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La zoología: pasado, presente y futuro


José Ramírez-Pulido / Luis Alberto Talavera-Cisneros / Noé González-Ruiz


La palabra zoología en su acepción nominal deriva de las raíces griegas zwo, zoon, animal y logos, estudio, literalmente significa el estudio de los animales. Pero en el sentido formal, el diccionario de la lengua española define a la zoología como la ciencia que trata de los animales. Como una de las ramas de la biología, la zoología se encarga del estudio y el análisis de los animales en todas sus manifestaciones. Es “el estudio de la complejidad animal organizada” y el grupo que se conoció más rápidamente y mejor fue el de los cordados, ya que por sus características fue “aprovechado” desde tiempos prehistóricos. En este grupo quedan incluidos los peces, los anfibios, los reptiles, las aves y los mamíferos.



El hombre primitivo


El conocimiento de los animales, del llamado reino animal, se inició con la hominización misma, hace cerca de dos millones de años, a fines de la era Terciaria, en el Plioceno superior, ya que los primeros homínidos fueron carnívoros y caníbales, a diferencia de los monos antropomorfos que eran y son generalmente herbívoros. A finales del Pleistoceno, en el Paleolítico, con la cultura aurignaciense y la magdaleniense, se encontraron los llamados “restos de cocina”, valvas de moluscos, que nos indican el uso y el conocimiento que se tuvo de ese grupo animal. Las razas de Chancelade, Cromagnon y Grimaldi dejaron muestras de sus relaciones con el reino animal en sus pinturas rupestres, que han hecho famosas entre otras, a las cuevas de Montespan, de Lascaux, de los Tres Hermanos en Francia, y las de Altamira en España.


El arte rupestre es la representación gráfica de los animales que de una manera u otra tuvieron relación con los habitantes de esas épocas, ya fuera por su aprovechamiento en la alimentación, en el vestido, o por su facilidad de manejo y aún aquellos que por su fiereza eran de temer. Además, se han podido identificar grandes mamíferos como renos, osos, toros, caballos y mamuts; también se han identificado a nivel genérico invertebrados como algunos ortópteros cavernícolas. Por otra parte, la cerámica de todos los pueblos primitivos confirma la idea de que los conocimientos zoológicos son mucho más antiguos de lo que generalmente se cree, ya que en todas las expresiones artísticas de esos pueblos encontramos representaciones zoomórficas.



La ciencia de la zoología


La zoología como ciencia, parte de la premisa de que es la organización sistemática del conocimiento, con base en principios explicativos sujetos a la posibilidad de comparación y, por tanto, a la “clasificación”. En el caso que nos ocupa, los animales, una de las clasificaciones más antiguas que se ha conservado hasta nuestros días, tuvo su origen hace más de 2 000 años antes de nuestra era y es la que aparece en el Antiguo Testamento, como parte de la Biblia. Ahí se dice “…produzca la tierra animales vivientes de cada especie, a toda ave de los cielos, a toda sierpe sobre la tierra, peces en el mar, aves en los cielos y bestias y todas las alimañas de la tierra”.


Los griegos aunque sin una ciencia formal, tuvieron conocimientos científicos. Los primeros intentos de clasificación se conocen desde el año 400 a.C., en las obras de Aristóteles, quien fue el primero en idear un sistema de clasificación de los animales, el análisis que hizo del reino animal fue de tal manera valioso que duró casi 20 siglos. Tomó en cuenta la similitud básica, el tipo de reproducción, el hábitat que ocuparon los distintos niveles de organización y la adaptación al medio. Su Historia animalium contiene descripciones acuciosas de animales de Grecia y de Asia Menor. Aristóteles se interesó también por la estructura, por la forma y por la función de los organismos. Fue el primer científico en la historia de la biología en utilizar el género como categoría taxonómica en un sistema de clasificación, aunque de mayor amplitud que el actual. El concepto que tuvo para género fue pez o ave. También se percató de las diferencias entre los órganos análogos y homólogos a los que definió de la manera en que los conocemos hoy día.


El hombre tenía conocimiento solamente de los animales macroscópicos ya fueran vertebrados o invertebrados. Fue hasta principios del siglo xvii, con la invención del microscopio, cuando pudieron conocerse los animales microscópicos.


Antoni van Leeuwenhoek, de Delft, Holanda, rico comerciante en telas, es considerado el fundador de la microbiología y por ende de la protozoología. Investigador nato, el holandés talló sus propias lentes y construyó microscopios simples, lupas, con los que logró obtener hasta 270 aumentos. De sus cartas a la Real Sociedad de Londres, destaca la del 7 de septiembre de 1674, que marca la fecha del descubrimiento de los protozoarios, “animálculos” como él los llamó. Sin embargo, el primer protozoario identificado, una vorticella, es reportado en su carta núm. 18 de fecha 9 de octubre de 1676, considerada como el “Acta de nacimiento de la protozoología”. Fue el 4 de noviembre de 1681 cuando Leeuwenhoek describió un parásito en sus propias heces fecales, identificado por Dobel como Giardia lamblia.


Durante mucho tiempo, a los animales se les conoció con los nombres que las diversas comunidades les daban. También es cierto que el nombre se podía formar de una sola palabra o de un párrafo en donde se ponderaban sus cualidades, sus atributos. Todo cambió con la propuesta de Carolus Linnaeus, quien propuso por primera vez un sistema de clasificación racional del mundo vivo. La décima edición de su obra, Systema Naturae, 1758, es el fundamento de la sistemática zoológica. Su clasificación en principio reconoce que toda especie debe ser conocida por dos nombres uno que a manera de sustantivo se le asigna al género y el otro a la especie que será a manera de sustantivo calificativo. El primero debería escribirse con mayúscula y el segundo con minúscula, de esta manera nació el sistema de nomenclatura binominal, que comprende siete niveles jerárquicos básicos. El nivel superior es el reino, en orden descendente siguen el phylum, la clase, el orden, la familia y el género y por último, está la especie constituida por los elementos indivisibles con autoría funcional, organismos, individuos, y es la unidad de partida. Por otra parte, el naturalista sueco dividió al reino animal en seis clases: mammalia, aves, amphibia, pisces, insecta y vermes. La clase vermes la dividió a su vez en: intestina, mollusca, testacea, litophyta y zoophyta.


Actualmente, la zoología comprende diversas Ramas que constituyen grupos bien definidos divididos en dos grandes niveles: phyla major y phyla minor. Los phyla minor están constituidos por 20 grupos. Son organismos generalmente marinos con escasas especies, poco estudiados, pero de gran importancia en la filogenia del reino animal. Se les llama también vermídeos y a la mayoría de los grupos aún se les considera como insertae sedis.



México prehispánico


El mundo prehispánico fue poseedor de una vasta cultura botánica, y sus conocimientos zoológicos no fueron menores. Tan es así, que las representaciones zoomorfas en los códices tenían nombres precisos para designarlas, tal es el caso de los capullos de los insectos, a los que llamaban cochipilot, de cochi, dormir y pilot, colgar, el que duerme colgado.


