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La divulgación de la ciencia


Maria Emilia Beyer Ruiz / Claudia Hernández García


La divulgación de la ciencia es una disciplina que acerca el conocimiento científico a la sociedad en general. En nuestro país ha sido poco comprendida, a pesar de las décadas de esfuerzo que le han dedicado los investigadores y las instituciones.


Hace poco más de tres siglos los frutos de la investigación científica comenzaron a acumularse y constituyeron un cuerpo sólido de conocimientos que merecían contar con reconocimiento y apoyo social. La utilidad de los resultados y sus aplicaciones, en muchos casos de tipo económico, derivó en una imagen de la ciencia que la proyectaba como un medio para el progreso, en donde el máximo valor del conocimiento científico se limitaba a la acumulación de los logros obtenidos.


La visión de que la ciencia se convalida a sí misma gracias a sus esquemas de refutabilidad o aceptación del conocimiento generado paulatinamente, la convirtió en una actividad que, aparentemente, no era competencia directa de la sociedad sino de la comunidad científica como un ente separado. De este modo se visualizó a los científicos, sus principales actores, como personajes autónomos y hasta cierto punto independientes de esa misma sociedad. Pareciera que su única responsabilidad como investigadores consistía en obtener y validar resultados científicos.


Buenas y malas, las implicaciones que han tenido estas visiones sobre la ciencia y su ejercicio han derivado en un análisis que recomienda llevar a los científicos a un estado de conciencia de sí mismos, como integrantes de una sociedad que tiene obligaciones e intereses propios. Como afirma el sociólogo Robert K. Merton, estas obligaciones morales hacia la sociedad que la alberga, hacen de la ciencia una actividad intelectual que, al ser social, comprende entonces un conjunto de normas y de valores.


Los primeros pasos hacia un análisis sociológico de la ciencia permitieron enfatizar una de sus virtudes principales: su carácter de universalidad. También se valoró la objetividad como una característica primordial del quehacer científico, tanto la aceptación como el rechazo de los resultados debían partir de criterios impersonales. De acuerdo con esta premisa, el avance del conocimiento científico no podía estar supeditado a la raza, nacionalidad, religión, clase o cualidades personales de los científicos. La falta de competencia es el único criterio que debe considerarse como una traba en la carrera científica y dar importancia a cualquier otra característica sólo perjudicaría el avance del conocimiento. El apoyo que científicos de diversas nacionalidades dieron a estas normas convirtió a la ciencia en una disciplina internacional, impersonal y prácticamente anónima.


El carácter de universalidad es uno de los principios fundamentales de la democracia, entendida como la eliminación de las restricciones a la puesta en práctica y el desarrollo de actividades relacionadas con un cierto valor social. Sin embargo, en cuanto al acceso a la información, la universalidad del conocimiento científico se afirmaba contundentemente en la teoría pero se ignoraba en la práctica. Los científicos de los siglos xx y xxi conforman una elite que no siempre reconoce la necesidad de compartir los conocimientos generados con la sociedad en general. Desde el punto de vista intelectual, aquéllos considerados “no aptos” para comprender a la ciencia son simple y sistemáticamente excluidos de sus procesos. No existe, por lo tanto, una práctica democrática en cuanto al acceso al conocimiento científico.


La subsistencia de estos vicios de exclusión no podía sino considerarse como un obstáculo en el camino de la democratización del conocimiento porque una institución que forma parte del dominio público, se reconozca ésta como tal o no, necesariamente debe comunicar sus procesos y hallazgos.


La preocupación sobre la existencia de esta separación entre la comunidad científica y el resto de la sociedad tiene un punto de partida señalado en la denuncia que hace Charles Percy Snow en su libro Las dos culturas, publicado en 1959. En el libro, Snow enfatiza la necesidad urgente de reestablecer ligas entre la comunidad científica y la comunidad humanista, y reconoce a los humanistas como a los profesionales de las ciencias sociales y de las artes. Los postulados de Snow abogan por una visión más amplia tanto de la ciencia como de la cultura, en la que la definición de ciencia incluya a las humanidades y la definición de cultura incluya a la ciencia.


Tras décadas de escisión entre las ciencias y las humanidades, se considera que el primer paso hacia la promoción de igualdad de oportunidades es permitir el acceso al conocimiento a todo el público no especializado o público lego. Dada la complejidad del conocimiento científico, el acceso no consiste simplemente en abrir los archivos y esperar a que en un vago intento por comprender, el público se acerque a las instituciones que hacen ciencia. Es necesario contar con puentes y estrategias institucionales que faciliten este acercamiento. A partir de este reconocimiento es que comienza el trabajo de la divulgación de la ciencia.



