Pteridofitas


La diversidad de la pteridoflora mexicana


El término pteridofita se aplica en forma general a los helechos y a las plantas afines. Se caracterizan por tener un sistema vascular, porque no forman semillas durante su ciclo de vida y porque en este ciclo se alternan dos fases independientes y de vida libre, y una perenne y conspicua que es el esporofito (2n) planta conocida como helecho y que tiene un tallo o rizoma, hojas que van desde enteras hasta 4 a 5 veces divididas y que pueden medir desde unos cuantos milímetros hasta varios metros de longitud. Las hojas jóvenes conocidas como prefoliaciones o cayados, están enrolladas hacia adentro y se van desenrollando a medida que crecen hasta alcanzar su tamaño normal; en las hojas fértiles los esporangios se diferencian en la cara inferior o dorsal y pueden estar agrupados en soros de forma y disposición variadas, y en gametofitos (n) que es la otra fase, inconspicua y de vida corta.


La gran diversidad y abundancia de los helechos en México se debe a su posición geográfica y a su accidentada topografía, con la consecuente diversidad climática y una mayor afinidad neotropical, ya que muchos taxa centro y sudamericanos tienen su límite norte en México y algunos llegan al centro del país. El número de especies se calcula en 1 008, tiene 16 variedades, constituye una de las floras más diversas del mundo y representa casi un 5% de la flora vascular mexicana, calculada en 22 800 especies. Las características particulares de una región definen una diversidad de hábitats de cuyas características dependerá el crecimiento de las pteridofitas. Como son plantas muy sensibles a los cambios de humedad, sobre todo en la fase gametofítica de su ciclo de vida, los sitios sombreados y húmedos son los más propicios para su desarrollo. Los bosques mesófilos son los más ricos en número de especies, seguidos por los bosques tropicales perennifolios, los bosques de pino encino, los bosques tropicales caducifolios, la vegetación xérica y la vegetación acuática. Salvo en la península de Yucatán en donde por causas edáficas e hídricas, la abundancia y la diversidad de especies disminuye notablemente. En contraparte el endemismo es más alto en las zonas áridas del norte, con entre 190 y 200 especies.


Aunque se tienen avances significativos en el conocimiento de la pteridoflora mexicana, aún es incompleto ya que el noreste, la costa del Pacífico y la región central de la república mexicana todavía no están bien documentadas.


Los antecedentes sobre los estudios pteridológicos en México


A finales del siglo xix y principios del xx, fueron notables las contribuciones de los científicos al conocimiento de la pteridoflora mexicana. Entre ellos podemos citar a Seseé y Mociño (1787-1803), Schiede (1825-1831), Martens y Galeotti (1842), Liebmann (1849), Fée (1857) y Fournier (1857). La primera contribución significativa de un autor mexicano fue la de Rovirosa en 1909, con su Pteridografía del sur de México, obra que, magníficamente ilustrada por el mismo autor, contiene descripciones y localización de numerosas especies de pteridofitas de los estados de Tabasco y Veracruz. No podemos dejar de lado, en 1939, el primer volumen de la Flora taxonómica mexicana de Conzatti, que incluye más de 600 especies de pteridofitas mexicanas. Matuda contribuye con dos trabajos, uno sobre las pteridofitas del Valle de México y otro sobre las del Estado de México.


La pteridología mexicana ha avanzado significativamente. En los últimos treinta años se han publicado obras de carácter florístico-taxonómico, que cubren una buena parte del país. Entre ellas podemos citar a: Ferns and Fern Allies of Chihuahua; Flora del Desierto Sonorense; Flora de Baja California; Flora of Chiapas, parte 2 Pteridophytes; Pteridophyte Flora of Oaxaca, Mexico; Flora Novo-Galiciana, vol. 17; Gymnosperms and Pteridophytes; Helechos de Tabasco; Flora Mesoamericana, vol. 1; Psilotaceae a Salviniaceae; Pteridoflora del Valle de México; Pteridoflora ilustrada del estado de Querétaro, México; The Pteridophytes of Mexico, obra que constituye un parteaguas en el conocimiento de las pteridofitas; y por último, en 2006, Los Helechos y plantas afines de Aguascalientes. También se han hecho numerosas aportaciones de floras regionales publicadas en fascículos como Flora de Veracruz; Flora del Bajío y de regiones adyacentes; Flora de México; Estudios florísticos en Guerrero; Helechos de Yucatán; Helechos de Quintana Roo; Pteridoflora del estado de Morelos; y La Reserva del Rancho del Cielo en Tamaulipas y Valle de Tehuacán; también hay publicados revisiones, monografías, listados florísticos y novedades nomenclaturales.


