se identifica su objeto de estudio, así como aquellas disciplinas que tratan del origen y relaciones como es el caso de la ecología, sin omitir los puentes de interacción trátese de la biología Experimental, y la biología Molecular y genómica. Imposible eludir la importancia que ha alcanzado la difusión del conocimiento, signo de nuestro tiempo y en ello la difusión de la ciencia no es ajena a esta demanda, actividad que la academia no ha valorado en su justa dimensión y a la vez, tan cercana como elemento de contacto con la sociedad en general.

En este escenario, la única recomendación a cada autoridad participante en esta tarea fue que de manera condensada, presentara las tareas realizadas, las labores que se hacen y hacia dónde deberían encaminarse los esfuerzos en el futuro. Con esta premisa, cada capítulo más que un trabajo técnico in extenso, representa una guía de aproximación que introduce al lector de manera concisa y objetiva a lo realizado, los grupos que se estudian y lo mucho que nos falta todavía por conocer.

Tratándose de un libro de biología, creí conveniente proporcionar al lector el universo que cubre la disciplina. La clasificación de los seres vivos mejor conocida ha sufrido en los últimos años cambios notables. En 1969 (Whittaker, 1969) se aceptó de manera generalizada que todos los seres vivos cabían en cinco reinos (Monera, Protista, Fungi, Plantae y Animalia), situación que cambió radicalmente con la propuesta de Cavalier-Smith (2004) al señalar la existencia de seis reinos en dos imperios. En el imperio Prokaryota propio del reino Bacteria y en el Eukarya en donde se congregan los otros cinco: Protozoa, Animalia, Fungi, Plantae y Chromista.

En otras clasificaciones recientes, a los seres vivos se les ubica en tres dominios el Archaea para las bacterias primitivas que toleran condiciones extremas de temperatura, salinidad y acidez como Halobacterium y otras que poseen un pigmento sensible a la luz (rodopsina) y liberan energía. Mientras que en el dominio Bacteria se numera a las cianobacterias o bacterias azul-verdosas, flavobacterias, gram-positivas, sulfurosas, purpúreas y espiroquetas. Y en el tercer dominio el Eukarya, es en donde se coloca a los otros cinco reinos: Chromista, Fungi, Plantae, Protozoa y Animalia.

Cualquiera que sea el sistema de clasificación que se adopte, el imperio Prokaryota con el reino Bacteria, corresponde a aquellos organismos carentes de membrana nuclear, de huso mitósico, con reducción meiótica del número de cromosomas que se reduce a uno, carecen de mitocondrias, plastos, cilios y flagelos con arreglo fibrilar, también carecen de retículo endoplásmico, de vacuolas, de aparato de Golgi, de movimientos amiboideos y corrientes citoplasmicas, de fagocitosis y de pinocitosis y por el contrario, tienen enzimas metabólicas en la membrana celular. Grupo en que según Cavalier-Smith (2004) se encuentran los subreinos Negibacteria (phyla Eobacteria, Spirochaetae, Proteobacteria, Planctobacteria y Cyanobacteria) y Unibacteria (phyla Posibacteria y Archaeobacteria), es una disciplina que por lo general se asocia en los estudios de medicina.

El imperio Eukarya o Eukaryota corresponde a aquellos organismos que poseen membrana nuclear, huso mitósico, número de cromosomas que varía de 2 a 600, con mitocondrias, plastos, cilios y flagelos con arreglos fibrilares 9+2 es decir, un anillo de 9 microtúbulos pares con 2 centrales, con retículo endoplásmico, vacuolas, aparato de Golgi, movimientos amiboideos y corrientes citoplasmicas, realizan fagocitosis y pinocitosis y carecen de enzimas metabólicas en la membrana celular. A este grupo pertenecen los reinos Chromista, Plantae, Fungi, Protozoa y Animalia que forman parte de los estudios formales de la biología.

