Cecilio Álvarez-Toledano / José Guadalupe López-Cortés


La complejidad y las aplicaciones de las moléculas polifuncionalizadas y nuevos materiales han estimulado la investigación en todas la áreas de la química, con el fin de acortar rutas sintéticas, tiempos de reacción, aumentar rendimientos y selectividad al introducir los grupos funcionales deseados.

En este contexto, la química organometálica es una de las áreas más importantes e interesantes de la química contemporánea, al incluir en su ámbito de estudio a todos los compuestos en los que un metal se une a una especie orgánica a través de un átomo de carbono. La química organometálica es una rama muy amplia y necesariamente interdisciplinaria.

La forma de dividir esta parte de la química es muy variada; por ejemplo, los compuestos organometálicos se han clasificado de acuerdo con el tipo de enlace que une a los átomos de carbono con los centros metálicos, en: organometálicos de los grupos s, p, d y f, que a su vez pueden ser iónicos o covalentes; también se clasifican por el número de enlaces entre el centro metálico y el fragmento orgánico, lo cual se conoce como hapticidad y se representa por la letra griega ηn; igualmente de acuerdo con la capacidad de los ligantes para ceder y/o aceptar pares de electrones como complejos con ligantes σ-donadores, σ-donadores / π-aceptores y π-donadores/ π-aceptores.

En las raíces del árbol genealógico de la química organometálica destacan tres científicos y los compuestos que cada uno de ellos sintetizaron: Zeise, en 1827, con la sal K[PtCl3(CH2=CH2)] que hoy lleva su nombre y cuya estructura no fue esclarecida sino hasta mediados del siglo xx; Frankland con el dietilzinc Zn(CH2CH3)2, en 1849, y el etil-litio CH3CH2Li, en 1864, y Grignard con el bromuro de etilmagnesio CH3CH2MgBr en 1899. A este último y sus análogos se les conoce actualmente como reactivos de Grignard (organohalomagnesianos).

Todos estos compuestos son utilizados en la actualidad para la formación de enlaces carbono-carbono por reacción con una variedad de compuestos orgánicos (aldehídos, cetonas, ésteres, etcétera). La preparación de los compuestos organomagnesianos y organolitiados permitió un avance importante en la química orgánica.

Sin embargo, no es sino hasta mediados del siglo xx, con la síntesis del ferroceno realizada por Pauson y Kealy, y la propuesta del enlace de retrodonación hecha por Wilkinson, que se pudo comprender la naturaleza del enlace entre ligantes insaturados y los metales de los grupos d y f, propiciando así que la química organometálica se desarrollara de manera vertiginosa hasta constituir en la actualidad una de las áreas más importantes de la química por el gran número de aplicaciones que de ella emanan.

Entre las primeras aplicaciones industriales de los complejos organometálicos se pueden citar: en 1923 el uso del tetraetilplomo [Pb(C2H5)4] como antidetonante en la gasolina; no obstante, este compuesto entró en desuso en la década de 1980, debido a que es un contaminante ambiental. En 1925 se desarrolló el proceso Fischer-Tropsch para la producción de hidrocarburos líquidos (gasolina, keroseno, gasóleo y lubricantes) a partir de gas de síntesis (CO y H2) y catalizadores a base de cobalto y hierro. En 1938, O. Roelen desarrolló el proceso oxo catalizado por cobalto para la obtención de aldehídos y alcoholes a partir de olefinas. El descubrimiento, en la década de 1950, por Ziegler y Natta, de los catalizadores a base de titanio y aluminio para
la polimerización controlada de olefinas es otra de las contribuciones importantes a esta área, todos estos procesos catalíticos siguen utilizándose ampliamente.

Entre los científicos que han contribuido al desarrollo de la química organometálica, varios han sido galardonados con el Premio Nobel, Victor Grignard por el descubrimiento e implicaciones del reactivo de Grignard en la química orgánica en 1912; Ernst Otto Fischer y Geoffrey Wilkinson en 1973 por su contribución a la química de los llamados compuestos “sándwich” y, recientemente, en 2005, Ives Chauvin, Robert H. Grubbs y Richard R. Schrock por el desarrollo de la reacción de metátesis en la síntesis orgánica.


Principios básicos de la química organometálica


Los metales de transición han sido estrictamente definidos como elementos con orbitales d o f parcialmente llenos, ya sea como átomos o como metales en estados de oxidación negativo, positivo o cero. El gran número de elementos de transición que esta definición comprende se subdivide en tres grupos principales: a) Los elementos de transición principales o elementos del bloque d; b) Los elementos lantánidos, y
c) Los elementos actínidos.

