Este proyecto está co-financiado por la Unión Europea

@SpringMexico Spring México

«

»

jun 25

Tercer Taller de Prosocialidad para Alumnos

Tercer Taller de Prosocialidad para Alumnos, Sesión matutina, viernes 3 de mayo 2013

Asistió un total de seis mujeres, todas de la división Ciencias Sociales y Humanidades: cinco de Psicología Social y una de Administración.

El programa inició con una bienvenida y presentación de los participantes, seguida de una actualización sobre las actividades recientes en el proyecto Spring a la que sucedió una dinámica sobre la responsabilidad en los niveles personal, social y prosocial, para la cual se les mostró una historia sobre un equipo de seis personas llamadas Cualquiera, Ninguno, Alguien, Alguno y Nadie:

Este equipo tenía que afrontar una importante tarea. Alguien pensó que Cualquiera lo haría. Alguno lo pudo haber llevado a cabo pero Nadie quiso hacerlo. Alguien se enfadó al enterarse, pues es un trabajo de Todos, un trabajo que podría haber hecho Cualquiera pero que finalmente Nadie hizo. El asunto terminó en que Todos culparon a Alguien porque Nadie hizo lo que Cualquiera pudo haber hecho, pero que Ninguno llegó a hacer creyendo que ya Alguno lo haría.

En dos equipos de tres personas las participantes discutieron sobre lo que harían en varias situaciones hipotéticas para tomar responsabilidad de sus acciones y conciencia de su papel en un equipo de trabajo, en una comunidad de vecinos, en un plantel universitario y en una contienda electoral.

Los equipos mostraron conocimiento y sensibilidad ante los temas sociales y de su comunidad. En algunos equipos no siempre estuvieron de acuerdo en las acciones que llevarían a cabo, en especial en la situación del plantel universitario, pues tenía que ver con una ocupación de la rectoría de la universidad por parte de jóvenes, cosa que sucedió recientemente en la unidad Iztapalapa. Las posturas fueron: “no me identifico ni busco entender y por lo tanto tampoco me interpela el problema” contra la de “yo me informo sobre la situación y apoyo algunas (no todas) de las causas que motivan a este tipo de acciones pero no estoy de acuerdo en la manera como lo buscan resolver”.

Posteriormente las participantes escucharon con atención el tema Vivo para trabajar o trabajo para vivir, que avivó muchas interrogantes profesionales que están pasando las estudiantes, casi todas de psicología social.

Manifestaron que se sienten incomprendidas sobre el perfil y área de actividad de un psicólogo social pues familiares y amigos esperan que “abran su consultorio”, y también comentaron que han tenido dificultades para obtener empleo dado que se les pide que tengan experiencia cuando no la tienen por lo que les niegan la oportunidad de ser contratadas, repercutiendo negativamente en sus ánimos e ideas para aportar, innovar y transformar ambientes laborales.

Luego de un receso durante el cual los colaboradores del equipo charlaron de modo informal y amistoso con las participantes del taller, se contó con la participación del Ing. Jaime Ortega, empresario involucrado con el proyecto Spring y en la formación a la prosocialidad, quien les habló de su formación profesional, su trayectoria como ingeniero químico y empresario, hasta su paso por las crisis económicas que lo llevaron a la quiebra y debió empezar de cero llevando adelante el restaurante de su familia.

Las participantes escucharon con mucha atención la historia del señor Ortega y sus recomendaciones de no dejar de perseguir un sueño o actividad que les guste e interese mucho así como la formación en cosas que les sirvan para su vida, además de sus actividades normales.

Comentaron además que se identificaban con lo que él les platicó pues les servía como referencia para considerar opciones y caminos alternos a los de su formación profesional.

Sesión Vespertina

El martes 14 de mayo se llevó a cabo la sesión vespertina del Tercer Taller de Prosocialidad para Alumnos, en la sala Sandoval Vallarta de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa. Contó con la participación de diez estudiantes (cuatro mujeres y seis hombres): Nutrición humana, Antropología social, Psicología social (3), Ingeniería electrónica, Administración, Física (dos), Ingeniería biomédica.

Con un programa similar al de la sesión matutina y que fue construido en conjunto con la participación activa, profunda y sincera de los universitarios, nuevamente se contó con la participación del empresario Jaime Ortega quien con la historia de su trayectoria profesional y laboral. Los jóvenes escucharon con atención y participaron con preguntas y comentarios. Luego de un receso durante el cual convivieron un poco, la experta en desarrollo humano María del Carmen Silva ofreció su charla “Vivo para trabajar o trabajo para vivir”, tras lo cual nuevamente se dio una interacción de preguntas y respuestas. Para finalizar, el doctor en física Orlando Guzmán compartió experiencias personales con las que ejemplificaba casos de aplicación de varias acciones prosociales.

Por último se les agradeció a los participantes por su asistencia y se les invitó a permanecer en contacto por medio de las redes sociales y a seguir participando en las actividades de Spring.

(Recuadro independiente)

Postales de Prosocialidad

Orlando Guzmán

Aprendemos a ser prosociales con nuestra familia, nuestros amigos y nuestros compañeros de escuela o del trabajo. Hoy quiero contarles tres historias al respecto:

Nota. Todos los nombres de estas historias han sido cambiados, cualquier coincidencia con personas de la vida real es eso: una coincidencia.