Los antiguos mexicanos obtenían proteínas animales de la caza, de la pesca y de la recolección por la carencia de animales domésticos, ya que sólo contaban con algunas especies como el perro, el guajolote, Meleagris gallopavo, y la chachalaca, Ortalis vetula, por ello, la fuente principal de proteínas fueron animales silvestres como peces, ranas, ajolotes, iguanas y numerosas aves silvestres así como armadillos, conejos, coatís, tepezcuintles y venados, entre otros. Cabe señalar que los insectos también desempeñaron un papel importante en su alimentación. Entre ellos están los chapulines, Sphenarium sp., hormigas de miel, Mirmecocystis mellinger, escamoles, Lasius eskamoles, jumiles, Atizies sp., gusanos de maguey y larvas de algunas mariposas.


El interés por los animales no se centró exclusivamente en las especies que utilizaron en la alimentación. Tuvieron amplios conocimientos de la ecología y de la biología de las diversas especies de su entorno. Conocieron e identificaron muchas especies por el canto, por la forma y el tipo de nido, por la época de reproducción, por el número y la morfología del huevo, por las huellas, por las excretas, por el pelo, por las mudas, por el tipo de madriguera. La relación que tuvieron con los animales fue estrecha, dejaron constancia de la utilidad de la grasa, de partes blandas o partes óseas del cuerpo de ciertas especies, con fines puramente medicinales. Otras especies bien reconocidas fueron pródigas como filtros y otras más para curar penas de amores. Fue muy apreciado el colorante rojo que obtuvieron del insecto Dactylopius coccus, al que los indígenas conocían con el nombre de nocheztli, sangre de la tierra, y al que los españoles nombraron cochinilla de la grana.


Una prueba fidedigna del interés que nuestros antepasados tenían por la zoología, quedó documentada en los testimonios de Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo, sobre el parque zoológico que existió en México-Tenochtitlan, y que albergaba numerosas especies de aves, de mamíferos y de reptiles nativos del territorio mexicano.


En la segunda carta de relación que Hernán Cortés le envió a Carlos V el 30 de octubre de 1520 menciona que, había leones, tigres, lobos zorras y gatos… y hasta un bisonte conseguido en las amplias llanuras al norte del Río Grande. Así que, estaban encargados de la cría, cuidado de aquel gran museo zoológico animado, hombres conocedores de todos los achaques de la zoología, que tenían separados los animales por tribus, por familias y por especies. Bien conocida es también la grande habilidad y perfección que llegaron a adquirir los mexicanos en la disección y embalsamamiento de los mamíferos…


El palacio del Tlatoani Motecuzoma Xocoyotzin, se hallaba frente a la gran plaza que contenía los múltiples adoratorios del Templo Mayor, hoy cerca de la Plaza de la Constitución, desde lo que es el actual costado occidental de la Catedral Metropolitana. El parque zoológico se extendía desde su inicio en el palacio mismo, con el totocalli o casa de las aves, la tecuancalli o casa de las fieras y el recinto dedicado a serpentario… “En todas o en las más [jaulas] había leones (pumas), tigres (ocelotes o jaguares), lobos, zorras y gatos… adives (coyotes).



México colonial


En 1540 el obispo fray Juan de Zumárraga solicitó a Felipe II, rey de España, la creación de una universidad en la ciudad de México. Posteriormente, el virrey Antonio de Mendoza hizo las gestiones necesarias con el mismo propósito, para que tanto la población indígena como los hijos de los españoles recibieran educación superior. El 21 de septiembre de 1551, el rey Felipe II expidió en Toro la real cédula que disponía fundar "estudio e universidad, con los privilegios, franquicias y libertades de que gozaba la Universidad de Salamanca, España” a la cual se le dio el nombre de Real y Pontificia Universidad de México. En esa época no se enseñaban las ciencias naturales.


Durante el virreinato, es decir, en los tres siglos de dominación española, el desarrollo de la disciplina biológica lamentablemente se interrumpió. Fue una época de estancamiento, los españoles traían la idea de un país expansionista y utilitario, y el interés general se centró en la explotación de los recursos naturales. A pesar de ello, la corona española tuvo el suficiente interés para conocer los recursos naturales de sus colonias, tan es así que, en el segundo y tercer volumen de las Obras completas de Francisco Hernández, aparece con el título Historia Natural de la Nueva España lo que escribió el “Protomédico e Historiador del Rey de España Don Felipe II, en las Indias Occidentales, Islas y Tierra Firme del Mar Océano” en su viaje a la Nueva España de 1571 a 1576. En el volumen II, el “Tratado primero” se refiere a la “Historia de los Cuadrúpedos”… y es verdaderamente sorprendente la exactitud con la que se dibujaron los armadillos, tanto el de 9 bandas, Dasypus novemcinctus, como el de 12, Cabassous centralis, dibujo en el que representaron con fidelidad los cinco dedos de los miembros anteriores, especie cuyo primer registro moderno de México data de 1989. En esta obra monumental, el “Tratado segundo” se dedicó a las aves, el tercero a los reptiles, el cuarto a los insectos y el quinto a los animales acuáticos. Es también sorprendente que incluyó tanto a los de agua dulce como a los marinos y lo mismo se refirió a corales que a peces, anfibios, reptiles y mamíferos. Resulta evidente que el profundo conocimiento documentado en este tratado es herencia legítima del conocimiento del México prehispánico.


A fines del siglo xviii Francisco Javier Clavijero, el ingeniero militar Miguel Constanzó, José de Gálvez, José Longinos Martínez y otros más, ya alimentaban la idea de crear un museo abierto a ciertos sectores. Sin embargo, a quien debe atribuirse la concepción del futuro Museo Nacional Mexicano, es igualmente impreciso ¿puede considerarse a Lucas Alamán como su artífice o debe buscarse la génesis en el antecedente Gabinete de Historia Natural? El 25 de agosto de 1790 se inauguró el Gabinete de Historia Natural considerado como el primer museo público, aunque ya había abierto sus puertas desde abril. El local en donde estuvo se ubicó en la añeja calle de Plateros núm. 89, conocida también como San Francisco, hoy Francisco I. Madero, y su primer director fue el naturalista José Longinos Martínez.


Otra actividad importante fue la Real Expedición Científica a la Nueva España, de 1786 a 1803, que fue responsable de la creación del Jardín Botánico y en gran medida del Gabinete de Historia Natural, cuyo propósito final era el envío de colecciones inéditas a España. En la Gaceta de México del 27 de abril de 1790, se publicaron sus objetivos y como dato curioso, se destacó la existencia de 17 osamentas de elefantes. El Gabinete permaneció por 12 años en ese lugar, hasta su traslado al Colegio de San Ildefonso en 1802 y años después durante la guerra de independencia varios de los objetos que exhibía fueron trasladados al edificio de la Universidad Pontificia, más para su salvaguarda que para una presentación adecuada.



México independiente


Al restablecimiento de la república, el presidente Benito Juárez promulgó la Ley Orgánica de Instrucción Pública, el 2 de diciembre de 1867, preparada por Gabino Barreda y Francisco Díaz Covarrubias. El decreto creaba unas instituciones y reorganizaba otras, entre ellas la Escuela Nacional Preparatoria, la Escuela de Medicina, la Escuela de Minería, la Escuela de Naturalistas y el Jardín Botánico.