Socializar la ciencia


Sobran los discursos con tintes políticos que anuncian la imperiosa necesidad de abatir el llamado analfabetismo científico. Sin embargo, para mejorar el apropiamiento social de la ciencia en México se requiere de esfuerzos desde múltiples fronteras como la educación, la información masiva que anuncie diversos aspectos sobre la ciencia que se hace en nuestro país, el fomento de la vocación científica en los jóvenes estudiantes y la apertura de espacios de comunicación que traten temáticas científicas con un lenguaje claro y comprensible para un público lego. La lucha contra el analfabetismo científico no es, por tanto, responsabilidad exclusiva de la comunidad científica.


Aunque muchos son los países del mundo que resaltan la necesidad de implementar puentes que conecten al saber científico con el acervo intelectual de un ciudadano, esta tarea cobra mayor importancia en un país como México en donde se calcula que existe apenas un científico por cada 8 000 habitantes. La brecha entre la comunidad científica y la sociedad, que resulta de la poca comprensión que se tiene sobre el quehacer científico, no sólo se ve reflejada en la mínima cantidad de profesionales dedicados a la ciencia, sino también se manifiesta en el desconocimiento y el desinterés por la ciencia nacional. México desarrolla importantes líneas de investigación científica y muchas de ellas brindan aplicaciones directas para el bienestar de la población. Incluso aquéllas que en un principio parecen alejadas de nuestra vida cotidiana constituyen un cuerpo de conocimientos que debería integrarse a la cultura general de la ciudadanía.


Si consideramos el concepto de cultura como el conjunto de prácticas sociales e intelectuales sujetas a normas y valores, así como a sus productos, el término cultura científica consta de tres puntos principales: 1) Lo que la gente sabe de la ciencia, o prácticas intelectuales basadas en elementos objetivos. 2) Las ideas preconcebidas que tiene sobre la ciencia, o prácticas intelectuales basadas en elementos subjetivos. 3) Las actitudes tanto positivas como negativas que la población adopta hacia la ciencia, o prácticas sociales.


Bajo la perspectiva de Robert K. Merton, la universalidad y la objetividad del conocimiento científico favorecen que la sociedad incorpore un razonamiento crítico hacia las estrategias para la resolución de problemas o de toma y evaluación de decisiones en una nación. De aquí se desprende la importancia que tiene la promoción de una cultura científica en la población de cualquier país del mundo.


La responsabilidad del primer punto, lo que la gente sabe de ciencia, recae en la instrucción pública y la enseñanza formal de las ciencias. Entendemos a la enseñanza formal como aquélla que está escolarizada y tiene un sistema jerárquico entre los participantes por ejemplo, el maestro y sus alumnos. Sin embargo, la divulgación de la ciencia tiene entrada en éste y en todos los ámbitos anteriormente señalados pues su acción no se restringe a los años escolares de un individuo, su campo es mucho más amplio en cuanto a rangos de edad, metodologías y medios para la transmisión del conocimiento.


La divulgación de la ciencia se anuncia como uno de los promotores fundamentales para incrementar la cultura científica de un país. Esta disciplina tiene a su favor una plasticidad que le permite adaptarse a los tiempos y a los distintos grupos sociales que forman parte de esa difusa masa llamada “público no especializado”. Dicha plasticidad se manifiesta en la multiplicidad de objetivos que tiene la divulgación científica, pues mientras algunos autores señalan que su tarea fundamental es el apoyo a la enseñanza de las ciencias, otros anuncian que la misión principal es el incremento de vocación científica mediante mensajes atractivos derivados de la ciencia. Algunos autores mencionan que no se puede despreciar el objetivo de favorecer una sana diversión contextualizando los procesos que componen a la ciencia, para que la población aprecie esta actividad como un ejercicio humano, social e incluso divertido. Por otro lado, también encontramos autores que argumentan que la divulgación científica tiene como función principal la democratización del conocimiento para favorecer la existencia de un ciudadano con la capacidad de expresar opiniones fundamentadas en la comprensión pública de la ciencia y la tecnología inherentes a las sociedades contemporáneas.


Para lograr esta aparente utopía socializadora que favorece la democratización del conocimiento científico, el divulgador enfrenta de manera inmediata dos problemas.


El primero es que se ve enfrentado a los altos niveles de abstracción y a la complejidad de los términos que forman parte del lenguaje de la ciencia.


El segundo problema consiste en que, a pesar de valiosos esfuerzos, la población evade al conocimiento científico por considerarlo aburrido, inútil o complicado de entender. La sociedad en su conjunto no considera que el conocimiento científico deba formar parte de su cultura general y, al mismo tiempo, son pocos los científicos interesados en integrar la ciencia a la cultura. Favorecer que la sociedad se apropie del conocimiento científico es una labor que demanda tiempo, ejercicio intelectual y esfuerzos que desafortunadamente no se remuneran adecuadamente dentro del complicado sistema de la política científica nacional. De aquí se desprende un escaso interés por parte de la comunidad científica para ejercer la divulgación eficiente y permanentemente.