A continuación se mencionarán los principios básicos de la química organometálica de los elementos de transición principales, los cuales tienen parcialmente llenos sus orbitales d, que son los que tienen más importancia en la formación del enlace en sus correspondientes compuestos organometálicos. Los metales de este grupo al tener cinco orbitales d parcialmente llenos, presentan una amplia gama de estados de oxidación y números de coordinación.

La naturaleza del metal es crítica para entender la reactividad de los compuestos organometálicos, los principales conceptos de interés son: el estado de oxidación, el número de electrones d sobre el metal en el estado de oxidación considerado, el número de coordinación del metal y la facilidad de éste para formar sitios vacantes de coordinación.

El estado de oxidación se define como la carga que queda sobre el metal cuando todos los ligantes han sido retirados con su configuración electrónica normal, es decir, con todos sus pares de electrones. El estado de oxidación no es una propiedad física del metal y no puede ser medido; es sólo un formalismo que ayuda a contar el número de electrones. Las propiedades químicas de los ligantes no están siempre en concordancia con el concepto del estado de oxidación; así, los ligantes hidruro son siempre considerados con carga negativa, mismo si los hidruros en algunos compuestos organometálicos son fuertemente ácidos (HCo(CO)4).

Para fines prácticos se considera que en los compuestos organometálicos, en los cuales el metal se encuentra rodeado por los ligantes, todos los electrones de valencia (los del último nivel de energía) se encuentran en los orbitales d (Tabla 1).

El conocimiento del número de electrones d en los compuestos organometálicos de los metales de transición es primordial para entender la regla de los 18 electrones (la suma de los electrones d del metal más los proporcionados por los ligantes nunca debe exceder 18). La regla de los 18 electrones determina el número máximo de ligantes permitidos para cualquier metal, en cualquier estado de oxidación. Los complejos que contienen 18 electrones están coordinativamente saturados, por lo no pueden aceptar un ligantes más; aquellos que no tienen 18 electrones alrededor del metal están coordinativamente insaturados, es decir, tienen un sitio vacante de coordinación.

Los sitios vacantes son importantes en los procesos catalíticos, ya que los sustratos se deben coordinar al metal antes de reaccionar. Hay una gran variedad de ligantes que pueden unirse a un metal de transición y su hapticidad se representa por la letra griega η con un número n colocado como subíndice derecho en ηn que indica el número de átomos unidos al metal. Un mismo ligante puede presentar diferentes modos de coordinación y por lo mismo diferente hapticidad; asimismo, los ligantes pueden ceder o retirar densidad electrónica, lo cual afecta la reactividad del centro metálico y como consecuencia pueden ser negativos, positivos o neutros (Tabla 2).

Los ligantes pueden ser:

a)tipo sigma, aquí el ligante dona directamente electrones a un orbital d vacío del metal.

b)tipo π, en este caso, existen dos tipos de enlace involucrados de acuerdo con el modelo de Chat, Dewar y Duncanson; así, tomando como ejemplo la molécula de etileno, el hidrocarburo insaturado dona el par de electrones del enlace π al metal y el metal dona electrones de uno de sus orbitales d llenos al orbital π de antienlace, a este fenómeno se le conoce como retrocoordinación.


A continuación se citan algunos ejemplos de la regla de los 18 electrones.

Otros de los conceptos fundamentales de la química organometálica es el proceso de adición oxidativa/eliminación reductiva (Figura a), el cual ocurre por la habilidad de los metales de transición de presentar diferentes estados de oxidación. El fenómeno consiste en que un metal de transición M coordinativamente insaturado (usualmente en un estado de oxidación bajo), en presencia de un sustrato A-B, forma un nuevo complejo A-M-B, en el cual el metal se ha insertado en el enlace A-B, y formalmente en el nuevo complejo el metal ha cedido un par de electrones y por lo tanto cambia su estado de oxidación en dos unidades. Al proceso inverso se le conoce como eliminación reductiva.