La cátedra de zoología se creó años después que la de botánica en la universidad, pero en el Colegio de Minería apareció en 1844 a cargo de Joaquín Velázquez de León (1803-1882), quien la impartió junto con geología hasta 1851. Después esta cátedra fue ocupada por Miguel Velázquez de León (1830-1890), Pío Bustamante y Javier Stávoli. De 1836 a 1854 Manuel Moreno y Jove impartió zoología en la universidad. A partir de 1867 Alfonso Herrera Fernández y José de Jesús Sánchez enseñaron zoología en la Escuela Nacional Preparatoria. Alfonso L. Herrera hijo es autor de Ornitología mexicana y José de Jesús Sánchez de Zoología médica.


En el siglo xix llegaron a México varios científicos extranjeros que participaron activamente en el desarrollo de la zoología, entre ellos destacan las figuras de los médicos franceses Alfredo y Eugenio Dugés quienes ocuparon sitios destacados en la zoología mexicana como maestros, recolectores de material biológico e investigadores de la fauna del país. Eugenio Romain D. Dugés (1833-1895) llegó a México en 1865 y se estableció en Morelia después de vivir en Guanajuato. De manera especial estudió los coleópteros, formó una colección importante y escribió diversos trabajos al respecto. Su hermano Alfredo Augusto Dugés (1826-1910) llegó a nuestro país en 1852 y radicó en Guanajuato, en donde fundó el Museo de Historia Natural del estado. Su producción científica se publicó en las principales revistas de la época. Además escribió dos libros importantes: Programa para un curso de zoología, en 1878, y Elementos de zoología, en1884. José de Jesús Sánchez fue uno de los primeros en impulsar el estudio de la entomología médica, al grado que se le considera el padre de esta ciencia en México.


Muchos fueron los hombres que forjaron las ciencias naturales del siglo xix y su labor fue variada. Figura muy destacada en el campo de la zoología fue el médico Lauro M. Jiménez, que estudió los helmintos y junto con Gabino Barreda impartió historia natural médica en la Escuela Nacional Preparatoria. El farmacéutico y naturalista Alfonso Herrera Fernández (1838-1901) brilló por su labor docente como profesor de botánica y zoología. Varias veces se ha mencionado al doctor José de Jesús Sánchez, brillante zoólogo, director del Museo Nacional de Historia Natural en 1909 y miembro de casi todas las sociedades científicas de su época, así como profesor en las instituciones más importantes. Otros son Alfonso L. Herrera (1860-1942), su obra fue cardinal, hizo catálogos sobre todas las especies de vertebrados; sus estudios sobre el origen de la vida, que él llamó “plasmogenia”, fueron conocidos mundialmente. Cultivó la ornitología y la parasitología agrícola, creó el zoológico de Chapultepec e impulsó el Museo de Historia Natural del Chopo.


Algunos aspectos históricos interesantes para el conocimiento del desarrollo de la zoología en nuestro país, se encuentran en diversos artículos publicados en la Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural y en los Anales de la Sociedad de Historia de la Ciencia y la Tecnología cuyo nacimiento se remonta a 1969.


En relación con la fecha de fundación de la Sociedad Mexicana de Historia Natural no hay acuerdo unánime, una fecha corresponde al 29 de agosto y la otra al 6 de septiembre, pero ambas de 1868.


La Comisión Geográfica Exploradora fundada en 1877, tuvo como objetivo conocer los recursos naturales de la nación mexicana.


En el siglo xix en la ciudad de México había tres instituciones de alta cultura, el Museo Nacional de Historia Natural, el Instituto Médico Nacional, fundado el 14 de agosto de 1890 y la Comisión Geodésica de Tacubaya, antes Comisión Geográfica Exploradora que estuvo bajo la dirección de Fernando Ferrari-Pérez. Con ese legado se arriba al siglo xx. Estas instituciones se fusionaron el 2 de octubre de 1915 para crear la Dirección de Estudios Biológicos, en sesión solemne en la sala de juntas del Instituto de Biología General y Médica bajo la presidencia del ingeniero Pastor Rouaix, subsecretario encargado del despacho de la Secretaría de Fomento.


En 1913, cuando se funda el Museo Nacional de Historia Natural conocido como Museo del Chopo, una parte importante del acervo del Museo Nacional se incorporó al edificio originalmente denominado como Palacio de Cristal. Su inauguración ocurrió el 1 de diciembre de 1913, fecha en la que Victoriano Huerta ocupaba la presidencia de la república, aunque la formación del nuevo museo fue por decreto del presidente anterior, el general Porfirio Díaz. Las colecciones de “aves, plantas, reptiles, conchas fósiles, minerales, insectos, crustáceos, etcétera” que se formaron en la Sociedad Mexicana de Historia Natural desde su fundación, en 1910, pasaron al Museo Nacional de Historia Natural, como resultado de la asimilación de la Sociedad al Museo, lo que sucedió el 1 de octubre.


El 11 de julio de 1929 se establece la autonomía de la Universidad Nacional de México, aunque fue hasta el 19 de agosto de 1933, cuando el Congreso de la Unión le dio formalidad. En 1929 el profesor Alfonso L. Herrera había entregado los bienes de la Dirección de Estudios Biológicos al rector y cuando en ese mismo año, el profesor Isaac Ochoterena fundó el Instituto de Biología, las colecciones del Museo del Chopo pasaron al Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es así como se dio inicio a las colecciones nacionales de los diversos grupos zoológicos.


Con la creación de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, el 19 de diciembre de 1938 y al incorporarse la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas al Instituto Politécnico Nacional en 1938, nacieron dos instituciones que han jugado un papel relevante en el estudio de la zoología mexicana. En el mismo sentido está la ahora, Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que surgió como Escuela de Ciencias Biológicas el 19 de septiembre de 1952, en el Instituto de Investigaciones Científicas, adjunto de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras cuya influencia ha sido determinante en la zoología del noreste del país.


El 1 de enero de 1974 se fundó la Universidad Autónoma Metropolitana y con ella el Departamento de Biología en la División de Ciencias Biológicas y de la Salud, de la Unidad Iztapalapa. Esta institución con una modalidad en la parte terminal de la licenciatura en biología, ya que en los tres últimos trimestres de la carrera se cursaban a manera de áreas de concentración académica; una de ellas fue el área de zoología, que fue un diseño que más tarde adoptaron otras universidades.


En la década de 1970 con la fundación de Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), se dio impulso a la investigación en el campo de la zoología y al mismo tiempo, se crearon departamentos, centros e institutos en diversas universidades mexicanas, se modificaron planes y programas de estudio en escuelas y facultades y en muchas de ellas hubo un reconocimiento formal para la zoología. Pero también se crearon centros de investigación dependientes del Conacyt, posteriormente se transformaron en centros SEP-Conacyt y actualmente como al inicio, centros Conacyt. Varios de ellos, con fuerte vocación zoológica y con amplia producción científica en el campo.