Otros libros y glosarios de apoyo importantes son: Ferns and Allied Plants, con especial referencia a la América tropical; el Glosario para pteridofitas (helechos y plantas afines) de Pérez-García, Riba y Lellinger, y la guía de recolecta y preparación de pteridofitas de Lorea y Riba.


También hay avances en el conocimiento de estas plantas en otras disciplinas como la anatomía, la palinología, la morfología y la genética. Particularmente en la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa se desarrolla una línea de investigación sólida sobre morfogénesis de gametofitos de helechos, respaldada con cerca de 80 publicaciones, y se inicia el desarrollo de dos líneas de investigación sobre estudios de bancos de esporas y propagación vegetativa. Hay datos señalados y anotados en tesis de licenciatura, maestría y doctorado desarrolladas en diversas instituciones mexicanas.


Los pteridólogos mexicanos han iniciado estudios con base en la aplicación de nuevas herramientas como la cladística, la fenética y la biología molecular, y muchos expertos norteamericanos y europeos han hecho avances significativos en el conocimiento de estas plantas con base en estas metodologías modernas. Ello ha traído como consecuencia cambios nomenclaturales y el diseño de nuevos sistemas de clasificación.


Las formas de crecimiento y el hábitat


Actualmente los estudios ecológicos son cada vez más complejos, tratan de interpretar las relaciones e interdependencias, sí existen, entre las comunidades vegetales. Sin embargo, sigue siendo importante el conocimiento de aspectos ecológicos primarios como son las formas de vida de las plantas en relación con el hábitat específico que ocupan. Las formas de crecimiento de los helechos que predominan en los diversos tipos de vegetación presentes en México son: terrestres, epífitos, arborescentes, hemiepífitos, escandentes o trepadores, acuáticos y subacuáticos.


En esta presentación se mencionarán, con ejemplos representativos, las principales formas de vida de las pteridofitas mexicanas en relación con su hábitat.


Las formas terrestres


El hábitat con mayor diversidad y preponderancia de helechos en el territorio mexicano es el terrestre; la mayoría tiene un rizoma erecto, corto y con fascículos de hojas en el extremo apical, por ejemplo el Dryopteris wallichiana, que crece en altitudes de más de 2000 msnm en diversos tipos de vegetación.


Otras especies tienen rizoma postrado, más o menos corto y con hojas en el extremo apical, que parecerían tener rizomas erectos como Thelypteris rhachiflexuosa, Lophosoria quadripinnata y Thelypteris resiliens. Abundan también los helechos con un rizoma postrado subterráneo como Pteridium aquilinum, que crece como maleza y que se esparce abundantemente en sitios alterados, en claros de bosques y selvas, debido a su rizoma profundo que se ramifica profusamente formando brotes erectos, es decir hojas. Constituyen poblaciones muy extensas e inutilizan los terrenos para su cultivo por su difícil y casi imposible erradicación.


Otros ejemplos de helechos terrestres con rizoma postrado superficial son Diplopterygium (Diels) Nakai, Sticherus C. Presl, Hypolepis Bernh., Dennstaedtia Bernh., que crecen profusamente formando densos matorrales en claros y bordes de caminos de bosques y selvas. Adiantum feei T. Moore ex Fée, con rizoma cortamente rastrero es un habitante frecuente del sotobosque de bosques y selvas.


Hay pocas especies de helechos que medran en afloramientos yesosos, salinos y sódicos como Argyrochosma limitanea (Maxon) Windham, Astrolepis cochisensis (Goodd.) D. M. Benham & Windham, A. integerrima (Hook.) D. M. Benham & Windham, A. sinuata (Lag. ex Sw.) D. M. Benham & Windham, Nothalaen aschenborniana Klotzsch, N. bryopoda Maxon, Pellaea ribae Mendoza & Windham y Selaginella gypsophila A. R. Sm. & T. Reeves, en matorral desértico inerme o en laderas yesosas de bosque de

pino-encino.


También hay helechos que tienen cierta preferencia por vivir en suelos calizos como Anemia adiantifolia (L.) Sw., A. mexicana Klotzch y Asplenium nigripes (Fée) Hook.


