Mamíferos terrestres


Introducción


En la zoología, la rama encargada de estudiar a los mamíferos es la mastozoología, término que fue acuñado en francés (mastozoologie) antes de 1839, así que a los estudiosos de estos animales se les llama mastozoólogos. Otro nombre es mamalogía, más comœn en inglés (mammalogy), y que cayó en desuso; ambas palabras aluden a la presencia de tetillas o mamas en los mamíferos. En ocasiones, también se le llama teriología, que se refiere al estudio de estas -terribles bestiasÓ, a las que pertenece el hombre; sin embargo, algunos mastozoólogos asocian el vocablo con el estudio de los mamíferos marsupiales (canguros, tlacuaches). En el primer tercio del siglo xx, el campo de acción de los mastozoólogos, se aplicaba a definir cuántas especies había en el mundo y en donde vivía cada una, mientras que algunos también se interesaban por saber cuáles eran sus relaciones ancestrales. Sin embargo, hoy estos especialistas han contribuido a entender esas relaciones históricas, además de documentar, entre otros, la fisiología, ecología, reproducción y comportamiento de los mamíferos silvestres, todo lo cual posibilita su conservación, aprovechamiento y control. Como resultado de su trabajo, se conocen unas 5 000 especies de mamíferos alrededor del mundo, incluyendo formas terrestres y acuáticas, de los cuales, el 10.5% se distribuye en nuestro país. Aquí sólo abordaremos a los mamíferos terrestres nativos de México, cuyo vasto inventario está compuesto por 12 órdenes, que incluyen 34 familias, 165 géneros, 477 especies y 951 subespecies. Esto incluye tlacuaches y ratones marsupiales o tlacuachillos en el orden de los didelfimorfios; armadillos en los cingulados; osos hormigueros en los pilosos; conejos y liebres en los Lagomorfos; ratas y ratones de campo, puercoespines, tepezcuintles, castores, ardillas, tuzas, entre otros, en los roedores; monos araña y monos aulladores o zaraguatos en los primates; topos en los erinaceomorfos; musarañas en los soricomorfos; murciélagos en quirópteros; felinos, cánidos, mapaches, comadrejas, zorrillos, osos, entre otros, dentro de los carnívoros; ungulados de dedos pares como venados, berrendos, borregos cimarrones, bisontes y pecaríes en los artiodáctilos y, finalmente, el tapir, que también es un ungulado, pero con dedos impares, en los perisodáctilos.


La más evidente de las principales características de los mamíferos es que las hembras de todas las especies poseen glándulas mamarias que producen leche para alimentar a sus crías, así que en la mayoría, la piel que recubre las glándulas mamarias termina en tetillas, o mamas, mientras que las crías presentan labios blandos para succionar la leche. Sólo el ornitorrinco y dos especies de equidna carecen de mamas, así que las crías lamen la leche que resuma de las glándulas mamarias; además, estas tres especies aœn ponen huevos como sus ancestros reptilianos. En cambio, en el resto de los mamíferos, la gestación se lleva a cabo en el interior de la madre gracias a la placenta, órgano formado a partir de tejidos embrionarios y maternos, cuya función es regular el paso de nutrientes desde la madre y los desechos provenientes del producto, respectivamente. La placenta se desprende en el transcurso de la gestación en un buen nœmero de mamíferos, por lo que la prole completa su desarrollo sujeta a una mama dentro de una bolsa, o marsupio, la cual está formada por pliegues de piel en la región ventral de la madre, como ocurre en el caso de los koalas, lobos de tasmania, canguros y tlacuaches. Sin duda, la gestación interna y la producción de leche para las crías, facilitaron grandemente la dispersión de los mamíferos durante la deriva continental y los fuertes cambios ambientales de la era Mesozoica, pues ya no tenían que quedarse cuidando y empollando los huevos en un nido.


Otras características œnicas de estos animales vertebrados cuadrœpedos, es que tienen el cuerpo cubierto de pelo y presentan una sola articulación entre el hueso dentario de su mandíbula y el hueso escamoso de la base del cráneo, mientras que internamente, la región torácica está separada de la abdominal por un mœsculo, llamado diafragma. La muda y los cambios de coloración de pelaje, junto a su capacidad de regular internamente su temperatura corporal, les permiten adaptarse a las variaciones climáticas del ambiente (estacionales o geográficas). Igualmente, por la manera que tienen de obtener su alimento (herbívoros, depredadores, o carroñeros), de desplazarse (caminata, trote, vuelo, natación) y del medio en que viven (bajo la tierra o encima, en cuevas o ligados al agua), los mamíferos terrestres han adquirido diferentes conformaciones corporales y posturas. Con base en sus fuentes de alimento, también han desarrollado una extensa gama de cambios en la función y forma de los dientes (incisivos, caninos, molares). Todo esto les permite hacer uso de diferentes recursos en distintos medios.


El notable desarrollo del cerebro en los mamíferos es resultado y, a la vez causa, de su gran versatilidad. Entre los seres vivos, presentan las conductas y formas de comunicación espontáneas más complejas e impredecibles, lo que les facilita establecer estructuras sociales, ya sean sencillas o muy complejas, de manera que la cohesión de grupo resultante, les garantiza éxito reproductivo, en la obtención del alimento y para huir de sus depredadores. La conducta variable y todas las adaptaciones antes mencionadas, aunadas a otras, optimizan la probabilidad de supervivencia de sus crías y favorecen su distribución cosmopolita. En México, se les puede encontrar prácticamente en todos los ambientes terrestres: desiertos, praderas, matorrales, bosques templados, selvas, cuevas, debajo de la tierra, encima y dentro de los árboles, entre las piedras, por mencionar algunos.



Antecedentes generales para la mastozoología

como ciencia


Desde tiempos remotos, los mamíferos han sido fuente de alimento, vestido y transporte, inclusive de hogar (tiendas hechas con piel y huesos de mamut), para el hombre. La observación de sus hábitos le ha servido para encontrar otras fuentes alimenticias, para buscar mejores hábitats y para reaccionar ante los fenómenos ambientales y los peligros. Es un hecho que la domesticación del ganado, del caballo y del asno en el viejo mundo, junto con el descubrimiento de la agricultura, aceleraron el crecimiento poblacional humano y contribuyeron al desarrollo y expansión de civilizaciones guerreras en todos los continentes. Inclusive, hoy existen comunidades que basan su modo de vida en la explotación de los mamíferos silvestres, las cuales no sólo incluyen pueblos ligados a su entorno, sino también consorcios económicos importantes. El uso de mamíferos en la investigación ha resultado en claros beneficios para la humanidad. Por otro lado, como otras especies a las que el propio hombre les ha facilitado las cosas, los mamíferos se alimentan de cultivos, pueden atacar al ganado y transmitirle enfermedades, ocasionando importantes pérdidas económicas, así que éste ha ideado venenos y otros métodos de erradicación que no sólo afectan a esas especies, sino a muchas otras. Estas son algunas de las razones por las que la relación del hombre con los mamíferos y su necesidad de conocerlos son muy añejas; sin embargo, el inicio del estudio formal de los mamíferos, tuvo varios antecedentes, a través del propio desarrollo de las ciencias naturales y antes de conformarse en una disciplina autónoma.


Con la recolección de plantas y animales de diversas partes del mundo, durante las grandes exploraciones europeas de los siglos xvi y xvii, uno de los principales intereses fue ordenar y darle nombre a toda esa diversidad de formas, mientras que también se enfatizó el documentar observaciones de su historia natural. De hecho, en las sociedades científicas de la época, como la Royal Society of London (1662), surgieron estudiosos, interesados en describir los organismos desconocidos. Cuando en el siglo xviii, el naturalista y botánico sueco, Carolus Lineo (1707-1778) desarrolla finalmente su esquema de clasificación y la nomenclatura binominal en la décima edición de su Systema Naturae (1758), marcó el parteaguas necesario para que las descripciones se estandarizaran y se formalizaran de una manera sencilla, iniciando el nacimiento de las disciplinas taxonómicas de la biología (aquellas que se encargan de algœn grupo de organismos en particular). Lineo incluyó 86 mamíferos en esta edición que junto con las aves, fueron piezas claves, para presentar su propuesta. Además, en la Universidad de París, el barón francés, George Cuvier (1769-1832), al comparar huesos fósiles con los huesos de animales recientes, asentó las bases de la paleontología moderna y fundó la anatomía comparada. En Inglaterra, el escocés Charles Lyell (1797-1875) creaba las bases de la geología moderna cuando introduce el principio de procedencia de lo conocido a partir de lo desconocido, o al menos de lo remotamente conocido, y cuando afirma que los rasgos de Tierra son producto de fuerzas que aœn trabajan y que las fuerzas presentes son tan efectivas como las

del pasado.


