Introducción


Felipe León / Joaquín Tamariz / Gabriel Cuevas


La química orgánica es el área de la química que estudia la reactividad y las propiedades de las moléculas constituidas principalmente por átomos de carbono. Su origen en México está ligado a la institucionalización de la enseñanza y a la investigación química en la otrora Universidad Nacional, desde donde se dispersó hacia todo el país. El presente ensayo aborda la génesis y el desarrollo de la química orgánica desde la fundación de la Escuela Nacional de Industrias Químicas en 1916, hasta 1966, cuando la escuela adquiere el rango de facultad, con un comentario final sobre su situación actual. También se incluye la institucionalización de la enseñanza de la química y la investigación química en el Instituto de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México, así como su vinculación con los Laboratorios Syntex, concluyendo con la fundación de centros de investigación en varios estados del país.

La enseñanza de la química en México inició su camino por la senda de la metalurgia y la farmacia. Durante el largo periodo de administración española, la extracción de la plata, el oro y el aprovechamiento de algunas especies vegetales fueron parte esencial de la economía novohispana. Ante la creciente importancia de la ciencia y la tecnología en Europa, la monarquía española fundó el Real Seminario de Minería en 1792, como una alternativa para formar a los técnicos e ingenieros que modernizarían la industria minera. En este contexto, la enseñanza de la química formó parte del currículum de la educación de los ingenieros, a través de la asignatura de docimasia. Sin embargo, el proyecto académico del Real Seminario de Minería no alcanzó su pleno desarrollo debido a las profundas transformaciones de la sociedad europea y la americana.

En el siglo xix, México inició su desarrollo científico junto a la intensa y desgastante lucha política por definir el proyecto de nación. El Real Seminario de Minería se transformó en Colegio de Minería y se introdujeron algunos cursos de metalurgia para los estudiantes de ingeniería en las carreras de ensayador, apartador de oro y plata y beneficiador de metales.

En 1833 se fundó la Escuela de Ciencias Médicas (ecm) que, más tarde, en 1842, se transformaría en Escuela Nacional de Medicina. En este año se estableció la cátedra de farmacia mediante decreto especial del colegio médico el 24 de octubre. Su primer catedrático fue el profesor José Vargas. Las disposiciones legales de 1841 introdujeron dos reglamentos: el de estudios médicos y exámenes, y el del Consejo de Salubridad del Departamento de México. Todo farmacéutico logró obtener su licencia mediante el título de bachiller en artes. En caso de no ostentar este título, fue necesario presentar certificaciones de un establecimiento público que acreditara conocimientos de latín, lógica, matemáticas, física, botánica y química, además de la capacidad de traducir la lengua francesa. Esta opción fue recurrida por los estudiantes no residentes de la ciudad de México. Una tercera opción consistió en rendir un examen de conocimientos generales abierto al público.

Durante el siglo xix, en el proyecto curricular de la ecm se estableció la especialización de farmacia, y en ésta se incluyó el estudio de la química, a través de asignaturas como análisis químico, historia de las drogas y química analítica; mientras que a principios del siglo xx la especialización se logró a través de la química farmacéutica orgánica. Las tesis de los estudiantes dieron muestras tanto del interés por su profesión como de los problemas urgentes por resolver en la sociedad mexicana. Por ejemplo, en la tesis titulada Estudio sobre el cloroformo de Luis Pavier, se describe la síntesis, propiedades químicas y los métodos para reconocer las falsificaciones y adulteraciones de este anestésico; otro estudio fue el titulado Adelantos de la química, principalmente en su parte orgánica de Andrés Almaraz, quien describe las ventajas de las aplicaciones de la química orgánica a través del análisis químico de la leche y la sangre, así como la síntesis de sustancias. También se realizaron diversos estudios sobre plantas que pudieran tener alcaloides, un ejemplo fue la del Estudio sobre el chicalote de Trinidad Martínez, que pretendía encontrar morfina.

En esta institución se formaron, a finales del siglo xix y principios del siglo xx, destacados farmacéuticos con énfasis en su formación química. De estas generaciones se distinguieron Alfonso Herrera, Leopoldo Río de la Loza, Andrés Almaraz, Alfonso Luis Herrera, Juan Manuel Noriega, Ricardo Caturegli, Adolfo P. Castañares, Francisco Lisci y Roberto Medellín. A pesar de los pocos egresados de la carrera de farmacia, que no eran más de cinco estudiantes por año, se formó el grupo de personas que inició el desarrollo de la química orgánica en México.


La química en el siglo xix


En estos años se dieron algunos acontecimientos relevantes. Dos estudiantes mexicanos obtuvieron becas para estudiar en Europa. Uno de ellos fue Vicente Ortigoza, quien estudió en la Universidad de Giessen, Alemania, de 1839 a 1842, bajo la asesoría de Justus von Liebig. Su tesis doctoral consistió en el aislamiento de la nicotina y la conina, a las cuales se les asignaron sus fórmulas condensadas. En esta época, Justus von Liebig fue considerado el mejor químico de Europa. Entre otros logros preparó cloroformo y cloral, y con Friedrich Whöler trabajó con compuestos de benzoílo. Editó la publicación periódica Annalen der Chemie, que evolucionó a la revista Justus Liebigs
Annalen der Chemie
(vol. 173/1874-1978) publicada previamente como Justus Liebigs
Annalen del Chemie und Pharmazie
(1873-1874), Annalen der Chemie und Pharmacie (1840-1873) y Annalen der Pharmacie (vols. 1-32. 1832-1839), y Zeitschrift für die Chemische Industrie (1887). El otro estudiante fue Bruno Aguilar, quien estudió en la Escuela de Artillería de París. Se ignoran las actividades que desarrolló Ortigoza a su regreso a México, mientras que Aguilar ostentó el grado de general en el ejército y trabajó en las fábricas de cañones de Chapultepec en 1846 y de Tlaxcala en 1866. Fue inspector de artillería y
ayudante de campo de Maximiliano de Habsburgo. Retirado del ejército, se dedicó a la minería en los estados de México, Michoacán y Guerrero.

En 1839 varios farmacéuticos fundaron la Academia de la Farmacia (af), con el objetivo de sistematizar el ejercicio de la profesión y escribir una farmacopea. Esta última tuvo su primera edición en 1846 con el nombre de Farmacopea Mexicana, y fue publicada por la propia academia.

En 1871 se reorganizó la af y se transformó en la Sociedad Farmacéutica Mexicana (sfm). Entre sus fundadores se encontraban González Moro, Gumersindo Mendoza y José María Bustillos y, como primer presidente, Leopoldo Río de la Loza, quien tuvo a su cargo la edición de la Nueva Farmacopea Mexicana, la cual, en su segunda edición, sólo dio a conocer la clasificación de las plantas, con la sugerencia de que era necesario su análisis químico y farmacológico. También publicaron la revista Farmacia, donde dieron muestra del avance y problemática de su profesión, como la necesidad
de crear una Escuela Especial de Farmacia. En esos momentos, los farmacéuticos eran una minoría sin reconocimiento social y sin autonomía. No sería hasta el siglo xx cuando lograrían su legitimación profesional, aun cuando hasta el día de hoy no existe la carrera de farmacia ni una Facultad de Farmacia, independiente de una escuela o facultad de química en México.


Río de la Loza y la química
de los productos naturales


Uno de los personajes más notables en la difusión de la química durante el siglo xix fue Leopoldo Río de la Loza (1807-1876), médico y farmacéutico de profesión, quien se desarrolló en la docencia, la investigación, la industria y la administración, como se puede constatar en la compilación de sus escritos. Una de sus mayores aportaciones fue como profesor. Prueba de ello fue el libro titulado: Introducción al Estudio de la Química o Conocimientos Preliminares para Facilitar el Estudio de la Ciencia, el cual se reeditó trece años después de la publicación de su primera edición. La advertencia de la primera edición nos lleva a hacer una comparación con nuestra realidad actual:


La mala organización que se ha dado en la República a la enseñanza de las ciencias exactas, hace que se carezca de una cátedra de química elemental que, economizando el tiempo, contribuya a que los alumnos comprendan fácilmente las doctrinas especiales que se enseñan en cada una de las de aplicación. En vano se ha manifestado la necesidad de establecer, aunque sea una, en esta Capital (Ciudad de México), en la que se enseñen los principios generales de la ciencia; en vano se ha dado a conocer su influencia en los adelantamientos de las artes fabriles, en los de la agricultura, de la medicina y del comercio; en vano, en fin, se ha demostrado que ese es uno de los ramos de la buena educación en los países civilizados del mundo; esperanzas remotas y promesas no cumplidas: he aquí todo lo que se ha conseguido. Por esto los profesores encargados de las cátedras de química aplicada a la mineralogía y a la medicina, únicas con que hasta ahora cuenta México, se ven precisados a ocupar una parte del año escolar en la enseñanza oral de aquellos principios: de aquí el embarazo en que se encuentran para la elección del autor que les ha de servir de texto y de aquí también del poco fruto de sus afanes.


Río de la Loza define la química como la “ciencia que enseña a conocer las reacciones moleculares de los cuerpos, separando y uniendo a sus elementos...”, puede dividirse en general
y aplicada: la primera comprende: 1º La historia de la ciencia. 2º Las definiciones. 3º La descripción y uso de los instrumentos, utensilios y aparatos. 4º Las nomenclaturas. 5º Las leyes de las combinaciones. 6º La división de los cuerpos y su clasificación. 7º La descripción de los simples. 8º La de las combinaciones que éstos forman. La aplicación se ocupa principalmente de los compuestos en especial de los usados en el ramo a que se aplica. De aquí las subdivisiones en orgánica y anorgánica, en analítica, médica, mineralógica, agrícola, industrial, etcétera.

La química médica es la química general, considerada en sus relaciones con la medicina. Comprende la orgánica y la anorgánica, y se ocupa especialmente de conocer las reacciones moleculares que se verifican en la economía animal, sea entre sus elementos propios o entre los de los cuerpos con los cuales están en relación, tales como la atmósfera, los alimentos, las bebidas y las sustancias medicinales.

La química agrícola tiene por objeto el estudio especial de los cuerpos simples y compuestos que directa o indirectamente influyen en la vegetación.

Tanto el médico como el agricultor deben adquirir los conocimientos necesarios de la química analítica, para desempeñar concienzudamente su profesión. “...Componer y descomponer son las principales operaciones de la química. Se ha dado el nombre de síntesis a
la primera y análisis a la segunda...”

Este libro cuenta con cinco partes. La primera versa sobre las definiciones; la segunda sobre la división de la materia: partículas, moléculas y átomos, estructura de los cuerpos y elementos de cristalografía; la tercera sobre instrumentos, utensilios y aparatos; le sigue una lista de algunas voces usadas impropiamente y otras cuya equivalencia es conveniente fijar; por último, incluye un apéndice en donde se hace un resumen de los principales conceptos con fines didácticos.

Río de la Loza ocupó la cátedra de química en diferentes instituciones como la Escuela de Medicina, la Escuela de Agricultura y la Escuela Nacional Preparatoria (enp). También participó en la fundación de sociedades científicas y en actividades relacionadas con la industria química. Una de sus investigaciones llevó al asilamiento en forma pura de un metabolito secundario, una quinona sesquiterpénica (con quince átomos de carbono) a la que denominó ácido pipitzahoico, por haber sido extraído de la raíz de la planta pipitzahoac (Perezia adnata). En el discurso que pronunció el 23 de noviembre de 1852, describió los métodos de purificación empleados, sublimación, cristalización, etcétera, logrando el aislamiento del primer producto natural en América. El interés médico por el compuesto residía en sus propiedades purgantes. La precisión con la que se describen las propiedades químicas de esta sustancia resulta extraordinaria cuando se piensa en la época en que fueron publicadas, aunque resultan inapropiadas bajo la perspectiva de la ciencia moderna. Se mencionan sus propiedades cristalinas, su punto de fusión y su reactividad frente a ácidos, bases y halógenos. Así lo refiere el propio Río de la Loza


...la capacidad de saturación de este ácido es débil, pero su sensibilidad con los álcalis es igual, si no mejor, que la del tornasol enrojecido como se está viendo en esta solución que sólo contiene 0.000006 de ácido pipitzahoico; pudiéndose reducir aún a dos y hasta una millonésima.


Describe en forma preliminar la composición del ácido pipitzahoico:


Aunque el número de operaciones practicadas hasta ahora, en unión de mi amigo el Sr. Caraveri, no dejan enteramente satisfecha la escrupulosidad indispensable a estos trabajos, no habiendo cosa alguna notable que inspire desconfianza en los resultados, presentamos la composición elemental del ácido pipitzahoico, protestando rectificarla y fijar los equivalentes cuando se hayan estudiado los pipitzahoatos. En mil partes de ácido pipitzahoico hay: O: 201.24, H 83.32, C: 638.66 y Az: 76.78.


Posteriormente, el ácido pipitzahoico sería caracterizado no como ácido carboxílico sino como una quinona y denominado perezona.

Si se considera que el compuesto no contiene nitrógeno (azoe o azoetum) y que su presencia en la molécula pudo provenir de un error debido a las propiedades de óxido-reducción propias de las quinonas, y que el contenido de éste podría sumarse al contenido de carbono, la precisión del resultado es admirable, recordando que fue determinado en 1852.

Indudablemente, Río de la Loza fue un
pionero tanto en la química de los productos naturales como de su aplicación a la industria nacional. Por ejemplo, propuso las sales de la perezona como tinte explotable a gran escala. Ayudó también a institucionalizar las primeras comunidades científicas en el campo de la química aplicada, como es el caso de la farmacéutica.

La perezona ha motivado muchos estudios en todo el mundo. Su estructura fue descrita incorrectamente, pero modificada y corregida en 1965, siendo una de las primeras aplicaciones de la resonancia magnética nuclear en México. Una buena revisión sobre la historia de la perezona ha sido realizada por Pedro Joseph-Nathan. Recientemente, por ejemplo, se han descrito las consecuencias químicas que tienen sus diferentes confórmeros originados en una interacción π/π entre el anillo de la quinona y su cadena lateral.