Entonces, ¿cómo integrar o reintegrar el conocimiento científico a la sociedad? Es aquí cuando aparece la figura del divulgador de la ciencia. Con anterioridad se ha discutido a quién le corresponde ocupar el puesto del divulgador, ¿al investigador científico, que es quien genera la materia prima a partir de la cual se hace la divulgación?, ¿al maestro de ciencias, que es quien tiene al público cautivo en la figura del estudiantado?, ¿al periodista, que tiene al alcance un medio masivo de comunicación y es quien realiza la entrevista al científico?


Éste es el foro para hacer un llamado a la acción, pues la importancia no radica en quién haga la divulgación de la ciencia, sino en que se haga y se haga bien. Como resultado de la difusa caracterización del personaje conocido como divulgador de la ciencia, la propia Academia Mexicana de Ciencias (amc) propone líneas de acción que cubren diferentes objetivos de la divulgación e invitan a distintos sectores profesionales para cumplirlos. Así, cuando se trata de enfatizar la importancia que tiene la investigación científica en la sociedad mexicana, la revista Ciencia, publicada por la academia invita exclusivamente a los científicos reconocidos para compartir “en un tono sencillo, pero no coloquial” los frutos de su investigación. En cambio, cuando el objetivo central estriba en apoyar la enseñanza de las ciencias, la amc ha diseñado un diplomado titulado “La ciencia en tu escuela” que pretende la actualización en materia del conocimiento científico de los profesores de nivel primaria y de nivel secundaria. Para inicios del año 2007, este diplomado había actualizado a 3 500 profesores. Si se trata de transmitir mensajes científicos a través de los medios masivos de comunicación, la academia cuenta desde el año 2004 con los Seminarios de Periodismo Científico en los que se pretende capacitar al investigador en técnicas de comunicación y al comunicador en materia de ciencia.


La Academia Mexicana de Ciencias tiene una Coordinación de Comunicación y Divulgación que aloja diversos proyectos que pretenden fomentar el acercamiento de la comunidad científica con la sociedad mexicana, como el proyecto Domingos en la ciencia originado en 1982,y que a la fecha ha brindado poco más de 5 000 conferencias; los programas Biotecnología y sociedad, Ciencia y género, y la publicación de la revista Ciencia.


¿Quién es el divulgador de la ciencia?


A pesar de que el divulgador parece un personaje elusivo, se debe reconocer que la divulgación de la ciencia es en sí misma una disciplina con una estructura definida y que requiere de ciertas habilidades por parte del que hace la divulgación, ya que se utiliza al conocimiento científico como materia prima y a partir de éste, se recrea, es decir, se vuelve a crear la información para facilitar la transmisión de un mensaje derivado de la ciencia hacia un público no especializado. Esta transición no es una simple traducción ni una simplificación burda de la terminología científica. Es, en cambio, una demostración de habilidades intelectuales que invitan a un sector de la sociedad con interés escaso o nulo en la ciencia, para que adquiera mediante la divulgación elementos que incrementen su cultura y, en casos ideales, favorezcan en el público no especializado una necesaria apreciación de la actividad científica.


Para fomentar la anunciada “universalidad del conocimiento científico” cada nación recurre a diferentes estrategias educativas para abatir el analfabetismo de la población con respecto a la ciencia. De aquí se desprende que cada país tiene objetivos y planes de acción distintos en materia de comunicación científica.


En el caso de México existe una comunidad de divulgadores comprometidos que, desde hace décadas trabajan en instituciones civiles o educativas con los criterios brindados por Ana María Sánchez que define este quehacer como sigue: “La divulgación de la ciencia es una labor multidisciplinaria cuyo objetivo es comunicar el conocimiento científico a diversos públicos voluntarios, recreando ese conocimiento científico con fidelidad y contextualizándolo para hacerlo accesible y para lograrlo utiliza una diversidad de medios”.


El divulgador de la ciencia enfrenta un camino difícil con un amplísimo campo de acción, tan amplio como las numerosas ramas de la ciencia. Así, es común que el divulgador se vea en la necesidad de seleccionar el área de la ciencia sobre la que va a trabajar, del mismo modo que un científico tiende a especializarse en alguna rama del conocimiento.


Es competencia del divulgador el manejo de estrategias para transmitir la información científica a través de distintos medios de comunicación, de preferencia masivos: la radio, la prensa, la televisión, las exhibiciones en museos de ciencia, las publicaciones como boletines y revistas. La figura denominada divulgador de la ciencia, debe reunir en sí misma un acervo de conocimiento científico importante y un conjunto de habilidades para nutrir de manera eficiente los procesos de comunicación de dicho acervo.