Estos y otros antecedentes pusieron en tela de juicio la afirmación del obispo Usher de que la Tierra tenía 6000 años de antigŸedad y sentaron las bases para que los científicos se preguntaran sobre un origen de la diversidad biológica, distinto de la voluntad divina. En Francia, el destacado naturalista, George Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), ya mencionaba ciertas ideas que no alcanza a desarrollar en su Histoire Naturelle, el primer libro extensivo sobre historia natural. Erasmus Darwin (1731-1802), abuelo del célebre Charles, también publica sus ideas, pero sin mucha evidencias de apoyo, mientras que el germano-francés, Alejandro von Humboldt (1769-1859), considerado el segundo descubridor de América, apoya tentativamente la idea de la evolución. Así que cuando entre otros, Jean Baptiste Pierre Antoine de Monet, chevalier de Lamarck (1744-1829), publica su fallida teoría en 1809, la comunidad científica está lista para promover la idea de la transformación de las especies. Aun así, le toma veinte años a Charles Darwin (1809-1882), organizar sus ideas y la enorme cantidad de información reunida en sus viajes por el mundo a bordo del H. M. S. Beagle (1831-1836), para sustentar definitivamente su teoría de la evolución por selección natural. En cambio, a su joven colega, Alfred Russell Wallace (1823-1913), fundador de la zoogeografía, le llevó menos tiempo y casi se le adelanta, pero justamente al enviarle su manuscrito, sólo buscaba la opinión de Darwin. Con la publicación, orquestada por los colegas y amigos de Darwin, de sendos ensayos en los Proceedings of the Linnaean Society en 1858, así como del famoso Origin of Species de éste, al año siguiente, se sentarían las bases del darwinismo, término generosamente acuñado por Wallace para distinguir esa sobresaliente teoría de las anteriores. La influencia del darwinismo ha sido fundamental para el desarrollo de la presente biología evolutiva comparada, a la cual ha trascendido en otros campos de conocimiento humano, hasta alcanzar a influir la concepción que hoy tenemos del mundo.



Referencias prehistóricas, prehispánicas y coloniales de

la mastozoología mexicana


Las evidencias paleontológicas y arqueológicas, así como los códices prehispánicos anteriores a la dominación española y los que se generaron entonces, nos revelan que el hombre prehistórico (35 000-900 a.C.) y las culturas precolombinas (200 d.C.-siglo xvi) del territorio nacional, ya tenían conocimiento empírico sobre los mamíferos que habitaban su mundo. Estas fuentes, nos acercan al conocimiento que tuvieron sobre la diversidad local o regional de los mamíferos (ungulados y carnívoros), así como de algunos aspectos de su historia natural (dieta, reproducción, comportamiento), nos hablan del uso que hacían de ellos (alimenticio, medicinal, ornamental, ofrenda ceremonial), el lugar que les daban en su concepción del mundo (guías, protectores, mensajeros de los dioses) y las actividades productivas en que los incluían (comercio, peletería, impuestos). A diferencia del viejo mundo, en México la domesticación de animales sólo incluyó al perro americano y a ciertas aves para alimentación, compañía y usos ceremoniales.


Durante el descubrimiento, conquista y colonización (siglo xv-xviii) del territorio considerado como la Nueva España (hoy todo México, así como parte de los Estados Unidos y Centroamérica), las crónicas de miembros del ejército español, médicos reales y religiosos (destacándose los jesuitas) incluyen información sobre los mamíferos silvestres, entonces llamados cuadrœpedos. Los trabajos de españoles y novohispanos de la época colonial describen a los mamíferos conocidos por los nativos norteamericanos, aludiendo a sus nombres autóctonos, principalmente en náhuatl. Para ello, los comparan con mamíferos que ya se conocían en el viejo mundo, haciendo énfasis en su utilidad (alimenticia, medicinal), su ubicación general en la Nueva España y en propuestas de cómo llegaron o se originaron en América para contrarrestar las ideas que personajes de la talla del conde de Buffon, Paw, Rayal y Robertson y otros, habían difundido acerca de la inferioridad y degeneración de las especies americanas. También incluyen datos curiosos que reflejan las creencias populares de los pueblos nativos (carnívoros venenosos), el estado de conocimiento que se tenía entonces en el mundo científico europeo (las especies no habían cambiado desde su creación por Dios) y la carencia de datos para entender mejor la diversidad de mamíferos (los topos y murciélagos eran algœn tipo de ratón; los tepezcuintles y los agutíes eran cierto tipo de perro que los indios se comieron hasta la extinción). Debido a su importancia en la cacería y en la peletería, se pormenorizan las características de las especies de mediano a gran tamaño como ungulados, carnívoros, agutíes y tepezcuintles, conejos y liebres, tlacuaches, armadillos, osos hormigueros, tuzas y monos, mientras que a las especies pequeñas las agrupan en términos genéricos como -ratones y ratas-, -ratones voladores-, -topos- y -sorcios-, entre otras. Entre los autores de estas relaciones que van de 1526 a 1794, se encuentran: Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez (1526), Francisco Hernández (transcripciones en 1615, 1628, 1648, 1790), Bernardino de Sahagœn (1582), Joseph de Acosta (1590), Juan de Cárdenas (1591), Francisco Javier Clavijero (1780 y 1781) y José Longinos Martínez (1791 a 1794).


Durante la colonia, también se hizo especial énfasis en cartografiar los territorios dominados, tanto por europeos contratados por la Corona, como por novohispanos. Entre otros, destacan los trabajos de José Antonio Villaseñor y Sánchez (1746), Carlos de Siguenza y Góngora y de José Antonio Alzate y Ramírez (1768). Sin embargo, los nueve mamíferos que se describieron formalmente en el siglo xviii, provenían de localidades imprecisas (-América-, -México-, -Nueva España-, -Montañas de México-, -Valle de México-, entre otras) y la mayor parte de ellos fueron reubicadas en el siglo xx por restricción, es decir, por la ocurrencia conocida del mamífero en un estado y por el seguimiento histórico de su procedencia. Lineo, incluye en su monumental Systema Naturae de 1758, a un coatimundi, que hoy es considerado como una subespecie, y al ocelote, ambos asignados hoy al estado de Veracruz. C. P. Erxleben describe en 1777 a dos especies de ardillas terrestres, también conocidas como hurones o ardillones, una de ellas restringida al Estado de México y la otra probablemente al Distrito Federal. J. F. Gmelin describe a un zorrillo narigón rayado, restringido a Veracruz, así como a un venado cola-blanca del -Valle de México-, en 1788, que también hoy han quedado como subespecies. Finalmente, R. Kerr describe al puerco espín tropical mexicano, al kikaju o mico de noche y al pequeño venado temazate, en 1792, todos ellos restringidos a Veracruz.


Vale la pena destacar otros aportes relevantes, para la mastozoología mexicana, durante la colonia, las expediciones y los acervos de ejemplares. La primera expedición fue ordenada a su médico real y botánico, Francisco Hernández, por Felipe II en 1570. Hernández recorrió los territorios de la Nueva España y las islas Filipinas de 1571 a 1577, generando manuscritos y enviando ejemplares recolectados a España. Aunque sus escritos originales nunca se publicaron por completo durante la época, ya que se quemaron en 1671, junto con los ejemplares, en la Cámara de las Maravillas real del palacio El Escorial, sus observaciones, transcritas y reinterpretadas por otros autores, influyeron sobre el resto de los trabajos en la época colonial. Es hasta 1743, que el italiano Lorenzo Boturini Benaduci crea del Museo Histórico Indiano con base en la colección del ilustre sabio novohispano, don Carlos de SigŸenza y Góngora, así como de sus propios materiales, despertando el interés por las ciencias naturales. A pesar de haber sido desterrado y despojado de sus bienes dos años después, todavía publicó su Idea de una Nueva Historia General de América Septentrional, valiéndose œnicamente de sus memorias, mientras que la colección fue trasladada a la Real y Pontificia Universidad, por órdenes del virrey Bucareli en 1775. Años más tarde, en 1786, para contener el expansionismo británico en América, Carlos III emitió una cédula, encomendando a su médico de cámara real, Martín de Sessé y Lacarta, realizar la Real Expedición Botánica. Esta expedición también incluyó estudios zoológicos, geológicos, mineralógicos y paleontológicos en los territorios centrales de la Nueva España, California, Guatemala, Yucatán, Cuba y Puerto Rico, para lo cual Sessé se hizo acompañar, de 1787 a 1803, por Juan del Castillo, Jaime Senseve, Vicente Cervantes y José Longinos Martínez, en calidad de naturalistas. Durante la expedición se recolectaron abundantes especímenes, los cuales debían ser estudiados y mandados a España. Parte de las colecciones zoológicas fueron encomendadas a Longinos, quien en 1790 conformó el primer Gabinete de Historia Natural en la ciudad de México y que sirvió de antecedente al primer museo. Longinos también aumentó la colección con ejemplares de México entre 1791 y 1794 y escribió 11 tomos que incluyen amplias descripciones de la fauna nativa de la Nueva España.