Las formas arborescentes


En los bosques mesófilos de montaña destacan por su porte los helechos arborescentes de las familias Cyatheaceae y Dicksoniaceae. Los más frecuentes son Alsophila firma (Baker) D. S. Conant, A. salvinii Hook., Sphaeropteris horrida (Liebm.) R. M. Tryon; Cibotium regale Verschaff. & Lem., y Dicksonia sellowiana Hook. Los troncos de algunas especies de estos helechos alcanzan alturas de más de 10 m, con una corona de hojas con la lámina 3-4 pinnadas y hasta de 3 a 4 m de largo que los hacen destacar de la vegetación circundante por su belleza. Sus troncos están cubiertos de una gruesa capa de raíces adventicias, el maquique. Muchos horticultores y viveristas utilizan el maquique como sustrato para cultivar orquídeas y para elaborar artesanías diversas, por esta razón muchas especies de estos helechos están seriamente amenazados y están protegidos en la nom 059-ecol.2001.


Las formas escandentes


Lygodium heterodoxum Kunze, L. venustum Sw. y L. volubile Sw., son pteridofitas terrestres que habitan las selvas altas perennifolias. Tienen un rizoma pequeño, corto, subterráneo; se caracterizan por poseer hojas escandentes; son varias veces pinnadas y tienen crecimiento indeterminado, llegan a sobrepasar los 10 m de longitud y pueden alcanzar alturas considerables sobre los árboles que las soportan. Por otra parte Odontosoria schlechtendalii (C. Presl) C. Chr. y Eriosorus flexuosus (Desv.) Copel., pueden formar densos matorrales de baja altura en las laderas de las zonas tropicales.


Las formas hemiepífitas


Los helechos hemiepífitos inician su crecimiento como plantas terrestres en las selvas altas perennifolias y al ponerse en contacto el rizoma erecto con los tallos de las plantas vecinas, se adhiere a ellas mediante raíces adventicias, para alcanzar alturas considerables sobre los troncos que las soportan. La mayoría de ellos forman hojas dimorfas como Bolbitis bernoulli (Kuhn ex Christ) Ching, Lomariopsis recurvata Fée, y Polybotrya polybotryoides (Baker) Christ. A tal grado son eficaces las raíces adventicias en su función, que si se rompe o se separa el rizoma subterráneo del aéreo, la planta sigue creciendo normalmente.


Las formas epífitas


La mayoría de los helechos epífitos tienen rizomas postrados con simetría bilateral y se adhieren al tronco de diversas angiospermas por medio de raíces adventicias, como ocurre con Pleopeltis conzattii (Weath.) R. M. Tryon & A. F. Tryon, Microgramma nitida (J. Sm.) A. R. Sm., Scoliosorus ensiformis (Hook.) T. Moore. Algunas especies de helechos himenofiláceos son indicadores altitudinales como Trichomanes capillaceum L. y T. collariatum Bosch que habitan en bajas y medianas altitudes, mientras que Hymenophyllum elegantulum Bosch e H. trapezoidale Liebm., se encuentran en altitudes mayores.

En árboles que se encuentran en áreas perturbadas como cercas de potreros, podemos observar epífitas de bajo nivel como Pleopeltis fallax (Schltdl. & Cham.) Mickel & Beitel., Phlebodium decumanum (Willd.) J. Sm., y varias especies de Pecluma M. G. Price.


Las formas acuáticas


Los representantes de las formas acuáticas son escasos en nuestro país. Hay especies que crecen enraizadas en el fondo de charcas someras como Marsilea deflexa A. Braun, M. polycarpa Hook. & Grev. y M. crotophora D. M. Johnson, que tienen un rizoma largo, con hojas erectas que crecen de trecho en trecho; su lámina se divide en cuatro pinnas por lo que se les conoce como trébol de cuatro hojas; sus estructuras reproductoras son duras, pequeñas, son conocidas como esporocarpos y se desarrollan cerca de la base de la hoja. Otro interesante helecho que puede vivir enraizado en el lodo o puede vivir flotando libremente es Ceratopteris thalictroides (L.) Brongn.; en contraste Azolla microphylla Kaulf., Salvinia auriculata Aubl., y S. minima Baker, son helechos flotantes que pueden cubrir totalmente la superficie de charcas temporales y canales de riego de curso lento.