En ese escenario el número de profesionales de la zoología aumentó de manera exponencial, teniendo a la taxonomía y a la sistemática como basamento fundamental. Pero esta actividad no se limitaba a una tarea meramente descriptiva, es cierto que es parte de su función, pero no es la única. Como resultado se proporciona información importante para estudios de ecología, zoogeografía, anatomía, fisiología, bioquímica y etología, entre otras.


La actividad del zoólogo pasa por varias facetas: recolección, preparación, manejo, mantenimiento y análisis, actividades que demandan apoyos de infraestructura y técnica para obtener las unidades de referencia que dan fundamento a la zoología contemporánea.


Un catálogo de los profesionales dedicados a los diversos campos de la zoología es una tarea no realizada todavía, aunque algunos intentos se han consumado. El primer desafío que enfrentamos es que ignoramos el número de profesionales de la zoología, tanto en la docencia como en la investigación. Los investigadores profesionales los califica el Sistema Nacional de Investigadores (sni), pero tenemos conocimiento de profesionales que sin pertenecer al sni, desempeñan labor meritoria en investigación zoológica.


Lo más aproximado al problema es el listado de las especialidades que se cultivan en el país: protozoología, cnidarología, helmintología, malacología, carcinología, entomología, acarología, aracnología, ictiología, herpetología, ornitología, mastozoología y zoología en general. Así como otras disciplinas con relaciones tan cercanas con la zoología: acuacultura, arqueozoología, bentos, biología marina, entomología médica, hidrobiología, micropaleontología, oceanografía biológica, paleontología de vertebrados, paleozoología, parasitología agrícola, parasitología médica, parasitología veterinaria y plancton.



Estado actual


En México, la zoología como ciencia ha atravesado por diversas etapas. Una fue la que cultivaron los primeros naturalistas interesados en el conocimiento de la historia natural per se. Otra fue de recolección de especímenes y de información, etapa que se caracterizó por la publicación de cantidad de trabajos de corte descriptivo. Esta actividad no ha terminado, en virtud de que no se han completado los inventarios faunísticos de todos los grupos ni de todas las regiones del país. Esta razón justifica que hoy día se siga cultivando todavía, en relación directa con el grupo zoológico o con la región geográfica particular motivo de estudio. Y una tercera que ve un aumento importante en el número de investigadores, aunque no tantos como sería deseable y necesario, y en quienes se observan claras muestras de trabajo analítico y de síntesis. Cada vez más se recurre a las ciencias experimentales y a la herramienta matemática, y como consecuencia directa, en varios casos se incursiona ya en la aplicación y en el aprovechamiento de los conocimientos logrados.


Si bien es cierto que lo realizado hasta ahora nos permite tener un conocimiento de la diversidad biológica en algunos grupos zoológicos como en los vertebrados terrestres, también es cierto que mucho es lo que nos falta por conocer en otros, como en los protozoarios y en otros grupos de invertebrados, particularmente los artrópodos.


Cuando se revisa la literatura especializada de prácticamente todos los grupos zoológicos, y se analiza la distribución geográfica conocida, es fácil constatar que existe una gran diversidad de regiones geográficas pobremente conocidas; que la distribución altitudinal y latitudinal de muchas especies no es bien conocida, y que al comportarse como metapoblaciones, es preciso identificar el aislamiento reproductor o genético para conocer a la especie; que la variación entre y dentro de las poblaciones es desconocida en la mayoría de las especies; que la biología de las especies nativas no se conoce; que los patrones de reproducción de casi todas ellas son un enigma y por lo tanto, los muestreos sistemáticos, rigurosos e intensos son necesarios y se justifican plenamente; más no como rutina profesional, sino con objetivos y metas claramente definidas.


La zoología en la segunda mitad del siglo xx y en lo que va del xxi, se ha diversificado y ha rebasado los límites de la clasificación, de la anatomía y de la morfología en general, como fue en sus inicios. Al extender su ámbito de estudio a otras disciplinas como la estadística, la genética, la ecología y la bioquímica, se ha trasformado en una ciencia interdisciplinaria que utiliza una gran variedad de técnicas cada vez más finas para la mejor comprensión del reino animal. El conocimiento acumulado demanda especialización y por ello, ya no es posible concentrarlo en una persona; de ahí las distintas especialidades: zoología de invertebrados, de artrópodos en general, y zoología de vertebrados. Los estudios de la zoología son cada vez más detallados, ahora se habla de ramas como la entomología, y dada la complejidad y amplitud del objeto de estudio, por necesidad, el profesional se ve compelido a encaminar sus esfuerzos a la especialidad en coleópteros, en dípteros o en lepidópteros, por citar sólo algunos ejemplos. En el caso de los vertebrados, aun cuando el número de especies es muy inferior al del grupo anterior y por ende no comparable, los métodos y técnicas de estudio para cada grupo son también diferentes; es menester conseguir la especialidad y es así que se habla por citar sólo algunas, de ictiólogos, herpetólogos, ornitólogos y mastozoólogos.


A este número reducido de especialidades habría que incorporar los diferentes temas que se cultivan dentro de cada una de ellas y sin duda, habría que añadir en el futuro aquéllas que sin desprenderse de la especialidad, con la incorporación de técnicas y métodos adecuados estar en posibilidad de explorar campos de la interfase que acerquen a las relaciones planta-animal, a la endocrinología zoológica, al comportamiento animal y a la bioquímica zoológica, entre otras.


Durante muchos años la tarea fundamental de los zoólogos mexicanos fue ubicar jerárquicamente y proponer nombres a las especies nuevas para la ciencia, así como para otras categorías supraespecíficas, actividad taxonómica que se prolongó durante muchos años y que hoy todavía persiste con marcada actividad en algunos grupos zoológicos y por un número importante de investigadores; sin embargo, también es cierto que cada día son más los zoólogos que abordan otro tipo de problemas y con la participación de otras disciplinas diversifican el campo profesional, para acercarse especialmente a la ecología en vertebrados.


Es apremiante la necesidad de apertura del mercado de trabajo. Hoy en día las instituciones están saturadas y no se percibe, en el corto plazo, la formación de otras con los estándares mínimos que auguren un desempeño universitario aunque sea modesto, tampoco se avista el crecimiento de las actuales y mucho menos la implementación de una política seria que permitiera el relevo generacional. La investigación y la enseñanza de la zoología demandan planeación a corto plazo, de aquellas estrategias que les permitan renovar y enriquecer la planta académica actual, que en muchos casos ya no está a la altura de las necesidades que el país y el avance del conocimiento demandan. Un comentario que se hace con frecuencia, curiosamente desde otros campos del conocimiento, es la escasez de escuelas o liderazgos que hubiesen permitido la creación y desarrollo de grupos académicos consolidados claramente identificables.