El naturalismo y sus contribuciones a la mastozoología mexicana


El siglo xix vio el decaimiento y caída del poderío español en América, gracias a sus conflictos con otros países europeos, así como a las luchas por la independencia en sus colonias, respectivamente; los primeros atrasaron el arribo de la revolución ilustrada en la América hispana, ya entrado el siglo xviii. Por su parte, México también vivió serios conflictos internacionales que cobraron altos costos económicos, territoriales, sociales y culturales, quedando conformados sus límites políticos actuales: guerra por la independencia, 1810-1821; separación de varias partes de su territorio, i. e., Nicaragua, Honduras, Guatemala y Chiapas en 1823 y Texas en 1836; guerra con los Estados Unidos y Tratado de Guadalupe, 1842-1848, venta de la Mesilla en 1853; desembarco de la Triple Alianza europea en 1861, por suspensión del pago de la deuda externa; guerra con Francia, arribo y muerte del archiduque Maximiliano de Habsburgo, a quien enviara Napoleón III, 1862-1867. Además, en el transcurso, las pugnas políticas internas, provocaron guerras intestinas que dejaron al país todavía más atrasado y endeudado: revolución de Ayutla contra Santa Anna, conformación del Congreso constituyente y nacionalización de bienes eclesiásticos, 1854-1856; guerra de Reforma, 1858-1861; pugnas políticas por el poder 1871-1898 y el porfiriato, 1894-1910. Por eso sólo se describen tres mamíferos mexicanos en este siglo: así, el barón francés, G. L. C. F. D. Cuvier, describe en 1829 a la especie más comœn de ardilla arborícola en México, la ardilla gris, capturada en -CaliforniaÓ, la cual fue restringida luego a Tamaulipas, y ese mismo año, el inglés Sir J. Richardson describe a la pequeña tuza obscura, la cual queda luego restringida a Veracruz. En 1830, el alemán, J. G. Wagler, describe a la liebre comœn de costados blancos, procedente del -Sur del Altiplano Central-.


Otros eventos relacionados con la mastozoología mexicana siguen siendo las exploraciones realizadas por extranjeros y la publicación de sus obras, aunadas al nacimiento de una comunidad intelectual que comienza a estudiar la naturaleza y a crear acervos y sociedades científicas. Los trabajos publicados entre 1808 y 1811 del barón Alejandro von Humboldt, diplomático prusiano, naturalista y geógrafo, que visitó con autorización real, la región central de la Nueva España entre 1803 y 1804, dieron a conocer su naturaleza y economía bajo una visión ilustrada, llamando la atención hacia la América hispana y creando una conciencia nacional. Bajo esta visión, ya en el México independiente, se crea primero el Museo de AntigŸedades y de Historia Natural en 1822 que luego sería decretado como Museo Nacional en 1825 y ratificado en 1831 por el Congreso como Museo Nacional Mexicano, quedando adscrito a la Universidad

Pontificia en donde se le organiza con un Gabinete de Conservación y los departamentos de AntigŸedades y de Historia Natural, respectivamente. En 1833 se creaba la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, la cual comenzó a publicar su Boletín en 1839.


Ese mismo año, cerraba la universidad, lo que aunado al efecto de la guerra con los Estados Unidos, deterioró mucho las colecciones del museo aœn cuando seguían

siendo cuantiosas.


Con el objetivo de establecer vías de comunicación rápidas para la penetración y dominio, los norteamericanos realizaron varias exploraciones en el territorio nacional y sus informes militares resultaron en valiosos aportes al conocimiento de los recursos y la geografía de México; en menos de diez años, exploraron inmensas áreas apenas conocidas por los españoles durante la colonia y dieron a conocer otras. En este tiempo, J. J. Audubon y J. B. Bachman describen diversos mamíferos en los Estados Unidos y México a partir de 1842, destacándose su obra The Viviparous Quadrupeds of America, publicada entre1845 y 1853. Además, con el objetivo de mantener un museo para promover el conocimiento artístico, cultural y científico, se funda The Smithsonian Institution en 1846, en Washington, D. C., legado del inglés James Smithson que nunca viajó a los Estados Unidos. Otro trabajo importante es Mammals of North America; the descriptions of species based chiefly on the collections in the Museum of the Smithsonian Institution de 1859 por F. Baird, quien describió ocho mamíferos mexicanos entre 1852 y 1859 y participó en los reconocimientos de la frontera entre México y Estados Unidos.


Inspirada en Le Mexique Ancien et Moderne del senador y hombre de negocios, M. Chevalier, se conforma la Commission Scientifique du Mexique en 1864, durante la guerra con Francia (1862-1867), de suerte que el país invasor, podría implantar medidas sanitarias y económicas. El objetivo era explorar localidades ya conocidas y habitadas para completar información y valorar aspectos biológicos y culturales de las poblaciones mexicanas, incluyendo los recursos naturales (especialmente, sobre suelo, vegetación y minerales); estas investigaciones se harían entre instancias nacionales y extranjeras. La comisión inicia sus trabajos en París en donde conforma, entre otros, el Comité de Ciencias Naturales y Médicas, siendo sus corresponsales en México, los ministros del gabinete de Maximiliano, J. Velázquez de León y J. F. Ramírez, así como los distinguidos exploradores suizos, J. Burkart, H. de Bonn y H. de Saussure, quien ya había hecho una expedición en 1855. Napoleón III destaca 40 000 hombres y un grupo de naturalistas para la misión en México, entre los que se encontraba F. Sumichrast, zoólogo coterráneo y conocido de Saussure. La Comisión convoca a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y conforma los Archives de la Société Scientifique au Mexique. Entre los resultados está la publicación de la Biología Centrali-Americana y las descripciones de 19 mamíferos que De Saussure hizo en la Revue et Magasin de Zoologie, entre 1860 y 1865. Además, durante su brevísima estancia en México (1864-1867), el emperador Maximiliano, ordenó el traslado de las colecciones del Museo Nacional Mexicano al edificio de la antigua Casa de Moneda en 1865, llamándolo Museo Pœblico de Historia Natural, Arqueología e Historia y aunque muchos de los ejemplares capturados durante la misión fueron enviados a colecciones extranjeras, algunos también se anexaron al museo. A caer Maximiliano y con la restauración de la repœblica en 1867, el presidente Benito Juárez lo renombra simplemente como Museo Nacional, el cual, gracias a las investigaciones y colecciones de sus tres departamentos, Historia, Arqueología e Historia Natural, sería el centro de la actividad científica y docente más activo al cerrar el siglo. En 1868, se funda la Sociedad Mexicana de Historia Natural, la cual llega a su primera época a 1914, publicando la revista La Naturaleza que presenta trabajos sobre la historia natural de varios mamíferos, así como los catálogos del Museo Nacional. Entre los naturalistas nacionales, destaca la entusiasta figura de Alfonso L. Herrera (1869-1942), a quien sus estudios en farmacia le facilitan la entrada como ayudante al Museo Nacional. Este ilustre naturalista mexicano, publicó diez trabajos sobre mamíferos entre 1882 y 1906 que incluyen murciélagos, carnívoros, primates e insectívoros, tres especies endémicas, dos catálogos del Museo Nacional, un trabajo sobre la fauna del valle de México y otro sobre la del estado de Chiapas. Herrera también es reconocido mundialmente por sus trabajos pioneros sobre el origen de la vida con base en su teoría de la plasmogenia.


Después de la comisión, otros extranjeros siguieron realizando trabajos faunísticos para inventariar los mamíferos mexicanos. El zoólogo naturalista francés y discípulo de Cuvier, A. Dugés, que vivía en México desde 1853, inicia en 1870 un Museo de Historia Natural en la Universidad de Guanajuato en el que reunió algunos ejemplares de mamíferos, los cuales permanecieron por mucho tiempo como los œnicos registros formales del grupo para el estado. Dugés publicó cinco trabajos en este siglo y uno más en el siguiente, sus temas abordan un catálogo de los mamíferos de la Repœblica Mexicana y la historia natural del tlalcoyote, el mapache y el armadillo de nueve bandas, así como de algunos roedores. Para 1876, nace el Museo Nacional de los Estados Unidos, el primer hijo de la Smithsonian Institution y, hasta hoy, una de las instituciones más importantes de ese país en la investigación de los recursos naturales a nivel mundial. Al año siguiente, E. Coues publicaba Fur-bearing animals: a monograph of North American Mustelidae que incluía mamíferos de México, mientras que aquí, se creaba el Observatorio de Tacubaya y dentro de él, la Comisión Geográfica Exploradora de México por la necesidad de conocer los recursos naturales del país y de desarrollar la cartografía mexicana, la cual inicia funciones en 1878. Los viajes que realizó la sección de Exploración Biológica a través del país, en los que participaron colegas extranjeros, originaron nuevas colecciones científicas, cuya clasificación quedó a cargo del ingeniero F. Ferrari Pérez en el Departamento de Historia Natural; en 1883 las colecciones darían paso a un museo en el exconvento del arzobispado de Tacubaya.