1. Familia.

Hace un par de meses mi esposa recibió un correo de una amiga, Verónica. No habíamos visto a Verónica desde hace años, cuando nos despedimos en Wisconsin cuando volvimos a México. Por casualidad, Verónica estaba en México, realizando una investigación en Oaxaca, cuando tuvo una discusión muy fuerte con la persona que le estaba hospedando. El desencuentro fue tan grande que tuvo que buscar un nuevo lugar para quedarse. Mi esposa se acordó de que mis tíos y mi prima viven en Oaxaca y me preguntó si podría hablar con ellos para ver si podían tratar de ayudarla.

Hablé por teléfonos con mis tíos y mi prima: en no más de cinco minutos, me preguntaron cómo podían entrar en contacto con Verónica. Al día siguiente, hablaron con ella y después de tomarse un cafecito con ella, la invitaron a pasar unos días en su casa. Resultó además que mi prima y mi tía conocían a medio mundo en el pueblo que Verónica estaba investigando, así que además de tener alguien con quien hablar y no sentirse tan sola, pudo acabar más rápido la investigación que estaba haciendo. Unos días después, Verónica tomó su vuelo de regreso a casa. Yo me quedé admirado de la gran ayuda que mis tíos y mi prima le dieron a Verónica, pero no quedé sorprendido: ellos siempre han ayudado a mi familia en todo lo que hemos necesitado y obviamente los quiero mucho.

2. Amigos.

Conozco a Alfredo y Ariana desde hace 20 años: todavía los veo en mi memoria juntos por primera vez, en una fiesta de cumpleaños en la casa de mi novia. Ellos se fueron a vivir a Inglaterra un par de años antes de que nosotros nos fuéramos a Wisconsin. Al principio (es difícil de creerlo) no había skype, ni twitter, ni facebook; todo se tenía que hacer por medio de llamadas telefónicas y correo electrónico, pero no pasaban más de un par de semanas entre una y otra sesión de chismes y cotorreo. Nosotros estuvimos fuera de México cinco años, ellos mucho tiempo más; apenas regresaron el año pasado, con su pasaporte británico.

Y es una fortuna, pues después de vivir separados por el atlántico durante doce años, ahora nuestras casas están separadas por escasas doce cuadras. Mi esposa y yo salimos frecuentemente de viaje, los cuales a veces duran varias semanas. En esos ratos, Alfredo y Ariana nos adoptan: a me invitan a comer a su casa, me llevan al cine, cocinamos pizza y me prestan la serie completa de Galáctica.

Alfredo y Ariana siempre están cuando los necesito, a veces lo intuyen y nos vemos; a veces somos nosotros los que llamamos por teléfono para ir a desayunar, comer o cenar juntos. El caso es que gracias a ellos siempre hay alguien cerca con quien compartir las buenas y las malas noticias, con quien celebrar y también con quién sentarse (con cervezas de por medio) a ver cómo le vamos a hacer para arreglar el país y el mundo.

3. Compañeros.

Hace un par de años me tocó dar por primera vez el curso de termodinámica: mi especialidad es justamente esta, pero estaba nervioso porque mis maestros fueron profesores distinguidos que dominaban el tema al grado de erudición: se sabían de memoria el párrafo y el número de página precisos donde se podía consultar cada punto fino de las clases. Sobra decir que yo, novato o no, carezco de tal capacidad de memoria, así que tuve que ponerme a estudiar para poder enseñar.

Logré preparar las notas con suficiente anticipación, los alumnos las podían leer antes de ir a la clase y rayar sobre las copias que les facilitaba, de manera que podían poner más atención. Pensé que todo estaba yendo muy bien, hasta que llegó el primer exámen y la catástrofe: casi todo el mundo obtuvo una mala calificación.

¿Cómo rescatar la situación? Lo primero, pensé, era que debía pasar menos tiempo dando conferencias (como esta) e invertir más tiempo en que los alumnos resolvieran ellos mismos los problemas de la tarea. Tuvimos una sesión completa en que nos sentamos en círculo y hablamos sobre las dificultades que estábamos teniendo en el curso y cómo resolverlas. Fue un momento que recordaré por mucho tiempo. Durante la conversación, fuimos formando el acuerdo común de que en nuestra clase se valía equivocar: tener ideas imprecisas y preguntar, pasar a resolver un problema al pizarrón y pedir ayuda cuando uno se atorara, y sobre todo, todo, tomamos el acuerdo de no burlarnos de los errores que pudiera cometer cualquiera de nosotros.

Y funcionó de maravilla: ¡la tasa de aprobación de aquél curso fue del 71%! Siento que además de aprender física, en ese grupo logramos algo aún más interesante. Conseguimos formar una comunidad, un verdadero ambiente de compañerismo en el que cada uno aprendió de los demás, mucho más de lo que cualquiera hubiera podido hacer sólo.

Con el tiempo, me enteré de la prosocialidad y creo que en aquella ocasión logramos llevar a cabo bastantes acciones prosociales: por ejemplo, escucha profunda, empatía, comprensión, apertura y reforzamiento positivo de los demás.

Desde entonces, he tratado de que en mis cursos haya un ambiente de respeto y colaboración mutua. No creo haberlo conseguido siempre, pero trato de hacerlo. Es una de las mejores cosas que mis alumnos me han enseñado desde que soy profesor.

Muchas gracias por su atención.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes utilizar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Si lo deseas, puedes contactarnos directamente al correo electrónico: spring.uami@gmail.com