Reino Chromista (diatomeas, algas pardas, coccidios, flagelados con exoesqueleto silicoso, algas amarillentas), subreino Cryptista (phylum Cryptista), subreino Chromobiota, infraorden Heterokonta (phyla Ochrophyta, Pseudofungi, Opalazoa (comprende los subphyla Opalinata y Sagenista), infrareino Heptista (Phylum Haptophyta).

Reino Plantae (250 000 especies) con dos subreinos el Biliphyta con los phyla (clases) Glaucophyta (flagelados, unicelulares, con clorofila α y β-caroteno y las reservas alimenticias las almacenan en forma de almidón fuera de los cloroplastos) y Rodophyta (algas rojas) y el subreino Viridaeplantae (plantas verdes propiamente) con los phyla (clases) Cholorophyta (algas verdes), Bryophyta (musgos) y Trachaeophyta (plantas vasculares).

En otras clasificaciones a las plantas verdes se les divide en dos grandes apartados, plantas sin semilla en donde se ubica la división Bryophyta con las clases Bryophyta (musgos), Hepatophyta (hepáticas) y Anthoreratophyta (ceratófilos) y Pterophyta (helechos), con las clases Psilopsida (helechos escobilla), Sphenopsida (colas de caballo) y Lycophyta (licopodios).

En cambio en otras clasificaciones al phylum o clase Trachaeophyta la dividen en dos grandes apartados, uno con las plantas sin semilla en donde se incorpora a las Pterophyta y el otro a las plantas con semilla y a las cuales se les divide también en dos grandes apartados, aquellas plantas con semilla desnuda o gimnospermas, con las divisiones Coniferophyta (coníferas), Cycadophyta (cícadas), Ginkgophyta (ginkgo) y Gnetophyta (gnetofitos) y la otra corresponde a las plantas con semilla encerrada en un fruto o angiospermas, con las divisiones Magnoliophyta con las clases Magnoliopsida (dicotiledoneas) y Lliliopsida (monocotiledoneas).

Reino Fungi (hongos, 100 000 especies) con las divisiones Zygomycota, Ascomycota, Basidiomycota y Deuteromycota (líquenes y micorrizas), hongos y setas comestibles, cultivados y silvestres (champiñones, huitlacoche, portobello, porcini, amanitas y trufas), hongos venenosos (Amanita virosa y A. phalloides) y hongos alucinógenos (Conocybe y Psilocybe), entre otros.

Reino Protozoa, subreino Sarcomastigota (phyla Amoebozoa y Choanozoa), subreino Biciliata, infrareino Rhizaria (phyla Cercozoa, Foraminifera y Radiozoa), infrareino Excavata (phyla Leukozoa, Percolozoa, Euglenozoa, Metamonada que incluye a los Parabasalia y Anaeromonadea), infrareino Alvaolata (phyla Myzozoa y Ciliophora), Biciliata con posición incierta, phyla Apusozoa (quizá grupo hermano de Excavata) y Heliozoa. En otros trabajos, al infrareino Rhizaria lo traslada al nivel de phylum en donde incorpora a Cercozoa, Foraminifera y Radiozoa y con ello la clasificación de 2004 se modifica radicalmente.

Reino Animalia (un millón de especies), Acelomados (son animales que carecen de cavidad corporal o celoma): Parazoa, Placozoa, Porifera (esponjas), Cnidaria (hidrozoarios), Acelomorpha, Acoela, Nemertodermatida y Ctnophora (musas pectinadas). Protostomados (son los animales en los que después de la gastrulación la boca se forma en o cerca del blastoporo): Platelmynthes (gusanos planos), NemertinI (gusanos con trompa), Mezozoa, Mollusca (moluscos), Sipunculida, Echiura, Annelida (gusanos redondos segmentados), Myzostomida, Cycliophora, Acanthocephala, Rotifera (rotíferos), Entoprocta, Phoronida, Bryozoa, Brachiopoda, Gnathostomulida, Gastrotricha, Xenoturbellida, Chaetognatha, Nematomorpha, Nematoda (gusanos redondos), Priapulida, Kinorhyncha, Loricifera, Onychophora (onicóforos), Artrhopoda (artrópodos), Tardigrada (tardígrados). Deuterostomados (son animales en los que después de la gastrulación, la boca se forma secundariamente en un orificio diferente del blastoporo porque éste que se trasforma en el ano): Echinodermata (equinodermos), Hemichordata (hemicordados) y Chordata (cordados).