En 1880, durante el porfiriato, la construcción de vías para el Ferrocarril Central de México y el Ferrocarril Nacional de México, es impulsada por los gobiernos de México y Estados Unidos, con la consecuente exploración de los recursos. Para 1882, se entronca el tramo entre Santa Isabel, Baja California, y el de San Francisco, California; en ese año, Estados Unidos establece una Comisión de Límites por el cambio del cauce del Río Bravo que deriva en los alegatos por la zona fronteriza conocida como El Chamizal. Para entonces, México también establecía tratados de límites territoriales con Inglaterra, Belice y Guatemala. En esta época las colecciones nacionales recibieron diferentes apoyos entre 1884 y 1911, como el laboratorio para procesar muestras en el Museo Nacional y la compra de ejemplares para exhibiciones, además de que se publicó el primer nœmero de los Anales del Museo. En 1884 también se funda la Sociedad Científica Antonio Alzate, en honor del religioso novohispano que realizó contribuciones importantes en física, botánica, zoología e industria y que es considerado como uno de los fundadores de la biología en el país. Esta sociedad publica las Memorias de la Sociedad Científica Antonio Alzate, recibiendo contribuciones sobre mamíferos por parte de los naturalistas residentes en México. Ese mismo año, varios ejemplares preparados en taxidermia científica y para exhibición, pertenecientes a la Comisión Geográfico Exploradora, comienzan a presentarse en exposiciones internacionales (Nueva Orleáns, 1884; París, 1889; Chicago, 1893); estas exhibiciones también contribuyen a renovar el interés de los museos e instituciones americanas por explorar la mastofauna mexicana hasta 1919.


En ese sentido, destacan los diversos viajes que realizó la Oficina de Exploraciones Biológicas de los Estados Unidos a nuestro país (1890, 1892, 1894, 1898, 1902, 1904). Entre sus investigadores sobresalientes, destaca el director de la oficina y médico militar, C. H. Merriam (1855-1942), quien describió 164 mamíferos mexicanos entre 1886 y 1918 e impulsó la base científica de la mastozoología mundial. A Merriam le interesaba más documentar la distribución geográfica y los hábitos alimenticios de los mamíferos, más que su importancia económica. Varios mastozoólogos sobresalientes recolectaron mamíferos bajo la dirección de Merriam, entre ellos destaca su cuñado y exitoso recolector, V. Bailey (1864-1942); E. W. Nelson (1855-1934) que luego sería responsable de la Oficina de Exploraciones Biológicas de los Estados Unidos; E. Goldman (1873-1946), famoso por sus expediciones en la frontera entre Estados Unidos y México y W. H. Osgood (1875-1947). Los avances en las técnicas de captura (especialmente la invención de las trampas ratoneras de golpe en 1887) y en la preparación de ejemplares, así como el entrenamiento de personal y el surgimiento de colecciones biológicas en diferentes universidades de los Estados Unidos, trajo como consecuencia un renovado interés en el trabajo de campo en México, resultando en importantes acervos regionales de mamíferos mexicanos que quedaron depositados en esas colecciones. Si bien, entre 1831 y 1881, una veintena de autores extranjeros describían 77 mamíferos, entre 1887 y 1919, otros 14 describían 460 más. Es la época en que se crea la American Society of Mammalogists (1919), cuya revista Journal of Mammalogy, ha publicado numerosos artículos sobre diversos aspectos de mamíferos con distribución en México.


Mientras que los autores extranjeros, especialmente los norteamericanos, seguían construyendo el inventario taxonómico de los mamíferos de la Repœblica Mexicana, en el país se fundaba el Instituto Geológico, en 1891, cuyas exploraciones incluyeron estudios modernos de geología, biología y meteorología, dando lugar después a la Comisión Geodésica Mexicana en 1899 con A. L. Herrera, M. Bárcena, N. León y Conzatti, entre otros. En ese tiempo, los naturalistas mexicanos se abocaban a enlistar la mastofauna mexicana nacional o estatal (Chiapas, Oaxaca) y continuaban escribiendo sobre la historia natural de especies con importancia en la salud o en la cacería, o que se encontraban en el zoológico de Chapultepec. Las escasas determinaciones que hicieron los naturalistas nacionales de esa época no sobrevivieron a las revisiones taxonómicas, salvo el caso del conejo de los volcanes, también llamado zacatuche o teporingo que A. Díaz describió en 1893 como parte de los hallazgos de la comisión a cargo del Ing. Ferrari Pérez. Cabe mencionar que durante las exploraciones americanas, el gobierno mexicano decretó la protección de la nutria en contra de la sobreexplotación y fue hasta 1894 en que se promulgó la ley sobre vida silvestre en la que se incluían especies con importancia en cacería y peletería.


Siguiendo con las colecciones, en 1901, el Museo Nacional fue reorganizado y el Departamento de Historia Natural pasó a ser el Museo Nacional de Historia Natural. En contra de la opinión de los especialistas, sus colecciones fueron trasladadas a un edificio ubicado en la calle del Chopo y conocido como el Palacio de Cristal, pero que no reunía las condiciones adecuadas para alojarlas; aun así, el museo fue inaugurado en 1913 y además de las colecciones, contaba con diferentes talleres de apoyo a su infraestructura. Al año siguiente, por iniciativa de A. L. Herrera, se le anexaron las colecciones de la Comisión Biológica Exploradora de la Comisión Geodésica de Tacubaya (antes Comisión Geográfica) y para 1915, se fusionaba además con las colecciones del entonces Instituto de Biología General y Médica (antes Instituto Médico Nacional) para conformar la Dirección de Estudios Biológicos, dependiente de la Secretaría de Agricultura y Fomento. Esta instancia logró la conformación del Jardín Botánico (1922) y del Parque Zoológico (1923) en el Bosque de Chapultepec, además de fundar en 1926, el Laboratorio de Biología Marina en el puerto de Veracruz. En 1917, la Secretaría de Fomento, publica la monografía de los mamíferos de la península de Yucatán de G. F. Gaumer.



Nacimiento y desarrollo de la mastozoología

nacional contemporánea

Después de la revolución mexicana, el país comenzaba a retomar la calma, muchos investigadores nacionales recomenzaron un solitario camino autodidacta. En 1929, el Museo Nacional de Historia Natural y el Instituto de Biología fueron adscritos a la Universidad Nacional Autónoma de México (unam), pero mientras que el primero fue quedando en el olvido durante la década de 1940, en el segundo nace propiamente la mastozoología nacional. Los estudios sobre los mamíferos mexicanos renacen lentamente en la década de 1930; nacen los Anales del Instituto de Biología de la unam y la Sociedad Mexicana de Historia Natural que resurge en 1936. Por su parte, la Escuela de Bacteriología que había sido creada en 1924, es incorporada al Instituto Politécnico Nacional (ipn) y adopta el nombre de Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (encb) en 1938 y comienza a publicar sus Anales de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, mientras que al año siguiente, se funda el Instituto de Salubridad y Enfermedades Tropicales. Con estos antecedentes, se entiende que el interés en los mamíferos silvestres haya sido estudiar sus gusanos intestinales, su sangre y los parásitos protozoarios que tenían en ella, por los posibles daños a la salud del hombre. La mayor parte de los trabajos se publican en los Anales del Instituto de Biología de la unam, siendo que el primero de ellos, alude a parásitos intestinales de la rata cañera, como muchos más en otros mamíferos que escribe Eduardo Caballero y C. con sus colaboradores. Además, el maestro Liborio Martínez analiza la sangre de murciélagos; este citólogo encontraría en Bernardo Villa Ramírez (1911-2006), un ávido interés por los murciélagos mexicanos, lo que inicia el nacimiento de la mastozoología mexicana, pues juntos describen dos murciélagos uno de los cuales, Glossophaga morenoi morenoi, es dado a conocer en 1938. Ese año, W. H. Burt daba a conocer las relaciones faunísticas y la distribución geográfica de los mamíferos de Sonora. También Rafael Martín del Campo publica un par de inventarios sobre la fauna de Hidalgo que incluyen mamíferos, mientras que Isaac Ochotorena, además de escribir el primer trabajo con Caballero, también da a conocer la distribución geográfica de los mamíferos mexicanos. Por su parte, los mastozoólogos norteamericanos describen sólo 184 mamíferos, de 1922 a 1942, ya que sus exploraciones se ven interrumpidas por la segunda guerra mundial.