Las formas subacúaticas


Algunos helechos tienen avidez por vivir en suelos fisiológicamente secos y con excesiva cantidad de sales, entre ellos destacan Acrostichum aureum L. y A. danaeifolium Langsd. & Fisch., ampliamente distribuidos en manglares, marismas y lagunas costeras. Pityrogramma trifoliata (L.) R. M. Tryon ha sido encontrado en bordes de manglares de Avicennia.

En terrenos temporalmente inundables en zonas tropicales y templadas encontramos helechos con rizoma erecto y casi superficial: Osmunda regalis L., Blechnum serrulatum Rich., Schizaea poeppigiana J. W. Sturm, Actinostachys pennula (Sw.) Hook y Thelypteris interrupta (Willd.) K. Iwats.


La reproducción y el potencial reproductivo


La sobrevivencia de una especie depende de su capacidad de adaptación a diversos ambientes, incluyendo en esto la posibilidad de reproducción. En este sentido, las pteridofitas están en desventaja con las demás plantas vasculares ya que carecen de una fase de vida latente, es decir, de semillas que puedan permanecer en estado latente por periodos muy largos en los bancos de semillas, hasta alcanzar las condiciones apropiadas para su germinación.

En las pteridofitas homospóricas, que son cerca del 90%, el potencial reproductivo es extraordinario. La fase asexual de su ciclo de vida comienza cuando se forman 64 esporas por esporangio en los leptosporangiados, o de varios cientos a varios miles en los eusporangiados. Aunque el número de esporangios por hoja o estructura fértil es muy variable, cuentan con muchos millones de esporas por planta y cada una de ellas es capaz de formar un esporofito. Por ejemplo, una sola hoja de Pteridium puede fácilmente producir un gramo de esporas, el equivalente a 300 millones de esporas. Una planta de Dryopteris libera hasta 1 000 millones de esporas en 24 horas. Aun en el caso de que una pequeñísima proporción de las esporas llegaran a formar un esporofito adulto, éste sería un mundo bellísimo, ocupado por incontables helechos, licopodios, selaginelas, equisetos y muchos más.

Si tomamos en consideración que una sola hoja de un helecho de mediano tamaño puede formar y liberar varios millones de esporas, sorprende el que los helechos no sean muy abundantes en los ecosistemas. Esto se explica por varias razones: 1) no todas las esporas son viables; 2) las esporas, al dispersarse, pueden quedar depositadas en sitios inadecuados para su germinación, como la superficie desnuda de una roca expuesta, tiene luz, pero le falta humedad; o son arrastradas por el agua hacia dentro del suelo, tienen agua, pero les falta luz, por lo que quedan latentes formando parte del banco de esporas del suelo; 3) las esporas germinan, pero si el sitio queda expuesto y el incipiente gametofito se deseca y muere; 4) las esporas germinan pero son presa fácil de los depredadores; 5) en algunos casos, como los de las pteridofitas heterospóricas y raras homospóricas, el gametofito unisexuado crece aislado de otros gametofitos y no hay fecundación.

Las esporas de los helechos son cuerpos diminutos, sus formas pueden ser monoletes o triletes; además pueden ser clorofílicas o no clorofílicas y generalmente de tamaño muy variable en micras, de 25 a 100. En la mayoría de las pteridofitas las esporas son aclorofílicas, lo que les confiere la capacidad de permanecer viables, con su metabolismo prácticamente detenido, por periodos de muchos años; mientras que las esporas clorofílicas tienen una longevidad muy limitada, en ocasiones de unos cuantos días. Sin embargo, es factible pensar que la espora es el elemento de resistencia en el ciclo de vida de las pteridofitas, por lo menos en la gran mayoría de las especies. A pesar de esta condición, en el momento en que la espora germina deja de ser el elemento de resistencia como tal para convertirse en la fase más vulnerable del ciclo de vida de estas plantas.

La mayoría de las estimaciones del tiempo absoluto de viabilidad de las esporas de helechos conciernen a su almacenamiento a temperatura ambiental. Bajo tales condiciones, se retienen en la mayoría de los helechos durante periodos prolongados. Entre las pocas excepciones notables se encuentran algunas Cyatheaceae, que las pierden rápidamente después de unas cuantas semanas, y las Osmundaceae, Gleicheniaceae, Grammitidaceae e Hymenophyllaceae con esporas clorofílicas que disminuyen su viabilidad después de unos cuantos días. En la mayoría de los helechos, sin embargo, las esporas son viables después de entre 2 a 4 años a temperatura ambiente, y algunas especies sobreviven por tiempos más prolongados, como el esporocarpos de Marsilea que puede sobrevivir 100 años.