En general, los ligantes sigma donadores, como R3P, R-, y H-, al incrementar la densidad electrónica en el metal facilitan la adición oxidativa, mientras que los ligantes π-aceptores como el CO, CN y olefinas disminuyen la densidad electrónica del metal favoreciendo el proceso inverso llamado eliminación reductiva, que usualmente es el último paso en muchos procesos catalíticos y el mejor camino por el cual los metales de transición se utilizan en síntesis orgánica para la formación de enlaces carbono-carbono y carbonohidrógeno. Entre los sistemas de mayor utilidad práctica se encuentran el Ni0 o Pd0 Ni2+ o Pd2+ (d10 ® d8) y Rh1+ o Ir1+ Rh3+ o Ir3+ (d8 ® d6).

Igual de importante para la aplicación de los compuestos organometálicos en catálisis es el concepto de inserción migratoria, en el cual un ligante por lo usual insaturado se inserta formalmente en otro de los enlaces adyacentes metal-ligante, formando nuevos enlaces carbono-hidrógeno o carbono-carbono dependiendo de la naturaleza del grupo migrante. Las inserciones son normalmente reversibles y el grupo que migra retiene su estereoquímica (figura siguiente).

La inserción de monóxido de carbono a un enlace sigma metal-carbono es uno de los procesos industriales más importantes para la síntesis orgánica, ya que a través de él se prepararán compuestos carbonílicos como aldehídos, cetonas o ácidos carboxílicos en forma eficiente y limpia (figura siguiente).

Otro tipo de inserción importante es la de metal-hidrógeno (paso clave en la hidrogenación catalítica de olefinas), la reacción inversa se conoce como β-eliminación de hidrógeno; para que ocurra este fenómeno es necesario la existencia de un sitio vacante en posición cis sobre el metal.

Debido a las características descritas previamente para los complejos de los metales de transición, uno de los usos más importantes es su empleo como catalizadores, actuando como especies coordinativamente insaturadas, ya sea a 14 o 16 electrones. Como ejemplo podemos citar los ciclos catalíticos para la hidrogenación de olefinas (Figura b), hidroformilación (proceso OXO) (Figura c) y acoplamientos carbono-carbono (Figuras d y e), en los cuales se presenta la mayoría de los procesos descritos anteriormente.


La química organometálica en México


Si bien algunos compuestos organometálicos, como los reactivos de Grignard, los alquil-litio, etcétera, han sido utilizados ampliamente en México desde su descubrimiento, sobre todo por los químicos orgánicos, la química organometálica como disciplina formal se inició en México en el último cuarto del siglo xx.

Definir con exactitud cuándo se inicia la química organometálica en México no es fácil, pudiéndose decir que fue en el Instituto Mexicano del Petróleo donde se dan los primeros pasos, siendo jefe de la Subdirección de Investigación Científica Aplicada el doctor Leopoldo García-Colín Sherer, y jefe del Departamento de Catálisis el doctor Joaquim Martins Ferreira Filho. La doctora Susana Chow Pangtai, por su parte, es quien inicia los primeros estudios en catálisis homogénea, que implica la formación intrínseca de entidades organometálicas como intermediarios de reacción.

Las primeras tesis realizadas en esta área fueron dirigidas por el doctor Jacobo Gómez Lara (uno de los químicos mexicanos que más influencia ha ejercido en varias áreas de la química, siendo en la química inorgánica donde tuvo su mayor contribución) en 1972 en el Instituto de Química de la unam, asesorando a los entonces químicos Armado Cabrera Ortiz y Cecilio Álvarez Toledano, quienes obtuvieron el grado de maestros en ciencias (1973), otorgado por la División de Estudios Superiores de la Facultad de Química de la unam. En 1974, el doctor Jacobo Gómez Lara y los maestros en ciencias Armado Cabrera Ortiz y Cecilio Álvarez Toledano obtuvieron el segundo premio nacional de tecnología química auspiciado por Celanese Mexicana, con el trabajo intitulado “Un nuevo sistema catalizado en fase homogénea para la hidroformilación de olefinas específicamente del eteno”.

Sin embargo, el primer trabajo en el que se informa sobre la preparación y aislamiento de un compuesto organometálico, el η5-ciclopentadienil-S-fenisulfinato trifenifosfina de níquel II, se encuentra informado en la tesis de maestría de Abilio P. Anaya Pajuelo, dirigida por el doctor Jacobo Gómez Lara y presentada en la División de Estudios Superiores de la Facultad de Química de la unam en 1974.

En colaboración con el doctor Gómez Lara, sus alumnos Juan Manuel Fernández y Raymundo Cea estudiaron en 1977 reacciones de carbonilación utilizando como catalizadores complejos de paladio y como ligante al norbornadieno, lo que dio lugar a la tesis de licenciatura “Carbonilación de Norbornadieno”, presentada en la Universidad Autónoma de Puebla por la alumna Leonor Madero García.