Los gobiernos de la república restaurada y durante el porfiriato tuvieron claro que la solución de problemas prácticos de interés social y económico requería de personal capacitado. Para que México se insertara en el orden económico mundial se exigía al Estado la adopción de estrategias y políticas de industrialización acordes con su posición de exportador de metales preciosos y productos agrícolas, e importador en gran medida de bienes manufacturados y de equipos industriales. Por ello, a partir de 1867, tanto el gobierno de Juárez como aquellos que le siguieron llevaron a cabo una política científica y educativa relevante con base en la filosofía positivista; sin embargo, los objetivos trazados no se alcanzaron, pues la situación política y social llevaron al país a la revolución mexicana.

En esta época apareció una figura científica mexicana de extraordinaria importancia por la calidad de sus contribuciones. Se trata de Alfonso Luis Herrera, nacido en la ciudad de México el 3 de julio de 1868. Hijo de Alfonso Herrera, creció en un ambiente científico, lo que de forma natural lo llevó a estudiar farmacia en la Escuela Nacional de Medicina, en donde fue discípulo de Leopoldo Río de la Loza. Aunque se le recuerda por haber fundado el Zoológico de Chapultepec, su contribución más importante fue en el estudio del origen de la vida, años antes de que Oparin hiciera sus primeras contribuciones. En 1897 apareció su artículo “Infusorios artificiales: explicación del movimiento vibrátil” en las Memorias de la Sociedad Científica Antonio Alzate. Ese mismo año publicó el libro Recueil des Lois de la Biologie Générale, en donde introdujo la idea de que la estructura y las funciones de los seres vivos se pueden explicar con base en las leyes de la fisicoquímica. En 1904 postuló la plasmogenia, el estudio del protoplasma, en donde estableció que la vida es el resultado de fenómenos fisicoquímicos. Más importante aún fue su propuesta de que las propiedades fisicoquímicas del protoplasma pueden ser simuladas por compuestos químicos. Fundó la Gaceta de Plasmogenia y el Bulletin du Laboratoire
de Plasmogenie
, en donde solía presentar sus experimentos. Ambas revistas se publicaron hasta 1942.

Fue el primer científico en el mundo en desarrollar experimentos tratando de encontrar el origen de la vida. En sus experimentos originales estudió mezclas que contenían aceite de oliva, hidróxido de sodio acuoso y gasolina, obteniendo estructuras a las que llamó colpoides. En estas mezclas incorporó formaldehído, tiocianato de amonio, cloruro de amonio y ácido clorhídrico, lo que le permitió encontrar aminoácidos. Estos experimentos fueron reproducidos posteriormente con éxito. Alfonso L. Herrera escribió:


La ciencia dice: Vida es el movimiento en el infinito, universal y sin separaciones entre materia que se llamó inerte y muerta y los seres organizados; se debe a las fuerzas físicas y químicas, y todo organismo: hombre, hierba, insecto, no es más que un producto químico, una aglomeración de sustancias materiales, sin espíritu, acabado totalmente al morir, para transformarse, en último término en agua y ácido carbónico, el gas que produce burbujas en el agua de los sifones.


Sin embargo, el México de 1900 no fue el mejor sitio para el desarrollo de estas ideas, las cuales fueron motivo de persecución. Por ejemplo, sus cursos en la Escuela Normal fueron suspendidos por razones religiosas, y se llegó a considerar que su ciencia era peligrosa para la gente joven. No obstante, fuera de México fue reconocido y en 1924 se le eligió miembro de la Academia Nazionale dei Lincei, y en 1926 recibió la medalla de oro que otorgaba el gobierno francés.


La investigación en el Instituto
Médico Nacional


En las últimas décadas del siglo xix, en el campo científico se produjo la integración de la ciencia al desarrollo de proyectos gubernamentales. Esto se materializó con la creación de oficinas, comisiones e institutos de investigación en los que se desempeñó la comunidad científica en labores de reconocimiento territorial y de exploración de recursos naturales. Un ejemplo fue la creación del Instituto Médico Nacional (imn), en 1888, como un organismo dedicado al estudio de la flora, fauna, climatología y geografía del país, para fortalecer la industria farmacéutica nacional y desarrollar la farmacopea nacional a través del análisis químico de las plantas. Los estudios se realizaron desde un punto de vista médico, ya que la comunidad académica era de médicos y no de químicos. Estuvo organizada en cinco secciones de investigación, una de ellas fue la de química analítica, que se ocupaba de los análisis químicos y la preparación farmacéutica
de las sustancias para ser ensayadas. Su laboratorio fue el primer espacio físico donde se realizaron extracciones de principios activos encaminados a una aplicación farmacológica. Esta sección estuvo coordinada por Donaciano Morales y Francisco Río de la Loza Miranda, con Mariano Lozano y Federico Villaseñor como ayudantes.

Así, con la creación de varias instituciones como el imn, se agruparon científicos por primera vez en la historia de la ciencia mexicana con el objetivo de realizar labores de investigación. La modalidad de ciencia institucional contribuyó al desarrollo de la ciencia, al organizar sistemáticamente la investigación de diferentes especialistas en torno a un objetivo común, permitiendo a los científicos dedicarse exclusivamente a la investigación.

El imn organizó una publicación periódica, El Estudio, que cambiaría posteriormente en Anales del Instituto Médico Nacional de México, de periodicidad mensual que apareció en 1894, y en donde se describieron los informes de los investigadores que trabajaban en él. De hecho, hoy día se parecen más a bitácoras de investigación que a reportes finales. Se publicaron estudios principalmente de productos naturales. El primer trabajo que apareció se debió a E. Armendáriz, y consistió en la caracterización fisicoquímica de una cera vegetal. Dividió el estudio en propiedades físicas (color, olor, textura, dureza, punto de fusión) y propiedades químicas (solubilidad en ácido sulfúrico, ácido nítrico, en álcalis y carbonatos, productos del tratamiento con acetato de plomo, tratamiento con cloruro férrico, y comparación del comportamiento químico observado con patrones conocidos). Dentro de los estudios fitoquímicos destacaron los de algunas variedades del maíz como el estudio químico del zoapatli o el estudio de la grasa del yoyote o codo de fraile (thevetia yecotli, Des.; cerbera Thevetia, Lin: thevetia nereifolia Juss.). Llama la atención que en el volumen I, página 29, se describe el estudio de la araña chintatlahua para curar el tifo, sin ningún resultado satisfactorio, y el de la araña capulina (Latrodectus mactans, Fabr. Variedad desconocida). Se describieron vívidamente notas de zoología médica y actividades botánicas, entre otros. La parte central de los reportes consistió en trabajos fitoquímicos tendientes a aislar principios activos de plantas útiles en medicina. Además, se describió la síntesis de algunos compuestos químicos sencillos también de utilidad médica, como el cloral.

Como parte de estos Anales se publicó una sección denominada: Nueva recopilación de Monografías Mexicanas y tesis inaugurales de materia médica (1895), que incluyó los trabajos previamente publicados en El Estudio y algunas contribuciones nuevas. Once trabajos comprendieron esta sección, como por ejemplo: Opúsculo sobre la Valeriana, por A. Baz (1851); Algunos purgantes indígenas, por I. Velasco (1869); El Zihoapactli, por Federico Altamirano; Yerba de Zorrillo, por Adolfo Morales; El Chicalote, por Trinidad Martínez. El volumen II apareció en 1897 e incluyó 27 monografías, entre las que destacan: Estudio sobre las semillas de chirimoya, de Carlos Garza Cortina (1872); Estudio sobre el zoapatle, de Pascual García Peña (1888); Rabanillo, Senecio tolucano, por Tirso Vélez (1888); y Estudio sobre el tacopatle, por Juan Mota (1891).

Otra institución relevante fue el Instituto Geológico Nacional, fundado en 1891, en donde Juan Salvador Agraz impartió la cátedra de química en su Sección de Análisis Químico y Metalurgia a principios del siglo xx.

Así fue que la enseñanza de la química a finales del siglo xix se encontraba inmersa en áreas de aplicación científica como la botánica, la minería y la medicina. Fue hasta los primeros años del periodo revolucionario cuando se institucionalizó la enseñanza de la química como disciplina científica.

Escuela Nacional de Industrias Químicas


En septiembre de 1916, en Tacuba, Distrito Federal, el ingeniero químico Juan Salvador de Agraz fundó la Escuela Nacional de Industrias Químicas (eniq). Su objetivo fue impulsar y fomentar la industria nacional a través de la difusión de conocimientos teóricos y prácticos relacionados con la química (Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, 1916). La fundación de esta institución fue fundamental para el desarrollo ulterior de la química en México, en el sentido en que la química se constituyó como una disciplina científica autónoma, independiente de la medicina y se inició la especialización en la formación de los químicos al establecer los estudios de químico industrial y otras carreras técnicas. Al año siguiente, en diciembre de 1917, la eniq se incorporó a la Universidad Nacional con el nombre de Facultad de Ciencias Químicas (fcq) bajo la dirección de su fundador.

En tanto los farmacéuticos de la Escuela Nacional de Medicina (enm) solicitaron que su profesión se trasladara a la nueva Escuela de Química, ya que su campo de conocimiento se ubicaba en la química y no en la medicina. Por su parte, los médicos siempre la consideraron como una profesión de segunda. La inmadurez de la farmacia en esta época se debió a la tutela de la enm, que impedía el desarrollo de la profesión. El proyecto del traslado de la carrera de farmacia a la fcq lo realizó Adolfo
P. Castañares, apoyado por la Sociedad Farmacéutica Mexicana. Castañares fue un farmacéutico egresado de la enm que, por ser el mejor estudiante de su generación, obtuvo una beca de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes para realizar estudios en la Universidad de Charlottemburg, Alemania. Castañares justificó su intención de traslado en que la profesión de farmacéutico requería independizarse de la medicina por tratarse de una disciplina científica apoyada en conceptos teóricos de la química general y del análisis químico, base de la formación de los químicos industriales como lo concebía Agraz. Castañares ya había recibido una invitación del propio Agraz para impartir el curso de química orgánica, ya que el señor Rodolfo Muñoz, quien había impartido el primer curso de química orgánica, recurrió a los alumnos para dar la clase. De esta manera, Castañares y los farmacéuticos tuvieron un papel importante al impartir las clases en los siguientes años.

En 1919, el rector de la Universidad, José N. Macías, designó al farmacéutico Adolfo
P. Castañares como director de la fcq. A su vez, Castañares invitó a algunos compañeros como Roberto Medellín, Ricardo Caturegli, Juan Manuel Noriega y Julián Sierra a incorporarse a la facultad. Castañares impulsó los laboratorios dotándolos de equipo e incorporó nuevas técnicas de análisis; reorganizó el currículum de las carreras renovando el plan de estudios para abrir nuevas carreras, adquirió el herbario de la enm, y mejoró las condiciones de trabajo de los profesores.

En los primeros años de vida de la fcq se crearon los laboratorios de análisis cualitativo y cuantitativo, el de análisis orgánico y el de productos inorgánicos y orgánicos, así como el de investigación, donde se preparaban los trabajos de tesis. Adolfo P. Castañares instaló una planta de éter y construyó edificios que fueron destinados a las industrias de fermentación, azúcares y almidones, tanantes y curtientes, y a la farmacéutica. De igual manera, la fcq tuvo un gran impulso a través de los talleres industriales de vidriería, cerámica, materiales grasos, curtiduría, hule y conservación de alimentos, transformándose en un plantel industrial.

En los primeros años de la fcq, se improvisaron profesores que no tenían formación académica en algún campo de la química, pero esto se modificó. También se gestó el proceso de organización de los planes de estudio de las carreras profesionales de ingeniero químico, químico farmacéutico y químico. Sería hasta el periodo de Castañares en que iniciaron los cursos de química orgánica y de química inorgánica, así como de análisis químico. De esta manera, en 1921, en la carrera de químico técnico, la asignatura de química orgánica experimental se impartió en el segundo año, y en el tercer año la de tecnología de química orgánica. También en la carrera de químico farmacéutico, las asignaturas de química orgánica experimental, análisis orgánico experimental y preparación de productos inorgánicos y orgánicos se impartieron en el segundo año, y en el tercer año, tecnología de química orgánica.


Los estudiantes becarios
de la década de 1920


En 1921 se creó la Secretaría de Educación Pública como el órgano superior que supervisaría todos los niveles educativos, incluyendo a la universidad. Su primer secretario fue José Vasconcelos, y su jefe de escuelas técnicas Roberto Medellín, quien dejó a Julián Sierra en su lugar como director de la fcq. José Vasconcelos tuvo la iniciativa de becar a los alumnos más sobresalientes para realizar estudios en Alemania y Francia. De este programa de becas, los alumnos seleccionados fueron Fernando Orozco, Marcelino García-Junco, Alfonso Romero, Teófilo García Sancho, Alberto Sellerier y Práxedis de la Peña. Al año siguiente lo hizo de igual forma con Fernando González Vargas, Francisco Díaz Lombardo y Eduardo Castensen, entre otros estudiantes. Sin embargo, este programa de becas no contó con una partida que permitiera establecer la infraestructura necesaria para que los repatriados pudieran aplicar los conocimientos obtenidos en Europa. Fue así que, a su regreso, algunos de los ex becarios se contrataron en la Fundición Nacional de Artillería, como fue González Vargas, otros en el Consejo Superior de Salubridad o en la Secretaría de Hacienda, en las refinerías de petróleo o en las fábricas de papel. Otros repatriados se incorporaron como profesores de química y farmacia. Por ejemplo, Fernando Orozco impartió la clase de análisis cuantitativo, Francisco Díaz Lombardo la de análisis cualitativo, Alfonso Romero la de química inorgánica, y Marcelino García-Junco la de química orgánica.