Para la década de 1940, aunque la guerra ocasiona que el cuarenta por ciento de los estudios sean publicados por investigadores nacionales, la mayoría siguen siendo sobre parásitos internos (gusanos intestinales y protistas) y externos (ácaros), especialmente de murciélagos, roedores y carnívoros; además del helmintólogo Caballero y C., destaca la acaróloga Ana Hoffmann. Sin embargo, es en esta década cuando nace formalmente la mastozoología nacional, ya que el doctor Villa, produce ocho trabajos sobre roedores y tres más sobre mamíferos de Michoacán con el doctor E. R. Hall de la Universidad de Kansas, con el que describe una tuzita, Thomomys umbrinus pullus, en 1948. También describió al segundo murciélago, Leptonycteris yerbabuenae, con el Dr. Martínez en 1940, así como a una rata trepadora arborícola, Tylomys nudicaudus gymnurus en 1941 y a una tuza, Orthogeomys grandis soconuscensis en 1949, él solo. Cabe añadir que el doctor E. Raymond Hall publicó 49 trabajos alusivos a los mamíferos mexicanos desde 1926 a 1984, los cuales constituyen sólidas bases de la taxonomía y distribución del grupo, especialmente su obra The Mammals of North America, publicada originalmente en 1959 con K. R. Kelson y luego por él solo en 1981, la cual ha sido el libro de cabecera para todos los mastozoólogos norteamericanos y nacionales. Además, dos de los pilares de la mastozoología nacional (B. Villa y José Ticul Alvarez Solórzano), se educaron con Hall, por lo que también viene a ser el antecesor intelectual de muchos mastozoólogos mexicanos. En 1946 se inaugura formalmente la Colección de Mamíferos del Instituto de Biología de la unam, actualmente la Colección Nacional de Mamíferos. En esta época comienza su carrera el gran conservacionista colimense, Miguel Alvarez del Toro (1917-2001), quien le daría enorme impulso al Museo de Historia Natural de Chiapas (hoy conocido como Instituto de Historia Natural y Ecología), a partir de 1944, siendo esta una de las instituciones conservacionistas más antiguas de México. Este museo contaba con un pequeño zoológico en estado deplorable y, después de una larga labor de convencimiento ante las autoridades estatales, Alvarez del Toro logró convertirlo en un modelo pionero, ya que lo trasladó a un sitio en donde pudo mantener a las especies cautivas en un entorno menos restrictivo, además de establecer programas educativos para el pœblico.


En la década de 1950, el doctor Villa tiene su auge, publicando la mayoría de sus trabajos en los Anales del Instituto de Biología de la unam, pero también en Acta Zoológica Mexicana. Sus temas siguen abarcando taxonomía y registros nuevos, especialmente de murciélagos, pero también da a conocer observaciones sobre la reproducción y salud de especies con importancia cinegética, así como sobre los mamíferos de Hidalgo, Michoacán, Yucatán y Quintana Roo en colaboración con otros autores. En este tiempo, el destacado maestro José Alvarez Solórzano (1935-2001), más conocido como maestro Ticul, y otro pilar de la mastozoología nacional con los doctores Villa y José Ramírez Pulido, inicia sus aportaciones taxonómicas en la Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural y, en 1955, inaugura la colección de vertebrados en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, ipn, cuya sección de mamíferos hoy lleva su nombre. Para 1952, Alvarez del Toro daba a conocer los animales silvestres del estado de Chiapas; en 1953, W. W. Dalquest los mamíferos de San Luis Potosí y R. H. Baker los de Coahuila en 1956. Curiosamente, los trabajos sobre parásitos, se dividen, de acuerdo a las instituciones; mientras que Caballero y Hoffman, de la unam, continœan descubriendo helmintos y ácaros en los mamíferos, respectivamente, Alfredo Barrera y sus colaboradores, inician sus descripciones de pulgas en la encb, ipn. En esta década se dio un evento sumamente importante para la biología evolutiva comparada, pues los morfólogos y los genetistas se reunieron por primera vez para integrar sus hallazgos en lo que se llamó la nueva síntesis evolutiva y que dio pauta al neodarwinismo, es decir, a una visión poblacional de la variación y a la bœsqueda de sus causas, integrando la herencia genética y el efecto del ambiente. Participaron grandes contribuyentes de la genética, citología, embriología, sistemática, botánica, paleontología y morfología; entre otros, destacan G. G. Simpson, T. Dobshansky, E. Mayr, G. L. Stebbins, W. B. Provine, R. C. Lewontin. A partir de este momento, la taxonomía da paso a la sistemática, es decir, si los primeros taxónomos norteamericanos habían descrito especies con base en escasos ejemplares y en unas cuantas palabras, expresando poco interés por las relaciones evolutivas con formas cercanas, la tendencia a partir de la síntesis, fue dilucidar esas relaciones con base en el estudio sistemático, más que taxonómico, de amplias series de ejemplares (variación poblacional) y en el conocimiento, de primera mano, del ambiente en que viven las especies. La bœsqueda de patrones, cede el paso a la reconstrucción histórica de las causas evolutivas de la diversidad biológica.


En la década de 1960, los científicos mexicanos continœan publicando la mayor parte de su trabajo en las revistas nacionales ya mencionadas y en otras más (Ciencia, Dirección General de Fauna Silvestre, Folia Entomológica Mexicana), además de que comienzan a hacerlo en revistas extranjeras en colaboración con sus maestros y colegas norteamericanos, especialmente de la Universidad de Kansas, Journal of Mammalogy y The Southwestern Naturalist; otras revistas incluyen los Proceedings of the Biological Society of Washington y Transactions of the San Diego Society of Natural History, por mencionar algunas. Ticul Alvarez realiza varios estudios sobre taxonomía de roedores y quirópteros, así como inventarios mastofaunísticos en los estados de México y Oaxaca que da a conocer en los Anales de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y en Zoología Informa, del ipn; en 1963, describe los mamíferos de Tamaulipas desde la Universidad de Kansas. Además, abre de manera determinante, el camino al estudio de los fósiles de mamíferos en Instituto de Antropología e Historia, al fundar en ese mismo año, el Laboratorio de Paleozoología en el entonces Departamento de Prehistoria, al cual iban ligadas una biblioteca y varias colecciones, entre ellas una de mamíferos que incluyó ejemplares recientes de referencia para identificar material. Hoy el laboratorio lleva su nombre y ha pasado a ser de arqueozoología. Las subespecies de roedores que describió Alvarez fueron un ratón de campo, Peromyscus levipes ambiguus, y una tuza Orthogeomys hispidus latirostris (con Hall) en 1961; una rata de campo, Neotoma leucodon subsolana, y un ardillón, Spermophilus spilosoma oricolus, en 1962 y otra ardilla terrestre, Spermophilus adocetus infernatus con José Ramírez Pulido en 1968. El doctor Villa además de abordar estudios taxonómicos y alusivos a la fauna silvestre, especialmente de lobo y borrego cimarrón, examina enfermedades transmisibles con su hija, la veterinaria Beatriz Villa Cornejo. En 1967 aparece su clásico Los murciélagos de México. Su importancia en la economía y la salubridad. Su clasificación sistemática, obra de consulta obligada. Sus alumnos de ese tiempo marcan también este periodo de la mastozoología nacional: José Ramírez Pulido, pionero en integrar la información y otros aspectos de la mastozoología mexicana; Arturo Jiménez Guzmán, que desarrollaría la mastozoología en la Universidad Autónoma de Nuevo León y fundaría la colección de mamíferos en 1966 en la Facultad de Ciencias, creada en 1952; William López-Forment, cuyo gran entusiasmo inspiró generaciones de mastozoólogos para trabajar en el campo y para desarrollar estudios ecológicos; Guillermina Urbano Vidales, quien contribuyó al inventario nacional y es una de las primeras mastozoólogas mexicanas y Cornelio Sánchez Hernández, entre cuyas numerosas contribuciones mastozoológicas, destacan sus trabajos pioneros en ecología reproductiva. No obstante la síntesis evolutiva, los trabajos taxonómicos nacionales continœan describiendo las características que permiten la distinción de nuevas formas, usando criterios taxonómicos cualitativos (i. e. morfológicos), mientras que en los Estados Unidos, los análisis incorporan la variación dentro y entre las poblaciones, usando medidas craneales (morfometría craneal) y una amplia variedad de técnicas estadísticas uni y multivariadas, tendencia que se solidificaría a lo largo de la década de 1970 y tendría su auge en la siguiente. Otros temas abarcan observaciones de comportamiento e historia natural que siguen correspondiendo a la descripción de patrones, más que al análisis de sus causas. Por su parte, R. H. Baker y J. K. Greer publican en 1962, la monografía de los mamíferos de Durango, mientras que en 1963, E. R.Hall y W. W. Dalquest la de los de Veracruz.