Si bien estos hechos pueden considerarse como los inicios de la química organometálica en México, esta área no se desarrolló ampliamente en nuestro país sino hasta la incorporación de estudiantes mexicanos en diferentes instituciones que habían realizado sus estudios doctorales en el extranjero. Aunado a lo anterior, se da el fortalecimiento de esta disciplina por las estancias posdoctorales en el extranjero de jóvenes doctores formados en México.

Entre los principales centros de investigación en donde se inicia la química organometálica en México, podemos mencionar al Instituto de Química y la Facultad de Química de la unam, el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del ipn (Cinvestav), la Universidad de Guanajuato y el Instituto Tecnológico de Tijuana.

A este respecto, podemos citar la estancia posdoctoral del doctor Juan Manuel Fernández con el profesor Lord Jack Lewis en la Universidad de Cambridge (Inglaterra) en 1976, quien a su regreso al Instituto de Química de la unam inicia el estudio de cúmulos metálicos carbonílicos, su labor de investigación se ha centrado en el estudio de cúmulos, principalmente de osmio y rutenio (figura siguiente), como el: [OS3(CO)10(C2φ2)]. Actualmente, desarrolla la síntesis de compuestos organometálicos mononucleares de rutenio (II) y de cúmulos heteronucleares de triosmio y carburos arénicos
de hexarutenio, como el tetrafluoroborato de acetonitrilo(η5-ciclopentandienil)-bis(trifenilfosfina)rutenio (II).

El doctor Noé Rosas se incorpora al Instituto de Química de la unam desde 1970, realiza su doctorado en la Universidad Autónoma Metropolitana bajo la dirección del doctor Ricardo Gómez Romero y ha implementado la síntesis de diferentes compuestos organometálicos con hierro, cobalto, níquel y rodio para utilizarlos como precursores catalíticos en reacciones de hidroformilación, carbonilación y cianohidroxicarbonilación en fase acuosa (Figura j).

En el mismo instituto, el doctor Armando Cabrera Ortiz se integra como investigador asociado al grupo del doctor Gómez Lara en 1982, y obtiene su doctorado bajo la dirección del doctor Francis Petit en la Universidad de Ciencias y Tecnologías de Lille (ustl), en Francia, en 1987. Posteriormente, en 1990, lleva a cabo una estancia posdoctoral en la Universidad de Ottawa, en Canadá, con el profesor Howard Alper. El doctor Cabrera ha mantenido una línea constante de investigación en catálisis homogénea hacia la activación de moléculas pequeñas, reacciones de hidrogenación y carbonilación (Figura g), utilizando catalizadores con metales de transición y transición interna.

El doctor Cecilio Álvarez Toledano se incorpora de manera definitiva al Instituto de Química en 1984, después de obtener el doctorado de estado en la Universidad Pierre y Marie Curie (París, Francia), bajo la dirección del doctor Henri Rudler, trabajando con carbenos metálicos de Fischer para modelar el primer paso del mecanismo de la reacción de metátesis de olefinas. A partir de ese momento, el doctor Álvarez ha cultivado la química organometálica en tres vertientes: la síntesis y reactividad de carbenos de Fischer del grupo VI; el estudio de los modos de coordinación en ligantes de conjugación cruzada vis a vis de Fe2(CO)9, y complejos de paladio (II) para su utilización en la activación de enlaces C-S (Figura h) y la polimerización de etileno.

El doctor Álvarez mantiene una colaboración con el doctor Rudler en el desarrollo de métodos de activación de complejos arénicos y piridinas para la síntesis de lactonas con actividad farmacológica. Algunos de los doctores graduados bajo la dirección del doctor Álvarez continúan trabajando en química organometálica, así mantiene una estrecha colaboración con la doctora María del Carmen Ortega Alfaro, profesora en la Facultad de Química de la unam, quien trabaja en la coordinación de ligantes polidentados para la obtención de complejos polinucleares de carbonilos de hierro y rutenio, así como con el doctor José Guadalupe López Cortés, investigador titular en el Instituto de Química, quien desarrolla (después de una estancia posdoctoral en el lcc-cnrs Toulouse, Francia, con el doctor Jean Claude Daran), la síntesis y propiedades catalíticas de complejos ferrocénicos heterodinucleares (Figura i).