Una vez acotado el campo de la biología y para entrar en materia, la palabra biología deriva de las raíces griegas βιος = bios (vida) y λογος = logos (tratado o estudio) de ahí que su definición nominal es el “tratado de la vida”. En sentido formal, la biología se entiende como una de las ciencias naturales que tiene como objeto el “estudio científico de la vida” y más concretamente, su origen, evolución y sus propiedades. El Diccionario de la lengua española la define como la “ciencia que trata de los organismos vivos, de su estructura, vida, desenvolvimiento y actos”. Se trata pues de un área del conocimiento que por su extensión y profundidad reclama la tarea de especialistas en cada uno de los segmentos que la integran, ante la imposibilidad de que una sola persona pueda abarcar la vastedad de su objeto de estudio.

En la biología como en otras ramas de la ciencia, para el estudio de las especialidades se debe recurrir a las ramas específicas como micología (hongos), briología (musgos), pteridología (helechos), entomología (insectos), malacología (moluscos), herpetología (reptiles), ornitología (aves), sólo por citar algunos ejemplos y con ello, acceder al mejor conocimiento de cada uno de los grupos de los seres vivos.

El conocimiento de la naturaleza es una tradición centenaria muy arraigada en la historia de México. Plantas y animales fueron motivo de admiración y estudio; testimonio que se plasmó en códices, estelas y grabados, documentos que evidencian el nivel de conocimiento que se tuvo en el México prehispánico. En la introducción del libro Las ciencias naturales en México coordinado por Hugo Aréchiga y Carlos Beyer, junto con la información de los diversos capítulos de ese libro, se da una idea muy acabada del conocimiento que sobre plantas y animales se tuvo en el México prehispánico, en la colonia y en el México independiente, hasta nuestros días.

Una asignatura pendiente y el motor que animó la publicación de este libro fue, sin duda, la carencia de una obra que acercara el conocimiento general de algunos tópicos particulares de la biología a un público amplio y por ello, es menester hacer las siguientes precisiones.

Lo primero que quiero destacar es que no se trata de un libro de texto de biología y por lo tanto, su formato no se ciñe a una temática disciplinaria formal, aunque tampoco a una estrictamente coloquial y no obstante que en la mayoría de los capítulos se hace referencia a puntos relevantes del desarrollo histórico que ha tenido la disciplina en México, tampoco cabe esperar que se trata de un libro de historia; otro señalamiento pertinente es que no se hace una revisión exhaustiva ni de todos los grupos ni de la complejidad de los elementos que conforman cada uno de ellos. El resultado es un texto profesional que le permite al lector atisbar un conocimiento acabado de algunas de las disciplinas que se cultivan en el país.

En trabajos de esta naturaleza es innegable que cada lector tiene la mejor idea de cómo abordarlo, el formato y el diseño que se debe seguir, la amplitud y profundidad para desarrollar cada uno de los temas y, quizá lo más importante, los grupos biológicos a cubrir. Sería pretencioso aspirar a que este libro agotara las expectativas y respuestas a las diversas interrogantes que el lector se plantea por una parte y por la otra, es imposible resolver hasta agotar todos los temas y todos los deseos.

El tomo dedicado a la biología está compuesto por más de veinte capítulos y se decidió que “La divulgación de la ciencia: labor promotora de la democracia del conocimiento” ocupe un lugar relevante. Este capítulo plantea el carácter universal y el objeto del conocimiento científico como uno de los principios de la democracia, los mecanismos para la difusión del conocimiento, la responsabilidad de la difusión del conocimiento que cuando la sociedad lo incorpora puede ser el motor para la toma de decisiones políticas; el papel que desempeñan las instituciones educativas y las asociaciones civiles para la difusión del conocimiento; las tendencias modernas para la difusión del conocimiento y los retos que enfrenta la divulgación de la ciencia en una sociedad democrática.