Para la década de 1970, además de la morfometría craneal y de algunas enzimas en series poblacionales, en los Estados Unidos se hacía uso de los cariotipos (análisis del nœmero y forma de los cromosomas), en algunos individuos, con diferentes técnicas de tinción para explorar la variación y sus causas. Esto no se ha visto ampliamente reflejado en los trabajos por mexicanos hasta ahora, pues aun cuando usan las técnicas, siguen describiendo patrones de cariotipos o enzimas, más que buscando las causas de los cambios que originan nuevas especies o que las relacionan entre sí. Los pioneros en las descripciones de cariotipos en roedores y conejos fueron A. Laguarda Figueras y su equipo, quienes dan a conocer sus resultados en Mammalian Chromosomes Newsletter. Por lo demás, se mantuvieron los temas generales de los estudios nacionales sobre mamíferos, es decir, registros geográficos, taxonomía y parásitos, aunque cabe destacar que la Universidad Autónoma de Chiapas publica la monografía de los mamíferos de Chiapas, de Alvarez del Toro en 1977. Cinco años antes, S. Anderson, presentaba la excelente monografía de los mamíferos de Chihuahua. La fundación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Conacyt (1970), en esta década y la construcción de muchas universidades y de centros de investigación en el interior de la repœblica, entre los que destacan los de la unam, del ipn y del Conacyt, así como el Instituto de Ecología (inecol, 1974) y el Instituto de Investigaciones en Recursos Bióticos (inireb, 1975) impulsaron el estudio ecológico de los mamíferos y el surgimiento de otras colecciones mastozoológicas. Esta tendencia que se hizo más clara en las siguientes dos décadas, resultando en la formación de cuadros de mastozoólogos del Distrito Federal que se insertaron en esas dependencias y en universidades del interior. En esta década se funda en 1974 la Universidad Autónoma Metropolitana (uam), comenzando por su Unidad en Iztapalapa, en donde el doctor Ramírez Pulido, además de ser fundador de la institución, crea la colección regional de mamíferos en 1976, la cual fue de las primeras colecciones georreferenciadas y computarizadas en Latinoamérica. En 1977, también se crea la colección de la Universidad Autónoma de Aguascalientes y en 1978, la del Museo de Zoología Alfonso L. Herrera en la Facultad de Ciencias, unam.


La mastozoología nacional florece en diversos temas con una cantidad cada vez más nutrida de estudiantes interesados en los años 80. Es cuando las tres universidades paraestatales del centro del país, unam, ipn y uam, comienzan a producir los recursos humanos que se desplazan a la provincia y se crea la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (Sedue, 1982). Además de los registros de distribución, inventarios y taxonomía, se analizan la ecología de poblaciones, ecología reproductiva, historias de vida, relación planta-animal y comportamiento. En el œltimo tema sobresalen los trabajos en primates de Alejandro Estrada y su esposa Rosalyn Coates-Estrada. En 1984, un grupo de jóvenes estudiantes de la unam (Daniel Navarro López, Víctor Sánchez Cordero, María Canela Rojo, Rodrigo Medellín Legorreta, Gerardo Ceballos González, Héctor Arita Watanabe, Livia León Paniagua, Juan Carlos Morales Muciño, Rosario Manzano, Hiram Barrios) y de la uam (Silvia Manzanilla Nahim, Alondra Castro Campillo, Alvaro Miranda, Juan Pablo Gallo), algunos pasantes de biología, otros listos para emprender sus estudios de posgrado en el extranjero y otros más que ya estaban haciéndolo, fundan la Asociación Mexicana de Mastozoología, A. C. (ammac), con el objeto de estudiar y dar a conocer a los mamíferos mexicanos, para promover su conservación. La mayoría de ellos parten al extranjero para cursar sus posgrados, principalmente en ecología de poblaciones y de comunidades con temas relacionados con la conservación, pero algunos se derivan hacia la sistemática. Como consecuencia, en esta década la ammac sólo acogió la reunión anual de la American Society of Mammalogists (asm) en Cancœn, Q. R., en 1987, pero comenzó a publicar su primer boletín, Zacatuche. Este decenio, las monografías estatales sobre mamíferos, las listas de especies y las primeras guías de campo corren a cargo de mastozoólogos nacionales. Así en 1984 G. Ceballos y C. Galindo producen un libro sobre los mamíferos del valle de México, abarcando el Distrito Federal y el Estado de México. El maestro Ticul y sus alumnos enlistan los mamíferos de Michoacán (1987), Padilla García y Pineda López los de Querétaro (1988) y Gilberto de la Riva da a conocer la primera lista sobre mamíferos de Aguascalientes (1989). Precedidos por un artículo en los Proceedings of the Biological Society of Washington (1981), entre 1982 y 1986, una serie de libros del doctor Ramírez Pulido, financiados por la uam, recogen y sintetizan el conocimiento que se tenía hasta entonces de los mamíferos mexicanos, considerando la historia de la construcción de su inventario, su taxonomía, sinonimia, localidades típicas y distribución estatal. Al reunir esa enorme cantidad de información dispersa y al hacerla accesible a los jóvenes mastozoólogos, este investigador le dio un impulso definitivo a la mastozoología, pues ya se podía preguntar qué grupos, estados y temas eran los que se habían abordado y cuáles necesitaban atención. Otro aporte importante para la formación de futuros mastozoólogos, fue Manejo y mantenimiento de colecciones mastozoológicas, uno de los primeros en el continente americano, también publicado por la uam. También aparecen un par de guías de campo para el reconocimiento de los mamíferos, así Estrada y Coates (1986) abordan la mastofauna de la Estación Biológica de los Tuxtlas, unam, mientras que Marcelo Aranda e Ignacio March (1987), la de Chiapas. Las colecciones de vertebrados o mastozoológicas que se fundan en esta década incluyen la Colección de Vertebrados de la Universidad Autónoma de Baja California (1986); tres en Chiapas, las del Colegio de la Frontera Sur, Unidad San Cristóbal del las Casas (1982), del Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas (1987) y del Instituto de Historia Natural y Ecología (1989); la de la universidad particular Simón Bolívar en el Distrito Federal (1985); del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional, Unidad Durango, ipn (1984); del Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad, Universidad de Guadalajara, Jalisco (1987); de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (1981); del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional, Unidad Oaxaca, IPN (1985); del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A. C., Unidad Guaymas, Sonora (1980); del Instituto de Investigaciones Biológicas de la Universidad Veracruzana (1986). En este lapso, López Forment y Urbano Vidales describen una subespecie de zorrillo enano, Spilogale pygmaea intermedia, en 1981.


Siguiendo con la explosión de temas, la década de 1990 también marca un crecimiento exponencial de trabajos y de recursos humanos nacionales, entre los que se destacan el interés por la conservación y el manejo de mamíferos silvestres y otras especies. En 1991, México entra al grupo de países incluidos en el cites, organismo que enlista y regula el Comercio Internacional de Especies Silvestres y en ese año se inaugura el Sistema Nacional de Investigadores (sni) para fomentar el avance científico. Luego, al año siguiente, se crean la Comisión para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) y el Instituto Nacional de Ecología (ine), reconociéndose la megadiversidad de México, especialmente en cuanto al gran nœmero de especies vegetales, anfibios, reptiles y mamíferos. La Sedue se convierte en la Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (Semarnap) en 1994 y, a través del ine formula las Normas Oficiales Mexicanas, entre las que destacan las que protegen el ambiente y a las especies silvestres. Desde 1995, se formó el Programa Nacional de Areas Naturales Protegidas (pnanp) y al otro año la Comisión Nacional de Areas Naturales Protegidas (Conanp). En 1997 se crea el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza así como el Programa de Conservación de la Vida Silvestre y Diversificación Productiva en el Sector Rural, a través del cual, el ine ha promovido la creación Unidades de Manejo y Aprovechamiento Silvestre (umas). Este tiempo vio el regreso de buena parte de los fundadores de la ammac, quienes comienzan a organizar los congresos nacionales de mastozoología (cnm, 1991, 1994, 1996, 1998, 2000, 2002, 2004, 2006) en diferentes partes de la repœblica. La calidad y diversidad de temas, así como el nivel de los trabajos presentados por estudiantes, ha sido reconocido por colegas norteamericanos que nunca faltan, además de profesionales y estudiantes latinoamericanos. Estos congresos han sido determinantes en las carreras de varios estudiantes de licenciatura que han proseguido sus posgrados en mastozoología e, inclusive, algunos de ellos ya forman parte de la planta académica en instituciones del interior. En 1997, la ammac también organizó el Séptimo Congreso Teriológico Internacional, un evento al cual asisten mastozoólogos de todo el orbe y ha continuado teniendo reuniones con Bat Conservation International, organismo interesado en el estudio y conservación de los murciélagos, entre cuyas acciones destacan los programas de educación ambiental. De manera interrumpida, después de Zacatuche, el órgano informativo de la ammac es su Boletín de la ammac. La agrupación también se inició la publicación de la Revista Mexicana de Mastozoología, la que aœn no ha podido establecerse de manera periódica (nueve nœmeros de 1995 a 2005) y que aœn no refleja la riqueza de temas que están abordando todos los mastozoólogos nacionales. Situación que promueven las políticas gubernamentales, pues bajo la influencia de la globalización, han terminado por empujar las publicaciones regionales y locales hacia revistas extranjeras en donde son muchas veces rechazadas; en ese contexto, destaca la valiosa aportación de la revista Vertebrata Mexicana (19 suplementos de 1996 al 2006). Por otro lado, también surgen nuevas agrupaciones científicas relacionadas con el estudio de mamíferos específicos: Asociación Mexicana para la Conservación y el Estudio de los Lagomorfos, Amacela (liebres y conejos), así como la Sociedad Primatológica Mexicana (monos). Debido a la grandísima diversidad de roedores y murciélagos que existen en México, a la facilidad de capturarlos, así como a los menores costos y efectos sobre sus poblaciones, la mayoría de los mastozoólogos trabajan con estos grupos desde hace mucho tiempo sin agotar las necesidades. Sin embargo, algunas otras especies también se han visto favorecidas por la atención particularizada de investigadores o grupos de trabajo y aœn por el ine, de la Semarnat, como son el venado cola-blanca, el lobo mexicano, el coyote, el jaguar, el berrendo, el borrego cimarrón, el oso negro y los perritos de las praderas. Entre los avances tecnológicos, cabe mencionar los trabajos pioneros de V. Sánchez Cordero y sus alumnos que hacen uso de sistemas de información geográfica para analizar y proyectar la diversidad mastozoológica de Veracruz. Asimismo, a finales de esta década, comienzan a desarrollarse investigaciones de sistemática (propiamente), comportamiento y ecología con el uso de técnicas para el análisis bioquímico de ácidos nucleicos (i. e. biología molecular). Las monografías de la década sobre la mastofauna estatal, incluyen los mamíferos de Morelos por S. T. Alvarez Castañeda en 1996, hijo del maestro Ticul Alvarez, y los de la península de Baja California por éste autor junto con y J. Patton, publicado en 1999. Las listas simples o comentadas sobre mamíferos, incluyen Sonora por Caire (1997), el Estado de México por Ramírez Pulido y colaboradores (1995 y 1997), así como por Chávez y Ceballos (1998), además de Nuevo León por A. Jiménez Guzmán y colaboradores (1999). Las colecciones científicas con acervos de mamíferos silvestres que se iniciaron en esta década incluyen, en 1990, las de la Universidad Autónoma de Yucatán, del Instituto de Ecología y Alimentos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas y la de El Colegio de la Frontera Sur en Quintana Roo; en 1991, la del Centro de Investigaciones Biológica del Noroeste, en Baja California Sur, en 1991, así como, en 1998, las de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y del Instituto Tecnológico de Huejutla, Hidalgo. Los mamíferos descritos por mastozoólogos nacionales abarcan un ratón metorito, Microtus mexicanus ocotensis, por T. Alvarez y J. J. Hernández Chávez en 1993 y una tuza, Cratogeomys goldmani maculatus, por T. Alvarez y S. T. Alvarez-Castañeda en 1996.