Al grupo de investigadores del Instituto de Química que realiza como su quehacer científico la química organometálica, se incorpora en 1992 el doctor Noé Zúñiga Villarreal, quien se ha ocupado de estudiar la interacción de ligantes orgánicos acíclicos insaturados de cinco miembros, como el pentadienilo C5H7 [análogo abierto del ciclopentadienilo, Cp(C5H5)] y los ácidos tetrafenilimidodifosfínicos del tipo (C6H5)2P(E)NHP(E)(C6H5)2, donde E = O, S y Se, con compuestos carbonílicos del manganeso y renio.

Más recientemente, se incorpora al Instituto de Química el doctor David Morales Morales, después de obtener su doctorado en la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, bajo la dirección del profesor Jonathan R. Dilworth. Las líneas de investigación que desarrolla son la síntesis de compuestos organometálicos tipo pinza (Figura j) con ligantes híbridos de fósforo y azufre, para su posterior evaluación como precursores catalíticos.

Por otro lado, a la Facultad de Química de la unam se incorpora en 1975 la doctora Lena Ruiz Azuara, después de obtener su doctorado en la Universidad de Edimburgo, bajo la supervisión del profesor Anthony T. Stephenson. Inicialmente, la doctora Lena Ruiz desarrolló la línea de investigación con compuestos organometálicos olefínicos de rutenio con ligantes donadores de fósforo y nitrógeno, realizando importantes contribuciones sobre el mecanismo de hidrogenación de diolefinas. Bajo su supervisión, se formaron muchos estudiantes, entre los que destacan Diana Cruz y José Antonio Chamizo.

Cabe destacar que en 1996 el doctor Chamizo y el doctor Jorge Morgado fueron los compiladores del primer libro sobre la química organometálica en español publicado en México, editado por la unam (cuyos autores fueron: Cecilio Álvarez, Hugo Torrens, Jorge Cervantes, Jorge Morgado, José Antonio Chamizo, Juventino García y María de los Ángeles Paz Sandoval).

Posteriormente, Diana Cruz inicia sus estudios de doctorado bajo la supervisión del doctor Hugo Torrens Miquel, quien se incorpora a la Facultad de Química en 1978, después de realizar estudios doctorales en la Universidad de Glasgow, y junto con José Antonio Chamizo forman el grupo de organometálica de la Facultad de Química de la unam.

Como consecuencia lógica a la llegada de los investigadores antes citados a la Facultad
de Química, surge una tercera generación de químicos organometálicos formados en México, entre quienes se puede citar a los doctores Juventino García Alejandre y Érika Martin Arrieta, que se incorporan posteriormente como profesores a la Facultad de Química. Actualmente siguen trabajando en el área: Hugo
Torrens en procesos sintéticos y estudio del comportamiento dinámico de compuestos organometálicos de metales nobles y ligantes fluorazufrados; Juventino García, centrado principalmente en sistemas capaces de activar enlaces C-S en derivados de tiofeno, y Érika Martin, desarrollando procesos catalíticos promovidos por compuestos organometálicos, abarcando desde catálisis asimétrica hasta procesos bifásicos enfocados en química verde.

En el Cinvestav, la química organometálica se inició de manera sistemática a partir de 1983, cuando la doctora María de los Ángeles Paz Sandoval se integra al cuerpo académico del Departamento de Química de dicha institución al obtener su doctorado en la Universidad de Londres, dirigida por el doctor Paul Powell, dedicándose actualmente al estudio de moléculas análogas a los metalocenos, con ligantes acíclicos, con la idea de establecer un estudio comparativo entre los ligantes ciclopentadienilo y pentadienilo. Con el estudio sistemático de estos sistemas, incluyendo especies isoelectrónicas, con diversos estados de oxidación, metales de transición y ligantes heterodienilo (Figura k) se han podido establecer las diferentes maneras de enlazarse de estas nuevas moléculas, la diferente y relativa reactividad de las mismas, y con ello se ha podido predecir y modelar transformaciones importantes que ocurren en los ciclos catalíticos.

Posteriormente, la doctora María de Jesús Rosales Hoz, quien realizó sus estudios de maestría en México bajo la dirección del doctor
Juan Manuel Fernández, y su doctorado en Cambridge, bajo la asesoría de Lord Jack Lewis, se incorpora al Cinvestav en 1991; su trabajo se ha centrado en estudios de reactividad de cúmulos metálicos carbonílicos de rutenio y osmio con diversos tipos de ligantes como eninos, iminocalcogenfosfinatos y otras moléculas que contienen átomos de fósforo y azufre como átomos donadores que han demostrado capacidad para activar enlaces de diferente tipos, característica importante en los sistemas catalíticos.