Se sabe que las esporas de helechos por dispersión anemócora son capaces de cruzar el agua en forma muy exitosa. En 1970 Tryon señala que entre islas a distancias hasta de 300 a 500 millas, 480 a 800 km, parecen proporcionar barreras muy débiles a la migración de la flora de helechos. Conforme los esporangios maduran, el mecanismo natural de dehiscencia, o catapulta, impulsa a las esporas al aire. Se ha estimado que este evento dispara a las esporas de los helechos no más de 1 a 2 centímetros, una vez que han sido liberadas de la superficie de la hoja, las esporas están sujetas a los efectos de los factores físicos prevalecientes. Entre éstos, la gravedad, las corrientes de viento, la temperatura fluctuante, la baja presión atmosférica, la humedad, la exposición a grandes cantidades de radiación ultravioleta y a otros tipos de radiaciones, la lluvia y las fuerzas electrostáticas y fotoforéticas, probablemente juegan un papel importante en su dispersión, su viabilidad y su germinación.

Cuando las esporas caen en un sitio con las condiciones de luz, humedad y temperatura adecuadas, germinan en un alto porcentaje que puede ser hasta de 100%. Sin embargo, los gametofitos jóvenes todavía están expuestos a ser arrastrados por el agua a otras partes, son fácilmente detectables en sitios en los que el suelo está desnudo y sombreado, como son los bordes de las veredas en donde es común ver gametofitos adultos llevando ya la primera hoja del esporofito.

El gametofito joven es tan frágil en el desecante ambiente terrestre que si hay exposición directa a los rayos solares sufrirá desecación y el filamento gametofítico morirá por falta de agua. Si éste se desarrolla en un lugar con humedad y protegido de las altas temperaturas, y sobrevive a los depredadores, probablemente llegará a la fase adulta. En este estado, al que puede llegar en un tiempo que varía de unas cuantas semanas a algunos meses, formará los gametangios. Después de la maduración de los gametos, los anterozoides son liberados y se dirigen a los arquegonios, se produce la fecundación y el consecuente desarrollo del embrión del esporofito; se desarrolla la raíz primaria y termina de esta manera la participación del gametofito en el ciclo de vida de la planta. Aún en esta fase esporofítica incipiente no se puede decir que la planta tuvo éxito, pues es ahora otro factor limitante la competencia por la luz y por el espacio, ya que no crecen solas o aisladas; habrá también hepáticas, musgos y otras plantas vasculares que se desarrollen en el mismo sitio. Finalmente unas pocas de entre los miles o millones de esporas formadas por una planta, al cabo del tiempo, algunos años o en unos pocos casos algunos meses, formarán plantas adultas nuevamente formadoras de esporas para repetir el ciclo alternante.

Es precisamente la característica de las pteridofitas de contar con dos fases alternantes en su ciclo vital, lo que hace de estas plantas un material biológico muy adecuado para ciertos estudios. La fase gametofítica libre y autótrofa, al ser haploide y de fácil obtención en poco tiempo y en grandes cantidades, es un magnífico instrumento de trabajo para estudiar su comportamiento citológico y genético y, por lo tanto, reproductivo. También ha sido utilizada para estudiar el efecto de diversos contaminantes que se encuentran en el agua de los ríos sobre el genoma de las plantas.


La dispersión y el depósito de las esporas


Los helechos necesitan no sólo sobrevivir sino ser reemplazados continuamente y soportar las presiones de la selección natural. La continuidad del balance ecológico entre las plantas y el medio debe mantenerse a través de todas las etapas consecutivas de su ciclo vital.

Si la espora dispersada sobrevive, debe depositarse en un área o localidad en la cual su germinación sea posible. Un pequeño número lo logra, la mayoría de las esporas probablemente nunca llegue a tal situación, antes perecerán. De acuerdo a Hamilton las tasas mayores de deposición de esporas de helechos ocurre durante la primera lluvia que sigue a una temporada seca cálida; o cuando una nube de esporas en movimiento encuentra condiciones de humedad. Una lluvia de esporas más rica, en regiones que reciben una frecuente precipitación leve, comparada con regiones de sequía o de fuertes lluvias ocasionales parece una posibilidad, y éste puede ser uno de los factores importantes para producir la abundancia y la diversidad de helechos en los bosques de niebla tropicales. Una vez precipitada en una gota de lluvia, la espora deberá alojarse rápidamente en un nicho que sea adecuado para su establecimiento.