Al transcurrir los primeros años de trabajo docente, los nuevos catedráticos fueron incorporando la nueva cultura científica adquirida en Europa. Por ejemplo, en 1925 en la clase de química orgánica, Marcelino García Junco escribió el libro Curso de Operatoria de Química Orgánica. El texto estaba organizado en cinco capítulos: el primero dedicado al análisis elemental del carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, azufre y halógenos; el segundo, a los criterios de pureza, como el punto de fusión,
de ebullición, tensión de vapor, densidad y
la prueba de solubilidad; el tercero, a los
métodos de purificación como la decoloración, cristalización, destilación, extracción y sublimación; el cuarto, a la preparación de sustancias como el yoduro de metilo, el fenol, la ftalimida y el índigo, entre otros. Finalmente, en el quinto capítulo se explicaba el uso de algunos equipos para el análisis elemental cuantitativo de sustancias orgánicas, como fueron los aparatos desecadores de aire y oxígeno, de desprendimiento de gas carbónico, para almacenar gases como aire, oxígeno y dióxido de carbono, empleando potasa cáustica para este último. También se abordaba la determinación cuantitativa de carbono, hidrógeno, halógenos y azufre. Quizá lo más relevante del texto fue haber sido el primer libro de química orgánica escrito en México por un químico mexicano y que fuera empleado en la docencia.

El curso de química orgánica teórica estuvo organizado para ser impartido en tres trimestres. En el primero se estudiaba la química de los compuestos acíclicos, donde se explicaba el análisis cualitativo y cuantitativo, el cálculo de fórmulas mínimas, la determinación de pesos moleculares, así como la explicación de derivados halogenados, alcoholes, aldehídos, cetonas y derivados de los ácidos. En el segundo trimestre, se explicaba la química de los compuestos homocíclicos como las cicloparafinas, cicloolefinas e hidrocarburos bencénicos. Para el tercer trimestre, se analizaba la química de los compuestos heterocíclicos con núcleos tri y tetraatómicos, colorantes, alcaloides, vitaminas y hormonas, entre otros temas.

Por su parte, el curso de química orgánica experimental estuvo también diseñado para ser impartido en tres trimestres. El primero se dedicaba al tema de análisis cualitativo de sustancias orgánicas, determinaciones de puntos de fusión, determinaciones de solubilidad y la preparación de sustancias, que podían ser
la fenilhidrazina, quinona y anilina, entre otras. En el segundo trimestre se preparaba una serie de sustancias que podían ser acetato de etilo, ácido oxálico y eosina. Finalmente, en el último trimestre se realizaban determinaciones de carbono e hidrógeno, nitrógeno y halógenos, y se determinaban pesos moleculares por densidad de vapor o por el procedimiento crioscópico. Los textos que abordaban los programas fueron elaborados por Marcelino García-Junco, quien fue el profesor responsable
de la cátedra.


Escuela Nacional de Ciencias Químicas


En 1927, Ricardo Caturegli dejó la dirección de la facultad en manos de Manuel Noriega, un farmacéutico egresado de la enm. En esta época cesó todo apoyo a la facultad y, con el paso de los años, los talleres fueron desapareciendo paulatinamente, debido a que dejaron de tener importancia y resultaban demasiado costosos en una época en que el presupuesto de la facultad era disminuido cada año.

Las carreras que ofrecía la facultad eran las de químico, ingeniería química, químico farmacéutico y químico metalurgista. No obstante ser una institución ligada directamente al sector productivo, la fcq no fue capaz de proveerse de los fondos para su desarrollo.

La facultad cayó en una profunda crisis que duró hasta 1935. En este año ocupó la dirección de la facultad Fernando Orozco, uno de los becarios formados en Alemania que pensaba que la enseñanza de la química no era el entrenamiento para desempeñar un oficio, sino una actividad de naturaleza intelectual basada en el método científico. Desmanteló los talleres de oficios y en su lugar construyó laboratorios de enseñanza científica. Modificó los planes de estudio y se formalizaron las carreras de químico, químico farmacéutico biólogo, ingeniería química y ensayador metalurgista. Con su sensibilidad creó un ambiente universitario mediante el concurso de maestros que fortalecieron la vida académica de la facultad. El periodo de 1935-1942 fue una época brillante, en el sentido de que marcó la consolidación de la ingeniería química como carrera profesional y el inicio de la etapa de la profesionalización de la enseñanza de la química en México.

En los primeros años de la década de los cuarenta, para las carreras de químico, ingeniero químico y químico farmacéutico se impartieron las cátedras de química orgánica acíclica y química orgánica cíclica. Los temas que se analizaban en la cátedra de química orgánica acíclica eran: análisis cualitativo y cuantitativo elemental, diversos compuestos orgánicos como hidrocarburos saturados y no saturados, alcoholes, éteres, ésteres, cetonas, aminoácidos, lípidos, etcétera. Para la clase de química orgánica cíclica se estudiaban los compuestos isocíclicos, las cicloparafinas, terpenos y alcanfores, hidrocarburos bencénicos, entre otros temas. Las cátedras estaban acompañadas con actividades experimentales, el texto que se utilizaba era el Tratado de Química Orgánica, de García-Junco, y Química Orgánica, de Víctor V. Richter. Los profesores que impartían las cátedras eran Marcelino García, Manuel Lombera, Alfonso Graf y Humberto Estrada, este último ayudante de la cátedra.

En los primeros veinticinco años de vida de la Facultad de Ciencias Químicas se conformaron las profesiones de la química con la notoria presencia de sus egresados en la industria petrolera, la del azúcar, la metalúrgica, la
de productos químicos y farmacéuticos, la de papel, la de hilados y tejidos, la de fermentaciones, la de pinturas, la de grasa y jabones y la de explosivos, donde realizaban diferentes labores de manufactura, proceso, control de calidad y administración, entre otras funciones. Sin embargo, se desatendió la investigación entendida como actividad creadora de conocimientos para sustentar el desarrollo tecnológico en las diferentes áreas de la industria química. Ante esta problemática se daría la gestación del primer centro de investigación química en México: el Instituto de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Al finalizar la década de 1930 se dieron varios acontecimientos relevantes en los ámbitos político, económico y educativo, en nuestro país. El primero fue la nacionalización de la industria petrolera en 1938, época en que se vinculó la educación superior con la industria nacional; en segundo lugar, a la llegada de los exiliados españoles en 1939 a consecuencia de la derrota de la República española, el gobierno cardenista los recibió en La Casa de España, con la finalidad de apoyar a los intelectuales españoles para que continuaran sus labores de investigación. Entre el grupo de exiliados
se encontraban algunos investigadores químicos, entre ellos, Modesto Bargalló, José Giral, Francisco Giral, Ignacio Bolívar y Antonio
Madinaveitia, así como otros científicos humanistas. A algunos de ellos la universidad los acogió en su seno de manera generosa. En el área de la química, algunos investigadores fueron acogidos por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional; entre ellos los profesores Pablo Hope y Hope y José Erdos. El primero llevó a cabo investigaciones para el desarrollo de procesos bioquímicos y biotecnológicos, como la producción de sulfato de nicotina a partir de residuos de la industria tabacalera, la extracción de ceras de la caña de azúcar, y también en la obtención de fructosa del maguey tequilero. El doctor Erdos, por su parte, se concentró en aspectos más básicos de la síntesis orgánica y de la química farmacéutica, lo cual le permitió publicar un número importante de artículos científicos entre 1940 y 1963.

De los cursos especiales que ofrecía la
encq, desde finales de la década de 1950, fue el de fitoquímica, que estuvo a cargo de Francisco Giral, un farmacéutico exiliado español que se formó en la Universidad de Madrid, España, donde obtuvo el grado de doctor
en farmacia. Francisco Giral llegó a México en 1939; ocupó diferentes puestos en la industria farmacéutica nacional, colaboró en el Laboratorio de Antipalúdicos en Salubridad en 1941, también fue asesor técnico en Industria Nacional Químico-Farmacéutica desde 1941 hasta 1961. Además de sus actividades en la industria farmacéutica, siempre se caracterizó por su constante actividad académica realizada en la encq de Tacuba, y posteriormente en la Ciudad Universitaria, donde dirigió más de 160 tesis que comprendieron trabajos de extracción y caracterización de principios activos de plantas medicinales, en la búsqueda principalmente de nuevas fuentes de materias
primas para la preparación de productos esteroidales, síntesis de nuevos fármacos, estudios de alcaloides y grasas. Notables fueron sus contribuciones al estudio de la química de animales y fundamentalmente de insectos.


Instituto de Química


En 1929, cuando la universidad obtuvo su
autonomía, se creó en la Facultad de Filosofía y Letras la Sección de Ciencias, que ofrecía
los grados académicos de maestro y doctor
en ciencias exactas, en ciencias físicas y en ciencias biológicas. Este plan de estudios estuvo vigente hasta 1933 sin que nadie lograra obtener los grados académicos propuestos. En 1934 se reorganizó la universidad y los estudios de ciencias, establecidos en la Facultad de Filosofía y Letras, fueron excluidos de ésta. De esta manera, las Secciones de Matemáticas y de Física, junto con la Sección de Química, de nueva creación, pasaron a formar la Sección de Ciencias de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, y la Sección de Biología se incorporó a la Facultad de Ciencias Médicas y Biológicas. Las jefaturas de grupo estuvieron a cargo de Sotero Prieto en matemáticas, Basilio Romo en física, Francisco Lisci en química, e Isaac Ochoterena en biología, aunque los planes de estudio de las Secciones de Física y Química no se pusieron en marcha. Para 1936 se fusionaron las Secciones de Matemáticas, Física y Química para ser enmarcadas en un Departamento de Ciencias.

En plena expropiación petrolera se presentó el proyecto de creación de la Facultad de Ciencias, y en los siguientes tres años la facultad se dividió en  siete departamentos: Matemáticas, Física, Química, Biología, Geología, Geografía y Astronomía. En estos departamentos se ofrecieron los grados académicos de maestro y doctor en ciencias, y en los de matemáticas, física y geografía también los títulos de profesor para escuelas preparatorias y secundarias. Con esta organización, la Facultad de Ciencias tenía como objetivo preparar investigadores científicos dedicados a estas labores.

El Departamento de Química estuvo al mando de los doctores Fernando Orozco, como jefe del departamento, y Antonio Madinaveitia como jefe de investigación. El departamento ofreció en el Ciclo de Altos Estudios de la facultad, los cursos de carácter avanzado que conducían directamente al doctorado. Para ingresar al programa se requería poseer título de alguna licenciatura de la Escuela Nacional
de Ciencias Químicas. Los estudios de doctorado tenían por objeto ampliar la preparación de los candidatos. Los trabajos de investigación que se desarrollaban deberían tener una orientación práctica o industrial, ya que la economía nacional lo requería con urgencia. El trabajo experimental lo realizarían en el Instituto de Química (iq) de la universidad.

Hacia 1940, el desarrollo industrial del país aún era incipiente; sin embargo, la política de desarrollo industrial del Estado planteó la necesidad de que en México se hiciera investigación científica en el campo de la química. Desde el gobierno cardenista se había manifestado el propósito de generar una industria nacional, autónoma, menos dependiente del exterior. El inicio de la Segunda Guerra Mundial mostró la urgencia de instalar los centros de investigación.

Al principio de la década de 1940, la Escuela Nacional de Ciencias Químicas aún era una institución pequeña. Las instalaciones se encontraban distribuidas en una gran superficie en medio de jardines, que favorecía la convivencia cordial entre profesores y alumnos. El tránsito de la ciudad a la escuela se realizaba en tranvía, el ferrocarril pasaba enfrente de la escuela y en los alrededores estaban las casas de huéspedes que albergaban a los estudiantes que llegaban procedentes de todo el país. Todo este ambiente le daba una apariencia provinciana a la escuela. La ciudad muy pronto empezó a cambiar, al igual que la escuela.

Con la fundación del Instituto de Química en 1941, que se dio durante el rectorado del doctor Mario de la Cueva, hubo varios aspectos que deben destacarse: uno de ellos fue la incorporación de los químicos españoles, entre los que figuraron por su trayectoria académica los doctores Modesto Bargalló, José Giral, Francisco Giral, Ignacio Bolívar y Antonio Madinaveitia, entre otros. Un caso notable fue el del doctor Madinaveitia, quien nació en 1890 en Madrid, fue catedrático en la Facultad de Farmacia de las universidades de Granada y Madrid, así como del Instituto Nacional de Física y Química e investigador del Instituto Rockefeller. Más adelante, el doctor Madinaveitia tendría un papel fundamental en la historia de la química en México, al fundar el Instituto de Química y colaborar en el diseño y organización de la planta industrial Sosa Texcoco. Es necesario destacar que la eminente derrota de la España republicana fue lo que instó a un número considerable de ciudadanos españoles a venir a México para buscar un espacio de trabajo y vida pacífica. Fue así que el general Lázaro Cárdenas, asesorado por Alfonso Reyes, Daniel Cosío Villegas y Eduardo Villaseñor, fundó la Casa de España, donde llegarían los intelectuales españoles para continuar sus labores académicas en un clima de paz. En el patronato de la recién formada Casa de España, actualmente Colegio de México, también se encontraba Rafael Illescas, Ignacio Chávez, Gustavo Baz, rector de la unam, Manuel Martínez Báez e Ignacio González, quienes serían los enlaces para reacomodar a los intelectuales españoles en diferentes tareas académicas e industriales del país. De esta manera, se conformó un equipo de trabajo para crear la planeación del primer centro de investigación química en el país. Incorporar a los inmigrantes en trabajos similares a los que tenían en su país de origen fue una característica distintiva de la manera en que se vivió el exilio español en México.