“La botánica en México” recrea la historia de la botánica en el país desde la época prehispánica y principios de la colonia, la botánica de los siglos xvii y xviii, con las aportaciones de Sor Juana Inés de la Cruz a la herbolaria y las obras de Fray Juan de Torquemada y Francisco Javier Clavijero, entre otros, para arribar al siglo xix con la actividad de otras personalidades como Lucas Alamán, Leopoldo Río de la Loza, Martín Sessé y la visita de Alexander von Humboldt junto con Amado Bonpland y la creación de instituciones como el Museo Nacional, el Instituto Médico Nacional y la Comisión Geográfico Exploradora. La botánica del siglo xx se entiende con la apertura de la Universidad Nacional y en ella, la Escuela de Altos Estudios que fue en donde se iniciaron los cursos de botánica en 1911 y, a partir de esa fecha, se formaron nuevas instituciones dentro y fuera de la Universidad Nacional para completar la visión general de la disciplina y las tendencias para el futuro.

Las algas, hongos y líquenes en el pasado formaron parte del reino de las plantas. En la actualidad a las algas se les incluye en el reino protista y a los hongos y líquenes en un reino propio, Fungi o reino de los hongos. En estos capítulos se aborda el tema de las macroalgas marinas (algas verdes, rojas y pardas), algas dulceacuícolas de las aguas continentales. También se ocupan del fitoplancton marino, comunidad de algas de tamaño microscópico que son dispersadas pasivamente por las corrientes o movimientos del agua, a este grupo pertenecen las diatomeas y dinoflagelados. Los autores mencionan las grandes exploraciones de macroalgas realizadas de 1846 hasta el 2006. Además, señalan las instituciones y los ficólogos (término técnico para calificar a quién profesionalmente se dedica al estudio de las algas), y sus aportaciones realizadas a partir de 1960. Para completar el panorama, registran el número de especies en las principales divisiones y clases. Para completar el cuadro, se ocupan de las especies amenazadas, en peligro de extinción y en las invasoras. Tarea por demás significativa son los métodos y técnicas modernas para su estudio. La ciencia que se encarga del estudio de las algas es la ficología.

Los hongos constituyen un reino complejo y diverso. Los hongos son de tamaño variable, desde microscópicos hasta visibles a simple vista. De propiedades disímbolas, los hay medicinales, comestibles, otros son empleados en rituales sagrados y hay hongos utilizados en la industria. En este capítulo se condensa el desarrollo de la disciplina y se mencionan los grupos que constituyen a los hongos. La ciencia que se ocupa de su estudio es la micología. Las micorrizas representan una asociación entre algunos hongos y las raíces de plantas, que en el medio natural no es una simple interacción. Se trata pues de una comunidad compleja: varias especies de hongos en la raíz de una planta. Los estudios modernos resaltan la importancia de los hongos micorrícicos en la colonización de las plantas en la tierra. Los estudios realizados en México se enfocaron primordialmente a su impacto en la actividad forestal. Sin embargo, en la actualidad su importancia se ha extendido a la agronomía, ecología, taxonomía, sistemática, a la biología molecular, a la biotecnología y a las ciencias genómicas.

El término pteridofita se aplica de manera general a los helechos y plantas afines, de ahí que en el capítulo sobre la “Diversidad de la pteridoflora mexicana” en la parte inicial, se cubren los antecedentes sobre los estudios realizados en el país y posteriormente se refieren formas de crecimiento y el lugar en donde habitan, para diferenciarlas en formas terrestres, arborescentes, escandentes (son formas terrestres que habitan en las selvas altas perennifolias), hemiepífitas, epífitas acuáticas y subacuáticas. Hacen referencia a la reproducción y al potencial reproductivo, a la dispersión de las esporas, al establecimiento y germinación de las esporas.