En lo que va de este siglo hasta el 2006, siguiendo una tendencia iniciada en la década anterior, muchas de las aportaciones nacionales son revisiones documentales de diversos temas, especialmente los que se refieren a fichas descriptivas, patrones generales o regionales de riqueza y diversidad de especies. Aportes importantes para la mastozoología nacional, más que en revistas, han aparecido en capítulos de libros como son los homenajes al doctor Bernardo Villa, al maestro Ticul Alvarez y al doctor José Ramírez Pulido, así como en el libro que conforma la primera publicación especial de la ammac, pero también están en nœmeros especiales de la Revista Mexicana de Historia Natural, de los Anales del Instituto de Biología. Durante el 2005 se publicaron las fichas descriptivas y la distribución de todas las especies conocidas en un libro editado por G. Ceballos y G. Oliva, Los Mamíferos de México; esta obra recopila el trabajo de un gran nœmero de mastozoólogos nacionales a quienes habían convocado Arita y Ceballos, desde 1994, en un proyecto llamado El atlas nacional de México, cuyo financiamiento corrió a cargo de la Conabio. Dada la importancia de conocer la diversidad de especies, desde la década pasada, se ha enfatizado la publicación de listas taxonómicas a nivel nacional. Además, la Conabio ha conjuntado una importante base de datos georreferenciados de las colecciones científicas, a cambio de equipo de cómputo y mobiliario. En el 2000, Ceballos y Miranda producen la guía de campo de los mamíferos de Chamela, Jalisco, mientras que Alvarez Castañeda y Patton, difunden la segunda parte de la monografía de los mamíferos de la península de Baja California. En el 2003, Gaona y colaboradores, enlistan los mamíferos de Veracruz, mientras que Guerrero y Cervantes los de Jalisco. En lo que va de este siglo, se han iniciado las colecciones del Centro de Educación Ambiental de la Sierra de Huauhtla, de la Universidad Autónoma de Morelos en el 2000 y de la Universidad Autónoma de Campeche en el 2005. Los mamíferos descritos, además de una rata Habromys delicatulus por M. Carleton, O. Sánchez y G. Urbano Vidales en el 2002 y de un murciélago, Natalus lanatus, por A. Tejedor en el 2005, incluyen mamíferos nombrados en honor de J. Ramírez Pulido y dos colegas norteamericanos que han contribuido ampliamente a la mastozoología de su país y al desarrollo de la mexicana. En el 2004, S. T. Alvarez-Castañeda y P. Cortés Calva, reconocen la labor de J. Ramírez Pulido, llamando a un ratoncito con abazones, Chaetodipus arenarius ramirezpulidoi; también, R. Bradley, F. Méndez-H., M. J. Hamilton y G. Ceballos nombran a un ratón de campo, Reithrodontomys bakeri, en honor de R. J. Baker, mientras que R. D. Bradley, D. S. Carroll, M. L. Haynie, R. Muñíz Martínez, M. J. Hamilton y W. L. Kilpatrick designan a otro, Peromyscus schmidlyi, en honor de D. J. Schmidly. Luego, E. Romo Vázquez, L. León Paniagua y O. Sánchez también llamaron a otra rata, H. schmidlyi, por este investigador en el 2005.



Necesidades y perspectivas de la

mastozoología mexicana

El breve paseo por el -antes y el durante- de la disciplina, nos muestra que la mastozoología mexicana es un crisol en donde se funden las aportaciones de estudiosos europeos, norteamericanos y nacionales. Mientras los extranjeros, especialmente los segundos, se han encargado de construir más del 95% del inventario de los mamíferos terrestres nativos de México, desde el siglo xviii, así como de delinear el desarrollo de la mastozoología mexicana en sus diferentes aspectos hasta nuestro tiempo, las aportaciones de los mastozoólogos nacionales cobran cada vez más fuerza en campos distintos a la taxonomía desde hace ya un par de décadas. La inquietud por establecer el inventario formal de los mamíferos silvestres surgió con mayor antelación en países que enfatizaron su cultura científica. Esto aunado a que la mayoría de los mamíferos silvestres que habitan en México, también se distribuyen en otras naciones americanas, algunos, inclusive, en otros continentes, explica por qué el 80% de los géneros, la mitad de las especies y una quinta parte de las subespecies fueron descritos con base en ejemplares capturados fuera de tierras mexicanas. En contraposición, la compleja historia de nuestro país influyó marcadamente en la discontinuidad del desarrollo de las ciencias naturales, convirtiéndolas en una serie de pulsos truncados por conflictos políticos. Aunque en el presente, el inventario parece muy cercano a completarse con los avances tecnológicos, los estudios bioquímicos de las secuencias génicas, análisis cuantitativos más precisos y el uso de métodos conceptualmente más robustos, es muy posible que se siga modificando el catálogo de los mamíferos mexicanos, pues así se han encontrado todavía algunas especies y subespecies en el primer lustro de este siglo, mientras que muchas de las descritas en el pasado, aguardan una revisión. Sin embargo, se debe tener especial cuidado en no priorizar la adopción de tecnología sin una visión objetiva de los límites de la misma para responder preguntas en diferentes niveles (genes, células, individuos, poblaciones, etc.). Esta es una tarea pendiente para los sistématas y taxónomos interesados en los mamíferos silvestres, y un campo de desarrollo.


Mantener el inventario mastozoológico actualizado es una labor permanente que no debe descuidarse, pero es necesario ubicar las áreas críticas hacia donde se dirijan esfuerzos coordinados y organizados bajo objetivos específicos. Existen diferentes criterios para determinar cuáles son las áreas críticas: áreas con alta diversidad o endemismo, ecosistemas ricos en especies con baja tolerancia a los cambios ambientales, en las que existen especies raras por su nœmero de individuos, en donde hay más de una especie excepcionalmente interesante o que son representativas de ecosistemas que han sido perturbados, en las que hace ya mucho tiempo que no se hacen estudios, las que permanecen inexploradas, las que han sido alteradas. En este sentido, las colecciones mastozoológicas nacionales cobran relevancia, por lo que la colaboración regional entre instituciones estatales se proyecta como una necesidad para definir los objetivos de los trabajos mastofaunísticos. De hecho, se han detectado regiones en las que varios estados comparten los mamíferos que habitan en ellos, así que la participación colegiada de las políticas estatales se visualiza como una estrategia relevante en años futuros. A la fecha no se tiene conocimiento de que existan colecciones mastozoológicas en Coahuila, Chihuahua, Colima, Guerrero, Nayarit, Querétaro, Sinaloa, Tabasco, Tlaxcala y Zacatecas, pero mamíferos de todos estos estados están representados en colecciones nacionales; habría que revisar la actualidad y representatividad de estos acervos. En relación con esto, son muchas las colecciones norteamericanas que alojan ejemplares mexicanos, pero el mayor nœmero está en la Smithsonian Institution, Universidad de Kansas, Universidad Estatal de Michigan, el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, la Universidad de Texas A&M y la Universidad Tecnológica de Texas. Esos y otros acervos del extranjero, seguirán siendo un punto de referencia para futuros estudios.