La Escuela Nacional de Ciencias Químicas contaba con un grupo selecto de doctores en química formados en Alemania. Uno de ellos fue el doctor Fernando Orozco, que se había doctorado en la Universidad de Marburgo, bajo la dirección del profesor Strecker, en la especialidad del análisis cuantitativo de metales. El doctor Orozco impartió durante más de veinte años la cátedra de análisis cuantitativo en la encq, de la que también fue director, además de ocupar altos puestos en la industria y en el sector público, como el de responsable de la
sección de Química de la Comisión Impulsora y Coordinadora de la Investigación Científica
(cicic). En los años posteriores a la expropiación del petróleo fue asesor de Pemex en materia de petroquímica y fabricación de tetraetilo de plomo, un antidetonante empleado en las gasolinas y que no era posible importar dado el boicot internacional impuesto a México en la época. Si bien el tetraetilo de plomo resolvió el problema de la detonación indeseada de la gasolina, también llenó de plomo el ambiente de la ciudad de México; sin embargo, en su momento fue la mejor opción en términos de energía. En 1941 el doctor Orozco fue nombrado director del Instituto de Química.

De esta manera convergieron varias circunstancias que permitieron la fundación del Instituto de Química de la unam el 22 de marzo de 1941 en las instalaciones de Tacuba, como parte de la Escuela Nacional de Ciencias Químicas. Otro de los aspectos importantes para su formación fue el apoyo económico de la fundación Rockefeller, el Banco de México y la Casa de España. El doctor Fernando Orozco (primer director), en colaboración con el doctor Antonio Madinaveitia (jefe de investigación) lograron organizar el primer centro de investigación química en México.

Los alumnos empezaron a observar la construcción de un edificio pequeño de dos plantas, cerca del estacionamiento, a un costado de la alberca. Se trataba de un espacio que se destinaría a la investigación y a la formación de estudiantes posgraduados. La nueva construcción sería el Instituto de Química. El instituto se organizó de la siguiente manera, la planta baja se destinó a los laboratorios de química orgánica y de productos naturales, así como un espacio de instrumentación para el equipo de espectroscopia de ultravioleta; al final de la planta baja se encontraba la biblioteca. En
la planta alta había un laboratorio de orgánica, el almacén para disolventes, el almacén para las balanzas, la bomba para hidrogenar y el taller de soplado de vidrio. De esta manera,
el Instituto de Química empezó a trabajar sus primeros años en el edificio de Tacuba.

El objetivo central del iq era la investigación, que se entendía como el medio para formar estudiantes, quienes, una vez maduros, serían parte fundamental de la propagación
de la química en México. A principios de la década de 1940 destacaron, por su dedicación y creatividad, algunos alumnos como Alberto Sandoval Landazúri (1918-2002), Octavio Mancera Echeverría (1919-2004), José Iriarte Guzmán (1921-2005), Jesús Romo Armería (1922-1977), Humberto J. Flores Beltrán del Río (1925-1991), Humberto Estrada Ocampo (1913-1989) y José F. Herrán Arellano (1915-1983). En 1949 se incorporó Luis E. Miramontes Cárdenas (1925-2004), y en 1952 Cristina Pérez Amador (1922). Todos ellos se acercaron al iq para preparar su tesis de licenciatura con los doctores Madinaveitia y Orozco.

Alberto Sandoval ingresó a la encq por
sus inquietudes intelectuales acerca de los fenómenos químicos. En su etapa estudiantil participó en un concurso de análisis químico cualitativo en el que obtuvo mención honorífica. Más tarde Fernando Orozco lo invitó a trabajar como ayudante de investigador. Sandoval, ante esta situación, aceleró los estudios relacionados con su trabajo de tesis, El ítamo real como curtiente. La titulación era un requisito previo para formalizar su relación laboral de ayudante de investigador. El segundo estudiante en incorporarse fue Octavio Mancera, quien llegó al iq de manera similar, realizando su tesis con el tema Carbonato sódico natural. Durante esta etapa fue común que Fernando Orozco y otros maestros de la encq invitaran a los alumnos con mayor dedicación y talento para realizar su trabajo de tesis en el iq. De esta manera, también se incorporaron los estudiantes José Iriarte, Jesús Romo y Humberto J. Flores. La tesis de Jesús Romo fue Análisis químico de los productos de fermentación del maguey. José Iriarte se tituló con la tesis Contribución al estudio de la esencia de trementina de algunas especies de pinos de México, y Humberto J. Flores con el tema Cuanteo volumétrico del mercurio en compuestos orgánicos. Estas tesis se realizaron durante los primeros nueve años de vida del iq y fueron dirigidas por los doctores Madinaveitia y Orozco.

Al transcurrir los primeros años de vida académica del iq sucedió un acontecimiento que revolucionó a la industria farmacéutica mundial. Los Laboratorios Syntex se fundaron en 1944, y su objetivo central fue producir hormonas esteroidales. El primer jefe de investigación fue Russell E. Marker, un químico de
la Universidad Estatal de Pennsylvania. El éxito se inició con la extracción de diosgenina a partir de plantas del género Dioscorea. Entre las plantas empleadas se encontró la llamada cabeza de negro (Dioscorea mexicana o D. Macrostachya), aunque industrialmente se empleó el llamado barbasco que procede principalmente de la especie Dioscorea composita (antes Dioscorea tepinapensis) D. floribunda y de D. spiculiflora. De acuerdo con Giral, la fabricación de esteroides o de intermediarios sintéticos en el México de 1960 representaba
una exportación de 100 millones de pesos y abastecía a 75% del consumo total mundial.
El impacto sobre el mercado mundial fue relevante: la progesterona, que costaba 80 mil
dólares por kilogramo en 1944, pasó a costar 150 dólares.

Al año siguiente, George Rosenkranz, quien se formó como químico en la Escuela Politécnica Federal de Zurich, tomó el lugar de Marker como jefe de investigación. En su primer año en Syntex, logró restablecer la producción de progesterona. Posteriormente, instaló la producción de testosterona y otros derivados esteroidales.

Por su parte, Fernando Orozco comprendió la necesidad de formar recursos humanos de alta calidad para convertir al Instituto de Química en un verdadero centro de investigación. Para esto propuso la creación de un sistema de becas para que algunos estudiantes viajaran al extranjero. El primero en hacerlo fue Octavio Mancera, que se fue a la Universidad de Oxford, Inglaterra, entre 1943 y 1946, para estudiar el doctorado en filosofía con especialidad en química; ahí realizó
estudios sobre la síntesis de la penicilina, dirigido por el profesor Robert Robinson. Se graduó con el tema: Experimentos sobre la síntesis de la penicilina y sus análogos. Al año siguiente, Alberto Sandoval se trasladó al Tecnológico de California (Caltech), en Pasadena, para realizar estudios de posgrado entre 1944 y 1946. Ahí, el profesor Laszlo Zechmeister le dirigió la investigación: Estudio
de polienos por medio de la cromatografía
y de análisis espectrofotométricos. I. Fitoflueno. II. Isomerización del difenil-1,4-butadieno
, con el que obtuvo el grado de doctor en la unam. Sandoval fue el primer estudiante en recibir el grado de doctor por la unam en la especialidad de química, en 1947. José Iriarte se incorporó al Colegio Estatal de Iowa, Estados Unidos, con el doctor Henry Gilman, pero no logró obtener el grado de doctor.

En 1949, Humberto Estrada y Jesús Romo obtuvieron el grado de doctor en ciencias por la unam y, en 1952, José F. Herrán y Humberto Estrada, al graduarse, se incorporaron al grupo de investigadores del iq. Si bien antes de iniciar su doctorado ya habían transitado por alguna experiencia laboral, su vocación estuvo en la investigación y posteriormente en la
administración. Por ejemplo, Herrán había trabajado como responsable del laboratorio en
la Dirección de Materiales de Guerra, como auxiliar de investigador, en la cicic y como jefe de producción en los laboratorios Italmex, pero quizá uno de los empleos que centró su vocación fue el de analista al lado del químico técnico Rafael Illescas, en control químico. Humberto Estrada, en cambio, a los pocos años de egresado de la licenciatura se incorporó a la docencia.

La dirección de tesis de posgrado de
los primeros estudiantes estuvo a cargo de los doctores Madinaveitia y Orozco, excepto la de Alberto Sandoval, que fue dirigida por el doctor Laszlo Zechmeister. Además de los trabajos antes descritos, Jesús Romo realizó la investigación sobre la Hidrogenación catalítica de la 1,2-Benzo-9,10-antraquinona. Algunos derivados de la 2-hidroxi-1,4-naftoquinona, y José F. Herrán realizó La síntesis del 1-etil-2,5-dimetil-8-metoxi-fenantreno y el rearreglo dienona-fenol en las Δ1,4 dien-3-onas esteroidales.

Al iniciarse las primeras investigaciones, el iq solamente contaba con dos pequeños laboratorios y unos cuantos matraces, pequeñas cantidades de disolventes y reactivos. En su biblioteca se contaba con el Beilstein y parte del Chemical Abstracts, entre otros libros y revistas, y con el talento y la capacidad de Catalina Vélez, su experta bibliotecaria. El primer equipo que llegó al iq fue una bomba de hidrogenación y un espectrofotómetro ultravioleta Beckman DU.

Antonio Madinaveitia, aunque fungía como jefe de investigación, no tuvo un contrato laboral definido con la universidad. Fue hasta 1945 cuando, en calidad de profesor de la cátedra de química orgánica y laboratorio en la Facultad de Ciencias, asumió la función de jefe de investigación del iq. Antonio Madinaveitia fue un hombre comprometido con la investigación científica y con el país. Nunca pretendió buscar algún interés personal y supo compartir el interés por la investigación científica sobre los recursos naturales del país y formar jóvenes mexicanos en la investigación. Con estos principios llegaron las muestras vegetales para iniciar la línea de investigación en productos naturales. Las primeras plantas en estudiarse fueron el ítamo real, el capulín, los agaves; algunos productos naturales como el aguamiel, la goma de nopal y el aguarrás. También se realizaron algunos análisis de aguas de manantiales salinos como los de Texcoco, Ixtapan de la Sal, San José Purúa y algunos yacimientos de minerales de hierro, carbón, turba, etcétera. Los primeros proyectos de investigación los realizó Madinaveitia con Fernando Orozco y Octavio Mancera, al inicio de la década de 1940, entre los que destacan: La bioquímica del agave, Estudio químico de los lagos alcalinos y El origen del carbonato de sodio. Algunos estudios tuvieron aplicación inmediata, como aquellos de los lagos salinos. Otros proyectos estuvieron ligados a la industria, como el diseño e instalación de la empresa Sosa Texcoco, con el objetivo de producir sosa, carbonato y bicarbonato de sodio a partir del fondo salino del lago de Texcoco. Finalmente, por causas de salud, Antonio Madinaveitia dejó de asistir al iq a finales de la década de 1940.

Tanto Alberto Sandoval como Fernando Orozco continuaron invitando a los mejores estudiantes de la encq a trabajar en el iq. A esta primera generación de investigadores científicos le correspondió instituir la investigación química en México y fueron los primeros en recibir nombramientos de investigador de tiempo completo. En 1954, en reconocimiento a su desempeño académico, se consolidó la figura académica del investigador científico en el campo de la química. En este año también se inició el trasladado del instituto a los pisos 11 a 13 de la Torre de Ciencias, pues durante la rectoría de Luis Garrido el gobierno federal había aprobado la construcción de Ciudad Universitaria.

Los primeros trabajos de investigación


El Instituto de Química fue un pequeño nicho en el que se cultivó la investigación. El personal académico y los recursos eran escasos, pero no la pasión con la que se entregó su personal académico. En 1947, cuando George Rosenkranz se acercó al iq para buscar investigadores que colaboraran en el proyecto empresarial de Syntex, rápidamente se incorporó Jesús Romo. Más tarde, en 1949, también se sumarían Octavio Mancera y José Iriarte. A principios de la década de 1950, Syntex era la empresa líder a nivel mundial que producía hormonas esteroidales. En Syntex, los químicos mexicanos colaboraron al lado de los doctores George Rosenkranz, Carl Djerassi, Esteban Kaufmann y Juan Pataki.

El esfuerzo y entusiasmo de la comunidad académica del iq fue reconocida rápidamente por la comunidad científica. Alberto Sandoval, en colaboración con el doctor Laszlo Zechmeister, publicaron en el Journal of the American Chemical Society, el artículo: “Some Spectrocopic Changes Conected with the Stereoisomerization of Diphenylbutadiene”, y la tesis doctoral de José F. Herrán la publicó en 1951 en el Journal of Organic Chemistry con el título: “The synthesis of 1-ethyl-2,5-dimethyl-8-methoxyphenanthrene”.

La calidad académica de los estudiantes graduados en el posgrado del iq hizo posible que dirigieran tesis de licenciatura y de posgrado. En 1950, el doctor Jesús Romo inició este proceso con la tesis Hidrogenación con níquel Raney de algunos compuestos sulfurados de Miguel Romero; en 1952, Alberto Sandoval dirigió la tesis Experimentos en la serie de la colestatrienona de Fernando Walls, y el químico José Iriarte, en 1952, dirigió el Estudio del aceite esencial de calamintha macrostema de Armando Manjarrez.

Durante el proceso de colaboración del iq con Syntex se puede destacar la investigación que realizó Luis E. Miramontes, bajo la dirección de Djerassi, para lograr la síntesis de la hormona 19-nor-progesterona. Uno de los compuestos con mayor potencia progestacional fue la síntesis de la 19-nor-17-α-etiniltestosterona, conocida comercialmente como noretisterona o noretindrona. Este compuesto, generado por los estudios de Djerassi y Miramontes, constituyó el primer anticonceptivo oral obtenido por síntesis química. Por otra parte, Jesús Romo, Enrique Batres, Octavio Mancera y José Iriarte, junto con el grupo de investigación de Syntex, sintetizaron la cortisona bajo la coordinación de Rosenkranz, a partir de la diosgenina. De manera paralela también sintetizaron la cortisona, pero a partir de la hecogenina extraída del sisal (Agave sisalana).