Las gimnospermas son plantas vasculares leñosas, productoras de semillas, pero la semilla es desnuda, es decir, está expuesta en los conos femeninos. A este grupo pertenecen las cícadas, las ginkoales representadas por una sola especie que en vida silvestre crecen en China, las coníferas y las gnetales. En este capítulo se trata de la reproducción sexual y el origen de la semilla; así como de los órganos fotosintéticos, los de conducción y de protección.

Las angiospermas constituyen el grupo más diverso y ampliamente distribuido en el mundo con más de 250 000 especies. El término angiosperma deriva de la palabra griega angeión que significa recipiente, para hacer referencia a los elementos reproductores masculinos y femeninos. Producen fruto que encierra la semilla. Este grupo es particularmente significativo, coevolucionaron con polinizadores insectos, aves y murciélagos. Son de tamaño variable que oscila desde microscópico hasta los 100 m de altitud. Se reconocen dos grandes subclases Lilipsidae (monocotiledóneas) y Magnoliopsidae (dicotiledóneas). Este capítulo revisa el conocimiento de las angiospermas que se tuvo en el México prehispánico y colonial, en el independiente, en el contemporáneo y termina con el estado actual y hacia dónde se dirigen los esfuerzos futuros.

La zoología es la ciencia cuyo objeto de estudio son los animales, de los que el hombre primitivo tuvo conocimiento; muestra de ello son las muestras de sus relaciones con el reino animal en sus pinturas rupestres. Posteriormente, los griegos aunque sin una ciencia formal, tuvieron conocimiento científico de los animales. Después de la visión que tuvo el hombre de los animales en la antigüedad, los autores de este capítulo decidieron presentarle al lector el mundo formal de los animales y de esta manera señalar que en la actualidad se reconocen 11 phyla en el reino Protozoa que coloquialmente un protozoólogo mexicanos los definió como “más o menos animales, más o menos unicelulares y más o menos microscópicos” y 38 en la organización Metazoa; es decir, aquellos animales que tienen el cuerpo formado por células diferenciadas, agrupadas en forma de tejidos, órganos y aparatos. Una vez identificado el objeto de estudio, se pasa al conocimiento que tuvo de ellos el México prehispánico, en la época de la colonia, en el México independiente y culmina con el estado actual.

Pensamos que resultaría interesante para el lector conocer cuales son los grupos zoológicos estudiados en México y los medios de difusión del conocimiento, las sociedades científicas que se han formado, las instituciones en donde se estudian algunos de los grupos, el papel que han jugado las los museos y las colecciones científicas y se termina con la visión de futuro.

“Gusanos” es un término genérico que se aplica a gran variedad de animales pertenecientes a grupos de muy distinto origen y morfología. Con este nombre se les llama a los gusanos planos (phylum Platelminthes), a los nemertes o nemertinos (phylum Nemertinea), a los nemátodos o gusanos redondos (phylum Nematoda), a los gusanos pelos de caballo (phylum Nematomorpha), a los anélidos o gusanos anillados (phylum Annelida) y a formas larvarias del phylum Arthropoda como en mariposas (orden Lepidoptera), escarabajos (orden Coleoptera) y moscas (orden Diptera).

Los artrópodos no hexápodos y tampoco insectos, poseen el cuerpo anillado, con apéndices articulados y a menudo terminan en uñas. Constituyen un grupo extenso, abarcan a los trilobites (son fósiles), a los quelicerados (arañas, alacranes y a los ácaros, entre otros), a los pignogónidos llamados también arañas de mar y a todos los mandibulados que incluyen tres grupos principales crustáceos, miriápodos y hexápodos y, dentro de éstos, los insectos que serán tratados en un capítulo diferente.

Los insectos son invertebrados del phylum Arthropoda, son los organismos más numerosos y diversos del reino animal, representan más de un millón de especies. Los insectos se caracterizan por poseer un esqueleto externo o exoesqueleto cuyo componente es la quitina, tienen patas articuladas y el cuerpo está formado por dos o tres regiones.