En la naturaleza, una vez que la espora se ha establecido en condiciones húmedas adecuadas, se requiere de un periodo de tiempo suficiente para que se lleve al cabo la imbibición requerida para reactivar el metabolismo, antes de que la germinación tenga lugar. La latencia debe ser preservada durante este tránsito, y tal vez sea ventajoso biológicamente que la germinación de la espora no tenga lugar antes de que la humedad se encuentre disponible durante un tiempo suficientemente largo, como para asegurar su permanencia continua después de la germinación, sobre todo en esporas viejas.


El establecimiento de las esporas


La efectividad de una espora de helecho considerada como propágalo, puede ser juzgada por la velocidad a la que una especie de helecho apropiadamente adaptada tiene éxito en la colonización de áreas vírgenes encontradas en la naturaleza. Las áreas formadas por erupciones volcánicas, que son inicialmente estériles, proveen ejemplos vívidos de este concepto. En pendientes enfriadas de lava, los helechos han sido ampliamente registrados entre los primeros colonizadores vasculares en muchas partes del mundo, especialmente en climas subtropicales y tropicales tales como Hawai, Krakatoa, y el volcán Chichonal.

La subsecuente sucesión vegetal en Krakatoa ha estado particularmente bien documentada durante un largo periodo; por Tueub en 1888 y por Van Leeuwen en 1936. Los helechos formaron parte de las primeras etapas de colonización y tres años después de la erupción, 11 especies habían quedado bien establecidas, por ejemplo: Pityrogramma calomelanos (L.) Link, Pteris vittata L., Nephrolepis exaltata (L.) Schott y Pteridium aquilinum (L.) Kuhn, aunque no eran especies de las de más amplia distribución en el archipiélago indo-malayo, y por lo tanto se habían dispersado claramente a lo largo de grandes distancias. Todos estos helechos se establecieron a través de esporas dispersadas por el viento y establecidas sobre los hábitats abiertos que proporcionan las pendientes de la lava desnuda.

También se sabe que las esporas de helechos son capaces de germinar bajo una gama muy grande de intensidades lumínicas, que varían desde exposiciones muy bajas de luz hasta unas muy intensas, aunque la habilidad de las esporas para germinar en la oscuridad puede variar con su edad. La temperatura también juega un papel importante en su germinación; las condiciones óptimas para la mayoría de las especies no se conocen, pero la experiencia de muchos horticultores y viveristas muestra que la mayoría de las especies son igualmente exitosas entre los 10 y los 25° C, en condiciones de humedad elevada y sombra durante el día, aunque hay esporas de algunas especies que pueden germinar a mayor o menor temperatura. Bajo tales condiciones, la germinación tiene lugar con facilidad y la mayoría de los gametofitos en desarrollo pueden ser observados entre los 3 y los 5 días después de la siembra.

De acuerdo con Miller, las temperaturas más altas que permiten la germinación se encuentran entre los 30 y los 35° C; un caso contrario es el de Pteridium que puede germinar a temperaturas tan bajas como 1 y 2° C, según Conway. La mayoría de las especies crecen exitosamente en los invernaderos, cuando se les proporcionan condiciones adecuadas de temperatura, de luz, de humedad, de drenaje y de longitud de día. Los tiempos transcurridos entre la siembra y la madurez del gametofito varían ampliamente.


Las perspectivas en el estudio de las pteridofitas


El desarrollo de las investigaciones en el campo de la pteridología gira en dos vertientes: por un lado, durante su liderazgo, el doctor Ramón Riba logró impulsar una pequeña escuela en el campo de la taxonomía y la florística en nuestro país, y realizó estudios tendientes al conocimiento de la biodiversidad, la conservación y el manejo de nuestros recursos naturales; por otro, se desarrollan diversas investigaciones que abarcan diferentes disciplinas como la morfogénesis, el banco de esporas, la anatomía, la morfología, la ecología y la ecofisiología.