Quizá una de las razones que expliquen ese fenómeno es que la zoología como otras ramas de la ciencia, ha actuado más por oportunidad que por un plan definido para atacar los problemas y por lo general, sigue la moda o la tendencia que marcan los métodos y técnicas generadas por lo regular en el extranjero. La falta de tradición académica en la investigación zoológica, entre otras causas, ha determinado que la crítica profesional seria quede ausente o sea complaciente y, por ende, que exista poco rigor, e inclusive carencia de autocrítica. Esto es más patente en algunos gremios y con profundas asimetrías en otros, aunque en todos ellos hay grupos académicos o colegas con fama bien ganada, bien reconocida y respetada, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Cuando jueces de otras áreas valoran el trabajo del zoólogo externan comentarios ácidos, despectivos a nuestro quehacer profesional, y le conceden escaso y hasta en no pocas ocasiones nulo valor. Probablemente son motivados por el desconocimiento de nuestra disciplina.


Si se revisa el “Informe General del Estado de la Ciencia y la Tecnología 2004” del Conacyt de acuerdo con el Institute for Scientific Publication (isi), en los 24 grupos de disciplinas que registró en el periodo de 1992 a 2003 se publicaron en México 45, 716 trabajos de los cuales, el 12.0% fue la contribución de plantas y animales, porcentaje que les permitió ocupar el tercer lugar nacional, sólo por debajo de la física, 20.3% y la medicina, 12.5%. Si el análisis se hace de acuerdo con la producción de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (ocde), se debe señalar que mientras los Estados Unidos publicaron el 34.02% en el periodo de 1999 a 2003, México ocupó el lugar 21 de los 30 que la forman, con el 0.67%. Sin embargo, en el contexto de los países de América Latina, la producción mexicana se ubicó en el segundo lugar, sólo por abajo de Brasil que tuvo el 1.42% en el mismo lapso. Aunque la información anterior no hace una separación de la producción científica de plantas y animales, por los datos mencionados, se colige que la actividad realizada por los zoólogos no es trivial; más aún, cuando de las 10 revistas mexicanas que procesó el isi, ninguna tiene relación con la zoología.


Por otra parte, también es satisfactorio constatar que en algunos campos de la zoología mexicana, se aprecian tendencias y autoridades cada vez más vigorosas en jóvenes investigadores que utilizan nuevos métodos y herramientas para producir trabajos de muy alta calidad científica. De la misma manera, el desempeño que tienen en congresos nacionales e internacionales es relevante y es sobresaliente la calidad de los trabajos que presentan.



Los grupos zoológicos estudiados


Los grandes grupos zoológicos de los que existen referencias corresponden a phyla major: Protozoa, Porifera, Cnidaria, Platyhelminthes, Nematoda, Annelida, Mollusca, Arthropoda, Echinodermata y Chordata. Es necesario precisar que en cada caso, la investigación ha sido muy diversa, tanto por la amplitud y la profundidad de los temas abarcados, como por el número de participantes a lo largo del tiempo. Con respecto a los phyla minor, se tienen pocas referencias de escasos grupos como por ejemplo en los Phyla Placozoa, Gastrotricha y Chaetognatha.


De lo antes mencionado se colige que es mucho lo que falta por conocer, que en la mayoría de los grupos existe un déficit marcado de especialistas y de grupos de investigación. Con formación académica, enfoques y metodología distintos, trabajarán en el corto, mediano y largo plazos en líneas de investigación interdisciplinaria, al contrario de lo que sucede en la realidad, ya que hasta la fecha el esfuerzo ha sido aislado y personal.


Es evidente que no en todas las áreas del conocimiento de la diversidad animal de nuestro país se avanza con igual ritmo y profundidad; que la masa crítica profesional que promueva cambios, que incida o que diversifique la metodología empleada o su objeto de estudio, acusa un marcado déficit que se ha mantenido y sostenido en los últimos 40 años; que los apoyos que ha recibido la disciplina son asimétricos, si se les compara con el que han recibido otros campos del conocimiento y aunque su contribución a la formación de recursos humanos es importante, acusa un desempleo inquietante. Es fácil percibir esta asimetría en los grupos zoológicos que se han estudiado en México, ya que en su conjunto la imagen que revelan es un mosaico.


No obstante lo anterior, la contribución que los zoólogos mexicanos han hecho al conocimiento científico en los diversos grupos de animales, se inscribe en una gran diversidad de temas.



La difusión del conocimiento


Por la necesidad de difundir de manera objetiva el conocimiento, es importante hacer referencia a la primera revista mexicana en donde se publicaron artículos de zoología, La Naturaleza. Periódico Científico de la Sociedad Mexicana de Historia Natural. En dicha publicación compuesta de 11 tomos únicamente y publicados entre 1869 y 1914, aparecieron un total de 690 artículos, de los cuales 273 estaban dedicados a muy diversos aspectos de la fauna mexicana.


Como la publicación de resultados es condición objetiva para evaluar la actividad académica de un profesional en zoología, en este apartado se incluyen en un cuadro todas las revistas mexicanas en donde se publican o han publicado sus trabajos y para tener una idea más acabada de la situación, arbitrariamente las hemos clasificado en cuatro grandes grupos, las dedicadas exclusivamente a la publicación de trabajos zoológicos, las de tipo general, que aceptan trabajos de zoología y de otras áreas de la biología; las ocasionales, que se publican de manera irregular, presentan trabajos sobre el tema y las de difusión o divulgación a diferentes niveles. Todas las revistas editadas en el país en donde aparecen artículos zoológicos, han contribuido substancialmente al conocimiento de los diferentes aspectos de la fauna mexicana, que se han estudiado tanto a nivel nacional como internacional.


Son 46 revistas nacionales, las que han constituido un apoyo fundamental para el análisis y la difusión de las características más relevantes de los animales que habitan en nuestro país y aunque todas ellas son rigurosamente arbitradas, y la mayoría es de circulación internacional, ninguna está indexada en el Science Citation Index y sólo cinco tienen registro en el padrón de excelencia del Conacyt.



Publicaciones periódicas


Exclusivas

Acta Zoológica Mexicana

Revista Mexicana de Biodiversidad, antes Anales del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México, Serie Zoología *

Cuadernos Mexicanos de Zoología

Folia Entomológica Mexicana

Publicaciones Especiales del Museo de Zoología de la Facultad de Ciencias

Revista Mexicana de Mastozoología

Revista de la Sociedad Mexicana de Lepidopterología


Generales

Agrociencias

Anales de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, ipn

Anales del Instituto de Biología, unam

Anales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología, unam

Anales de la Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y la Tecnología

Biotam

Biótica

Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana

Ciencia

Cuadernos de Trabajo, Instituto Nacional de Antropología e Historia

Hidrobiológica

La Naturaleza

Publicaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia

Revista de la Sociedad Mexicana de Historia Natural

Revista Latinoamericana de Microbiología y Parasitología

Revista Latino-americana de Microbiología *

Vertebrata Mexicana

Zoología Informa


Ocasionales

Actas de la Facultad de Ciencias de la Tierra, uanl

Biblioteca Universidad Veracruzana

Boletín de la Dirección de Estudios Biológicos

Boletín de la Sociedad Herpetológica Mexicana

Boletín del Instituto de Estudios Médicos y Biológicos

Boletín Informativo del Centro de Investigaciones Biológicas, uanl

Cenzontle

Memorias de la Sociedad Científica Antonio Alzate

Publicaciones Biológicas de la Facultad de Ciencias Biológicas, uanl

Revista de la Sociedad Científica Antonio Alzate

Sociedad de Fomento de la Comisión de Parasitología Agrícola

Universidad: Ciencia y Tecnología, Universidad Autónoma de Morelos


Difusión

Boletín de Divulgación, Departamento de Caza y Pesca, sag

Ciencia ergo sum

Ciencias

Ciencia y Desarrollo

Geociencias

Geounam

Información Científica y Tecnológica

Jaina

Naturaleza

Revista de la Universidad, unam



Las sociedades científicas


En este apartado se incluye una lista de todas aquellas asociaciones que agrupa a profesionales que mantienen una relación estrecha con diversos aspectos de la zoología y las cuales, de una o de otra forma han contribuido al conocimiento zoológico de la biodiversidad mexicana.