Los crustáceos son animales invertebrados, mandibulados, pertenecen al phylum de los artrópodos. Tienen el cuerpo cubierto por una coraza o caparazón duro impregnado por sales de carbonato de calcio, aunque este carácter no se aplica a todos los crustáceos, porque los de talla menor tienen el tegumento blando y flexible, la quitina es un componente primordial en el exoesqueleto de todos los crustáceos como los camarones, langostas y las jaibas animales de importancia económica. Carcinología es la ciencia que se encarga de su estudio.

La ictiología es la ciencia que se encarga del estudio de los peces, estudio que puede abordarse desde varios ámbitos, el marino y el de los peces dulceacuícolas. En el capítulo dedicado a los peces de agua dulce. El autor se ocupa de las características generales del grupo e inmediatamente después, nos acerca a la fase de exploración, a las expediciones desde el siglo xvi y al legado de los recolectores. Es de llamar la atención que en este capítulo se habla de los ictiólogos autodidactas y en la parte final se ocupa de la formación de ictiólogos profesionales y de las perspectivas de la disciplina en México.

En el capítulo dedicado a los peces marinos se señala que hay cerca de 1400 especies en los mares de México. Están relacionadas con el amplio intervalo latitudinal de las costas mexicanas, con 358 000 km2 de plataforma continental, con 11592 km de litoral, con 1 567 300 ha de área estuarina y con 130 lagunas costeras. Los peces marinos son de importancia económica por constituir tanto pesquerías grandes, como ribereñas o artesanales. Los peces marinos representan las grandes pesquerías principalmente de atún, sardinas y anchovetas. La pesca ribereña o artesanal es diversa y es la que se realiza a profundidades máximas de los 18 a los 27 m, que es de donde proviene la mayor cantidad de peces de importancia para la alimentación humana. En este capítulo también se hace referencia a los conocimientos que se tienen desde la época prehispánica, para desembocar en la contemporánea y proporcionando una relación de las instituciones importantes para el estudio de la ictiología marina.

Anfibios (ajolotes, salamandras, ranas y sapos) y reptiles (tortugas, lagartijas, iguanas, serpientes, víboras, cocodrilos, caimanes y lagartos), aun cuando son dos grupos de vertebrados diferentes, históricamente se les estudia en una sola disciplina conocida como herpetología. Las víboras y serpientes fueron ampliamente conocidas en el México prehispánico, testimonio de ello queda en estelas, códices y construcciones. La primera referencia formal en donde se mencionan anfibios y reptiles de México se debe a Fray Bernardino de Sahagún y posteriormente a Francisco Hernández (1517-1584). En este capítulo se relata de manera pormenorizada el desarrollo de la disciplina en México y quiénes participaron hasta el México independiente. No es sino a principios de 1900 y hasta 1910 cuando se podría establecer como la “Época de oro de la herpetología de México”. Indudablemente la historia del conocimiento de los anfibios y los reptiles de México se encuentra indisolublemente relacionada con la de las aves, los mamíferos y, en cierto grado, con la de los peces de agua dulce y hasta cierto punto con la botánica. También se habla de la formación de instituciones como la Comisión Geográfico Exploradora en 1914, cuyas colecciones se incorporaron al Museo Nacional de Historia Natural en 1915, cuando se creó la Dirección de Estudios Biológicos. Mismas colecciones que pasaron en 1929 al Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Institución que, a partir de 1930, dio cobijo a numerosos herpetólogos nacionales e internacionales que impulsaron el desarrollo de la herpetología moderna y que permite vaticinar hacia donde se orienta en el futuro.

La ornitología, ciencia que estudia todos los aspectos de la biología de las aves, constituye un campo de gran actividad a escala mundial. Cientos de investigadores profesionales y aficionados son especialistas en el área. Las aves son vertebrados por demás atractivos para el hombre desde tiempos remotos. Baste recordar la importancia de figuras mitológicas relacionadas con las aves como Quetzalcóatl (o Kukulkán para los mayas), la serpiente emplumada, el águila (escudo nacional), el quetzal, el colibrí y la guacamaya. Leyendas y tradiciones de los aztecas relacionadas con las aves que forman parte de la cultura de nuestro país desde la época prehispánica. Después de la conquista, los españoles se enfrentaron a un mundo que contenía flora y fauna desconocidas. En las crónicas de Fray Bernardino de Sahagún, Juan de Torquemada, Gonzalo Fernández de Oviedo y Tomás López Medel se observa una enorme sorpresa ante la variedad de aves que poblaban las nuevas tierras.