Sobre el proceso de comunicación de la ciencia


Se había aclarado el perfil de los divulgadores como enlace entre la comunidad científica y la sociedad, pero aún faltaba establecer cómo debía llevarse a cabo esta labor. La primera estrategia que se utilizó en este proceso de socialización de la ciencia fue la propuesta teórica que Bruce Lewenstein llamó “modelo de déficit”. La premisa básica de esta propuesta, es que la población tiene carencia de conocimientos científicos y es tarea del divulgador ofrecerle la información necesaria para que adquiera todo lo que “tiene que saber” para no ser excluido de la ciencia. En este modelo, de manera implícita, la ciencia es considerada superior a cualquier otra forma de conocimiento por ser la única representación válida del mundo y su divulgación se restringe principalmente a la comunicación de sus resultados. La simple curiosidad o las necesidades de conocimiento del público suelen no ser consideradas, así que el mensaje llega desprovisto de un contexto y, por lo tanto, en muchos casos carece de significado. El modelo de déficit tampoco contempla un proceso de retroalimentación que permita medir el impacto de la labor de divulgación. Así, el público recibe la información y no tiene la opción de preguntar o cuestionar lo que se le hace llegar.


Un segundo modelo es el llamado modelo contextual, que en cierta medida subsana estas deficiencias. La divulgación que se hace con este enfoque, toma en consideración el contexto social y las experiencias previas del público, y reconoce que todas estas variables juegan un papel importante en el proceso de interpretación del mensaje. Si bien estas consideraciones representan herramientas útiles en la construcción de un discurso divulgativo más significativo, este modelo no es más que una versión modificada del modelo de déficit que toma en cuenta el contexto del público, pero éste sigue sin ocupar el lugar de un verdadero interlocutor y su aceptación de la ciencia continúa siendo pasiva.


Divulgar el conocimiento científico en una sociedad que se pretenda participativa y democrática implica el establecimiento de un sistema de comunicación tripartita, que incluya la generación de información desde la comunidad científica, primer emisor; la participación del divulgador de la ciencia, segundo emisor o interfaz dentro del sistema; y la intervención final del público no especializado en la rama de la ciencia que se pretende divulgar, receptor del mensaje.


En un modelo de divulgación de la ciencia que se pretenda dinámico se necesita implementar una serie de estrategias que favorezcan una comunicación de dos vías. Así, el divulgador emite información que el público recibe, primera vía, para que una vez recibido el mensaje toque el turno a la sociedad ser la emisora de una opinión, segunda vía. Se establece así lo que Lourdes Berruecos denomina el contrato de la divulgación. En este contrato se establece que el divulgador es el emisor del mensaje sobre ciencia, siempre y cuando conozca más sobre ésta que su interlocutor. La divulgación se hace en cascada, es decir, en una transmisión vertical y no horizontal de la información. El receptor de la información es un sector poblacional que no está especializado en la materia científica sobre la que el divulgador trabaja, pues de otro modo los objetivos de la divulgación, como el incremento de la cultura científica o el fomento de vocaciones, no se cumplirían.


En oposición al modelo vertical de comunicación de la ciencia, Lewenstein propone un tercer modelo en el que se abandona la visión positivista de la ciencia y se promueve una divulgación desde una perspectiva más horizontal, el modelo de participación pública. El objetivo de la divulgación a partir de este modelo, es que la ciencia se democratice por medio de diversas estrategias como los foros de discusión, los cuestionarios, las asambleas de consenso y los juicios ciudadanos. Este modelo tiene una visión más completa y actualizada de la ciencia, pero no carece de puntos débiles ya que está más enfocado al proceso de construcción de la ciencia que a la generación del conocimiento científico per se.


Para la divulgación de la ciencia, los procesos científicos no están sujetos a opiniones subjetivas. No compete a la divulgación analizar el quehacer de la investigación científica, en todo caso, sería una tarea para el filósofo de la ciencia. Sí es importante para el divulgador, en cambio, conocer qué opina el público sobre aquello que se divulga. Cada medio de comunicación tiene competencias y plasticidades distintas para favorecer un modelo dinámico de divulgación; de aquí se desprende, por ejemplo, que las estrategias más socorridas en las revistas de divulgación para conocer las inquietudes del público son las secciones de foros abiertos que funcionan mediante cartas o correos electrónicos; en los programas de radio se favorece la interacción directa con el público mediante las llamadas telefónicas; las conferencias de divulgación ofrecen espacios para preguntas y respuestas, mientras que en los museos de ciencia es común recurrir a los cuestionarios que permiten evaluar qué tanto comprendió el público de los mensajes que allí se exhiben.