Entre los alumnos egresados del Cinvestav, que pasaron a formar parte de su grupo de investigadores, se encuentra la doctora Teresa Mancilla Percino, cuya línea de investigación es la síntesis, caracterización, análisis estructural y estudios fisicoquímicos de los compuestos organometálicos de estaño IV. De la misma manera, podemos mencionar al doctor Norberto Farfán, cuyo grupo de investigación ha desarrollado a través de los años en el mencionado centro y actualmente en la Facultad de Química de la unam compuestos organometálicos de estaño y boro con aplicaciones en óptica no lineal.

En la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del ipn, el doctor Francisco Delgado Reyes ha desarrollado una sólida investigación en la química organometálica empleando como sujeto de estudio a los carbenos metálicos del grupo VI (carbenos de Fischer) utilizándolos para su aplicación en síntesis orgánica (Figura l).

En la Universidad de Guanajuato, el doctor Jorge Cervantes Jáuregui inició la investigación en química organometálica en 1981, sobre la hidrosililación catalítica con un proyecto
en colaboración con el doctor Keith Pannell
de la Universidad de Texas en El Paso (utep). Actualmente, el doctor Cervantes es el investigador responsable del programa de investigación en química y tecnología de silicio. En el mismo programa colaboran el doctor José Alfredo Gutiérrez Fuentes, la doctora Eulalia Ramírez Oliva y el doctor José Antonio Villegas Gazca.

En la misma universidad laboran los doctores Eduardo Peña Cabrera, Albino López y Miguel Ángel Vázquez en la utilización de compuestos organometálicos en síntesis orgánica y catálisis, utilizando como metales de transición al hierro, paladio, iridio, cromo, tungsteno y molibdeno.

Otro de los pioneros de la química organometálica en provincia es el doctor Miguel Parra-Hake, que en el Instituto Tecnológico de Tijuana, en 1980 inicia estudios relacionados con la formación de enlaces carbono-carbono a partir de complejos π-alílicos de paladio. El doctor Parra-Hake ha establecido una amplia red de colaboradores tanto nacionales como extranjeros (entre otros los profesores Luis Oro, de la Universidad de Zaragoza, España, y Patrick Walsh, de la Universidad de Pensilvania, usa), desarrollando de esta manera la síntesis de ligantes nitrogenados y su interacción con metales de transición para su aplicación a la catálisis homogénea.

Actualmente, están en vía de consolidación varios grupos de investigación en química
organometálica en algunas universidades de provincia, que desarrollan líneas variadas
utilizando una amplia gama de metales de transición y que han hecho importantes contribuciones a nivel internacional. Se pueden mencionar, entre otros, a la doctora Verónica Salazar, de la Universidad Autónoma de Hidalgo; al doctor Herbert Hopfl, en la Universidad Autónoma de Morelos; a la doctora Maribel Arroyo Carranza, en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; el doctor José Román Torres Lubian, la doctora Odilia Pérez Camacho y el doctor Gregorio Cárdenas Pliego, del Centro de Investigación Aplicada en Saltillo, Coahuila.

La descripción anterior no pretende cubrir todos los fundamentos de la química organometálica; su propósito es proporcionar un panorama general al describir someramente algunos de los conceptos básicos y aplicaciones en catálisis, el lector interesado podrá profundizar su conocimiento en este campo al consultar libros de texto, compendios enciclopédicos y revistas especializadas en las cuales se informan los últimos avances de la investigación en este campo.

En la actualidad, la química organometálica es una de las áreas fundamentales de la química, y aunque se han realizado avances sorprendentes, aún quedan retos por afrontar. La química organometálica debe ayudar en los próximos años a la disminución de la contaminación ambiental, desarrollando catalizadores capaces de activar hidrógeno, monóxido y dióxido de carbono en condiciones suaves para su aprovechamiento en la preparación de combustibles alternativos. Por otro lado, el desarrollo de materiales nanoestructurados es una de las preocupaciones actuales de los científicos en todo el mundo que trabajan en esta área. El desarrollo de la química verde y el desarrollo sustentable de los procesos seguramente implicará compuestos organometálicos solubles en agua y con propiedades que hagan posible su reaprovechamiento.


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13 de octubre de 2009

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