Como se dijo, los grupos que han sido más abordados son los roedores y murciélagos, seguidos por los carnívoros. Asimismo, algunas especies, por su importancia cinegética y por el impacto que tienen en la economía han sido más estudiadas que otras, destacando el venado cola blanca y el murciélago vampiro Desmodus rotundus. Sin embargo, el campo aœn es muy amplio para estudiar los aspectos básicos en casi todos los mamíferos silvestres mexicanos, los cuales incluyen, entre otros, conocer y entender los hábitos alimenticios y reproductivos, la manera en que las especies utilizan su hábitat y los recursos, cómo les afectan el clima y otras condiciones, las adaptaciones fisiológicas considerando desde las hormonas hasta la conducta, así como las interacciones que tienen con las comunidades humanas, estudiando de manera recíproca el efecto que tienen los mamíferos sobre ellas y viceversa. Como buena parte todos los mamíferos mexicanos se encuentra en alguna de las listas que advierten sobre riesgos o peligros a su estado de conservación, la mastozoología nacional está llamada a enfatizar este tipo de estudios, usando diferentes enfoques y metodologías. Los adelantos logrados en trabajos sobre especies cinegéticas, plaga o transmisoras de enfermedades, ya han mostrado la necesidad de formar cuadros multidisciplinarios de profesionistas y este enfoque será importante para el estudio de todas las especies silvestres. Además de entender la diversidad y equilibrio de las especies con su entorno, los mastozoólogos, cada vez están más involucrados en proyectos para la restauración de ese balance.


Al integrar las riquísimas historias geológica y biológica de nuestro país, que originaron los procesos y patrones de la diversidad mastofaunística, los mastozoólogos podrán contribuir a evitar la depauperación, pérdida y los problemas relacionados con el control de los mamíferos. El ritmo al que se están alterando los ecosistemas naturales, así como la introducción de especies exóticas es alarmante y, de acuerdo, con las diferentes listas que consignan riesgos en el estado de conservación de las especies, entre la tercera y las dos quintas partes de los mamíferos mexicanos están en alguna de ellas. Sin embargo, al igual que en la mayoría de las disciplinas biológicas abocadas a los recursos biológicos en nuestro país, la consolidación de una mastozoología nacional todavía se enfrenta al dilema de conservar a las especies silvestres en un entorno en donde persisten agudos problemas socioeconómicos en la población humana. A esto se agrega que las políticas internas y mundiales de desarrollo han promovido una fuerte dependencia científica y tecnológica. Por eso es necesario que la mastozoología del futuro, integre los logros pasados para contextualizar las tendencias actuales. Es decir, hoy en día, los mastozoólogos nacionales deben estar sólidamente preparados conceptual y metodológicamente para asumir los retos de esa paradoja en todo el territorio nacional, pero también deben estar conscientes de las posibilidades y necesidades nacionales. Esto incluye la integración de los adelantos que se han generado en otras disciplinas biológicas, las cuales han recibido un mayor apoyo o que han tenido una historia menos accidentada.


Existen 46 planes de estudio para biólogo y perfiles afines que pueden formar profesionales para trabajar con mamíferos silvestres en México en todos los estados, excepto en Coahuila, Guanajuato y Nayarit. Algunos de esos planes y programas de estudios aœn están supeditados a escuelas o facultades de medicina veterinaria y zootecnia o de agronomía, más que a las de biología, de ecología o de recursos naturales. Para lograr un enfoque multidisciplinario, habría que delimitar la incidencia de los perfiles profesionales que se estudian mamíferos silvestres y explorar formas creativas de colaboración. La gran centralización de mastozoólogos en el Distrito Federal también es un reflejo histórico de las políticas gubernamentales y es, en ese contexto, que las instituciones paraestatales que han contribuido mayormente al desarrollo de la mastozoología nacional, han sido la unam, el ipn y la uam. Esta tendencia parece que tenderá a cambiar, pues ya existen cuadros importantes de mastozoólogos en los estados de Veracruz, Chiapas, Morelos, Nuevo León, Yucatán, Oaxaca, Baja California Sur, Tamaulipas, Baja California, Hidalgo y Durango. Algunos de estos grupos cuentan con una trayectoria de más de tres décadas y están impactando otras regiones. De hecho, a los congresos nacionales de mastozoología de la Asociación Mexicana de Mastozoología, A. C., han asistido especialistas en mamíferos de casi todos los estados de la repœblica, con la excepción de Coahuila, Colima, Guerrero, San Luis Potosí y Sinaloa. Los programas de intercambio entre instituciones de educación superior y la formación de convenios que ahora están en progreso podrán derivar en el flujo de estudiantes a diferentes opciones de posgrados en donde puedan formarse como mastozoólogos.


La formación de los mastozoólogos a nivel licenciatura requiere un buen conocimiento de las características de los mamíferos y de su historia evolutiva, así como de los caracteres que permiten reconocer a las familias de mamíferos silvestres mexicanos y su distribución general en el país. A un nivel más especializado, es importante reconocer todos los géneros, así como las especies y subespecies de interés, para lo cual es imprescindible formarse en una colección científica. Ya dependiendo de sus intereses, el mastozoólogo debe dominar los conocimientos del área (ecología, comportamiento, reproducción, fisiología, genética, entre otras) y conocer las técnicas de laboratorio más adecuadas para sus preguntas, las cuales pueden ir desde genética molecular hasta morfología. Si su interés está en la bœsqueda y análisis de los patrones de distribución, una herramienta importante son los sistemas de información geográfica, mientras que en el entendimiento de las relaciones de ancestro-descendencia, es necesario que conozca métodos cladísticos y de distancia. Cualquiera que sea su área de interés y el tipo de estudios que hace, debe contar con sólidas bases en el manejo de estadística uni y multivariada. Hoy en día, los avances en la informática también requieren que el mastozoólogo sea diestro en el manejo de equipos electrónicos y de programas. Por œltimo, independientemente de su campo de acción, el mastozoólogo siempre necesita ser hábil en el trabajo de campo, ya sea para recabar información o para capturar mamíferos.


Aœn hace falta y es crítico crear un plan de desarrollo en el que se generen cuidadosamente los medios para promover tanto la mastozoología nacional como otras ciencias afines en su exacta identidad. Eso es relevante si se quiere asegurar el equilibrio dentro de las colaboraciones con colegas de países desarrollados. Entre otras cosas, es importante promover que las revistas nacionales tengan las mismas oportunidades que las extranjeras. Además, la instrumentación y capacitación tecnológicas deben ser acordes con un plan de formación de recursos humanos compartido. También es necesario vincular a todas las instituciones de educación superior y centros de investigación en proyectos nacionales relacionados con diversos aspectos de los mamíferos; si estos proyectos descansan sobre esquemas plurales, habrá mayor oportunidad de avanzar en una mastozoología mexicana sin fronteras.

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QUIMICAQUIMICA_HOME.htmlshapeimage_8_link_0
INICIOEMC_COSMOS_HOME.htmlshapeimage_21_link_0
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Presentación particular

Botánica
    Algas
    Pteridofitas
    Gimnospermas
    Angiospermas
    Micorrizas
    Hongos

Zoología
    Gusanos
    Artrópodos
    Insectos
    Peces de agua dulce
    Peces marinos
    Anfibios y reptiles
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    Mamíferos terrestres
    Mamíferos marinos

Ecología
Biología experimental
Biología molecular
Genómica
BiotecnologíaBIOLOGIA_HOME.htmlBOTANICA.htmlALGAS.htmlPTERIDOFITAS.htmlGIMNOSPERMAS.htmlANGIOSPERMAS.htmlMICORRIZAS.htmlHONGOS.htmlZOOLOGIA.htmlGUSANOS.htmlARTROPODOS.htmlINSECTOS.htmlPECES_DE_AGUA_DULCE.htmlANFIBIOS_Y_REPTILES.htmlANFIBIOS_Y_REPTILES.htmlAVES.htmlMAMIFEROS_MARINOS.htmlECOLOGIA.htmlBIOLOGIA_EXPERIMENTAL.htmlBIOLOGIA_MOLECULAR.htmlGENOMICA.htmlBIOTECNOLOGIA.htmlshapeimage_30_link_0shapeimage_30_link_1shapeimage_30_link_2shapeimage_30_link_3shapeimage_30_link_4shapeimage_30_link_5shapeimage_30_link_6shapeimage_30_link_7shapeimage_30_link_8shapeimage_30_link_9shapeimage_30_link_10shapeimage_30_link_11shapeimage_30_link_12shapeimage_30_link_13shapeimage_30_link_14shapeimage_30_link_15shapeimage_30_link_16shapeimage_30_link_17shapeimage_30_link_18shapeimage_30_link_19shapeimage_30_link_20shapeimage_30_link_21

13 de octubre de 2009

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