El término “público” se refiere a la ciudadanía en general, que incluye a los funcionarios públicos y a los empresarios. En una sociedad democrática impregnada de ciencia y tecnología, todos ellos son actores que sancionan positiva o negativamente el gasto público para la ciencia y su divulgación. Sobra decir que los apoyos para la divulgación de la ciencia son muy escasos en este país, y no es de extrañar, que en México es la propia comunidad científica la que pugna por obtener mejores apoyos económicos y valoración social.


Las instituciones y sus compromisos


En nuestro país existen dos tipos de organizaciones comprometidas con la divulgación de la ciencia: las asociaciones civiles y las instituciones educativas.


La Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica Somedicyt, se fundó el 12 de diciembre de 1986. Se trata de una asociación civil de carácter primordialmente académico cuyo principal objetivo ha sido establecer vínculos entre los investigadores, la docencia, la industria y la ciudadanía en general. Agrupa a científicos y divulgadores de distintas regiones del país comprometidos con el desarrollo y puesta en práctica de proyectos encaminados a promover y difundir el conocimiento científico y tecnológico a través de distintos medios de comunicación. Actualmente está formada por 13 socios institucionales, 122 socios titulares, 10 socios regulares, todos ellos ubicados en distintos estados de la república; y dos delegaciones regionales: la delegación Puebla y la delegación Sonora. Uno de los requisitos para formar parte de la Somedicyt es ser una persona o una institución con una labor reconocida dentro de la divulgación científica y técnica en México. Es decir, los miembros no son divulgadores en formación, sino divulgadores con una trayectoria reconocida para el gremio.


Los miembros de la Somedicyt se han propuesto hacer llegar el conocimiento científico a tantos sectores de la población como sea posible a través de cursos, exposiciones, talleres para niños, jóvenes y maestros, programas de radio, publicaciones, ciclos de conferencias y asesorías especializadas en diversos campos relacionados con la divulgación de la ciencia. Pero también se ocupan por entender, analizar y prever el impacto que estas actividades tienen en la sociedad. Este trabajo de investigación en el campo de la divulgación de la ciencia y temas afines constituye un argumento fundamental en el proceso de exigencia de reconocimiento. Uno de los estatutos más destacados de la sociedad es conseguir que la divulgación del conocimiento científico y tecnológico se valore como una actividad totalmente académica y que el trabajo de los divulgadores se reconozca a la par que el de los investigadores y los docentes. Esta no es una preocupación trivial, ya que como señala José Antonio Chamizo, ex director general de Divulgación Científica de la unam, en México


…a diferencia de la investigación, la docencia y la divulgación no se saben evaluar, o si se sabe no se quiere hacerlo de manera sistemática, como se hace con la producción del conocimiento. Por ello la actividad académica se ha reducido a la investigación, al extremo de que ésta es la función que predominantemente se evalúa en los premios inclusive los de docencia, los estímulos e incluso las promociones que se otorgan en la unam. La docencia y la divulgación se encuentran en un círculo vicioso: vistos desde la investigación, sus aparentemente pobres resultados generan una baja valoración y su baja valoración produce resultados pobres. Realizar como actividad principal docencia o divulgación se entiende como haber sido incapaz de dedicarse con éxito a la investigación.


En cuanto a la formación de una comunidad nutrida, la Somedicyt convoca anualmente a sus miembros a reunirse para intercambiar experiencias y evaluar los trabajos realizados en torno a la divulgación. La mayoría de estas reuniones se realizan en el interior de la república con el fin de llevar la labor de divulgación de la ciencia a los lugares en los que aún no se constituye como una disciplina. En estos espacios también se anuncian y se entregan los máximos reconocimientos otorgados por esta sociedad: el Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia en memoria de Alejandra Jaidar y el Premio Miguel Ángel Herrera para jóvenes divulgadores.


Otra institución cabalmente consolidada es la Asociación Mexicana de Museos y Centros de Ciencia y Tecnología (Ammccyt). Esta asociación también es de carácter civil, pero a diferencia de la Somedicyt está dedicada a analizar sólo uno de los medios para la divulgación de la ciencia: el museo. La Ammccyt se creó el 15 de julio de 1996 y actualmente está conformada por 24 museos y centros de ciencia de 17 entidades federativas mexicanas. Tiene como uno de sus objetivos principales el procurar que sus museos asociados se conserven como espacios de divulgación de la ciencia y la tecnología para inculcar una cultura científica en la población.