Sociedades científicas


Academia Mexicana de Ciencias

Asociación Colombófila Nacional

Asociación Mexicana de Primatología

Asociación Mexicana para la Conservación y Estudio de los Lagomorfos

Asociación Mexicana de Mastozoología

Consejo Internacional para la Preservación de las Aves en México Sesión Mexicana (cipamex)

Etnoecología

Sociedad Herpetológica Mexicana

Sociedad Ictiológica Mexicana

Sociedad Mexicana de Entomología

Sociedad Mexicana de Historia de la Ciencia y la Tecnología

Sociedad Mexicana de Historia Natural

Sociedad Mexicana de Invertebrados Acuáticos

Sociedad Mexicana de Lepidopterología

Sociedad Mexicana de Malacología

Sociedad Mexicana de Ornitología

Sociedad Mexicana de Paleontología

Sociedad Mexicana de Zoología


Las sociedades mencionadas en el recuadro, llevan al cabo actividades de diverso estilo, reuniones mensuales, congresos anuales o bianuales, entre otras, que permiten a sus socios participar, dar a conocer e informarse de las diversas investigaciones que en su campo de interés se realizan. Lo anterior ayuda a la propagación del conocimiento zoológico entre los biólogos interesados.



Museos y colecciones científicas


Como dato notable, hay que hacer referencia al Museo de Zoología Alfonso L. Herrera, dependiente de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, por ser el único en su género en el país. Fue inaugurado oficialmente en 1978 y su contribución ha sido determinante para la formación de recursos humanos calificados, así como por la publicación de un número importante de artículos de investigación en las disciplinas que ahí se cultivan.


El otro es el Museo de Historia Natural Alfredo Dugès, accesorio de la Universidad de Guanajuato, se fundó en 1870 pero fue hasta 1920 que se le dio el nombre que lleva en honor del preclaro hombre de ciencia que lo inspiró.


Una labor no menos importante e íntimamente vinculada con el quehacer si no de todos los zoólogos, sí de aquellos cuya actividad se ha inclinado fuertemente al cultivo de la taxonomía, consiste en la formación, preservación, manejo, incremento y mantenimiento de colecciones científicas.


Las colecciones constituyen un acervo de gran valor para el conocimiento de la fauna nativa de una región determinada y representan el punto de partida para políticas de manejo y conservación de ese recurso. Al ser depositarias de material de comparación para la identificación de las especies en el campo y en el laboratorio, proporcionan información básica para estudios de sistemática, ecología, zoogeografía, anatomía, fisiología, bioquímica, biología molecular y etología. La importancia de una colección científica se valora por la calidad y la cantidad del trabajo académico que de ella emana; por la calidad y la cantidad del material depositado; por las áreas geográficas muestreadas; por la intensidad y la estacionalidad con que se efectúan los muestreos; por los taxa representados; por el orden que priva en ella; por la competencia profesional del personal asociado; por los recursos humanos que ahí se forman y por los servicios que presta a la comunidad.


De las 193 colecciones identificables en el país, 110, el 57%, corresponden a material zoológico y para fortuna nuestra, existen colecciones importantes de ácaros y arañas, insectos, protozoarios, helmintos, anélidos poliquetos, equinodermos, moluscos y crustáceos. Colecciones de vertebrados, mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces. Es pertinente señalar que no todas están catalogadas electrónicamente, ni tienen el mismo nivel curatorial.


El desarrollo vertiginoso de la informática en los años recientes ha penetrado vigorosamente el campo de la zoología tanto en profundidad como en extensión, prácticamente no existe un laboratorio de zoología por modesto que sea, en donde no se disponga de las ventajas de esta tecnología. Sin duda alguna el trabajo zoológico se ha enriquecido de manera sobresaliente, es de mejor calidad y más abundante la producción.



Visión del futuro


Lo realizado hasta ahora en el campo de la zoología es valioso, importante y de buena factura, no se trata de un comentario comedido en la búsqueda de justificaciones para esta actividad, baste revisar las condiciones académicas y los apoyos económicos recibidos, la infraestructura disponible y el ambiente en torno a la mayoría de los profesionales de este campo de la ciencia y compararlo con la producción que ha tenido para comprobar que el balance es altamente positivo. Esto no quiere decir que la actividad en general deba continuar como hasta ahora, es cierto que se necesitan cambios profundos y que debe ser mejorada la producción tanto en cantidad como en calidad, pero esto no podrá suceder de mantenerse la tendencia actual y por ello, es necesario incrementar el número de investigadores dedicados a esta tarea, particularmente cuando se tiene la biodiversidad de nuestro país, que demanda con apremio de profesionales que cultiven con métodos tradicionales y de vanguardia todas las especialidades, muchas de ellas no cubiertas todavía.


Es necesario estimular, fomentar y acrecentar la publicación de los resultados que se plasmen en monografías, en estudios de síntesis, de historia natural y de la biología en general de los diversos grupos zoológicos que por necesidad y extensión, y por sus características intrínsecas en principio, son de interés local o regional.


Por los resultados comprobables se desprende que la investigación sobre faunas locales y regionales de todos los grupos es una tarea básica para la mejor comprensión de la biodiversidad del país, para establecer o fundamentar programas a largo plazo para el manejo, aprovechamiento y conservación de los recursos naturales renovables.


Los estudios cíclicos sobre las faunas locales y las regionales representan un método objetivo para cuantificar y calificar el estado real que guardan las poblaciones, en relación con el área geográfica inicialmente ocupada. Contribuyen a la identificación de especies índice o indicadoras de características ambientales particulares. Son la base fundamental para actualizar los inventarios faunísticos. Proporcionan los elementos para medir y valorar los parámetros de la fluctuación y movimientos de las poblaciones y sientan las bases para el manejo y, eventualmente, para la explotación racional de los recursos naturales renovables de una región determinada.


Los estudios taxonómicos y sistemáticos siempre serán necesarios y vigentes, más no como rutina de trabajo, sino como la revisión formal de problemas específicos y para ello, será necesario incorporar nuevos métodos de investigación y una base conceptual rigurosa.