La relación académica entre el Instituto
de Química y Syntex ha sido la mejor etapa de cooperación entre la universidad y la industria para la formación de investigadores. En estas condiciones, el iq logró conformar sus equipos de investigación. En el iq había dos laboratorios, en uno de ellos trabajaba José F. Herrán con su alumno Javier Padilla; en el otro laboraban los doctores Jesús Romo y Humberto Estrada, así como los químicos José Iriarte y Luis E. Miramontes, además de algunos alumnos como Armando Manjarrez, José Luis Mateos y Pascual Aguinaco. En la planta alta se encontraba Alberto Sandoval con su colaboradora, la química Noemí Monroy, y su alumno Fernando Walls. En 1949 colaboraban como investigadores con Fernando Orozco los doctores Alberto Sandoval, Octavio Mancera, Jesús Romo, Humberto Estrada y los químicos José Iriarte, José F. Herrán y Humberto J. Flores, que tenían nombramiento de investigadores científicos.

En el Pedregal de San Ángel, por otra parte, ya estaban en proceso las nuevas instalaciones de Ciudad Universitaria. A menudo, los doctores Alberto Sandoval y Humberto Estrada viajaban a Ciudad Universitaria para supervisar los avances de las nuevas instalaciones, acompañados por algunos alumnos como Walls, Padilla y Manjarrez.

Fernando Orozco, en tanto, fue llamado por la empresa Grossman para impulsar sus proyectos de investigación y desarrollo, y propuso al doctor Alberto Sandoval para que asumiera la dirección del iq ante el Consejo Universitario, en 1951. De esta manera se inició un cambio en la dirección del iq. El objetivo central de Alberto Sandoval fue la construcción
de las nuevas instalaciones del iq en Ciudad Universitaria.


Ciudad Universitaria


Al graduarse los primeros estudiantes de la Escuela de Graduados, se fueron incorporando a actividades de docencia en la encq, sin dejar de lado sus actividades de investigación en el instituto. Por ejemplo, los profesores Jesús Romo, Humberto Estrada, José Iriarte y José F. Herrán impartían la clase de química orgánica acíclica y química orgánica cíclica, así como los laboratorios respectivos. En 1944 se seguía el manual de Prácticas de Química Acíclica de Humberto Estrada, el cual incluía veintisiete actividades experimentales, de las que destacaban: análisis cuantitativo orgánico, resinas sintéticas, acetato de etilo y la síntesis de la urea, entre otras. También los primeros estudiantes posgraduados del instituto fueron responsables de impartir los cursos del doctorado en la Escuela de Graduados a la segunda generación de estudiantes del programa doctoral; por ejemplo, la clase de química orgánica la impartieron Jesús Romo, Humberto Estrada y José F. Herrán. La temática iba desde el análisis funcional orgánico hasta la química de esteroides. Estos investigadores impartían cátedra en la Escuela Nacional de Ciencias Químicas, sus ayudantes eran estudiantes de doctorado, como Fernando Walls, Armando Manjarrez y Alfonso Romo de Vivar, quien se graduó de licenciatura en 1961 bajo la dirección del doctor Jesús Romo. De su tesis se publicó el artículo “Mexicanina E. Una lactona sesquiterpénica” en el boletín del instituto y
correspondió a la traducción del original publicado en The Journal of the American Chemical Society. Este es, tal vez, el primer artículo publicado en una de las más prestigiadas revistas de química, y fue contribución de un estudiante de licenciatura.

A principios de la década de 1960, la encq se había trasladado a Ciudad Universitaria. También los programas de estudio en relación con la química orgánica habían cambiado
de contenido. Ahora los cursos de orgánica eran tres. Así, por ejemplo, en el curso de química orgánica I de Humberto Estrada abordaba temas como la composición de sustancias orgánicas, isomería, tipos de reacción, oxidación, reducción, métodos de purificación de sustancias orgánicas, análisis cualitativo orgánico, hidrocarburos saturados y no saturados.

Con la llegada del doctor Ignacio Chávez a la rectoría de la universidad se logró una mejora en los salarios de los investigadores y, en 1965, se consiguió financiamiento para equipar mejor las dependencias universitarias. El instituto tuvo la posibilidad de adquirir mejores equipos, entre los que destacaron el espectrómetro de masas, espectrofotómetros de infrarrojo y ultravioleta, una ultracentrífuga, entre otros.


Noretindrona, el primer anticonceptivo oral


Los nombres 19-nor-17α-etinil-testosterona
o Δ4-19-nor-17α-etinillandrosten-17β-OH-3-ona o noretindrona posiblemente no dicen mucho al lector poco asociado al lenguaje químico, pero pocos compuestos químicos como éste han generado tantos cambios en la sociedad, pues brindó libertad sexual a la mujer. Este compuesto fue el primer anticonceptivo oral que se preparó y comercializó. Su síntesis la realizó Luis Miramontes, quien realizaba su tesis
de licenciatura en los Laboratorios Syntex de México en el grupo que dirigía Carl Djerassi.

Es difícil entender por qué un descubrimiento tan importante para la humanidad no fue reconocido con el premio Nobel, pues abrió la posibilidad del control natal como una decisión personal, lo que habría dado el premio al grupo que describió el descubrimiento: Carl Djerassi, Luis Miramontes y Jorge Rosenkranz. La patente americana número 2,744,122 protegió este descubrimiento.


El Boletín del Instituto de Química


El Boletín del Instituto de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México
se publicó por primera vez en diciembre de 1945, y al respecto el doctor Fernando Orozco escribió:


...hemos creído que ha llegado el momento de publicar algunos de los trabajos más importantes que ya se han realizado y al efecto iniciamos la publicación de este Boletín, el cual esperamos irá teniendo cada vez más importancia, no sólo por la calidad de los trabajos sino también por el número de ellos. En el futuro publicaremos en él fundamentalmente las investigaciones llevadas a cabo en el Instituto, pero es nuestro deseo incluir también otros trabajos hechos por investigadores mexicanos y que juzguemos deben ser conocidos ampliamente.


El volumen XVII, de 1965, fue el último que se publicó. Los doctores Walls y Sandoval escribieron entonces:

Una revista científica que depende exclusivamente de los resultados de un laboratorio pasa, necesariamente, por tiempos difíciles que hacen que se retrase o recurra a la traducción de artículos que fueron publicados en otras revistas.

Por otro lado, el número cada vez mayor de revistas especializadas que se publican en el mundo, hace pensar, frecuentemente, en la conveniencia de suprimir la nuestra, por su tiro limitado y porque está escrita en español, idioma que, aunque hablado por más de 150 millones de habitantes, no tiene el reconocimiento suficiente en el mundo científico. En cambio es una de las pocas revistas científicas que se obsequian y en la que se publican las gráficas completas de espectros en el infrarrojo o de resonancia magnética nuclear, lo cual tiene una gran ventaja para fines comparativos. Se ha pensado en la posibilidad de convertirlo en una revista que sirviera para toda Latinoamérica. Sin embargo, el trabajo que significa la labor editorial, como se lleva a cabo actualmente, ha hecho
indeseable el ampliarla a una escala internacional, aún cuando en este número se publica por primera vez una contribución de un investigador de una universidad norteamericana.


La contribución a la que se hace mención en el párrafo anterior es: Regarding the transition state of pinacol cleavage by CrVI a brief review, por Kwart.

Entre los trabajos de química orgánica que se publicaron en el boletín destacan, como es de esperarse, los trabajos en el campo de la fitoquímica, pero también se presentaron trabajos de síntesis orgánica como Síntesis total de perezona y de α- y β-pipitzoles.

Fue la época cuando se publicó la síntesis de compuestos de gran interés farmacéutico como la cortisona, la 19-norprogesterona (la hormona de mayor potencial progestacional), y de productos naturales como el limoneno, el dihidrolinalol y el citronelal, el bisaboleno, cuyo manuscrito fue transcrito en el boletín a partir de una comunicación inicial en el Journal of Organic Chemistry. También fueron publicados trabajos en otros campos del conocimiento, como el estudio de mecanismos de reacción, con la transposición dienona-fenol y la transposición de Beckmann aplicada en esteroides: estudios espectroscópicos, como Resonancia magnética nuclear en la determinación de estructuras: I. Síntesis y estereoquímica de la d,l- anisomicina y algunos isómeros de la N-acetil-desacetil-anisomicina. Se reprodujeron artículos publicados en The Journal of the American Chemical Society, en donde los mexicanos Romo y Herrán comparten créditos con Rosenkranz, Dejerassi, Sondheimer y otros.

Desde luego, fue difícil mantener una revista de este tipo cuando existían en el medio químico mexicano otras opciones. La Revista de la Sociedad Química de México se creó el 16 de noviembre de 1956, aunque el primer número inició su circulación en marzo de 1957, y la cual tuvo como finalidad


...crear un órgano que sirviese de portavoz y de estandarte a la naciente organización, en el que pudiesen ver la luz las contribuciones originales de todos los químicos que en México investigan en sus distintas especialidades, los cuales no tenían hasta estos momentos una Revista dedicada exclusivamente a nuestra profesión.


Esta última aseveración resultó imprecisa, dado que el Boletín del Instituto de Química se publicó entre 1945 y 1965.


Cera de insectos


Aunque el doctor Giral inició el proyecto sobre la química de los insectos en México, investigadores del Instituto de Química encontraron también resultados sumamente importantes. Ya en 1965 se habían descrito productos naturales a los que se les denominó terpenoides. Aquellos que contaban con cinco átomos de carbono, es decir, una unidad de isopreno, se les llamó hemiterpenos; de 10 átomos de carbono monoterpenos; de 15 átomos de carbono sesquiteprenos; de 20 átomos de carbono diterpenos, y de 30 átomos de carbono triterpenos. El químico croata Leopold Ruzicka había propuesto un esquema en el que los terpenoides se generan a partir del isopreno, es decir, crecen en múltiplos de unidades de isopreno. Sin embargo, en la serie descrita faltaban los compuestos con 25 átomos de carbono, a
los que les correspondía el nombre de sesterterpenos. Es interesante comentar aquí que Ruzicka fue profesor de Jorge Rosenkranz, quien, como se ha descrito previamente, fue director de Syntex y llevó a cabo la síntesis de esteroides en México.

En la zona del Pedregal de San Ángel crece un arbusto al que se llama “palo loco” (Senecio praecox) en el que se desarrolla un parásito, el insecto Ceroplastes albolineatus, que tiene la característica de cubrirse con una capa cerosa que evita su desecación. Esta cera adquiere un color rojo intenso, lo cual despertó gran interés, dado que los pigmentos naturales de ese color son de gran importancia económica, como por ejemplo el rojo carmín, pigmento de alta estima en la industria cosmética y de alimentos, producido por la grana cochinilla (Dactylopius coccus).

El estudio químico de esta cera permitió aislar el ácido ceroalbolínico, cuya estructura fue revisada y modificada posteriormente, ya que la posición de uno de los grupos hidroxilo había sido asignada de manera incorrecta. Como parte de este estudio, el doctor T. Ríos y su estudiante F. Colunga describieron por primera vez el aislamiento de tres sesterterpenos, completando el esquema de Ruzicka. Estos fueron los ceroplastoles I y II y el albolineol. Entre los componentes de la cera se encuentra el 1-hexacosanol (alcohol cerílico), cuya oxidación genera ácido cerótico. Este compuesto y su amida correspondiente se caracterizaron por comparación con los datos reportados en la literatura. La tercera fracción generó un líquido viscoso que se purificó mediante esterificación con ácido 3,5-dinitrobenzoico. Además, se realizaron experimentos de ozonólisis, de los cuales se obtuvo formaldehído e hidroxiacetona. Se describieron además datos de espectroscopia de infrarrojo (ir) y de resonancia magnética nuclear (rnm). De esta última técnica de análisis, llegada recientemente a México, se comentará en la siguiente sección. Sobre la estructura del ceroplastol I, se concluyó que debía ser un compuesto tricíclico, con tres enlaces dobles, uno de los cuales era un metileno terminal y otro en la cadena lateral, el cual debía contener el residuo hidroxílico. El ceroplastol II se describió como un isómero del primero. También se dio una somera descripción del albolineol. La estructura del ceroplastol I fue determinada inequívocamente por el grupo de investigación de Harrison a partir de una muestra enviada por el doctor Tirso Ríos, quien no apareció entre los coautores de la publicación. La estructura del ceroplastol II fue publicada por Tirso Ríos y Leovigildo Quijano en 1969 y la estructura del albolineol se elucidó hasta 1974, la cual correspondió a un compuesto bicíclico.


Arribo de la resonancia nuclear magnética en el Instituto de Química


En 1961 el doctor José Luis Mateos Gómez, quien vendría a ser el padre de la resonancia nuclear magnética en México, regresó de una estancia en la Universidad de California, en Los Ángeles, donde había aprendido los pormenores de una novedosa técnica espectroscópica, la resonancia nuclear magnética, que con el tiempo llegaría a ser el medio más eficaz para determinar la estructura molecular. En 1962 se instaló el primer espectrómetro, un equipo Varian A-60, en el piso 12 de la Torre de Ciencias, y fueron los estudiantes Eduardo Díaz y Pedro Joseph-Nathan, bajo la tutela del doctor José Luis Mateos, quienes comenzaron a hacer las primeras determinaciones en el equipo. De hecho, el primer técnico académico contratado, y que fue asignado al equipo, fue Eduardo Díaz. En 1966 llegó al instituto un nuevo instrumento, el A-60 con capacidad de efectuar experimentos a diferentes temperaturas (de 120 a -100 oC) y en 1967 llegó esta técnica al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, al grupo del doctor Xorge Domínguez, quien cultivaba el área de productos naturales. En ese mismo año el Cinvestav contó con un equipo modificado por el doctor Joseph-Nathan, quien había dejado el iq recientemente, cuyas características de resolución eran únicas. En 1968 llegó un equipo con mayor resolución al iq, un Varian HA-100. En ese momento, el Instituto de Química y el Departamento de Química del Cinvestav lograron la supremacía tecnológica en esta área. Muestras provenientes de todos lados del país y de varios países de América Latina llegaban para ser analizadas en los espectrómetros.
Esta circunstancia permitió establecer numerosas colaboraciones, pues por lo general la obtención del espectro estaba acompañada de la coautoría. Con el tiempo, la mera determinación estructural de los compuestos, ya fueran productos naturales o productos de síntesis, dejó de tener interés per se y requirió de una justificación fisicoquímica o toxicológica; por lo cual, el auge de la química de los productos naturales se desvaneció.