Desde 1998, la Ammccyt convoca a sus miembros a una reunión anual en la que se discuten diversos aspectos de la labor divulgativa dentro de los museos y centros de ciencia del país. Es un foro que la asociación provee para favorecer el desarrollo profesional de sus integrantes, y para compartir materiales y propuestas de solución a problemas comunes. Las temáticas de estas reuniones cambian cada año y todas están relacionadas con el impacto que tiene en la sociedad el trabajo de los museos de ciencia. Dentro de los temas de discusión de las reuniones, se discute también la viabilidad de las nuevas técnicas en museología y museografía, consideradas desde un punto de vista local.


Las dos instituciones educativas con más presencia en el país, la Universidad Nacional Autónoma de México (unam) y el Instituto Politécnico Nacional (ipn), también se han sumado a este esfuerzo colectivo por hacer llegar la ciencia a tantos lugares y personas como sea posible.


La UNAM cuenta con la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, DGDC. Esta instancia universitaria depende de la Coordinación de la Investigación Científica y tiene un Consejo Asesor de Divulgación de la Ciencia, conformado por el rector, los coordinadores de la investigación científica, de las humanidades y de difusión cultural, y otros tres universitarios designados por el rector cuya función es coadyuvar en la planeación y la evaluación de sus actividades.


La dgdc tiene como principal objetivo fomentar activamente la extensión de la cultura científica a través de la promoción, la organización y la realización de actividades de divulgación de la ciencia, con especial énfasis en la investigación científica que se genera en la UNAM.


Los principales tres proyectos de la DGDC para divulgar la ciencia son: el Museo de las Ciencias Universum, el Museo de la Luz y la revista ¿Cómo ves?


Los orígenes de Universum datan de 1989, cuando el doctor Jorge Flores convocó a un equipo de universitarios de distintas disciplinas con el objetivo de crear un museo de ciencias. El esfuerzo de este equipo multidisciplinario se vio reflejado en diversas exposiciones itinerantes que a partir del 12 de diciembre de 1992 conformaron las salas del Museo de las Ciencias Universum. Este museo es una de las sedes principales para las conferencias de divulgación del programa Domingos en la ciencia que promueve la Academia Mexicana de Ciencias. A la fecha, Universum ha recibido más de 8 millones de visitantes.


El Museo de la Luz es un proyecto cuyo objetivo es mostrar el trabajo universitario fuera del campus. En pleno centro histórico de la ciudad de México, el museo se inauguró el 18 de noviembre de 1996. Se trata de un espacio que tiene la misión principal de divulgar los conceptos relacionados con la luz, y bajo este lineamiento se elaboró un guión monotemático. El hilo conductor dentro del museo es la luz, a través de las distintas disciplinas de la ciencia. Es un ejercicio novedoso para la transmisión del conocimiento científico a través de los museos tanto en México como en el resto del mundo.


La tercera gran campaña que emprendió la dgdc para llevar la ciencia a la población mexicana es la revista ¿Cómo ves? Esta publicación aborda diversas temáticas de especial interés para los jóvenes. Ya que también está pensada como un apoyo para la educación formal en ciencias, en cada número se incluye una guía de apoyo para los profesores relacionada con el tema del artículo principal. Estas guías son propuestas y desarrolladas con la supervisión de especialistas en el tema. A pesar de haber sido concebida como un proyecto de divulgación para nuestro país, actualmente ¿Cómo ves? se exporta a Estados Unidos, a algunos países de América Latina y España.


El Instituto Politécnico Nacional por su parte, cuenta con el Centro de Difusión de Ciencia y Tecnología (Cedicyt). Fundado en el año 2000, el Cedicyt tiene como objetivo la extensión y la difusión del trabajo en ciencia y tecnología que se lleva a cabo en el ipn, con el fin de promover el conocimiento científico y el reconocimiento de la ciencia como parte de la cultura.


Los principales proyectos del Cedicyt son: el Planetario Luis Enrique Erro y la revista Conversus.

El Planetario Luis Enrique Erro recibe dicho nombre como un homenaje a este destacado científico mexicano. Su principal función es promover la enseñanza de la astronomía utilizando un sistema de proyección de alta tecnología. En un esfuerzo por ampliar la cultura científica de la población, el planetario produce y exhibe programas audiovisuales que muestran las investigaciones astronómicas nacionales y extranjeras. También ha desarrollado convenios de colaboración con otros planetarios del mundo con la idea de intercambiar conocimientos y experiencias alrededor del estudio y la divulgación de temas relacionados con el universo. El planetario funciona como sede para las conferencias de divulgación del programa Sábados en la Ciencia, que organiza la AMC.


Con un corte de tipo más periodístico, la revista Conversus muestra tanto el aspecto científico como el cultural y humanístico del ipn con el fin de formar vocaciones científicas. Las secciones que conforman la revista procuran describir las diversas etapas del proceso de la investigación científica y el desarrollo tecnológico. Es de periodicidad mensual y circula nacionalmente. La revista encuentra sus orígenes en una publicación anterior del ipn, Investigación Hoy.