En los siglos xvii y xviii continuaron los trabajos de descripción de las aves del país y fueron los jesuitas los principales estudiosos de las ciencias naturales. En la primera mitad del siglo xix la inestabilidad política del país detuvo en gran medida las investigaciones científicas. En el siglo xx, a finales de la primera mitad y hasta la década de 1970 destaca el trabajo de Allan R. Phillips (1914-1996), investigador estadounidense, veterano de la segunda guerra mundial, quién fincó su residencia en la ciudad de México y que gracias a su esfuerzo, estrictamente personal, se formó una colección que para 1973 el número, si mal no recuerdo, era cercano a los 15 000 ejemplares; el Instituto de Biología le proporcionó exclusivamente el espacio en donde la albergó. Colección que posteriormente pasó a formar del patrimonio del Instituto de Biología, ignoro las condiciones en las que se dio este hecho, sólo recuerdo que no fueron las mejores para el Dr. Phillips.

A partir de la década de 1970 los grupos dedicados a la ornitología se multiplicaron exponencialmente en diversas instituciones del país que realizan estudios faunísticos, de sistemática, ecología y migración y dada la juventud de los ornitólogos profesionales del país, es posible augurar resultados prometedores en el corto, mediano y largo plazos.

La mastozoología es la disciplina que se encarga del estudio de los mamíferos. Hoy en día se conocen cerca de 5 000 especies en el mundo, incluyendo tanto terrestres como acuáticas. El 10.5% de ellas se distribuye en nuestro país. Desde tiempos remotos los mamíferos han sido fuente de alimento, vestido y transporte, su utilidad ha sido tan vasta que también han servido como elementos de construcción en el hogar, se construyeron tiendas con la piel y huesos de mamut.

El capítulo hace referencias a evidencias prehistóricas, a las coloniales, a la época de los naturalistas y su contribución, así como al nacimiento y desarrollo de la mastozoología nacional contemporánea. Cuando las colecciones del Museo Nacional de Historia Natural pasaron al Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 1929, nació propiamente la mastozoología mexicana. En 1930 nacieron los Anales del Instituto de Biología y la Sociedad Mexicana de Historia Natural resurgió en 1936. La Escuela de Bacteriología creada en 1924, se incorporó al Instituto Politécnico Nacional y adoptó el nombre de Escuela Nacional de Ciencias Biológicas en 1938 y comenzó a publicar los Anales de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y, al año siguiente, se fundó el Instituto de Salubridad y Enfermedades Tropicales. Con estos antecedentes se entiende que el interés en los mamíferos silvestres haya sido para estudiar sus gusanos intestinales, su sangre y los parásitos protozoarios que tenían en ella, por los posibles daños a la salud del hombre. La mayor parte de los trabajos se publicaron en los Anales del Instituto de Biología de la unam, y en ellos se alude, por ejemplo, a parásitos intestinales de la rata cañera, como muchos más en otros mamíferos, como los que describe Eduardo Caballero y C. con sus colaboradores. Además, el Maestro Liborio Martínez analizó la sangre de murciélagos; este citólogo encontraría en Bernardo Villa Ramírez (1911-2006), un ávido interés por los murciélagos mexicanos, lo que, en muchos sntidos, permitiría el nacimiento de la mastozoología mexicana. Bernardo Villa Ramírez, Ticul Álvarez Solórzano y Arturo Jiménez Guzmán fueron piedras angulares para el desarrollo de la disciplina en los tiempos modernos. El camino recorrido por esta disciplina permite valorar las necesidades que enfrenta, así como las perspectivas de la mastozoología mexicana para el futuro.