Una tarea urgente es realizar los inventarios faunísticos rigurosos en todos los grupos zoológicos en áreas geográficas críticas, protegidas o pobremente conocidas. Pero la recolección del material biológico deberá hacerse de manera selectiva y con apego a las normas éticas más elevadas que todo ser vivo merece, procurando siempre preservar órganos y tejidos de la manera más apropiada, con el objeto de aprovechamiento futuro para diversificar los estudios.


Se deben generar los catálogos de autoridad correspondientes que permitan el manejo actualizado de la nomenclatura en uso corriente, tarea que sólo podrá desarrollar el especialista en el grupo en cuestión. En este orden de ideas, la consulta en línea tanto de los acervos bibliográficos como de los especímenes de las colecciones y convertirlos en una fuente permanente de actualización y cambio.


Los estudios sobre la distribución geográfica son fundamentales para analizar la variación genética entre y dentro de las poblaciones, para establecer el origen y la similitud faunística entre regiones a comparar y con las técnicas de muestreo adecuadas, posibilitan la cuantificación del tamaño de las mismas, así como las causas que determinan su distribución.


La investigación en ecología de poblaciones y de comunidades proporcionan los elementos fundamentales de aquellos profesionales especializados en el manejo de los recursos como actividades cinegéticas, turísticas y de utilización y aprovechamiento de recursos.


Investigar los aspectos de la biología de la reproducción y del comportamiento, tanto en condiciones de campo como de laboratorio es una necesidad urgente. Además de conformar los patrones específicos, permitirá indagar en los mecanismos de aislamiento reproductor y genético de las especies, así como en la posibilidad sobre los procesos de especiación y coadyuvaría a los conocimientos necesarios para su conservación y manejo.


Es necesario que la investigación de los ecto y endoparásitos, no obstante su importancia en procesos evolutivos, poco conocidos o no siempre bien comprendidos, coadyuven a la integración y al esclarecimiento de relaciones taxonómicas, filogenéticas y biogeográficas y proporcione información fundamental sobre los hospederos silvestres de aquellos parásitos que son importantes en los programas de salud y como un apoyo importante para la medicina forense.


Diversificar la investigación zoológica a otros campos diferentes a la sistemática, la taxonomía y la biogeografía es apremiante, por la gran variedad de especies nativas que son excelentes modelos de estudio y de laboratorio, con la posibilidad de ser escalados a otras especies menos convencionales; en este sentido, la bioquímica, la fisiología, la genética, el comportamiento y la inmunología ayudarían vigorosamente a la mejor comprensión de las relaciones taxonómicas y filogenéticas entre y dentro de las especies, así como para establecer o reconocer con mayor precisión sus características. También son necesarios para obtener una visión más integral de los animales.


Para investigar aspectos de la biología reproductiva o del comportamiento de especies silvestres en condiciones controladas, sería altamente deseable la construcción o la adaptación de instalaciones adecuadas para acuarios, animalarios y terrarios. Necesidad que debería formar parte del plan de desarrollo, al menos en aquellas instituciones con fuerte vocación zoológica.


Es innegable que la sistemática tradicional es fundamental para abordar y resolver problemas de tipo zoológico, sin embargo, la tendencia moderna es incorporar nuevos métodos para profundizar en la resolución de los mismos. El estudio de los animales demanda cada vez más variedad de herramientas no solamente las tradicionales y valiosas de la anatomía comparada, el estado actual de la disciplina reclama métodos de la embriología, serología, fisiología, inmunología, bioquímica, del comportamiento, de la genética molecular de poblaciones, la secuenciación del material genético, cladística, filogeografía y sistemas de información geográfica.


No se puede aspirar a cambios significativos en la estructura de una actividad si no se acompaña también de una revisión profunda del currículo de los planes y programas de estudio en las escuelas en donde se imparte la disciplina, para diseñar el perfil profesional que el mercado de trabajo real o potencial demanda. De esta manera, será menester proporcionar una base zoológica general sólida y al mismo tiempo, incorporar técnicas modernas y nuevos métodos de investigación, así como de aquellas materias propias de las áreas económico-administrativas como planeación estratégica, evaluación de proyectos, administración general y administración de recursos humanos, disciplinas que el avance y la complejidad del conocimiento reclama. Sólo con una formación integral de tal naturaleza, será posible dotar al futuro zoólogo con las herramientas necesarias para poderse desarrollar con cierta habilidad en el campo de la investigación científica y en la docencia actuales, en el caso de orientar sus intereses a la vida académica. Pero en el caso de no ser así, al término de la carrera profesional podría encaminarse hacia otro mercado laboral como el de consultoría, diagnóstico, manejo, administración y conservación de los recursos naturales renovables.


En el medio académico se requieren cambios de actitud drásticos, de tal manera que los jóvenes investigadores que se dediquen a esta actividad encuentren o se les proporcione un medio generoso, que les permita empezar su carrera profesional, probablemente desde antes de terminar formalmente sus estudios de licenciatura, con lo cual, su producción científica empezaría tempranamente y no tan tarde como sucede en la actualidad. Baste revisar que de los 12, 096 miembros del Sistema Nacional de Investigadores en 2004, sólo 23, el 0.001% de ellos tienen menos de 30 años de edad, mientras que el 60% de ese conjunto la edad fluctúa entre los 30 y 49 años.


Sabemos que la ciencia en México ha tenido apoyos y, por magros que sean, es innegable que han sido diferenciales y asimétricos. Mientras que algunas disciplinas han tenido recursos económicos cuantiosos, espacios agradables, infraestructura de primera línea, grupos académicos fortalecidos y actitud colectiva generosa, otras no han tenido la misma fortuna, la zoología es una de ellas. Por el contrario, en la zoología como en otras ramas de la biología, la crítica contumaz, la complicidad y la sumisión a tendencias de las disciplinas de moda, ligada a una defensa timorata, en el caso de que se dé, han sido la constante a lo largo del tiempo, tendencia que si no es posible erradicar, al menos necesita cambios radicales, no como gratificación generosa sino como un estipendio legítimo acorde a sus logros y producción científica.


En este sentido, una tarea pendiente quedaría enfocada a medir el impacto del apoyo que el Conacyt, la Secretaría de Educación Pública a través de la Subsecretaría de Educación Superior e Investigación Científica (sesic), y más recientemente la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), han brindado a las diferentes disciplinas y contrastarlo con el recibido por la zoología para valorar la medida de productividad y la calidad académica del trabajo publicado, así como la formación de recursos humanos.


El estado actual del conocimiento zoológico plantea la necesidad de incorporar profesionales de otras disciplinas o por lo menos establecer vínculos estrechos con ellos, de tal manera que la comunicación sea real y efectiva y la interdisciplina se cumpla.


Es bien conocida la necesidad de un plan de desarrollo educativo en todos los niveles, es primordial conocer como país a dónde dirigir los esfuerzos. En diversos sectores de la sociedad se habla de lo mismo, el problema está perfectamente diagnosticado, pero no se aborda con decisión. Es cierto que en años recientes se han hecho esfuerzos para repatriar estudiantes que han terminado con éxito el doctorado o que habiéndolo obtenido en el país, se les brinda la oportunidad de colocación en diversas instituciones, contratándoles con el nivel académico de acuerdo al currículo que presentan y se les dota de buen financiamiento para comenzar a laborar. En este sentido, sería deseable perfeccionar los sistemas de contratación en convocatorias de cobertura nacional.