Nuevas tendencias en la transmisión del pensamiento científico


La divulgación de la ciencia se realiza a través de muy diversas actividades, entre otras: exposiciones, talleres, conferencias, videos, publicaciones, juegos interactivos tipo multimedia. En la última década los planetarios, los museos y los centros de ciencia se han convertido en el lugar preferencial para establecer una comunicación directa con el público general. Estos espacios proporcionan la ventaja de albergar todas las actividades de divulgación bajo el mismo techo. Así, la población puede obtener en una misma visita mensajes sobre la ciencia a través de múltiples formatos.


En particular, los museos mexicanos de ciencias se han caracterizado por la introducción de una museografía interactiva, en oposición a las museografías estáticas que prevalecen en los museos de arte, nacionales e internacionales.


Los museos de ciencia actuales comunican los conceptos por medio de la participación activa de sus visitantes a través de la interactividad motriz, como mover palancas o apretar botones; la interactividad intelectual, la posibilidad de interactuar con los guías de las salas; y la interactividad emocional, que es el fomento de sensaciones diversas, expresión de opiniones subjetivas, creencias.


Este abanico de posibilidades para la interacción y el acercamiento a los conceptos científicos que se explican en el museo permite que tanto el divulgador como el público establezcan una comunicación apoyada en los tres modelos de divulgación de la ciencia propuestos por Lewenstein, aunque sea de manera inconsciente. El museo provee a la divulgación con una plasticidad particular para experimentar nuevos modelos de transmisión del conocimiento científico. Los museos son, por tanto, una excelente herramienta didáctica que es ampliamente reconocida y valorada por los divulgadores, la comunidad científica y la sociedad en general. En el caso de México, los museos de ciencia han logrado establecer convenios de colaboración con instancias como la Secretaría de Educación Pública para promover la visita de los estudiantes de educación básica. Por otra parte, el ingreso de estudiantes de educación superior a estos espacios está medianamente garantizado, dado que varios museos mexicanos dependen de las universidades.


La posibilidad que tiene el público de los museos de participar en el proceso de comunicación les permite percatarse de que la ciencia se construye de manera interdisciplinaria y que es incluyente y plural.

Los primeros museos del mundo desarrollaron su curaduría con una visión positivista de la ciencia, orientando las colecciones a mostrar los resultados de una ciencia universal. Es por tanto muy interesante destacar que los países latinoamericanos, con una producción de ciencia muy inferior a la de los países desarrollados, iniciaron nuevas tendencias museológicas que favorecen la comprensión y la valoración de la ciencia generada regional y localmente. En la actualidad los museos de ciencia latinoamericanos bajo la batuta de México y Brasil promueven la idea de dotar a la ciencia global de un contexto local que incluya aspectos culturales y étnicos para remitir a los visitantes a una cierta identidad. Es así que surge la tendencia de la globalidad en la divulgación de la ciencia: comunicar la ciencia global buscando ligas con lo que le interesa en particular a la comunidad local.


Los museos creados a partir de un modelo de globalidad exhiben la ciencia que se hace en el mundo, pero enfatizan la investigación científica que se hace en el país. Estos museos deben prestar especial atención a los intereses particulares de la comunidad a la que están dirigidos y para ello es importante que realmente conozcan al público meta. El divulgador que trabaja en este tipo de museos debe seleccionar los temas que tienen mayor relevancia social y utilizar las estrategias de comunicación que mejor se adapten a esos intereses. El visitante se convierte en un interlocutor potencial, pues la labor de divulgación se transforma en un intercambio de saberes basado en la equidad y la tolerancia, desde el marco teórico del fenómeno científico que se transmite.


El primer gran proyecto desarrollado bajo esta perspectiva de globalidad en nuestro país fue el Museo Chiapas de Ciencia y Tecnología (Much), inaugurado el 21 de octubre de 2007 en Tuxtla Gutiérrez. Su ubicación física constituye en sí una razón de aceptación para la comunidad, pues se erigió sobre lo que fuera la cárcel de Cerro Hueco. Para desarrollar este proyecto, fue necesario tomar en cuenta el contexto social, económico, educativo y cultural de la población chiapaneca.


Los retos de la divulgación: evaluación y consolidación profesional


En una sociedad que se pretende democrática como la mexicana, la necesidad de socializar el conocimiento científico se convierte en una labor fundamental. Sin embargo, aún no se reconoce el valor que la divulgación de la ciencia juega en este proceso. Los divulgadores aún dedican una parte muy considerable de su tiempo en tratar de convencer a la sociedad y a las instituciones de que su labor es importante y que debe ser valorada y evaluada justamente.