Los mamíferos marinos son un grupo de vertebrados con adaptaciones generales que les permiten vivir en ambientes acuáticos tanto de agua dulce como marina. A este grupo pertenecen los cetáceos (ballenas y delfines), sirenios (manatíes y dugongos); otros son carnívoros como las nutrias y los pinipedios (focas, lobos marinos y morsas). En México se encuentran representadas prácticamente todas las familias de cetáceos, excepto los delfines de río, la beluga y el narval, de los pinipedios sólo faltan las morsas. El autor de este capítulo identifica tres grandes periodos a los que señala como el de pioneros, el de los fundadores y el de los impulsores. En el primero menciona a Julio Berdegué, Bernardo Villa Ramírez y Félix Córdoba. El segundo y tercer investigador se adicionan en el de los fundadores Lloyd T. Findley y Anelio Aguayo. Dentro de los impulsores de manera destacada considera a la Sociedad Mexicana de Mamíferos Marinos y, sin duda alguna, David Aurioles Gamboa, autor de este capítulo ha sido un miembro relevante. Al final del capítulo escribe sobre el futuro de la investigación y como la visualizan los diversos profesionales en las instituciones en donde laboran.

La ecología como rama de la biología es la ciencia incluyente e integrativa por antonomasia, se nutre de casi todas las ramas de la biología, además de otras disciplinas como la física, química, geología, climatología, para citar sólo algunas. La ecología se puede estudiar desde diversos niveles de organización: desde las moléculas hasta los ecosistemas. Si bien el estudio formal de esta disciplina es, quizá el más reciente en el país, los estudios ecológicos son añejos. El autor de este capítulo de manera notable hace un recuento del pasado, del presente y de lo que se espera en el futuro de la ecología en  este país.

En el capítulo de la biología experimental se revisa el desarrollo y se analizan las políticas que han llevado al estado actual que guarda la disciplina en México. El autor comienza por definir lo que debe entenderse por biología experimental, e incluye las referencias que sobre el tema presentó en el libro Las ciencias naturales en México en el que se dedican varios capítulos al desarrollo y estado de diversas ramas de la biología experimental.

Con estos antecedentes, el desarrollo de la biología experimental en México, lo ha dividido en cuatro periodos de duración muy desigual: 1) Un largo periodo inicial que incluiría la época precortesiana, la colonial y el México independiente hasta el porfiriato; 2) un periodo que va del porfiriato (1880) hasta la autonomía de la Universidad Nacional de México (1929); 3) un periodo que va de 1929 a 1970 en que se funda el Conacyt y 4) la era de la planeación científica que va desde la fundación del Conacyt a la fecha. Con este marco de referencia, el autor reseña la creación de instituciones, el impacto de los fundadores y los grupos primordiales (1940 a 1960), el papel del Centro de Investigaciones y de Estudios Avanzados y el Departamento de Investigación Científica del Instituto Mexicano del Seguro Social. Analiza el clima científico que se vive en las instituciones y los resultados que tuvo la disciplina antes del nacimiento del Conacyt y los compara con el papel que ha jugado el Conacyt. Se refiere también a las instituciones que se crearon a partir de 1970 y a la descentralizacion de la ciencia. En la parte final del capítulo presenta un resumen de los principales temas de estudio en el periodo 1988-2005 y termina con las perspectivas para el futuro de la biología experimental en México.

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INICIOEMC_COSMOS_HOME.htmlshapeimage_22_link_0
DIVULGACION DE LA CIENCIADIVULGACION_DE_LAS_CIENCIAS.htmlshapeimage_24_link_0
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UAM IZTAPALAPAhttp://livepage.apple.com/http://www.izt.uam.mx/shapeimage_28_link_0
Presentación particular

Botánica
    Algas
    Pteridofitas
    Gimnospermas
    Angiospermas
    Micorrizas
    Hongos

Zoología
    Gusanos
    Artrópodos
    Insectos
    Peces de agua dulce
    Peces marinos
    Anfibios y reptiles
    Aves
    Mamíferos terrestres
    Mamíferos marinos

Ecología
Biología experimental
Biología molecular
Genómica
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13 de octubre de 2009

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