Otras publicaciones mexicanas
que difundieron la química orgánica


La Revista de la Sociedad Química de México contó con varias secciones, entre ellas, artículos, comunicaciones originales, noticias, revista de revistas, selección bibliográfica, libros nuevos, actividades de la Sociedad Química de México, bolsa de trabajo y maquinaria y equipo (ofertas y demandas).

En 2005 la revista cambió su nombre por el de Journal of the Mexican Chemical Society, publicándose en inglés y conteniendo sólo artículos de investigación original. El resto de las secciones que comprendía la versión original de la revista aparece hoy día en el Boletín de la Sociedad Química de México. Este cambio profundo tuvo la finalidad de hacer ingresar
la revista en el ámbito internacional, hacerla competitiva, obtener índice de impacto y atraer más autores.

Otra publicación es la Revista Latinoamericana de Química, que apareció en 1970. En su editorial inicial se comentó:


Un grupo de químicos latinoamericanos se ha reunido con el fin de crear una revista que sirva como órgano de divulgación de las investigaciones que se llevan a cabo en Latinoamérica. Si bien es cierto que existe una gran variedad de revistas especializadas en la mayoría de nuestros países, ninguna resume los trabajos más relevantes de los científicos de Latinoamérica. Ninguna ha abrigado la idea de recopilar e informar amplia y detalladamente sobre las investigaciones realizadas en el campo de la química.


Esta revista publicó un buen número de contribuciones nacionales.


El Instituto de Química en 1965


En el volumen 17 del boletín del Instituto
de Química, el doctor Alberto Sandoval escribió el manuscrito: Cinco lustros de existencia, en el cual hace un análisis de los avances y logros del instituto, y agradece a la universidad, profesores, instituciones y benefactores las aportaciones que hicieron posible su desarrollo. En este manuscrito se describió la existencia de tres grupos de investigación en el iq, el primero correspondía al grupo del doctor Jesús Romo, que incluía a los doctores e investigadores Alfonso Romo de Vivar, Tirso Ríos, Eugene Bratoeff, Pedro Joseph-Nathan, Miguel Ángel Flores, María del Carmen Socorro Figueroa, María de Jesús Esparza, Armando Cabrera, Rosario Villamar y Cecilio Álvarez. El segundo de estos grupos era el del doctor Fernando Walls, que incluía a los doctores Humberto Estrada, Javier Padilla, María Cristina Pérezamador y Federico García, además de los investigadores Ofelia Collera, Eduardo Cortés, Martha Y. Rosas, Manuel Salmón, Manuel Escobar, Miguel Pérez, Juan Valle y Manuel Jiménez. El tercer grupo del doctor José Luis Mateos, que incluía a los doctores Barbarín Arreguín, Armando Manjarrez, Raúl Cetina, Jacobo Gómez Lara, además de los investigadores Helio Flores, Rocío Pozas, Virgilio Mendoza, Humberto López, María García, Martha E. Matamoros, Berta N. Arámbula, Luis Huacuja y Agustín A. Sánchez. El doctor Sandoval contabilizó 206 trabajos desarrollados en el instituto hasta ese momento con 17 egresados del programa de doctorado.

En 1964, el doctor Herrán se trasladó del Instituto de Química a la encq, donde fundaría un año más tarde la División de Estudios de Posgrado, y con ello se convertiría en la Facultad de Química, y quien fue seguido por los doctores José Luis Mateos y Javier Padilla, en 1966. En este mismo año, el doctor Pedro Joseph-Nathan se incorporó como miembro fundador del Departamento de Química del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav), lo que inició la diáspora de talentos, de la cual se beneficiaron algunas de las instituciones en donde se desarrollaría la química en México.

Nuevos centros de investigación
y posgrados en química orgánica


En efecto, esta diáspora de talentos fue muy benéfica para desconcentrar la investigación y fomentar la creación de nuevos centros. La década de los sesenta se caracterizó entonces por la consolidación de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Química (depfq)
de la unam y del Departamento de Química del Cinvestav. En las décadas de 1980 y 1990 se crearon nuevos posgrados en química orgánica en instituciones de educación superior, así como nuevos centros de investigación. Todos ellos, con el paso de los años, han aglutinado a un gran número de profesores e investigadores, quienes forman parte fundamental del escenario actual de la química orgánica en México.


División de Estudios de Posgrado
de la Facultad de Química (depfq)
de la unam, y el Posgrado en Ciencias Químicas


La depfq fue fundada el 29 de junio de 1965 por acuerdo del Consejo Universitario, siendo rector el doctor Ignacio Chávez, director de la facultad el ingeniero Francisco Díaz Lombardo, y como primer jefe de la división el doctor José F. Herrán Arellano. Su objetivo fue acoger los posgrados en química de la unam. El primer departamento que se creó fue el de química orgánica, el cual estaba integrado por los doctores José F. Herrán, Javier Padilla, José Luis Mateos y Francisco Sánchez Viesca, quienes formarían a los futuros profesores del posgrado de la década de 1970, como los doctores Elvira Santos Santos, Gloria Pérez Cendejas, Luis Ángel Maldonado Graniel, Gabriel Siade Barquet, Rocío Pozas Horcasitas, Helio Flores Ramírez, Martha Albores Velasco, entre otros. Años más tarde ingresarían otros investigadores, como los doctores Gustavo García de la Mora, Víctor M. Coronado Bravo, José A. Noguéz Amaya, Ignacio Sánchez Flores, Carlos Rius Alonso y Ada María Casares Campos, muchos de ellos egresados de la depfq que
realizaron sus proyectos de tesis tanto en la depfq, como en los Laboratorios Syntex (bajo
la dirección del doctor Pierre Crabbé), o en universidades del extranjero. Posteriormente, ingresaron el maestro en ciencias José Manuel Méndez Stivalet, el doctor José Gustavo Ávila Zárraga, el químico Fernando León Cedeño, el maestro en ciencias Blas Flores Pérez, y los doctores Lino Joel Reyes Trejo, Elena I. Klimova, José Alfredo Vázquez Martínez, Héctor García Ortega, Fernando Cortés Guzmán, Martín A. Iglesias Arteaga y José Norberto Farfán García, quienes han fortalecido el área de síntesis orgánica, organometálica y química computacional. En 1995, los posgrados de
cada área, presentes en diversas entidades académicas, se unificaron en un solo posgrado de maestría y doctorado en ciencias químicas. Las entidades que tenían orientación en química orgánica fueron la Facultad de Química, el Instituto de Química y la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán. En esta última quedaron integrados como investigadores y tutores del posgrado los doctores René Miranda Ruvalcaba, José Guillermo Penieres y Enrique Ángeles Anguiano, los dos primeros en síntesis orgánica y química sustentable, y el último en diseño de fármacos; más recientemente se incorporó el doctor Benjamín Velasco para apoyar el área de diseño y actividad biológica de compuestos orgánicos. Los doctores Eugene A. Bratoeff y Rafael Castillo Bocanegra, quienes han estado asociados al Departamento de Farmacia de la Facultad de Química y son especialistas en química de esteroides y diseño de compuestos antiparasitarios, también participarían como tutores del posgrado.


Instituto de Química
de la unam


Del Instituto de Química (iq) de la unam, como ya lo hemos visto en secciones anteriores, egresaron los primeros investigadores que fundarían otros centros de investigación. No obstante que, en un inicio, la depfq concentró los programas de posgrado en química de la unam, y posteriormente se creó el posgrado unificado, numerosos investigadores del iq participaron en ellos como maestros y asesores de tesis en el área de química orgánica. Entre ellos se encontraban los doctores Alfonso Romo de Vivar, Fernando Walls, Lydia Rodríguez Hahn, Tirso Ríos,
Alfredo Ortega, Ofelia Collera, Manuel Salmón, Federico García, Eduardo Díaz, Eduardo Cortés, José S. Calderón, Carlos Guerrero, Francisco Yuste, Leovigildo Quijano, Raúl Enríquez, Raymundo Cruz, Manuel Jiménez, Armando Cabrera, Noé Rosas, Héctor Barrios, Rubén Sánchez y Benjamín Ortiz, quienes abordaron líneas de investigación en química de productos naturales y síntesis orgánica. En esta última disciplina, el iq se fortalecería con la llegada del doctor Luis Ángel Maldonado, quien trabajó muchos años en la depfq. Más adelante se incorporarían al iq como investigadores de tiempo completo los doctores Roberto Martínez, egresado del Cinvestav, en síntesis de heterociclos y diseño de fármacos, Guillermo Delgado Lamas, Ricardo Reyes y Mariano Martínez, egresados, los dos primeros de la unam y el tercero del Cinvestav, en química de productos naturales; asimismo, en esta última disciplina quedaron incluidos los maestros en ciencias Baldomero Esquivel, Amira Arciniegas, Emma Maldonado, María Teresa Ramírez, Ana Lidia Pérez y Jorge Cárdenas. Unos años después, el iq contrataría al doctor Gabriel Cuevas, egresado del Cinvestav, para fortalecer el área de fisicoquímica orgánica y química computacional; también al doctor Federico del Río, con especialidad en estudios de resonancia magnética nuclear, y al doctor Marcos Martínez, egresado de la Universidad Estatal de Moscú, en química supramolecular y organometálica. Más recientemente se incorporaría el doctor Luis Demetrio Miranda, egresado de la unam, quien trabajaría síntesis orgánica mediada por radicales libres, y el doctor Bernardo A. Frontana, especialista en electrosíntesis.


Departamento de Química
del Centro de Investigación
y de Estudios Avanzados del ipn


El Departamento de Química del Cinvestav fue inaugurado el 5 de julio de 1965 por el secretario de Educación Pública, licenciado Agustín Yáñez, y por el director general del centro, doctor Arturo Rosenblueth, y como jefe del mismo el doctor Joseph Herz, de nacionalidad suiza. El departamento contó desde su fundación con los programas de maestría y doctorado en química orgánica y fisicoquímica. El área de química orgánica contaba con investigadores como el doctor Joseph Herz, quien era especialista en química de esteroides, con el doctor Pedro Lehman, formado en Estados Unidos, cuyo interés se centró en la química biológica y farmacéutica, y el doctor Pedro Joseph-Nathan, egresado del Instituto de Química, quien abordó temas en química de productos naturales, síntesis orgánica y resonancia magnética nuclear. En la década de 1970 se incorporaría, junto con otros investigadores, la doctora Rosalinda Contreras, egresada de la Universidad Paul Sabatier, en Francia, cuya área de investigación fue la química orgánica en coordinación con elementos representativos, y, más tarde, el doctor Eusebio Juaristi, recientemente doctorado de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, abordaría proyectos de investigación relacionados con fisicoquímica orgánica (análisis conformacional) y síntesis asimétrica. En la década de 1980, el cuerpo académico del departamento creció notablemente con el ingreso de varios investigadores como el doctor Norberto Farfán y las doctoras Teresa Mancilla y Rosa Santillán, egresados del mismo
departamento, así como las doctoras Hilda Morales, Angelina Flores y Sonia Morales, egresadas de universidades francesas, quienes cultivaron diversas líneas de investigación en áreas de química organometálica, productos naturales y síntesis orgánica. En la década de 1990 se incorporaron los doctores Armando Ariza, Bárbara Gordillo y Carlos M. Cerda García Rojas, todos egresados del Cinvestav, cuyo interés científico estuvo enfocado a temas de resonancia magnética nuclear, síntesis
orgánica y química de productos naturales.
La doctora Liliana Quintanar, egresada de la Universidad de Stanford (eua), y el doctor Jorge Tiburcio Báez, egresado de la unam, fueron recientemente contratados con el fin de abrir nuevas áreas interdisciplinarias en química bioinorgánica y supramolecular.


Departamento de Química Orgánica de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del ipn


Durante las primeras décadas de su fundación, el Instituto Politécnico Nacional (ipn) contaba con investigación en química orgánica dirigida por los doctores Pablo Hope y José Erdos en el Departamento de Química de
la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (encb). Más adelante, en la década de 1960, uno de sus estudiantes, el doctor Guillermo Carvajal, realizaría diversos trabajos en el desarrollo de gaba-anticonvulsionantes. El doctor Cuauhtémoc Pérez fue durante la década de 1970 investigador en el mismo departamento, enfocando su interés en la síntesis
de compuestos con actividad farmacológica. No fue hasta 1981 que nació el programa de posgrado en química bioorgánica por iniciativa del doctor Alfredo Héber Muñoz, quien fue egresado de la encb en licenciatura, así como de la maestría en química orgánica de la depfq y realizó su doctorado en la Universidad Rockefeller, y con el apoyo del maestro en ciencias Filiberto Vázquez Dávila, ambos miembros del Departamento de Química Orgánica. Es así que en la encb se constituyó uno de los primeros posgrados en química orgánica del país, y cuya investigación estaría respaldada con la participación de otros investigadores como los doctores Héctor Salgado Zamora, Sergio Ferriño Elias y Joaquín Tamariz Mascarúa, todos formados en la depfq en su programa de maestría en ciencias, y luego doctorados en las universidades de East Anglia (Reino Unido), Indiana (eua) y de Lausana (Suiza), respectivamente. Se abordarían proyectos en química heterocíclica, síntesis orgánica y en el estudio de reacciones pericíclicas. El doctor Héber Muñoz fue pionero en México en la síntesis de péptidos en fase sólida, en razón de haberse formado en el grupo del profesor Bruce Merrifield, de la Universidad Rockefeller y ganador del premio Nobel por sus descubrimientos en esta área. En la década de 1990, el doctor Joaquín
Tamariz logró el fortalecimiento de la infraestructura analítica del departamento (1991), y creó el programa de doctorado (1995). Asimismo, logró consolidar el cuerpo de
investigadores con el ingreso de los doctores Gerardo Zepeda Vallejo, egresado del Cinvestav, Francisco Delgado Reyes, quien realizó su doctorado en el Instituto de Química de la unam, y Hugo A. Jiménez Vázquez, doctorado en la Universidad de Yale (eua). Con su incorporación, se diversificaron las líneas de investigación, ya que fue posible abordar estudios en química de productos naturales, síntesis
asimétrica, química organometálica y química computacional. Más tarde se incorporaron los doctores Alicia Reyes Arellano, Francisco Díaz Cedillo y Javier Peralta Cruz, quienes egresaron de la maestría en química bioorgánica y obtuvieron sus doctorados en la Universidad de Essen (Alemania), la primera, y en el Cinvestav, los dos últimos. Con estos investigadores, el Departamento de Química abrió una nueva línea de investigación en química supramolecular y se fortaleció el área de síntesis orgánica y de productos naturales. Finalmente, en la década del 2000, el doctor Eleuterio Burgueño Tapia (egresado del Cinvestav, y proveniente del grupo de investigación en química de la Unidad Profesional upibi del ipn) ingresó para apoyar el área de química de productos naturales. El impulso de proyectos de investigación multidisciplinarios en colaboración con colegas de las áreas biológicas, particularmente, de farmacología, toxicología y biología, llevó en 1997 a la creación del posgrado unificado de maestría y doctorado en ciencias quimicobiológicas, lo cual atrajo el interés a egresados de otras instituciones y enriqueció la producción científica del Departamento de Química Orgánica.