Uno de los principales problemas que enfrenta un potencial divulgador es la falta de procesos educativos orientados a facilitar la capacitación profesional para desarrollar eficientemente esta labor. En México no existe una licenciatura en comunicación de la ciencia; por ese motivo, el divulgador se acerca a esta disciplina desde el estudio de la ciencia misma, o desde los estudios profesionales de la comunicación. Para fomentar una formación adecuada de los divulgadores, la dgdc inició el Diplomado en Divulgación de la ciencia en 1995. Este esfuerzo, que se continúa hasta hoy, ha fortalecido al gremio de los divulgadores nacionales mediante la formación de casi 200 personas que se han incorporado al quehacer divulgativo con herramientas proporcionadas durante el diplomado que involucran estudios sociales de la ciencia, metodologías de comunicación en radio y textos escritos y talleres de creatividad, entre otros.


Derivado del éxito del diplomado, la dgdc en colaboración con el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la unam inaugura en el año 2003 la maestría en Filosofía de la Ciencia con especialidad en comunicación científica. Una maestría con esta orientación también se imparte en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (iteso), de Guadalajara, Jal. Aunque paulatinamente, las instituciones de educación superior de México comienzan a ofrecer posibilidades de profesionalización para el divulgador de la ciencia.


La evaluación interesa al gremio de los divulgadores mexicanos porque brinda la posibilidad de establecer criterios estandarizados para decidir contrataciones, salarios, promociones y estímulos. Anteriormente se recomendó resolver este problema utilizando los criterios de evaluación de la investigación para analizar el trabajo de los divulgadores. Sin embargo, la divulgación de la ciencia es una actividad que se lleva a cabo a la par de la investigación, pero sus objetivos y productos son diferentes a los de los investigadores.


Recordemos que el principal objetivo de la divulgación es establecer puentes entre los científicos y la sociedad de la que son parte con el propósito de mantener a la ciudadanía informada sobre la investigación científica. Si los propósitos y los resultados son diferentes, ¿por qué los criterios de evaluación tendrían que ser los mismos?


Homologar a la investigación y a la divulgación en cuanto a criterios de evaluación ha resultado dañino para esta última. El divulgador se ve obligado a cuadrar su actividad dentro de un esquema que no considera todos los aspectos de su quehacer y parece, entonces, que está dentro de un disfraz mal diseñado.

La evaluación de un producto de divulgación es compleja porque no basta con medir la calidad del contenido científico y también importan los aspectos sociales, como el impacto que la información tenga en el público meta.


Aun si consideramos que los propósitos, los productos y los actores de la investigación y la divulgación son completamente distintos, un primer reto para el futuro de la divulgación de la ciencia es lograr establecer criterios propios de evaluación que sean revisados por los propios divulgadores y no por los investigadores. La principal propuesta que se ha hecho a este respecto es que se formen comisiones dictaminadoras cuyos miembros sean sensibles al trabajo de la divulgación para que además de considerar la preparación académica de los divulgadores, la cantidad y la calidad de los productos, se evalúe el contenido que se divulga, cómo se divulga y cómo se emplea el medio que se ha escogido para su divulgación.


La complejidad de la evaluación de la divulgación de la ciencia no es exclusiva de México. En noviembre del año 2006 se reunieron representantes de 9 países iberoamericanos en las Primeras Jornadas Iberoamericanas sobre Criterios de Evaluación de Comunicación de la ciencia. Las intensas jornadas de trabajo dieron como resultado un documento titulado “La carta de Cartagena de Indias”. Los países firmantes se comprometen a homologar metodologías de trabajo y validación de resultados con el fin de proponer un conjunto de indicadores que permita realizar una evaluación eficiente de los productos de divulgación de la ciencia en países de habla hispana.


Conclusiones


Si bien es cierto que los divulgadores de la ciencia en México comienzan a consolidarse como un gremio creciente, con la formación de espacios institucionales para su ejercicio, este quehacer requiere de más apoyos sólidos de carácter económico e institucional. Los discursos en materia de política científica mencionan recurrentemente la necesidad de incorporar la ciencia a la cultura general de la población mexicana, pero en la práctica ni las instancias gubernamentales ni la comunidad científica han desarrollado líneas de acción que cobijen la labor del divulgador. Éste trabaja al amparo de apenas un par de instituciones públicas y ocupa una gran parte de su tiempo en demostrar que la divulgación de la ciencia es importante para la comunidad científica y para la sociedad. Se requiere de un apoyo sustancial en cuanto a recursos humanos y económicos que proyecten y ejecuten líneas de acción bien definidas que reconozcan la labor del divulgador de la ciencia en México.



13 de octubre de 2009

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