Pero también conocemos de la existencia de puestos en dependencias oficiales, para ser ocupadas en instituciones públicas de educación superior, especialmente para los recién graduados del doctorado, pero en la mayoría de los casos están dotados solamente del salario, ¡cuán deseable sería que este estipendio fuera acompañado de otro tipo de beneficios!; por ejemplo, espacio físico adecuado, apoyo económico para la adquisición de equipo y para gastos de operación, de tal manera que esa oportunidad se convirtiera en una verdadera opción para el trabajo productivo de los recursos humanos recién formados.


La formación de recursos humanos es una necesidad impostergable, baste contrastar el catálogo de los grandes grupos zoológicos con el bajo número de profesionales en zoología que tenemos en el país, para comprobar qué lejos estamos de llenar los vacíos existentes. Más aún, grupos importantes de animales esperan al primer candidato.


Es nuestro sentir que la universidad tiene el compromiso ineluctable de acrecentar el nivel cultural de todo estudiante que pase por sus aulas, observamos con preocupación que pese al esfuerzo que se hace para remediar este déficit, lejos queda la meta para cumplir aunque de manera modesta, con aquellas actividades que engrandecen y nutren el espíritu.


Es convicción colectiva que la educación no es un gasto, es la mejor inversión del país que aspira a metas superiores; sin embargo, cuando vemos lo que el país ha dedicado para investigación y desarrollo experimental en el periodo de 1993 a 2004, que reporta el Fondo Monetario Internacional, la cifra es francamente grotesca, 0.41% en 2004 contra el 0.57% del promedio de Latinoamérica, 1.81% de la Unidad Europea y 2.26% de la ocde; pero baste avistar el producto interno bruto de México y contrastarlo con la recaudación tributaria del 10.5% para comprender el abandono que tenemos, ¡claro que no lo justificamos!, pero no siempre es entendido por todos. El anhelo es disponer del 1.0% del pib para investigación y desarrollo experimental, lo que implicaría dedicar el 10% de la recaudación total para destinarlo a este rubro. Panorama desolador y futuro preñado de incertidumbre cuando vemos lo asignado por los países con economías robustas y con menor población.


Para poner esta asimetría en su justa dimensión, téngase a bien comparar la cantidad concedida per capita, medida en unidades de paridad de poder de compra, para entender y valorar que el esfuerzo realizado, pese a la aguda limitación de recursos económicos. La zoología jamás ha claudicado al interés por conocer y por hacer siempre algo más y conscientes de la fragua en la que se templó la zoología en nuestro país, es nuestra convicción que jamás renunciará a su compromiso.


Es insoslayable la necesidad que tenemos de apoyo financiero, no como dádiva generosa al lamento rutinario que ya por sistema se hace. Hay que recordar que por su posición geográfica, el país está situado en la zona en donde confluyen los dos grandes dominios biogeográficos del continente, el neártico y el neotropical. Por ello, un gran número de especies presenta afinidades claramente identificables con la fauna de América del Norte, de la misma manera que otra las tiene con la de América del Sur, además de todas aquéllas que han tenido en México su centro de origen y dispersión. Así mismo, lo variado y complejo de su fisiografía, el mosaico de climas, la extensa zona costera y la gama de ecosistemas que se dan en la altitud y en la latitud favorecen la adaptación y diversificación de su fauna nativa. No es de extrañar que México se inscriba por derecho en el tercer lugar mundial de los países con mayor diversidad biológica.


En contraparte, el número de zoólogos es bajo, los recursos más todavía y las fuentes de financiamiento decididamente circunscritos a los fondos gubernamentales y siempre a la baja, escenario diferente en el que viven los países desarrollados. Esta información nos lleva a la reflexión de la pérdida de interlocución de las instituciones académicas con otros sectores de la sociedad, si es que alguna vez la tuvieron para agenciar recursos externos.


Cierto es que para llevar a buen término cualquier proyecto, es menester disponer de soporte económico, pero no todo el problema se subordina al dinero. La asignación de recursos no debe convertirse en un ritual circunscrito al llenado de formatos densos que cambian acorde con las políticas de apoyo en turno, o motivado por el cambio de acrónimos en comisiones y dependencias oficiales cada vez más complejos y engorrosos y los informes técnicos tampoco deberían limitarse al llenado de papel.


Lo mencionado en párrafos anteriores forma una maraña de causales intimidantes para cualquier estudiante que enfrenta la decisión de seleccionar su carrera profesional, y cuando se trata de escoger a la zoología como la opción de proyecto de vida, explica en gran medida que la matrícula escolar sea cada vez más reducida.


QUIMICAQUIMICA_HOME.htmlshapeimage_9_link_0
INICIOEMC_COSMOS_HOME.htmlshapeimage_22_link_0
DIVULGACION DE LA CIENCIADIVULGACION_DE_LAS_CIENCIAS.htmlshapeimage_24_link_0
RECTORIA GENERALhttp://livepage.apple.com/http://www.uam.mx/identidad/himno/index.htmlshapeimage_26_link_0
UAM IZTAPALAPAhttp://livepage.apple.com/http://www.izt.uam.mx/shapeimage_28_link_0
Presentación particular

Botánica
    Algas
    Pteridofitas
    Gimnospermas
    Angiospermas
    Micorrizas
    Hongos

Zoología
    Gusanos
    Artrópodos
    Insectos
    Peces de agua dulce
    Peces marinos
    Anfibios y reptiles
    Aves
    Mamíferos terrestres
    Mamíferos marinos

Ecología
Biología experimental
Biología molecular
Genómica
BiotecnologíaBIOLOGIA_HOME.htmlBOTANICA.htmlALGAS.htmlPTERIDOFITAS.htmlGIMNOSPERMAS.htmlANGIOSPERMAS.htmlMICORRIZAS.htmlHONGOS.htmlGUSANOS.htmlARTROPODOS.htmlINSECTOS.htmlPECES_DE_AGUA_DULCE.htmlPECES_MARINOS.htmlANFIBIOS_Y_REPTILES.htmlAVES.htmlMAMIFEROS_TERRESTRES.htmlMAMIFEROS_MARINOS.htmlECOLOGIA.htmlBIOLOGIA_EXPERIMENTAL.htmlBIOLOGIA_MOLECULAR.htmlGENOMICA.htmlBIOTECNOLOGIA.htmlshapeimage_30_link_0shapeimage_30_link_1shapeimage_30_link_2shapeimage_30_link_3shapeimage_30_link_4shapeimage_30_link_5shapeimage_30_link_6shapeimage_30_link_7shapeimage_30_link_8shapeimage_30_link_9shapeimage_30_link_10shapeimage_30_link_11shapeimage_30_link_12shapeimage_30_link_13shapeimage_30_link_14shapeimage_30_link_15shapeimage_30_link_16shapeimage_30_link_17shapeimage_30_link_18shapeimage_30_link_19shapeimage_30_link_20shapeimage_30_link_21

13 de octubre de 2009

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