Actualmente se han intensificado los estudios de campo para elaborar inventarios florísticos en regiones geográficas poco exploradas. Con estos avances se ha podido estimar el número de especies presente, lo que nos permite delinear medidas tendientes a su conservación y a su preservación; y esto es motivo de preocupación debido a la acelerada destrucción de los ecosistemas mexicanos. Varias floras regionales han sido concluidas, hay otras que están en desarrollo y que requieren aún del estudio de los taxa y además, es necesaria una actualización para aquellas enunciadas como concluidas.

Es importante que los estudios florísticos pteridológicos incorporen nuevas tecnologías, como la formación de bancos de datos ligados a sistemas de información geográfica y ecológica. Esto permitiría obtener y manejar información básica importante para cualquier estudio involucrado en la protección y el manejo de recursos; proporcionar esta información en forma accesible al resto de la comunidad científica y a los responsables de tomar decisiones en materia de biodiversidad; y facilitar la planeación de políticas sobre la conservación y el manejo de recursos vegetales.

Dado que el territorio mexicano ha sido considerado como uno de los sitios de alta megadiversidad a nivel mundial, según Mittermeier y Goettsch de Mittermeier, a las jóvenes generaciones interesadas en el estudio de las pteridofitas les recomendamos pensar en el desarrollo y el establecimiento de bancos locales, regionales o nacional de propágalos, es decir esporas, de los taxa particularmente amenazados o bien de interés económico especial, a fin de conservar su germoplasma en condiciones apropiadas.

Existe una amplia literatura acerca de los aspectos teóricos y conceptuales tanto de la fenética como de la cladística y la biología molecular; también existe un gran número de publicaciones en las que han sido aplicadas estas metodologías. Sin embargo, el impacto de estos nuevos métodos de análisis de los datos taxonómicos en la pteridología mexicana ha sido prácticamente nulo. La contribución de la botánica mexicana a este tipo de estudios es muy reducida, como puede comprobarse al revisar la literatura.

El área de conocimiento en biología de pteridofitas se encuentra en un buen momento para integrarse al conocimiento universal y hacer un gran esfuerzo de formación con las jóvenes generaciones. En este campo es fundamental la creación de recursos humanos con una formación académica en el campo de la biología molecular y nuevas metodologías, como la cladística y la fenética, a fin de lograr un avance sustancial en el conocimiento de este particular grupo de plantas. Algunas contribuciones científicas de primera línea establecen un verdadero parteaguas en el estudio y la concepción de estas plantas. Estas contribuciones han sido realizadas por pteridólogos estadounidenses: Smith, Ranker, Pryer, Manhart, Raubeson y Stein, Pryer, y Smith entre otros. En el futuro, la aplicación de estas nuevas metodologías en las investigaciones, traerá como resultado la generación de nuevos conceptos, nuevos métodos o cambios en los ya existentes. El personal especializado es sumamente escaso y más aún los apoyos financieros y logísticos, sin embargo, esta temática se empieza a reflejar en la producción científica nacional.

La revisión aquí presentada muestra que el campo de la pteridología en México se encuentra en un proceso activo de desarrollo. Se cubrieron algunas líneas de investigación en las diferentes áreas de estudio de la disciplina. Algunas de estas líneas se han consolidado y han generado conocimientos de relevancia, otras ya están cobrando este estatus. Es fundamental pasar de la etapa descriptiva al uso de la experimentación, pues es la base para generar conocimiento útil para la sociedad.

Los programas de formación de recursos humanos se han incrementado notoriamente en el país. El establecimiento de centros regionales de investigación ha tenido un impacto considerable en la creación de planes educativos y por ende, en la formación de personas capacitadas en diferentes áreas del conocimiento, los pteridólogos mexicanos. Requerimos incidir en que esta disciplina de estudio sea considerada dentro de sus programas de posgrado.

Se requiere de hacer un gran esfuerzo para formar jóvenes generaciones interesadas en el estudio de este grupo de plantas, con nuevas ideas, creatividad y con habilidades, capacitación, formación y dominio de las nuevas herramientas científicas como la cladística, la fenética y la biología molecular. Por ejemplo, el uso de marcadores moleculares, rapds, Isoenzimas, aflp’s, para detectar polimorfismos, secuencias génicas, estudios de la región de los its, etcétera, a fin de que el conocimiento de las pteridofitas tenga un avance sustancial en México, con el objetivo de entenderlas mejor ya que forman parte de los recursos vegetales del país.

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13 de octubre de 2009

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