Universidad Autónoma del Estado
de Morelos y el ciq


La Universidad Autónoma del Estado de Morelos (uaem) fue fundada en 1953; sin embargo, un año antes, cuando aún llevaba el nombre de Instituto de Educación Superior del Estado de Morelos, se creó la Escuela de Ciencias Químicas, con la carrera de químico industrial. Los primeros laboratorios de investigación en química orgánica surgieron con la creación de la maestría en química orgánica en la División de Estudios de Posgrado en 1977, estando en la rectoría el químico industrial Sergio Figueroa Campos. Las líneas de investigación iniciales fueron en química
de productos naturales, a cargo del doctor Alfredo Ortega Hernández, y en síntesis orgánica bajo la dirección del doctor Gabriel Alvarado Urbina, quien era director de la Escuela de Ciencias Químicas. En 1996, siendo rector
de la uaem el maestro en ciencias Gerardo Ávila García, y con la participación como responsable del doctor Guillermo Delgado Lamas, del Instituto de Química de la unam, se creó el doctorado en ciencias químicas, incluyendo a la química orgánica. Al mismo tiempo, se fundó el Centro de Investigaciones Químicas (ciq) que tuvo como promotora del proyecto a la doctora Patricia E. García y García, y como coordinador al doctor Eusebio Juaristi, miembro del Departamento de Química del Cinvestav. El primer coordinador del doctorado y también del ciq fue el doctor Mario Fernández Zertuche, quien había sido investigador en
el departamento de investigación de Syntex (Cuernavaca, Morelos). Como continuación a las primeras líneas de investigación, los investigadores del ciq desarrollaron proyectos enfocados en las áreas de química de productos naturales y de síntesis orgánica, las cuales se fueron fortaleciendo con la incorporación de numerosos investigadores. Es así que en la década del 2000, el ciq contaba con cuatro investigadores en síntesis orgánica: doctor Mario Fernández Zertuche (graduado en 1987 de la Universidad de California, en Irving), doctor Mario Ordóñez Palacios (egresado en 1995 de la Universidad de Sevilla), doctor Jaime Escalante García (graduado en 1995 del Cinvestav) y la doctora Irma Linzaga Elizalde (graduada del Cinvestav en 2003); así como con seis investigadores en química de productos naturales: doctoras Laura Patricia Álvarez Berber, María Yolanda Ríos Gómez, María Lorena Vázquez Navarrete y María Luisa del Carmen Garduño Ramírez, y doctor Ismael León Rivera (egresados de la unam durante
los años 1996 a 2002), y la doctora Angélica Berenice Aguilar Guadarrama (egresada de
la uaem).


Facultad de Ciencias Químicas
e Instituto de Ciencias
de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla


La Benemérita Universidad Autónoma de
Puebla (buap) ha contado con una larga tradición en química que ha sido ampliamente reseñada en un artículo reciente. Los cursos de química se impartieron como parte del plan
de estudios de la carrera de químico farmacéutico en 1921, la cual se convertiría posteriormente en la carrera de químico farmacobiólogo y en 1952 se creó la licenciatura en química, con la integración de un laboratorio de química orgánica. Al final de casi dos décadas de vicisitudes y etapas de reorganización y consolidación de la buap, se inició el desarrollo de grupos de investigación, y en 1974 se creó el Instituto de Ciencias (icuap). En este último, en 1984 se creó la maestría en química, con la participación del departamento de química orgánica de la entonces Escuela de Ciencias Químicas, donde, diez años después, se abrió el programa de doctorado en química orgánica. Finalmente, quedarían fusionados los estudios de posgrado en un solo programa institucional (maestría y doctorado en ciencias químicas) compartido entre las dos instituciones: la Facultad de Ciencias Químicas y el icuap. La Facultad de Ciencias
Químicas habría de tener una planta académica muy numerosa que estuvo integrada por los doctores Leticia Quintero, Jesús Sandoval, Aurelio Ortiz, Socorro A. Meza, Sara Montiel, Fernando Sartillo, Martha Sosa y Rosa Luisa Meza. Las líneas de investigación estuvieron relacionadas con síntesis orgánica y síntesis asimétrica. En el Centro de Química del icuap, la investigación se centró en la síntesis de alcaloides, bajo la dirección de los doctores Dino Gnecco, Alberto Galindo, Jorge Juárez, Joel L. Terán y Laura A. Orea.


Instituto de Investigaciones
Químico Biológicas de la Universidad Michoacana de San Nicolás
de Hidalgo


El Instituto de Investigaciones Químico Biológicas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (iiqb) se estableció por acuerdo del Consejo Universitario el 27 de mayo de 1976, con la finalidad de fomentar la investigación científica fuera del ámbito de
la ciudad de México. La participación del doctor Manuel V. Ortega, como director adjunto de Investigación Científica del Conacyt, y del doctor Saúl Villa Treviño, por parte del Cinvestav, fue fundamental para la creación del instituto, proceso en el que intervinieron los rectores doctores Luis Pita Cornejo y Jaime Genoveva Figueroa Zamudio. La planta académica del iiqb estuvo conformada por los doctores Esther García Garibay, Víctor M. Rodríguez Alcocer, por el maestro en ciencias Héctor Juárez Salinas y por el doctor Virgilio Mendoza González, quien fungió como primer director del instituto en 1976, y todos egresados del Cinvestav. Los doctores García Garibay y Mendoza González iniciaron sus actividades de investigación con el estudio químico y fitoquímico de productos naturales. Poco tiempo después se incorporaron los doctores Juan Diego Hernández Hernández y Luisa U. Román Marín, también egresados del Cinvestav y cuya línea de investigación fue la química de productos naturales, y el maestro en ciencias José A. Guzmán Barriga, quien trabajó en síntesis orgánica, que fue la línea de investigación de su posgrado en la unam. En años recientes, se inició una etapa de fortalecimiento del área química del iiqb, con la colaboración del doctor Francisco Méndez Ruiz de la uam Iztapalapa, promoviéndose la contratación de los jóvenes investigadores doctores Luis Chacón García, Rafael Herrera Bucio, Claudia A. Contreras Calderón, Judith A. Aviña Verduzco y Rosa Elva del Río Torres, egresados de la unam, de la encb, de la Universidad Complutense de Madrid, del Cinvestav y de la uap, respectivamente. Esto permitió abrir nuevas líneas de investigación como la síntesis y el diseño molecular de fármacos,
la síntesis de compuestos organometálicos, la síntesis orgánica y la química computacional, así como fortalecer la química de productos naturales.

Centro de Graduados e Investigación en Química del Instituto Tecnológico de Tijuana


El Centro de Graduados e Investigación en Química (cgiq) del Instituto Tecnológico de Tijuana (itt) fue creado en 1980, inicialmente, con el nombre de Centro Regional de Estudios de Graduados e Investigación Tecnológica (cregit), y en 1981 inició su programa de maestría en química. El primer grupo de profesores encargado de las actividades académicas y administrativas del cregit quedó
integrado por personal que ya prestaba sus servicios en el propio itt; entre ellos se encontraban los doctores Diego Muñoz Fernández, Jorge Huacuz Villamar, Leendert de
Witte, Arturo Díaz Borunda y Manuel Flores Arce, así como el físico Felipe Ramírez Romero y el ingeniero Pascual Montenegro. Pocos meses después de iniciado el programa se contrataron profesores de reconocido nivel académico, ellos fueron la doctora Olivia de la Luz Rojas, egresada del Cinvestav, la doctora Katja Lindenberg, de la Universidad de Cornell, el doctor Vasil K. Babamov de la Universidad de Illinois, el doctor Shui Wai Lin Ho,
el doctor Barry McQuillan, de la Universidad de California en Berkeley, el doctor Ratnasamy Somanathan R., de la Universidad de Sheffield, el doctor Lars H. Hellberg, de la Universidad Estatal de San Diego, y los maestros en ciencias Ramón Espino R. y Armando Castañeda, de la Universidad Estatal de San Diego. De estos profesores, el doctor Ratnasamy Somanathan Ramasamy fue el encargado del área de química orgánica. La cercanía del cgiq con la Universidad de California,
en San Diego, permitió crear un convenio de colaboración del cual se benefició la planta académica del posgrado y de la licenciatura, ya que muchos profesores realizaron sus estudios de posgrado y docencia en química. Además, tanto el programa de maestría como de doctorado, este último se crearía en 1992, recibirían a numerosos profesores
de la universidad americana como conferencistas y docentes. Actualmente, en química orgánica se encuentran en activo ocho investigadores, los doctores Ratnasa-
my Somanathan, Miguel P. Parra Hake, Ignacio A. Rivero Espejel, Lars Harry
Hellberg, Gerardo Aguirre Hernández, Domingo Madrigal Peralta, Georgina Esther
Pina Luis y Daniel Chávez Velasco, quienes están asociados a líneas de investigación, como síntesis de compuestos con actividad biológica, síntesis asimétrica y en fase sólida, haciendo uso también de técnicas de química combinatoria.


Centro de Investigaciones Químicas
de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo


El Centro de Investigaciones Químicas (ciq) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (uaeh) fue sede del Programa de Maestría y Doctorado en Química (Opción Química Analítica) desde su creación en 1996. El ciq se constituyó en 1985, formando parte del entonces Instituto de Ciencias Exactas (ice) de la uaeh, mismo que cambiaría de nombre en 2001 por el de Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería (icbi). Este mismo año, el programa de posgrado, que venía fungiendo bajo la responsabilidad del ice y del Instituto de Nacional de Investigaciones Nucleares (inin) de Toluca, Estado de México, conservó su pertenencia al icbi y se desligó del inin. La constitución del programa de posgrado se logró gracias a un esfuerzo conjunto de diversos miembros de la comunidad universitaria. Por una parte, el licenciado Juan Manuel Camacho Bertrán, como rector de la uae, el maestro en ciencias Álvaro Cerón Beltrán, como director del ciq, y el ingeniero Carlos Herrera Ordóñez, como profesor del ice; por la otra, los doctores J. Roberto Villagómez Ibarra y Alberto J. Gordillo Martínez, como investigadores del ciq. A través de una década, el ciq se fortaleció con una amplia y moderna infraestructura analítica y con la contratación de numerosos investigadores formados en diversas disciplinas de la química. En el ámbito de la química orgánica, los doctores J. Jesús Martín Torres Valencia y J. Roberto Villagómez Ibarra, ambos egresados del Departamento de Química del Cinvestav, dedicaron su estudio a la química de productos naturales. La síntesis orgánica recibió una atención muy especial, ya que se incorporaron seis investigadores, los doctores Alejandro Álvarez Hernández, Heráclio López Ruiz, Myriam Meléndez Rodríguez, Susana Rojas Lima y Óscar Rodolfo Suárez Castillo, el primero de ellos egresado de la Universidad de Indiana (eua) y los demás del Departamento de Química del Cinvestav; más recientemente, y como alumna egresada del ciq, la doctora Maricruz Sánchez Zavala ingresó para fortalecer esta línea de investigación. Investigadores de formación organometálica, como la doctora Verónica Salazar Pereda (Cinvestav), establecieron una fuerte colaboración interdisciplinaria con los orgánicos, enriqueciendo la calidad y versatilidad de la producción científica.


Centro de Investigación
y Estudios de Posgrado
de la Facultad de Ciencias
Químicas de la Universidad
Autónoma de San Luis Potosí


En 1987 se creó el laboratorio de investigación en química orgánica del Centro de Investigación y Estudios de Posgrado de la Facultad de Ciencias Químicas (ciepfq) de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (uaslp). Fue en 2003 que se constituyó el posgrado en ciencias químicas, con la participación del ingeniero Jaime Valle Méndez como rector de la uaslp, el doctor Jorge F. Toro Vázquez como director de la Facultad de Ciencias Químicas y la doctora Elisa Leyva Ramos como coordinadora del posgrado. El posgrado estuvo integrado por las áreas de geoquímica ambiental, fisicoquímica, bioquímica y química orgánica. Los investigadores de estas áreas colaboraron en proyectos conjuntos, entre los cuales se pueden mencionar a los doctores Elisa Leyva Ramos, Socorro Leyva Ramos, Roberto Quezada y María del Socorro Santos Díaz, egresados de diversas instituciones, como de la Universidad de Ohio (eua), de la Universidad McMaster (Canadá), Cinvestav y de la propia Facultad de Ciencias Químicas.


Posgrado e Investigación
en la Facultad de Ciencias
Químicas de la Universidad de Colima


La Escuela de Ciencias Químicas (ecq) de la Universidad de Colima (uc) se creó en 1980, y en 1989 adquirió el estatus de facultad al abrirse el posgrado en metalurgia. Aunque de muy reciente creación (2004), el doctorado en ciencias químicas logró en 2006 constituirse como posgrado de excelencia con una planta académica de quince profesores de tiempo completo. Las principales áreas de investigación fueron química ambiental, química de materiales, química orgánica y organometálica. De estas últimas, han participado investigadores egresados del Cinvestav y de la unam, como los doctores Julio Hernández Díaz, Ángel A. Ramos Organillo, Armando Pineda Contreras y Francisco Martínez Martínez, este último fungiendo como coordinador del programa.

Posgrado en Ciencias Químicas
de la Facultad de Química
de la Universidad Autónoma
del Estado de México


La Facultad de Química de la Universidad
Autónoma del Estado de México (fcuaem) fue fundada como Instituto de Ciencias Químicas (icq) en 1970, iniciando con las licenciaturas de químico y de químico farmacéutico biólogo. En 1985 adquirió el estatus de facultad con un primer posgrado en ecología, y en 2007 se constituyó el posgrado en ciencias químicas (maestría y doctorado) con cinco áreas de conocimiento: farmacia, ingeniería química, química analítica, química inorgánica y química orgánica. La primera cátedra de química orgánica fue impartida en el icq por el memorable doctor Humberto Estrada Ocampo, quien fue el tercer doctor en química orgánica graduado de la unam (1952). En 1977 se crearon los primeros departamentos de investigación en la fcuaem, fungiendo como jefe del Departamento de Química Orgánica el maestro en ciencias Efrén Rojas Dávila, quien fuera posteriormente director de la facultad y rector de la universidad. La investigación fue sustentada con los proyectos dirigidos por los doctores Eduardo Cortés Cortés, Eduardo Díaz Torres y Raymundo Cruz Almanza, todos ellos investigadores del Instituto de Química de la unam. Entre los investigadores en el área de química orgánica que participarán en el programa de posgrado de reciente creación, se encuentran los doctores David Corona Becerril, Moisés Romero Ortega, Aydeé Fuentes Benítez y Carlos González Romero, egresados de la unam los dos primeros y de la encb los dos últimos. Más recientemente se incorporó el doctor Erick Cuevas Yáñez, egresado también de la unam. Las líneas de investigación se encuentran ubicadas, principalmente, en la síntesis de compuestos con actividad biológica y desarrollo de metodología sintética.


Investigación en Química Orgánica
en la Universidad Veracruzana


La investigación en química orgánica en la Universidad Veracruzana (Xalapa) se remonta a 1980, cuando los doctores Miguel Ángel Domínguez Ortiz y Ana Leonor Aguilera se incorporaron al Instituto de Ciencias Básicas (icb), al cabo de sus estudios de posgrado en el área de química de productos naturales con el doctor Xorge A. Domínguez en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (itesm). Un año después, se unió al grupo la doctora María Cristina Díaz González y, de 1983 a 1985 se incorporaron los profesores Raúl Cortés García y Jesús Samuel Cruz Sánchez. En 1986, el icb se trasladó a sus instalaciones actuales y logró en tres años la contratación de nuevos investigadores, los doctores María del Rosario Hernández Medel, Ricardo Tovar Miranda y Lorenzo Sagrado Nieves, y, más recientemente (1998), del doctor Ángel R. Trigos Landa, especializados en química de productos naturales y síntesis orgánica. Gracias a un apoyo de infraestructura compartido entre el Conacyt y la Universidad Veracruzana, en 1997 se adquirieron diversos equipos analíticos, los cuales fueron destinados a una nueva Unidad de Servicios de Apoyo en Resolución Analítica (sara), con el objeto de prestar servicios a toda la universidad.
La dirección de esta unidad estuvo a cargo del doctor Samuel Cruz, con la contratación de
los doctores Óscar García Barradas y Fernando Rafael Ramos Morales, egresados del Cinvestav y dedicados a la investigación en síntesis orgánica. Entre 2003 y 2004, mediante el programa de repatriación del Conacyt, la Unidad sara contrató a los doctores Zaira J. Domínguez Esquivel y Omar D. Muñoz Muñiz, también egresados del Cinvestav. La planta de investigadores se consolidó con la incorporación, entre 2005 y 2007, de las doctoras Magali Salas Reyes, Maribel Vázquez Hernández y María R. Mendoza López, especializadas en síntesis orgánica y electroquímica, todas egresadas del Cinvestav. Por su parte, el cib contrató, más recientemente, dos nuevos investigadores, los doctores Raúl Cortés García, egresado de la Universidad de Londres (ru), y Sergio Durand Niconoff, doctorado de la Universidad Autónoma de Puebla, quienes apoyaron las áreas de síntesis orgánica y química teórica, respectivamente.

Posgrado en Química
de la Universidad de Guanajuato


En 1996, y con la participación del licenciado Juan Carlos Romero Hicks, como rector, y del químico Fernando Amézquita López, como
director de la Facultad de Química, en la Universidad de Guanajuato (ug) se fundó el Posgrado Institucional en Química. En el área de química orgánica, el programa contaría con investigadores como los doctores Susana Bravo y Eduardo Peña Cabrera, quienes egresaron de las universidades de Florida y Notre Dame (eua), respectivamente. Más recientemente, se hizo énfasis en fortalecer las áreas de síntesis orgánica vía radicales y catalizada con complejos metálicos de transición, al incorporar a los doctores Rocío Gámez Montaño, egresada de la unam, y Miguel Ángel Vázquez Guevara, egresado de la encb.


Enseñanza e investigación
de la química orgánica en Nuevo León


En 1948 el doctor Xorge Domínguez se incorporó al Departamento de Química del Tecnológico de Monterrey, logrando establecer con éxito la investigación en el campo de la fitoquímica. En esta etapa se incrementó la publicación de artículos científicos en revistas de prestigio internacional, y la interacción con grupos de alto nivel académico en el extranjero. En 1961, con el surgimiento de la Escuela de Graduados se creó la maestría en química, con especialidad en química orgánica, y en 1968 se inició el programa de doctorado en ciencias químicas con especialidad en química orgánica, programa que se mantiene hasta ahora.

La química orgánica también se desarrolló en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Nuevo León (uanl), en donde se han impartido cursos en la licenciatura (químico clínico biólogo) desde 1983, y en el posgrado (maestría y doctorado en ciencias con especialidad en química biomédica) a partir de 1985. En 1980 se inició la investigación en química orgánica en el área de productos naturales a cargo de la doctora Noemí Waksman, asociada al Departamento de Farmacología y Toxicología de dicha facultad. A partir del 2000, todas estas actividades de docencia e investigación se han llevado a cabo en el Departamento de Química Analítica de la misma facultad, donde las principales tareas de investigación se centraron en dos grandes líneas: a) Aislamiento biodirigido de productos naturales con actividad farmacológica, y b) Desarrollo, validación y aplicación de métodos analíticos. Entre los profesores investigadores que se desempeñaron en estas líneas se pueden mencionar a las doctoras Verónica Rivas Galindo y Rosalba Ramírez Durón, y al doctor Alejandro Pérez López. Este grupo de trabajo ha tenido varios apoyos para sus proyectos de investigación, incluyendo uno de infraestructura para instalar el único equipo de rmn con que cuenta la uanl.


Investigación y posgrado en química de la Universidad Autónoma Metropolitana


En la unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana (uam-i) se creó en 1977 el Departamento de Química para apoyar a la licenciatura en química, y al doctorado en química. Aunque careciendo de un área propia de química orgánica, algunos investigadores como los doctores Eduardo González y Francisco Méndez Ruiz, especializados en síntesis orgánica y química orgánica teórica, respectivamente, llevarían a cabo proyectos en esta área. En la unidad Azcapotzalco (uam-a), la investigación se realizó al interior del área de química del Departamento de Ciencias Básicas, en los laboratorios de Síntesis Orgánica y de Química de Materiales, bajo la responsabilidad de los doctores Humberto Cervantes Cuevas, Cirilo García Martínez y Guillermo E. Negrón Silva. En la unidad Xochimilco (uam-x), el doctor Héctor Luna Contra ha llevado a cabo proyectos de síntesis con catálisis enzimática.


Investigación en química orgánica
en la Universidad de las Américas


Como institución de educación superior privada, la Universidad de las Américas, campus Cholula, Puebla, constituyó una de las pocas excepciones entre el conjunto de instituciones privadas, ya que prácticamente desde la creación del Departamento de Química y Biología (dqb) en 1991, un año después de la fundación de la Escuela de Ciencias, se realizaron actividades de investigación. Aunque sin programa de posgrado, estas actividades impactaron positivamente en el nivel académico de la licenciatura en química. El primer jefe del dqb fue el doctor Ángel R. Trigos, quien fundó el laboratorio de productos naturales, especializándose en el estudio químico de hongos, y que estaría en funciones hasta 1998, año en que el doctor Trigos fue contratado por la Universidad Veracruzana en Xalapa. Por otro lado, en 1995 se fundó el laboratorio de síntesis orgánica bajo la dirección de la doctora Cecilia Anaya de Parrodi, egresada del Cinvestav, quien dirigió un gran número de tesis de licenciatura y de posgrado orientadas a la síntesis asimétrica. Esto último gracias a la colaboración con la doctora Leticia Quintero de la Facultad de Ciencias Químicas de la buap. En 1999 el laboratorio de productos naturales reinició sus actividades con la llegada del doctor Eugenio Sánchez Arreola, también egresado del Cinvestav, quien orientó su estudio a la química de plantas medicinales.


Investigación y posgrado
en la Facultad de Química de la Universidad Autónoma de Yucatán


El primer laboratorio de química en la Facultad de Química de la Universidad Autónoma de Yucatán (uady) que realizó investigación formal en el campo de la química orgánica fue el denominado Laboratorio de Análisis Especiales, durante la primera mitad de la década de 1980. Entre otros proyectos, se estudió el contenido de aminoácidos de cuatro especies forrajeras de la península de Yucatán, el cual llevaron a cabo los químicos Wilbert A. Villegas Casares y José M. Marrufo Gómez, y por el maestro en ciencias Miguel A. Pacheco Ortiz, egresado de la Universidad de New Castle. En 1989 se creó la maestría en ciencias químicas con el ingeniero Álvaro Mimenza Cuevas en la rectoría de la universidad, el químico farmacobiólogo Wilbert Villegas Casares como director de la facultad, y el maestro en ciencias Gaspar Mejía Sánchez como coordinador de la Unidad de Posgrado. En 1990 se fundó el laboratorio de investigación en química orgánica asociado al posgrado, con proyectos en los campos de la fotoquímica, del estudio fitoquímico de plantas medicinales y de la electroquímica, así como de la síntesis de heterociclos. Estos proyectos se desarrollaron con la participación de los profesores de la facultad, el doctor Manuel Barceló Quintal, quien egresó del Instituto de Ciencias y Técnicas de Montpellier, Francia, el maestro en ciencias Gaspar Mejía Sánchez, y los doctores José A. Manzanilla Cano (egresado de la unam), Gonzalo Joaquín Mena Rejón (egresado de la Universidad de La Laguna, Tenerife, España), Elda Ma. Quijano Cervera y Ma. América Delgado Herrera, estas últimas egresadas del Instituto Tecnológico de Mérida, y con el apoyo de los doctores Raúl Mocelo Castell, Yolanda Rodríguez Esteva, Carlos Pérez Martínez, Francisco Coll Manchado y Jesús M. Alpizar Lorenzo, de la Universidad de La Habana, Cuba. El posgrado se sustentó también en la participación de algunos egresados del posgrado de la uady, como los maestros Amilcar Aguilar González, José Chin Vera, Tania Coral Medina, Reyna Rendón Osorio, David Cáceres Castillo, Aída Rosa Pérez Espadas, Wendy Fanny Brito Loeza, Zulema
O. Cantillo Ciau, Ramiro Quijano Quiñones y Gumersindo Mirón López. Esto permitió implementar otras líneas de investigación, como la evaluación farmacológica de productos naturales, semisintéticos y sintéticos. Otras instituciones que colaboraron en el fortalecimiento del posgrado, aparte de la Facultad de Química de la Universidad de La Habana, Cuba, fueron el Centro de Investigación Científica de Yucatán (cicy) y el Instituto de Química de la unam.

BIOLOGIABIOLOGIA_HOME.htmlshapeimage_6_link_0
INICIOEMC_COSMOS_HOME.htmlshapeimage_22_link_0
DIVULGACION DE LA CIENCIADIVULGACION_DE_LAS_CIENCIAS.htmlshapeimage_24_link_0
RECTORIA GENERALhttp://livepage.apple.com/http://www.uam.mx/identidad/himno/index.htmlshapeimage_26_link_0
UAM IZTAPALAPAhttp://livepage.apple.com/http://www.izt.uam.mx/shapeimage_28_link_0
Presentación particular

Historia de la Química en México

Química analítica

Fisicoquímica

Química de elementos representativos

Química orgánica

Química de coordinación

Química organometálica

Biofisicoquímica

Química supramolecular

Química teórica

Química verde

Electroquímica
QUIMICA_HOME.htmlHISTORIA_DE_LA_QUIMICA.htmlHISTORIA_DE_LA_QUIMICA.htmlQUIMICA_ANALITICA.htmlFISICOQUIMICA.htmlQUIMICA_DE_ELEMENTOS.htmlQUIMICA_DE_ELEMENTOS.htmlQUIMICA_DE_CORDINACION.htmlQUIMICA_DE_CORDINACION.htmlQUIMICA_ORGANOMETALICA.htmlBIOFISICOQUIMICA.htmlQUIMICA_SUPRAMOLECULAR.htmlQUIMICA_TEORICA.htmlQUIMICA_VERDE.htmlELECTROQUIMICA.htmlshapeimage_30_link_0shapeimage_30_link_1shapeimage_30_link_2shapeimage_30_link_3shapeimage_30_link_4shapeimage_30_link_5shapeimage_30_link_6shapeimage_30_link_7shapeimage_30_link_8shapeimage_30_link_9shapeimage_30_link_10shapeimage_30_link_11shapeimage_30_link_12shapeimage_30_link_13shapeimage_30_link_14

13 de octubre de 2009

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